
Hacía mucho tiempo que no nos tomábamos una cerveza. La última recuerdo que fue en Campo de’ Fiori, en Roma, delante de la estatua de Giordano Bruno. Él venía de Nápoles extasiado por la devoción de la ciudad partenopea hacia Diego Armando Maradona. Aquella noche romana, en las pantallas, televisaban el Alemania-Polonia del Grupo C de la pasada Eurocopa en Francia, que terminó 0-0 en Saint-Denis. Esta semana, con la excusa de que iba a pasar unos días en España, después de un tiempo sin quedar, coincidiríamos. Admiro mucho de mi amigo Juan Antonio Pineda cómo convirtió la pasión por el célebre esférico en un oficio vital. Estoy seguro de que para él, igual que para mí, la vida se divide en Mundiales. Una década después de conocernos, hoy trata el fútbol con la misma seriedad que ayer: «Si trabajas en algo que te gusta, no trabajarás ningún día de tu vida» es una de sus máximas. Hoy es periodista de Radio Marca en Sevilla.
«¡Que sean dos!», le dice él al camarero. Tras actualizarnos acerca de cómo nos van las cosas, pedimos las primeras tapas, que me sentarán tan bien como a él su última amatriciana. Inevitablemente, terminamos hablando del deporte rey. Y de nuestros primeros recuerdos futbolísticos. El suyo es de 1994. Era mediados de julio y se encontraba en la costa de Málaga, de vacaciones con su familia. Su padre, que seguía el Mundial de Estados Unidos, le contó a su hijo, en varias ocasiones, la importancia de la nueva final, que será esta vez entre Brasil e Italia. Según su padre, con razón, eran «las selecciones que más títulos habían ganado en la historia». Efectivamente, tres Copas del Mundo para Brasil (1958, 1962 y 1970) y tres para Italia (1934, 1938 y 1982). «Aunque tuviera solo cinco años, ese día intuí, en el salón junto a mi padre, que países como Brasil o Italia, de alguna u otra manera, siempre son importantes en los Mundiales», dice Pineda. Pero en esa jornada, sin embargo, el destino no estuvo a favor de Italia: tanda de penaltis y lanzamiento por encima del larguero para Roberto Baggio, ante la alegría de Taffarel. Eran las tres de la tarde, hora de Los Ángeles. Aquel 17 de julio, la Italia de Arrigo Sacchi abandonaba el sueño de establecer una continuidad con los azzurri de Dino Zoff del Mundial de España en 1982. Y tardará una década en recuperarse.
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Cuantos «struggenti» recuerdos de esta pasión italiana por «il calcio»! Y cuánto me gusta sentir mi viejo español mezclarse con el de Dante! Los «azzurri», los «maledetti rigori», los «tifosi», Dos «retti». Son términos intuitivos para los latinos, mejor que «futbol», «penalty». El calcio es dar patadas, los rigores son de rigor cuando se produce un «fallo» en el area. De los tifosi se sobre entiende porque es una enfermedad contagiosa, el tifo. Y es un deporte para todos, democrático a pesar de que cuando echaron a patadas a los Savoya se quedaron con lo único que los recordaba, el aráldico color azul, l’azzurro con el cual habían ganado creo que ya dos campeonatos. Pero esta vez faró il tifo per la celeste uruguaya, luego por la verde México y al final, por la roja. Gracias por la lectura.
Gracias a Dios que existan todavia periodistas como el autor de este meravilloso articulo. Gracias per esta lectura.
«Así pues, octavos de final en el Stade de France con un 0-0; y tanda de penaltis», Fue en cuartos cuando Francia (sin Zidane) elimina a Italia y no en octavos, donde los futuros campeones eliminan a la rudísima y rocosa Paraguay (en un puesto que hubiera correspondido a España) con gol de Blanc en el tiempo extra.
Una minucia en un artículo realmente entretenido. Gracias
Esto es un imno al amor por «il calcio». Quiero mas.
A veces me pregunto de qué color hubiera sido la «maglia» de los italianos después de echar «a calci sul sedere» a los Savoya con el azzurro heráldico (eran parientes con los franceses que agregaban la flor de lis) con la cual fueron campeones años antes. Tal vez roja, verde o blanca, como la tricolor actual. Por eso me gusta la democracia liberal en donde conviven contradicciones.
Hay un fallo en su recuerdo. La final del 94 se disputó el 17 de julio a las 13 horas de Los Ángeles, las 20 h. en España. Así que no pudo verlo a las 5 y media de la tarde, a menos que la viera en diferido al día siguiente. Y la final de 2014 acabó 4-0, no 4-1.
Es curioso que Francia pueda llegar lejos sin eliminar a Italia y que Alemania, una vez que no está Italia, caiga en primera fase. Será que faltó motivación…
Antes de comenzar ya era un atípico Mundial sin la «bella Italia», pero con la despedida anticipada de otros grandes… se confirma la rareza de esta edición