Arte y Letras Literatura

1, 2, 3… ¡Despierta! (Y luego escríbelo)

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El sueño de una noche de verano, 1935. Imagen: Warner Bros.

Me gustan los escritores desastrosos y poco metódicos porque suelen tener una teoría para todo distinta al resto del mundo, que además con frecuencia es la más acertada. La explicación a esta aparente infalibilidad de las mentes más desordenadas se encuentra en el hecho de que elegir en el mundo del arte el camino imposible es normalmente lo más adecuado para llegar a la verdad. En estos tiempos de talleres de escritura, cursos y cursillos de habilidades literarias y manuales que te enseñan cómo ganar un premio Planeta en un par de meses, me gusta recordar la frase de William S. Burroughs, aquel autor adicto a un buen número de sustancias que escribió esa joya llamada El almuerzo desnudo, que decía que intentar enseñar a escribir era una tarea tan imposible como la de intentar enseñar a alguien a soñar.

La frase de Burroughs me ha llevado de manera inmediata al tema de los sueños y la relación de los escritores con ellos. Siendo estudiante universitario, me sedujo de una manera irresistible aquella vieja historia del poeta Samuel Taylor Coleridge y el origen de su inolvidable poema «Kubla Khan». Coleridge subtituló el poema con la expresión «Una visión en un sueño», un segundo nombre que en mi opinión ya constituye un poema en sí mismo. Según la leyenda, el poema fue fabricado y dictado a su mente por una voz mientras soñaba. El poeta también cuenta que despertó del sueño conociendo de una manera mágica el poema en su totalidad, de modo que para obtenerlo no tuvo más que tomar papel y tinta y comenzar a escribir, aunque más bien deberíamos decir transcribir. Todas las historias mágicas deben incluir un final sorprendente, y esta no iba a ser menos: cuando Coleridge transcribía al papel a una velocidad febril el poema soñado, alguien llamó insistentemente a la puerta de su casa. El poeta no tuvo más remedio que abrir y atender al visitante, un vecino de una localidad llamada Porlock. El final del cuento, habrán imaginado, es que, cuando el individuo que había interrumpido la transcripción de Coleridge se hubo marchado, el poeta ya no podía recordar más versos del poema, de manera que quedó interrumpido para siempre en el verso cincuenta y cuatro, desde ese momento un número mágico para la relación de los autores con los sueños. El último verso de «Kubla Khan» dice «and drunk the milk of Paradise» («y bebieron la leche del Paraíso»), y ahí se detiene el poema que creó en sueños. He conocido personas que afirman que cuando leen el poema y llegan a ese último verso, no pueden menos que oír los nudillos del vecino de Porlock golpeando la puerta de Coleridge.

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4 comentarios

  1. Sempronio Graco

    La idea del artículo es muy interesante, pero me parece un poco sosa la manera de tratarla, con todo el respeto. La mitad del texto se va en mencionar topicazos como la historia de Shelley o Freud… que por cierto no era ni escritor onírico realmente, y se obvian casos interesantes de exploradores de sueños como Lord Dunsany, autor de esa maravilla llamada »Cuentos de un Soñador».

    Y ya que he mencionado a Dunsany, es raro no ver menciones a dos escritores fuertemente influidos por él: Clark Ashton Smith y H. P. Lovecraft, autores de otras maravillas soñadas como »Hiperbórea» y »La Búsqueda en Sueños de la Desconocida Kadath», respectivamente. Supongo que el hecho de que a Smith no lo recuerde casi nadie, y a Lovecraft sólo por sus relatos de terror cósmico (cuando dedicó mucho al género onírico al crear las Tierras del Sueño) es la causa de que sean olvidados como escritores oníricos en los manuales de literatura »oficial».

    Y lo de que los sueños no están influidos por el lenguaje cinematográfico… en fin, sé que de aquello que yo sueñe o lo que hayan soñado otras personas sólo puedo poner aquí mi testimonio sin pruebas, pero aseguro que no sólo he soñado con verme desde fuera con juegos de cámara y saltos en la linealidad del argumento, sino que incluso he llegado a soñar que veía películas o capítulos de series completamente ficticios pero con recursos y chistes reconocibles del estilo de la serie real. Así que aunque no puedo demostrarlo afirmo por si alguien también lo ha vivido que se pueden tener sueños influidos por el medio en el que vivimos. Por los dioses, si hasta he soñado documentales con mapas históricos contando guerras ficticias…

  2. Me gustaría lamentarme vehemente, resuelta y públicamente por la pérdida de la vida de Sam Shepard. Creo que también era onírico: escribía la realidad alucinante e intragable, dolorosa y encima aparentemente normal, con esa aspereza tierna, decente, acelerada, demente y seria. Y como actor, ¡era tan hermoso! Ese diente roto, esa mirada tan dulce y pudorosa al mismo tiempo. Transmitía una ternura hacia la especie, o una ternura especial, quizá.

    • Te refieres al Shepard dramaturgo o escritor? Como escritor, no me parece particularmente onírico, salvo quizá en alguna excepción. Gracias por tu nota. Viva Shepard.Era mi escritor favorito.

  3. Pingback: El sueño de la razón produce elefantes – Ernesto Is

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