
Nos encontramos con él en Barcelona después de que haya dado unas charlas en el festival Kosmopolis, un encuentro de escritores. Daniel Tammet (Londres, 1979) tiene diagnosticado el síndrome de Asperger, pero es conocido por recitar más de veintidos mil decimales del número pi y por su rapidez para aprender nuevos idiomas —presume de que habla once y se ha inventado uno—. A pesar de todos los calificativos con los que se le presenta en la prensa, «una mente brillante», «el chico del cerebro increíble», se considera ante todo un escritor. Y llega a molestarle cuando a la gente como él les comparan con ordenadores. Su mundo es diferente; por la sinestesia, ve los números y las palabras como colores.
Dices que hablas once idiomas, entre ellos el español. ¿Por qué la entrevista la hacemos en inglés?
[Contesta en español]. Porque en París no hay posibilidad de practicar mi español. Leo en español, a Borges por ejemplo, pero a la hora de hablar mi acento es… Me dicen que tengo mucho acento francés. Lo que es normal porque vivo en París, mi marido es francés y hablamos todos los días en francés. Me gusta hablar en español, te agradezco la oportunidad que me das de practicarlo, pero creo que tu inglés es mucho mejor que mi español.
Cuando puse tu nombre en Google, lo primero que me salió es que eras el hombre más inteligente del mundo.¿Qué significa para ti que hablen de ti así?
No significa mucho. Porque, ¿cuál es la definición de inteligente? ¿Cuando juegas muy bien al ajedrez? ¿Hablar muchos idiomas es ser inteligente? ¿Llegar a algún descubrimiento científico? ¿Ser un buen artista? Existen muchas formas de ser inteligente. No me gusta sentirme obligado a representar alguno de estos modelos de inteligencia, o a destacar en una u otra cosa para demostrar que soy inteligente. Solo soy yo mismo. A unos les gusta y a otros menos, pero intento no ser representativo de nada. Por desgracia, esto es lo que otros ven en mí y yo no puedo controlar lo que escriben.
Creciste en una humilde familia numerosa en los años ochenta en Londres.
Soy el mayor de nueve hermanos. Era una familia muy grande y muy pobre también. En mi barrio no había museos ni cines, pero había una biblioteca. Yo me pasaba allí todos los días leyendo. Empecé por diccionarios y enciclopedias y según me fui haciendo mayor pasé a leer poesía, novelas. La literatura fue muy importante para mí, porque recoge muchas emociones humanas. Y yo experimento sinestesia. Cuando leía, esas palabras eran colores para mí. No las veía como negro sobre blanco, sino también de color naranja, púrpura, dorado… al igual que los números. Por eso me gusta mucho leer. La sinestesia contribuyó a mi creatividad y a adquirir habilidades sociales, porque siempre he estado haciendo este tipo de conexiones en mi cabeza para tratar de entender a las personas.
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Excelente nota.
Un autista muy raro. Uno entre un millón. El destino de la mayoría de los autistas es mucho más sombrío, por desgracia. La inmensa mayoría serán incapaces de llevar una vida autónoma. Una cosa es desestigmatizar y otra ofrecer un panorama demasiado benévolo de una realidad muy dura.
Me pregunto si no servirá para hacer, no,se, una estafa o un robo a gran escala a uno de esos bancos que tanto han robado a tanta gente (los de los desahucios, el despilfarro, los de los desproporcionados sueldos a directivos, presidentes, directores etc.). Siempre me ha fascinado pensar en alguien que por su inteligencia, o por ser un hacker (un hacker buenisimo e inteligente) vaciase las cuentas de los nombrados banqueros o de los políticos ladrones. Que un día fuesen a sacar dinero y tuviesen la cuenta acero y no tuviesen forma de recuperar el dinero. Molaria. Cuando leo una entrevista o reportaje de alguien como Danniel Tammet o Kim Peek (aun siendo diferentes habilidades y discapacidades) o el personaje de la hacker de aquella novela (trilogía) del sueco Stieg Larsson que vaciaba cuentas y se las transfería a no recuerdo donde (para su propio beneficio). En resumen, usar tus habilidades para robar a un ladrón. Manías que uno tiene. Buena entrevista y documento-
Lisbeth Salander. Totalmente de acuerdo. Para echar unas risas luego en el bar tomando unas cañas.
Alucinante. Pero estoy de acuerdo con Pinkerton. La realidad del autista «medio» es mucho más dura.