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Letizia Battaglia: «Para los mafiosos era humillante que una mujer les fotografiara con las esposas puestas»

Letizia Battaglia para JD 0

Letizia Battaglia (Palermo, 1935) es la gran dama de la fotografía italiana, aunque surja de los bajos fondos, del periodismo de sucesos y de su lado más oscuro, la mafia. Es considerada, a secas, la fotógrafa de la mafia. Su fama es mundial. Retrató en Palermo y Sicilia los años más terribles de la Cosa Nostra, de finales de los setenta a los noventa, con un blanco y negro de sábanas de cadáveres y viudas, un contraste de brutalidad y exquisita delicadeza. Es una mujer pasional, tenaz y contracorriente, que en realidad empezó a hacer fotos muy tarde, con cuarenta años. Pero luego no paró. Volcada en la lucha por cambiar Sicilia, en los noventa entró en política con la alcaldía de centroizquierda de Palermo y fue asesora de medio ambiente. Sus fotos ahora son documentos y memoria para el recuerdo, que también es una pesada carga de dolor. Habla de sus recuerdos en su casa de Palermo, con su perro Pippo, que también es en blanco y negro.

¿Qué recuerdos tienes de la guerra?

Bonitos, porque cuando salía del refugio, en Trieste, íbamos a buscar esquirlas, trozos de bombas. Estábamos muy organizadas. Apenas sonaba la sirena nos poníamos una mochila con todas nuestras cosas ya preparadas, íbamos al refugio, dentro de una montaña. Recuerdo que en Trieste vi desde la ventana cómo se disparaban alemanes y yugoslavos, que llegaron primero, con los neozelandeses. Piensa que cuando volví de Trieste a Palermo tardamos catorce días, en carros de ganado. En Trieste un yugoslavo nos dijo que teníamos que volvernos a nuestro país, tuvimos miedo y partimos con nuestras pocas cosas.

¿Cómo era Palermo?

No me gustó nada. Apenas llegamos mi padre ya no me dejó salir sola. En Trieste salía sola, era libre, me cogía una bici, era un lugar lleno de aventura… Pero en Palermo no.

¿Era peligroso?

No, es que una vez salí a comprar el pan y me encontré con un hombre que se masturbó delante de mí. No entendía nada, al volver se lo conté a mi padre y se acabó lo de salir sola.

¿Qué edad tenías?

Diez años.

Era 1945, apenas terminada la guerra. ¿Llegaste a ver por allí a los americanos?

No, ya se habían ido.

Palermo entonces no te gustó.

No, por esta cosa de perder la libertad, no me gustó perderla, nunca me ha gustado.

Pero cinco años después, con quince años, te casas. ¿Por qué, por qué tan pronto?

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2 comentarios

  1. Qué coraje esta mujer! Excelente artículo, señor! Con un tema tan escabroso como lo es la ferocidad criminal de los mafiosos es una maravilla encontrar en ciertos pasajes una poesia inesperada…»cuando amo algo no me acerco nunca»…»aquella era una pobreza… Puedo decir una palabra terrible? Era una pobreza dulce, de gente dulce, no envilecida» Abrumador. Fueron años terribles los del 80 y 90, y fueron necesarios estragos horripilantes para que se tomara conciencia de la peligrosidad de esos psicopáticos. Ahora no matan, pero se han mimetizado dentro de los grandes negocios como bien lo denuncia Roberto Saviano. Muchas gracias.

  2. «Una pobreza dulce… una pobreza envilecida» Durísima¡¡¡ Acá en locombia hay bastante de eso, una pobreza de todos los matices queriéndose lavar su compromiso con la droga con el dinero que da. Habían abuelas y abuelos más sabias que sabían que no todo se compra y no todo se vende. Hoy no hay cómo enseñar eso desde que políticos estén dando lecciones de moral sin responder por ninguno de sus hechos..

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