Emma Ríos: «Una buena revista es justo el sitio en el que puedes tener libertad creativa»

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Fotografía: Alberto Gamazo

De la carrera de la autora de cómics Emma Ríos (Vilagarcía de Arousa, 1976) se puede decir que es una de las más variadas dentro del sector, un hito, si se quiere, en la figura del historietista en nuestro país. Emma ha sido dibujante con otro guionista (Bella muerte, nominada al Eisner), guionista con otro dibujante (Mirror) y autora integral (I.D.). Pero también ha sido editora y cofundadora, junto con el artista norteamericano Brandon Graham, de Island, una revista de ciencia ficción y fantasía (nominada también al Eisner) que, pese a tener un corto recorrido, se recuerda ya como revista de culto en el género. Aún más, si algo nos hace empatizar con ella es una ocupación en la que no tiene rival: la de fan. Lectora y espectadora empedernida, Ríos es la entusiasta definitiva: ha desarrollado un millón de formas diferentes de expresar que algo le gusta muchísimo. Como muestra tienen esta entrevista —que tuvo a bien concedernos durante la fantástica 36.º edición del Salón del Cómic de Barcelona— en la que sembró infinidad de referencias interesantísimas, además de hablarnos de su carrera y sus obras, que precisamente lo son tanto o más.

¿Qué cómics leías de pequeña?

Pues yo básicamente aprendí a leer leyendo cómics. Tenía Conan el Bárbaro, de mi tío, de mi madre… a mi madre le molaban los cómics, todavía le gustan y lee de vez en cuando, aunque no esté muy metida en el tema. Y, por supuesto, lo mío se lo lee siempre. Era profesora de Historia y de Arte, y cuando era pequeña se los dejaban los niños con los que jugaba. Recuerdo leer El Jabato, Conan, Dan Defensor y Esther en casa de mi abuela. Y lo que yo sí tenía era todo Astérix, heredado de ella. Me pasaba que, de pequeña, comía fatal, me aburría comiendo. Entonces, tenía que leer para poder comer y los Astérix, si los ves, dan pena. Todavía tienen espaguetis pegados [risas], es un asco, pero son cosas que pasan. Entonces los memorizaba. Me flipaban. Y también tenía cosas de Tintín, pero ya no me gustaba tanto. Recuerdo con especial cariño una adaptación de El sueño de una noche de verano, por Pedro y Miguel Quesada. Luego ya fueron llegando los superhéroes. También recuerdo que me molaba mogollón lo que después averigüé que era la Hulka de Byrne, y cuando me convertí en adolescente pseudorracional la cosa ya tiró hacia los X-Men y Nuevos Mutantes. Luego, en los noventa, llegó el manga y se acabó: con quince años me leí Akira y aquello fue como una revolución. Yo creo que en el rollo americano fue cuando empecé a reconocer a autores y a seguir a autores. Me descolgué del rollo más superheroico con el boom de Image. Que yo los aprecio y les agradezco mucho que ahora me paguen el pan. Es decir, sin Liefeld y sus movidas probablemente no habría podido hacer ni Mirror, ni Bella muerte, ni nada. Pero es que no era capaz de tragar con eso. Me descolgué bastante. Recuerdo seguir Spawn y Young Blood solamente, pero de forma muy vaga. En realidad ya estaba con cosas de Vertigo y con el manga.

¿La época de la revista de ciencia ficción y fantasía, como la Heavy Metal y similares, la viviste?

Sí, pero todo eso lo tenía heredado en casa, por ahí. Eso y algunos tebeos de género que eran porno, también. Yo qué sé, lo primero que leí de Ghita de Alizarr fue con once o doce años, en esa época se entendería como bastante precoz la cosa.

Te lo pregunto porque estas revistas son un poco como el precedente de Island, ¿no?

Sí, nos molaban mucho. Heavy Metal era la inspiración, aunque yo era más de Zona 84 y Garo. Flipaba mucho con Juan Giménez, Liberatore y demás. Al principio no lo entendía muy bien y poco a poco lo fui apreciando más, hasta que acabé comprándome muchas cosas de segunda mano y las ediciones buenas cuando fue posible. Pues eso, me daba igual leerme El Jabato, que Don Miki, que leerme Esther.

¿Y cuando querías buscar material que aquí no había salido? ¿Cómo te lo montas para conseguir cintas de VHS? ¿Cómo te movías?

El tema es que no había internet, hablamos de la Prehistoria [risas]. Mira, la primera vez que me conecté a internet fue en una cabina de teléfonos en la calle con un amigo aficionado a los ordenadores, no me preguntes cómo. Era otra época. Cuando entró el manga con Akira y Dragon Ball, y con los tomitos infames, pseudo comic books de dos capítulos retapados, con viñetas coloreadas como portada… había muy pocas colecciones y yo quería seguirlas todas. Entonces era muy fácil perderse números, porque a Galicia no llegaban o porque no había librerías especializadas… Recuerdo tener que viajar a Santiago de vez en cuando en tren para completarme Sandman en Kómic, por ejemplo, que era la única tienda que había cerca. Y escribiendo a los correos de las series manga de aquel momento —Xenon, Kamui, Alita, etc.— empecé a recibir un montón de cartas, cartas de gente que se estaba leyendo todos los maravillosos artículos de la serie blanca de Dragon Ball sobre manga… que era todo lo que nos llegaba de Japón. Solo había fanzines como Animerica en Estados Unidos, algún otro en Francia y en Inglaterra también, Manga Mania, pero aquí no había nada y cada uno parecía una joya. Estamos hablando de antes de la salida de Manga Video, antes de que se publicara Akira aquí. A través de un amigo que tenía un kiosco conseguíamos bastante material. Cosas como la Fangoria y revistas de videojuegos. Yo era muy fan de la Super Play, con Helen McCarthy a la cabeza. A esa gente llegué a través de los correos cuando yo ya estaba «traficando» con cintas VHS. Y cuando me iba de viaje, que me mandaban en verano a estudiar inglés… pues yo no comía, tío. Me iba a Londres a comprar toda la mierda… En Chinatown, en aquel momento, había un montón de tiendas y era muy fácil encontrar pelis, artbooks y anime en japonés subtitulado en chino. Entre otras cosas había conseguido Silent Möbius, cosas de Gundam y otras movidas superraras. Y, claro, aunque no se entendieran, tú los copiabas y los distribuías como podías. Digo traficar, pero solo intercambiaba material, no me lucraba, vaya. Tenía todo un tinglado ahí montado… llegué a conseguir un vídeo NTSC, sufriendo mucho, para poder hacer las copias. Pero, joder, ¡era cultura! [risas].

Era entre seguidores, entre fans.

Y la primera vez que vi Akira fue una copia en blanco y negro que conseguimos, con la maldita banda que bajaba por la pantalla de haber sido copiada tantas veces. En aquel momento todo lo que se sabía de la peli era lo que se había visto en un mítico especial del programa Metrópolis en La 2. Fue una época muy loca. Aquel Víbora especial Japón, con historietas de Maruo y Tatsumi, Miss 130… Contacté con gente por correo y luego acabé encontrando aficionados en Coruña, todo bastante underground si te digo la verdad. Pedíamos por el Advance Comics desde el kiosco. Joder, es que era superpequeña, tenía quince o dieciséis años. Me cambié de ciudad, por el trabajo de mi padre, de Orense a Coruña con catorce, y me cortó todo el rollo en plena adolescencia. Me volqué en los cómics. De hecho, empecé a dibujar cómics. Y luego, en Coruña, al principio me costó encajar con la gente de clase y al final acabé creando mi grupo de colegas relacionados con los cómics. Después, en la facultad, me metí en el club de cine y vídeo, empezamos a organizar ciclos y cosas. Hicimos una asociación… Nostromo se llamaba. Empezó un poco por ahí. Con el tiempo fue derivando a Polaqia, y todas estas movidas que se fueron generando en Galicia.

Tú luego hiciste Arquitectura, pero querías haber hecho Bellas Artes.

En realidad… yo no sabía qué coño hacer. Mi padre estudió Químicas y madre es profesora de Historia. Y cuando uno de tus padres es profesor siempre tienes cierta presión. O te enfrentas a ellos, o sacas buenas notas para que te dejen en paz. Y entonces yo tenía buenas notas. Para mi familia la carrera era muy importante, había que tener un trabajo normal. Ni los cómics, ni dibujar, ni pintar eran un trabajo normal. Por ello yo no tuve opción de estudiar Bellas Artes. Me lo planteé, tuve mil crisis, cambié la preinscripción mil veces, di un montón de vueltas para decidir qué quería hacer. Al final me metí en Arquitectura. Llegué a pensar en hacer Informática por el tema de los videojuegos, pero en aquella época la cosa era supergris. No había nada especializado, al menos no por aquí. Probablemente, si hubiera habido carrera de videojuegos por aquel entonces, habría caído ahí de cabeza. Porque seguiría pareciendo más serio que pintar y que los cómics. Así que acabé haciendo Arquitectura asumiendo que iba a hacer los cómics el resto de mi vida igual, en segundo plano. Nunca pensé que podría dedicarme a eso de forma profesional. Si me dices con veinte años que iba a poder hacerlo… me da un ataque de risa que ni te cuento. Quién me iba a decir que iba a acabar trabajando para Marvel o en Estados Unidos. Imposible. No te lo crees.

Por ese mismo antecedente de que en casa no se entiende el cómic como una profesión.

Te diré que, cuando empecé a trabajar profesionalmente para Estados Unidos con Boom! Studios, yo tenía un estudio de arquitectura con unos colegas en el que llevaba dos años. Y llevaba ya trabajando casi cuatro como autónoma para otros, como siempre, en este tinglado. Pues, cuando dejé el estudio, tardé como dos meses en decirles a mis padres que me dedicaba al cómic. Supongo que hay ciertas actitudes rebeldes que son un poco difíciles. Que no quieres decepcionar y tampoco sabes cómo te va a salir la jugada. Pero es que sabes también que por el otro lado no estás bien… y yo el último año como arquitecta lo pasé fatal. Las cosas iban regular, fue bastante conflictivo. Yo ya tenía claro que tenía que parar aun sin haber tenido la oportunidad de Boom!. Y, cuando esta llegó, también me coincidió con la beca en Japón y fue encajando todo y me ayudó a tomar la decisión. Fue decirme a mí misma: «Joder, ¿cómo te quieres ver dentro de diez años?».  Pues como ahora.

Justo antes tú hacías fanzines y de repente te descubrió Warren Ellis.

Sí, era la época de Blogger y de Flickr. Ahora está supermuerto todo eso, pero en aquel momento había bastante movimiento relacionado con la ilustración y los cómics. Yo estaba en el circuito de fanzines gallego, conocía a gente, venía aquí al Salón del Cómic, iba al Salón del Manga con mis mierdas… Fue cuando conocí a Ken Niimura y a toda esta gente del Arruequen, que tienen todo mi amor. Twitter no estaba, todo se movía más en blogs. Y Warren Ellis tenía una página superguay, con un foro muy loco, donde se conocieron, de hecho, Kelly Sue DeConnick y Matt Fraction. Warren posteaba todos los días y yo lo seguía. Y recuerdo un día ir a currar al estudio, a Santiago, encender el ordenador, abrir la página de Entrecomics —que me apoyaron siempre muchísimo y les debo mogollón— y leer «a Warren le gusta Emma» [risas]. Lo que había ocurrido simplemente era que Warren enlazaba las imágenes desde Flickr. Yo sabía que él tenía esa cuenta y le empecé a seguir. Él lo vio, tenía tiempo, hizo clic, entró, vio mi trabajo y me dedicó un post. Y, joder, esto es una cosa que precisamente estaba comentando hoy: para poder entrar en el mundo del cómic parece como que te hacen falta siempre padrinos. Porque da igual que tengas mucho curro o que seas superbuena… siempre tienes que tener ese golpe de suerte. Y a mí… ese puto clic me cambió la vida. Un mes después Boom! me ofreció hacer cosas. Matt Gagnon, mi primer editor y quien está a la cabeza de la editorial hoy, justo acababa de entrar y el primer curro que le encargaron como editor fue Hexed. Y dijo: «Me mola esta tía, le voy a ofrecer una miniserie y a ver». Una miniserie entera, tío. Cinco números. Y sin tener ni idea de cuánto tardaba yo en hacer nada, de si había hecho muchos cómics antes, si yo era profesional o no… es que fueron un montón de factores. Y después Mark Waid estaba allí y, a pesar de tener ya un par de contactos por mi cuenta, fue él realmente quien me llevó a Marvel.

Pero es que yo te cuento esta historia, que parece como una carambola de suerte, y al final otros autores tienen historias similares. Si me seguís en Twitter o en Tumblr —aunque ahí ya no estoy tanto—, pues veréis que me flipa estar pendiente de gente, joven o no, que está empezando a currar o sacando cosas… Me parece que es como debe hacerse. Es el ciclo. Por ejemplo, Island me parecía una idea muy buena para meter a gente en el mercado. Huyendo de premios, deudas, mierdas de esas… del rollo Operación triunfo. Necesitamos algo más orgánico. Lo que pasa es que las revistas no funcionan, no las compra nadie, y entonces Island duró lo que duró. Pero al menos conseguimos presentar a un montón de creadores que de otro modo no habrían tenido acceso fácilmente a una editorial mainstream, haciendo lo que les daba la gana. Es una pena que no haya más revistas, porque me parece la forma más orgánica de que la gente pueda entrar sin tener que tragar con editores condescendientes, con reglas, o con una carga de deudas como: «Se le debo a Fulanito, que me ha pedido que le haga un fill-in en tal libro». Queríamos tratar de hacer el mercado más accesible y buscar formas en las que no te putearan tanto. Una buena revista es justo el sitio en el que puedes tener libertad creativa. Puedes estar despreocupado de la promoción, porque como conjunto debería funcionar sola. Y podrías desarrollar cosas, probarlas y arriesgar. Porque no depende de ti solamente que se vaya a vender.

Puedes hacer que unas historias sostengan otras. O meter tanto a autores veteranos con noveles.

Claro, claro. Buscas un equilibrio para que se vayan manejando las cosas.

¿Como decidíais que autores o que historias iban a entrar?

Buf… No aceptábamos submissions. O sea, no aceptábamos que nos mandaran cosas. El rollo era completamente mafioso [risas]. Quiero decir, mafioso en plan se juntan Brandon y Emma y era: «A ver, ¿a ti quién te gusta?». «Pues este, este y este». «¿Qué metemos?». «Pues este, este y este». ¿Sabes? Nosotros estábamos bastante activos, era nuestra revista y metíamos a la gente que nos gustaba, que conocíamos y que creíamos que podía hacer un buen curro. Luego al final fue un puto caos todo. Es que es muy difícil. Quisimos hacer algo un poquito más grande y resulta que ese formato lo hizo todo supercaro. Tuvimos que cambiar el original porque no salían las cuentas…

¿Hay alguna cosa que habríais hecho diferente con Island, ahora en perspectiva?

La revista comenzó como una cosa ilusionante con el objetivo de fomentar la libertad creativa y la diversidad autoral, y acabó convertida en algo bastante extraño. Ni Brandon ni yo éramos las personas adecuadas para conseguirlo.

Por otro lado, también nos habría encantado mantener el formato original de los tres primeros números, esa era la idea. El problema de estas movidas de la venta mensual es que solo venden el número uno y el dos. Del uno al dos hay como un bajón del treinta por ciento en las ventas. Pero del dos al tres hay un bajón del cincuenta al setenta por ciento.

Y eso que teníais series abiertas muy interesantes.

Sí, pero esto sucede independientemente de las series y del contenido en general. Solo importa cuando se está hablando de ello. Si se presenta, está en el Previews, está en portada, está en los catálogos, etc. Las tiendas lo compran. En el tercer o el cuarto número la cosa ya no está de actualidad y no es interesante. Van a apostar por el crossover de turno que sí esté de actualidad antes que por cualquier revista o pequeña serie, por muy buena que esta sea. Es que, además, tienes que vender las cosas tres meses antes de que existan en las tiendas. Es toda una historia. Y en realidad nosotros no éramos tan famosos, ni grandiosos guionistas de Marvel, ni young guns, ni arquitectos, ni nada. Image nos apoya porque creo que esa lateralidad representa bien el tipo de obras que hacemos dentro de la propia editorial. Quiero decir, que no somos Remender haciendo una obra de ciencia ficción con cualquier dibujante que se le ocurra. Es más un «estos tíos escriben y dibujan, hacen sus cositas…».

¿Repetirías la parte de ser editora?

Si te digo la verdad, necesito respirar. Porque realmente lo pasé mal. El año pasado lo dejamos en el número quince, y me parece imposible haber llegado hasta ahí. Y yo… agradezco muchísimo todo el apoyo que nos dieron. Se dejaron unas pelas. Y además quedaron cosas sin meter. Luego había que intentar mover todos los trades que teníamos apalabrados con gente y no pudimos conseguirlo. Claro, es que es supercomplicado. Si volviese a editar, tendría que ser con mucho más control, y también algo mucho menos ambicioso. Pero sí, me fliparía hacerle un sitio a gente cuyo trabajo me flipa… Y a autores de aquí como Luis Yang y Xulia Vicente, que conozco desde que empezaron y que me vuelan la cabeza. Me hace mucha gracia cada vez que me comentan: «Joder con los autores españoles, son la hostia». Pues espérate a ver lo que viene. Es una pasada. En mi propia experiencia yo iba a saloncitos, a cosas muy locales, y tenía conexión con gente de allí. Pero me dan cierta envidia cosas de ahora, como poder contar con festivales de cómic de autoedición o independientes como el Graf o el Autobán. O poder crecer con tutoriales. O poder tener el feedback que se obtiene en internet con el webcomic. Evidentemente, la experiencia es distinta, cada uno crece diferente y eso afecta a nuestra obra. Pero sí que es cierto que yo creo que me he desarrollado de una forma más introvertida que ellos. Por ejemplo, cuando hice A prueba de balas era rollo género puro, ultraviolento… no existía Kill Bill en aquella época. Era lo que yo veía: cine de Hong Kong, cine de yakuzas, Shogo Ishii, Takashi Miike… con el que ahora tengo una relación de amor-odio algo tóxica, pero en aquel momento flipaba bastante con sus mierdas. Y, claro, tú ibas allí con eso y te decían: «Pero ¿qué es esto?». Era un rollo género muy puro, supercutre: una tía en Marte, con una plaga… Muy de finales de los noventa. Mientras aquí en España todo tiraba hacia lo intimista, y yo iba por ahí como un alienígena con eso. Y realmente estaba traumatizada, lo llevaba mal. Lo hacía un poco porque me molaba y no podía evitarlo, y lo leían cuatro colegas. Yo con eso ya flipaba. Pero ni se me ocurría traspasar la barrera invisible de llevar esa mierda a una editorial. Como mucho me atrevía a mandar los fanzines al Víbora, donde Sergi Puertas me hizo unas reseñitas increíbles que todavía le agradecí muerta de vergüenza el año pasado cuando lo conocí en persona. Esas cosas te dan la vida, sobre todo cuando no tienes nada. Si yo hubiera tenido la oportunidad de, en lugar de fotocopias distribuidas malamente, colgarlo como webcomic, habría tenido como una esfera muchísimo más amplia, y tal vez un público más afín, y no tendría que haberme acobardado ante la tendencia de lo que estaba funcionando por aquí. Por otro lado, pasaría mucha vergüenza por haber colgado eso online, sería una exposición lamentable y bochornosa [risas]. Eso ya no se lo enseño a nadie, ni se me ocurriría. Pero, bueno, forma parte de cómo se crea uno.

Ahora que mencionas la parte del cine, ¿cómo te ha influido el cine?

Un montón. En Bella muerte es inevitable. Kelly Sue también es bastante cinéfila y le mola mucho el cine de género. De hecho, Kelly Sue y yo nos conocimos en Osborn y nuestra primera conversación fue sobre Meiko Kaji y Lady Snowblood. Os podéis imaginar la química. Y, claro, cuando me propuso hacer un tebeo con ella, me comentó que quería hacer algo histórico… Y yo me puse en plan: «Bueeeno, pero si tú eres de Texas y yo soy española… ¿por qué no hacemos un spaghetti western?». Y lo que hice fue mandarle un artículo genial que se llamaba «El surrealismo en las películas de Sergio Leone», en el que comparaban su estética con la obra de Chirico, con Dalí, y alababan el estilo de sus encuadres… Yo, por mi cuenta, había tirado hacia un rollo más urbano de acción, pero tanto en Marvel como en Boom! o incluso en un proyecto que llegó a surgir para Soleil —aquello fue bochornoso, el trato y todo, en Francia no conecté con el mercado para nada— me pedían terror urbano, siempre. Yo tenía presente que me lo estaba pasando bien dibujando monstruos. Y pensando en clave de wéstern es fácil darse cuenta de la gran diferencia que existe entre Sergio Leone y John Ford, para mí es la atmósfera. El wéstern de Leone es algo bastante mágico, transmite una sensación de inestabilidad que no es ni real ni irreal. Tiene una lírica. Creo que por ahí había un punto muy guay para poder explorar el wéstern, me gustaba muchísimo. Y lo comentaba con Kelly Sue. Y hablando un poco de eso, hubo un día que ella me dijo: «Me estoy rayando porque no puedo pensar en nada más que en un conejo muerto y una mariposa hablando».

El principio de Bella muerte.

Sí. Y le dije: «Palante». A partir de ahí pues empezamos a trabajar con folclore y mitología, con el wéstern de trasfondo, y con la posibilidad de hacer elipsis. El primer capítulo de Bella muerte, Pretty Deadly en el original, ya era un wéstern tardío, no fue nada difícil trasladar la historia a la Gran Guerra.

¿Porqué Pretty Deadly?

Pretty Deadly salió de Kelly Sue y Bella muerte salió de mí después de que Santiago García nos comentase la posibilidad de traducir el título. Al principio iba a ser un wéstern superclásico, ¿eh? Iba a ser de una tía muy macarra, tipo Meiko Kaji, que iba a matar gente por algo, a vengarse. El espíritu de la venganza. Y, claro, luego se fue complicando y el título quedó un poco descolgado. Buscábamos algo muy sonoro. Además, la dicotomía es graciosa y tiene su trasfondo feminista.

Es interesante porque en alguna entrevista habías comentado que el tercer arco iba a usar el noir y/o el terror como tono de fondo. Y, claro, en el wéstern, en el bélico (que es el trasfondo del segundo arco) y en el noir y en el terror la muerte es un tema muy presente. Y al mismo tiempo es una obra muy estética, que sería la parte pretty.

Es que son lenguajes muy marcados. Recuerdo hablar de esto con un colega chino que me comentaba que tanto el wéstern como el wu xia funcionaban de forma parecida, cada uno con su propio lenguaje estilístico. Es algo muy reconocible. Y trasladar todos esos elementos al cómic es muy agradecido. Sobre todo Leone, con los planos cercanos en contraste con los planos amplios y la horizontalidad. Y, claro, en el segundo tomo, cuando saltamos al bélico, cambiamos, porque ibas a estar en una trinchera y todo iba a ser mucho más estrecho y agobiante. Yo solo estaba pensando en Senderos de gloria, que me flipa cómo está rodada y el tono que tiene. A mí el género bélico no me produce tanta fascinación como el wéstern, pero hay películas que me vuelven loca y suelen ser las que tienen un mensaje pacifista. Senderos de gloria, por ejemplo. Me gusta mucho Feliz Navidad de Christian Carion también. Y me flipa La condición humana, que es una trilogía de Masaki Kobayashi, de nueve horas en total. Y, joder, es que es superhumanista, es una puta animalada. Acabas de verla y te sientes una persona distinta. Es una reflexión sobre cómo todo da igual, pero sin caer en el nihilismo fácil o la pérdida de identidad: fascistas, socialistas… al final vamos a morir todos. Tiene una forma muy profunda de acercarse al género. Luego me puede gustar La cruz de hierro, evidentemente.

Pero, en resumen, me acerco más a la parte antibélica que a la épica. Lo que me preocupaba, de lo que hablaba con Kelly Sue al principio de trabajar en el segundo tomo, era que yo no quería un planteamiento épico de la guerra. Yo quería evitar que el valor estuviera reverenciado. Y estuvimos buscando cómo salir de ahí y al final el cómic habla del miedo y de la suerte. La historia es que el miedo ayuda a protegerte de la muerte y la suerte te ayuda a que sobrevivas en realidad. Pero, si no hubieras tenido miedo, ya no hubieras tenido ninguna posibilidad. Me siento muy orgullosa de que hayamos sido capaces de retratar el género bélico desde ese punto de vista. En el fondo es eso, las mejores películas sobre la gran guerra como Sin novedad en el frente o La gran ilusión también tiran de ahí, y son profundamente antibélicas. Hablan de cómo engañaron a la gente para ir a las trincheras y de la falta de información en general, en el frente de la Primera Guerra Mundial. No en vano solo se puede considerar como guerra moderna por el tipo de armas, la gente se enfrentaba a ellas con placas y cotas de malla. En fin, que me metí mogollón de pelis para documentarme. Bella muerte al final es género y jugamos con él. Y ahora, con el early Hollywood en el tercer tomo, pues también. Cae de cajón.

En el aspecto gráfico, en la narrativa visual, ¿para ti hay un salto respecto de lo que habías hecho antes de Bella muerte?

A ver, yo venía de hacer la novela gráfica del Doctor Extraño, que fue superagobiante porque había bastante límite de tiempo y de contenido. Estuvo un año sin estar en las librerías y me fastidiaba un poco. Era un rollo planteado para primeros lectores. Luego estuve en Capitana Marvel, hice dos números, y me lo pasé muy bien, pero fue después de la novela gráfica cuando me dije: «Estoy dibujando fatal, me estoy dejando llevar por la presión». Entonces, creo que la primera parte de Bella muerte está superbién dibujada, como con muchísimo cuidado. Y luego iba tanteando cómo manejar el tema de las composiciones. Compositivamente el segundo tomo es mucho más arriesgado que el primero. Pero al mismo tiempo estaba el componente fantasmal del caballo, que me facilitaba un montón las cosas. Cada vez que la composición se volvía más orgánica es que entraba algo más paranormal. Y el tercero está guay porque la protagonista es Clara, la niña del segundo tomo, la nieta de Sarah, que hace cine de sombras de marionetas como Lotte Reiniger. Estoy usando eso en la narración, uso mucho las siluetas y me lo estoy pasando muy bien. Estamos trabajando también con cierto tono de locura. Entonces, no es solo compositivo: esos elementos están contribuyendo mucho a la historia. En realidad, este rollo orgánico siempre me produce cierto agobio porque no me gusta meterlo cuando no hay ninguna razón o cuando no hay nada que potenciar. A mí me resulta muy sencillo trabajarlo, no sé, me sale bastante solo, pero me agobia que no venga a cuento de nada. Entonces, es lo que os decía, en el segundo tomo se rompe la paginación porque es cuando entra el caballo fantasma, o el humo, o el gas… Pero en el tercero estas cosas entran de una forma mucho más natural y forman parte del todo. Ya lo veréis.

En relación con esto también, le das mucha importancia a la simbología, a los símbolos.

Es que Bella muerte es un libro muy simbólico en general. Habla de un montón de temas que se disfrazan con folclore inventado. Habla de confinamiento, habla de la percepción sobre las mujeres, habla también del valor y del miedo… Es todo muy conceptual, me parece importante. Y luego me gusta que el propio género narrativo se convierta en símbolo. De la época, del momento… te ayuda a ver cómo evolucionan las cosas. Eso me parece interesante. Las ideas de Kelly Sue son simbólicas y conceptuales, lo tiene muy claro: esto es la suerte, esto es tal otro concepto… Es que ella es así, es fundamental. El cien por cien del libro es eso.

¿Y cómo es el diálogo con Kelly Sue? ¿Con alguna otra autora es igual?

Con ella es un diálogo continuo. Y me pasa lo mismo con Hwei, con Mirror. Para mí ha habido un corte radical cuando me fui del trabajo de encargo. Cuando paré de hacer cosas en Marvel, lo que quería era hacer mis libros. Los cuatro años en Marvel fueron como hacer una carrera para entender cómo funciona el mercado como tal. Y, la verdad, tampoco hice mucho más. Me largué y pensé que no iba a tener curro nunca más porque cuando lo hice hubo algún conflicto y me asusté mucho. Dependía completamente de cómo saliera Bella muerte. Y salió genial. Y a partir de ahí dije que, si podía permitírmelo, no volvía al trabajo de encargo. Porque al final no tengo hijos, no tengo hipoteca, no necesito forrarme… entonces me da libertad como para poder hacer un libro que funcione bien y luego tratar de hacer cosas más pequeñas como Island u otras. Bueno, en Island cobré I.D., pero mi trabajo de editora no lo cobré. Fue algo más kármico que otra cosa. Ni Brandon ni yo lo hicimos, porque la única preocupación fundamental era que los autores pudiesen cobrar su adelanto y eso sí era un tema de principios.

Volviendo al tema, mi determinación era poder decir: «Estos son mis libros, por fin». Y no: «Tengo cinco números en tal serie, cuatro en esta otra…». A mí me gustan muchísimo los tebeos, y creo que puedo aportar algo como autora. No me iba a ir de Marvel para ser dibujante de alguien. No me iba a ir para ser dibujante de Kelly Sue, la única guionista con la que realmente quiero trabajar. Porque, aunque disfrute dibujando, no me llena del todo. Mi cabeza pensaba: «Si me voy, ahora tengo esta oportunidad, estoy en el punto de los fanzines otra vez, puedo hacer lo que yo quiera, me están dando carta blanca, joder, tía, esfuérzate». Fue un poco eso. Dale caña, es el sueño. Demuestra que te mereces haber llegado hasta aquí. Y esto resume un poco lo que llevo intentando estos años. La verdad es que me machaco bastante psicológicamente. Tengo poco control emocional del proceso creativo. No es fácil, y menos hoy, estando tan expuesta. Al final te enfrentas a muchas cosas tú sola, pero merece la pena. Quiero decir, que siempre vas a estar un poco flipada, en plan: «Esto es maravilloso, la vida es maravillosa», o hecha polvo, en plan: «No puedo hacer nada más, esto es una mierda». No hay término medio. Pero yo creo que esto nos pasa un poco a todos los que nos dedicamos a esto, o a algo creativo. Y, joder, Kelly Sue me ayuda un montón, porque ella como persona es maravillosa. Es superinspirador currar con ella. Siempre me escucha, siempre hemos creado todo juntas y cambiado cosas sobre la marcha… Siempre lo decimos: nunca trabajamos sobre guiones acabados. Vamos trabajando por escenas y vamos hablando sobre las relaciones entre los personajes y sobre las cosas que vemos que surgen a medida que se va dibujando el cómic. Esta mañana, precisamente, estuvimos analizando cómo había variado el comportamiento de algunos personajes y recordado cuando Ginny perdía los papeles, porque es un personaje muy difícil de definir y necesitamos fijarnos mucho en lo que hemos hecho con ella. Es que es… ¡como el Jinete Pálido! No puede hablar, no puede hacer nada, es un puñetero icono. Entonces, estábamos como analizando los momentos en los que había sido capaz de variar un poco su comportamiento «actoral» o como quieras llamar a eso. Hacemos siempre ese tipo de trabajo: vamos aportando cosas las dos y luego lo analizamos en conjunto. Vemos cómo va funcionando y adónde nos lleva.

El concepto tradicional de «el guionista escribe» y «el dibujante dibuja», eso ya no existe, ¿no?

Desde luego, en mi vida no existe [risas]. Ni quiero que entre. Lo peor que he hecho yo en mi vida fue hacer dos páginas por el método Marvel. Dos. En Spiderman. No voy a decir quién era el guionista.

Tenía para preguntarte si cuando estuviste en Marvel te quedaste con ganas de trabajar con alguien o en alguna serie en concreto, pero creo que no…

A ver, no quiero tampoco que tengáis la idea de que yo estuve mal. Yo me lo pasé genial también.

De hecho, de Osborn te hemos oído decir que te gustó mucho hacerla.

Sí, sí. Y más cosas. Trabajar con Mark Waid es una pasada. Mark es maravilloso, le debo mogollón y hacer el crossover de Daredevil y Spidey fue la hostia. Porque Matt es muy arrogante y Spidey es un tío histérico, ¿sabes? No para quieto. Entonces fue muy gracioso poder controlarlos a la vez y tratar de trabajar su comportamiento, la «actuación». Y en eso me lo pasé guay. Y, aparte, los guiones son divertidos. Mark Waid es un guionista que me flipa. Es que es un poco eso, el tiempo va pasando y, si tú estás en una posición privilegiada… Esto va a sonar supertraumático, pero te preguntas: «¿Qué legado voy a dejar?». «Legado» suena francamente mal, pero sí te preguntas qué es lo que quieres dejar. Ahora mismo sí que estoy en un punto de desafío personal. Más de decir: «¿Puedo yo hacer un cómic que verdaderamente signifique algo para alguien? ¿Como los cómics que me han cambiado a mí la vida?». Yo no voy a hacer un Akira porque nunca tendré esa capacidad, pero a mí Akira sí me cambió la vida completamente, me cambió la personalidad. Los cómics son algo importante. Poder dedicarte a esto es algo muy especial, y yo no contaba con ello. Entonces, lo que quiero es intentar hacer los libros lo mejor posible. Hasta que pueda. Si en algún momento las cosas no funcionan bien y me estoy muriendo de hambre, pues volveré al trabajo de encargo. ¿Qué le voy a hacer? Pero, mientras, intentaré convencerme de que puedo aportar algo al medio a nivel personal. Y, sobre todo, porque al tener la oportunidad sería supercobarde por mi parte buscar una situación más cómoda, cuando era esto lo que quería todo el tiempo. Sería muy decepcionante para mí misma.

Bueno, pero hasta ahora parece que te has ganado el respeto de la crítica. En la selección de Cómics Esenciales 2016 se eligieron tanto Bella muerte 2. El oso como I.D. Resultaste ser la única autora española con dos obras reseñadas en la selección.

Se agradece un montón, porque al final tú esto no lo haces solo para ti. Necesitas sacarlo, y comunicarte con la gente. Es que hasta que la obra no llega a otra persona, la lee y tiene una reacción al respecto, el cómic no está cerrado, no está acabado. Yo reconozco que, aunque las ventas de algunos de mis libros sean muy modestas, pues, bueno, el feedback ya me hace feliz. Y lo de la crítica también me da la vida. Con I.D., por ejemplo, el haber metido un personaje trans… Las reacciones de la gente o cosas que me dijeron al respecto son algunos de los momentos más emocionales de mi vida. Porque yo ni siquiera era consciente de que iba a ser un movimiento tan político, ni que iba a tener tanta presencia. Al final tú vives en tu burbuja de normalidad y dices: «Si voy a hacer un cómic donde hablo de cambio de cuerpo, ¿de qué coño voy a hablar?». Pues lo más legítimo que puedo hacer es meter un personaje trans. Y, claro, al final ese pequeño gesto parece haber significado mogollón. El haberlo tratado con normalidad, como un personaje principal más. Y no regodearse solo en si tiene problemas. Creo que incluso lo traté de forma algo frívola. «Es que en realidad mi cuerpo no me gusta y aunque me cambie de sexo tampoco me va a gustar, quiero ser peludo, grande, etc.». Este rollo. Y sí, es emocional. Merece la pena el esfuerzo solo por escuchar a alguien decirte: «Es que en este personaje me he visto a mí mismo», es muy flipante, ni te lo imaginas. Porque al final nosotros como autores tenemos una vida un poco aislada, inviertes muchas horas en tu trabajo y siempre vas de cero a cien. Estás bastante solo, encerrado en tus mierdas y tal. Y de repente te vas a una convención y te ves en una hora con doscientas personas. Es que es demasiado. No sabemos gestionarlo bien. Yo no sé gestionarlo bien. Entonces, cuando me dicen esas cosas, no me pongo a llorar de puto milagro.

Ya que mencionas I.D., y con relación al tema que hablábamos de trabajar con guionista, ¿cómo afrontas un trabajo como el de I.D.?

I.D. fue un ataque de ego total. Como os decía, yo no me fui de Marvel para ser dibujante fuera. Y podía hacer I.D. porque quería ayudar a construir Island y, en cierto modo, había que marcar ejemplo. Si vamos a montar una revista para que la gente se arriesgue a hacer cosas, pues voy a hacer la cosa más marciana que se me ocurra. De ahí salió I.D. Y además dije: «¡A la mierda, escribo en inglés!». Yo puedo trabajar en inglés, pero, aunque lleves muchos años estudiando la barrera psicológica de la barrera idiomática, es difícil cruzarla… Y si no eres nativo es complicado pillar el tono de ciertas expresiones, por ejemplo. Pero hay que ir poco a poco, dando un paso más, y otro, y otro… Primero, tebeo de creación propia, después, tebeos yo sola como autora completa. Y, después, tebeo como escritora. Mirror no es solo eso, en realidad, porque es un trabajo superorgánico, y aparte porque quería meter a Hwei. Somos muy amigas, ella es buenísima y escribe bastante mejor que yo. Por otro lado, quería abrirle un poco la puerta del mercado americano, ya que podía. Y, ahora, lo siguiente que quiero hacer es un tebeo yo sola de nuevo, que ya tengo apalabrado con Image. De momento estamos cerrando Mirror, que el segundo arco es como dos números más largo y está dibujado casi a medias por las dos. También estamos cerrando el tercer arco de Bella muerte. Cuando acabe, empezaré con el tebeo nuevo, que no sé muy bien cómo lo voy a sacar todavía. Dependerá un poco de cómo esté el mercado. No sé si sacaré tres números de sesenta páginas o una novela gráfica. Sacaría el libro entero, la verdad, pero también tengo que comer y ver cómo lo vamos a vender mejor.

¿La idea de la obra o el tema? ¿Puedes contarnos algo?

[Emma guarda silencio, dibuja una amplia sonrisa mientras le brillan mucho los ojos].

Vale, vale. Mejor no decir nada. [Risas]

Yo prefiero que no. Casi mejor que no. Lo que sí que os voy a decir es que Mirror, a pesar de que es un tebeo un poco oscuro, es muy luminoso. Pues esto nuevo tiene pinta de ser oscuro y muy oscuro.

¿Y cómo lo gestionas? Estás hablando de llevar varias obras al mismo tiempo, unas que cierras, otras que empiezas… ¿Cómo te organizas?

Bueno, con Mirror llevamos ya tres años, que parece mentira. Es un libro bastante difícil. Luego, Hwei tuvo algunos problemillas, que también me afectaron a mí, y tuvimos que tomárnoslo con calma. La verdad es que no es nada fácil enfrentarse a la presión. Es hora de cerrarlo, ella se va a tomar un descanso. Y yo, bueno, puedo hacer dos libros a la vez si solo escribo uno de ellos, me viene bien, sobre todo porque Kelly Sue también tiene otros. Por ejemplo, ahora tiene que hacer Wonder Woman… pues puede estar un mes sin mandarme un guion sin problemas. Yo ya tengo material, y además me viene bien escribir por la mañana y dibujar por la tarde. Me ayuda. Tener dos libros me ayuda porque, cuando estoy bloqueada con uno, puedo moverme al otro. Puedo mantener un trabajo continuo. El problema entonces es el de siempre, que no sale mensualmente y, consecuentemente, vende menos. Ahora mismo tengo la sensación de que este año pasado trabajé muchísimo, más que otros años y con cosas muy difíciles, pero todavía no he podido cerrar nada. Escribir me resulta más difícil que dibujar, en general, y Mirror es bastante cósmico, y además toca un montón de temas que pueden relacionarse fácilmente con temas de actualidad… que no son nada fáciles de tratar tampoco. No quiero meter la pata. Me lleva bastante tiempo. Y además he estado dibujando bastantes páginas tanto de Mirror como de Bella muerte, aunque no haya salido nada nuevo en Estados Unidos. Mi percepción es que he tenido un montón de trabajo que no veo, y es algo con lo que tengo que lidiar. Saldrá todo hacia finales de este año y durante el siguiente, mientras hago lo nuevo.

Lo que decías antes de que hasta que el lector no lo ha leído no se ha acabado, ¿no?

Sí, a veces me entra el pánico y me siento como encajada, como que necesito cerrar frentes ya porque me vuelvo loca. Es difícil de gestionar cuando tienes varios libros abiertos. De hecho, llevo varios años pensando el nuevo libro y es algo que tengo muchas ganas de hacer. Pero lo estoy separando del resto, en plan «no te acerques ahí, no te acerques ahí» [risas]. Todo es cuestión de controlarse y de no meterse en demasiadas movidas a la vez. Lo ideal sería cerrar bien algunas cosas y luego pasar a otras. Evidentemente yo no lo sé hacer, pero al menos me lo estoy pasando bastante bien con todo, la verdad. Salvo cuando te agobias por temas de dinero, o de que no venda, o que suponga algún problema para la editorial… Me siento bastante en deuda con ellos, algo habitual para los autores y que tenemos que tratar de evitar, ya que nosotros lo damos todo. Es difícil. El resto es guay. Si gestionas medianamente bien la parte emocional, todo mola mucho. Por ejemplo, el tema de las acuarelas, que estoy trabajando gracias a Mirror y que son muy jodidas. Me dije: «No sé hacer acuarelas bien». Pues vamos a hacer, no sé, ciento cincuenta páginas de acuarelas [risas]. Iba a ser raro que no aprendiera algo.

¿Con que objetivo nace Mirror? ¿Cómo decides que quieres contar esta historia? Cuando la leí me pareció una fábula que lanza muchos mensajes… pero has dicho que no ibas buscando lanzar nada específico.

Ya. No tiene una estructura narrativa muy directa.

Tampoco es una fábula maniquea con buenos y malos. Es como que hay muchos puntos de vista. Y esto me recuerda a la portada del primer volumen en el que tienes a todos los personajes en diferentes posiciones, pero mirando en una misma dirección. Que cada lector puede compartir más unos puntos de vista que otros, pero los enseñáis todos.

Sí. Mirror surge cuando estamos haciendo Island, en un momento en el que tanteamos la posibilidad de hacer otro proyecto paralelo un poco diferente, pero también para presentar a otros creadores, darles libertad, etc. Se llamaba 8House. 8House iba a ser una colección de miniseries en la que cada equipo iba a trabajar a su puñetera bola, pero con la autorización de utilizar cosas de las otras historias. Era en plan: «Si ves algo que te guste como elemento, mételo». Todos éramos gente un poco conectada estilísticamente y con influencias similares. Como que nos gustase el manga de los ochenta, las revistas de ciencia ficción, Moebius, cosas así… ¿Qué pasó? Que lo hicimos fatal. Volvemos a lo de antes. Son libros superdifíciles de vender: Island era difícil de vender, Mirror es difícil de vender… 8House era cuarenta veces más difícil de vender. Porque para empezar eran historias que no tenían conexión más allá del subtítulo, pero que salían salteadas aleatoriamente como si fueran de una misma colección. Como el planteamiento de una revista pero llevado al puñetero formato del comic book mensual. Si el mercado nos exigía un número mensual, se lo dábamos. Ahora bien, que estuviesen relacionados entre ellos más allá de un subtítulo era otra historia. Si es que fuimos unos genios, te lo digo [risas]. Resultó que la gente no se enteraba de nada: no se distinguían las distintas series dentro de la colección. Y cuando le iba a tocar a Mirror salir… recordad lo que os he dicho acerca de las ventas, de la bajada bestial después del número dos de cualquier cosa. Pues Mirror salía en el número seis. Entonces a Eric Stephenson, editor jefe de Image Central, donde yo trabajo, le pareció una serie demasiado interesante como para dejarla salir en esa posición y que no vendiera nada. Y nos animó a hacer una serie regular. Y lo hicimos, a pesar de que inicialmente iba a ser algo mucho menos ambicioso de cuatro números. Por eso al principio lo de las elipsis resultaba más artificial. Porque íbamos simplemente a jugar con las elipsis como estructura de la miniserie. Pero al convertirlo en serie regular pasó a ser un elemento más orgánico en la narración y a caracterizar completamente la experiencia de lectura. Cuando comenzamos a hablar de 8house yo estaba dibujando I.D. ya, y además con Bella muerte. ¿Cómo me iba a meter a dibujar Mirror?

Al final la solución fue no dibujar tú.

Le pregunté a Hwei si quería hacerlo entre las dos. Pensé en cosas que le gustaría dibujar, en el tema de los animales, en el manga de los ochenta, en videojuegos JRPG de los noventa o principios de los 2000, Super Nintendo, Play 1… en realidad tenemos muchísimas cosas en común. Entonces ahí empecé a hilvanar. Yo en ese momento estaba rayada con el tema de mi presencia como autora, con cómo debía mostrarme. Sigo ahí, pero en fin. Venía de ser una dibujante de Marvel, donde no era nadie, pero sí me había hecho un pequeño hueco como critical darling, ya sabes. Muy lejos de la imagen de autora. Y luego, estando aquí, lejísimos, con la barrera idiomática y un montón de cosas. Y luego con Kelly Sue como ejemplo, que es un kraken mediático, increíblemente extrovertida. La ves hablando con la gente y cómo la inspira, y te sientes muy pequeña. Es que, vamos a ver, hablamos de Kelly Sue, ella es un espectáculo. Es todo ovación. Puede articular discursos maravillosos de la nada y además es la mejor persona. O ves a Kieron Gillen, por ejemplo, que tiene una personalidad muy marcada, es superocurrente, es un tipo verdaderamente genial. Hay cosas que para mí son casi imposibles.

Yo soy como más seria, me afecta todo, siempre hablo siendo demasiado sincera… Tengo que darme a conocer mayormente en una segunda lengua, y además tengo una lesión en el oído por una meningitis de pequeña, con la que perdí el poder oír altas frecuencias, que me hace sentir todavía más insegura. Cuando salgo y tengo que presentarme en otro idioma uso audífonos. En castellano no me afecta demasiado, porque he oído así siempre, de hecho, descubrí solo hace unos seis años que tenía esta lesión, y me alegro, porque probablemente no habría intentado ni la mitad de cosas de haberlo sabido antes. En según qué contextos es bastante agobiante, cuando te hacen una entrevista, por ejemplo, o en alguna charla en la que te hacen una pregunta y acabas contestando lo que te da la gana. Y lo asumo, soy introvertida, mira mi postura corporal, lo dice a gritos. Hoy no basta con hacer buenos cómics para venderlos. La promoción se hace en gran parte sobre la figura del creador, con el que ya no hay filtros. Y además hay demasiadas cosas a la vista. Es cierto que todos sentimos curiosidad acerca de cómo son las personas que hacen las cosas que nos gustan, pero ahora estamos increíblemente expuestos. Desde el otro lado se hace bastante difícil el tener que gustar. A mí no me gusta todo el mundo. Al final te preguntas demasiado quién coño eres y cómo te puedes mostrar de forma natural en medio de tanta inmediatez. Un tuit, una entrevista… Lo que consumes. ¿Es realmente necesario que se sepa quién soy para vender mi trabajo? Porque los libros hablan mucho de mí. Pero siempre parece que se necesiten fotos, conversaciones… Bueno, vosotros sois periodistas. Esto lo entendéis bien. Y yo ya estoy pareciendo una enferma.

Es llamativo que hablemos de esto para el caso de dibujantes de cómic. Quizás te lo puedes imaginar antes para escritores de literatura, directores de cine, etc., y ha llegado también al mundo del cómic.

Todos hemos cambiado la forma de comunicarnos con las redes sociales. Y, vaya, yo ni de coña soy capaz de crear un personaje. Tú ves mi cuenta de Twitter y la mitad es el puñetero Gundam. Vuelvo a estar obsesionada con los mecha ahora mismo [risas]. Pero, bueno, he entendido que, si tú eres esto, pues dilo, ¿qué pasa? No pasa nada. Me costó un poco hacer las paces con esto. Y yo creo, por ejemplo, que en I.D. se percibe bastante esta angustia porque era un momento en el que yo necesitaba presentarme como autora ante toda esa gente que no me conocía de nada. Para las entrevistas, sobre todo las que hago para Estados Unidos, suelo pedir que me dejen contestar por escrito y me las curro, a lo mejor me tiro cuatro días contestando una entrevista de diez o quince preguntas. ¿Por qué? Pues porque es la única forma que tengo yo de representarme, no tengo muchas más opciones. La gente busca hacerse una idea de quién soy, por eso la están leyendo. Y no me parece justo ni honesto inventarte cosas o tirar de polémica… En persona suele ser un sindiós. Claro, yo trato de hablar de temas serios, pero, igual que cuando un americano habla en español, pues normal que les haga gracia el acento. Entre el acento y que yo físicamente tampoco demuestro mucha seguridad… me agarro mucho las manos, gesticulo mucho, me toco el pelo.  Al final son todo barreras. Aunque te digan que «your english is so cute…». A ver, ese no es el punto [risas]. No quiero ser un puto Pokémon. Es como cuando habla Noa en I.D., que nadie lo toma en serio. Evidentemente, su problema es mucho mayor que el mío, pero no me resulta difícil empatizar con parte de eso. Con que te estén juzgando por lo que ven. En Mirror también hablamos de identidad, pero así como I.D. se centra en el agobio que cada uno tenemos con lo que somos desde el interior, a nivel individual, en Mirror se habla más del colectivo. Creo que hay dos reflexiones aquí, sobre cómo nos sentimos con nosotros mismos, por qué no te gustas, qué es lo que está mal. Pero también sobre cómo te sientes dentro de un colectivo, si crees que te aceptan o no, y si realmente quieres formar parte de ese grupo. Es bastante sonrojante que los dos libros más recientes que he escrito hablen tan claramente de la aceptación, supongo que influye tener que lidiar todos los días con el síndrome del impostor.

¿Y tenías pensado tratar ese tema desde el principio?

Esto es un análisis a posteriori, porque cuando tú lo estás haciendo no estás pensando en todas estas cosas. Simplemente estás hablando. Comunicándote. Desahogándote. Después, hacer entrevistas o analizar el libro una vez ya está ahí fuera te permite hacer el ejercicio de darte cuenta de que en ese momento estabas en este punto. Y piensas que es un poco evidente, y qué vergüenza [risas]. Normalmente empiezo a pensar por los personajes y en este caso muchos eran muy arquetípicos. Sena es una terrorista romántica. Aldebarán es el yojimbo, el tío superleal, samurái a muerte. Kazbek entra como villano pero después tiene un montón de capas. Elena originalmente iba a ser la antagonista y en el segundo arco es la puñetera protagonista. Iván era el tío majo, que al final es bastante controlador y supervictimista. Creo que a pesar de ser originalmente arquetipos hemos sido capaces de hacerlos evolucionar con bastantes matices. Porque en el fondo todos somos así: nadie es bueno o es malo, todo el mundo hace cosas mal.

Y en realidad la idea fundamental de Mirror es que, aunque intentes ayudar, puedes acabar jodiendo al otro. Puedes estar simplemente ayudándote a ti mismo, estar tratando de sentirte mejor creyendo que lo haces por los demás. Todos tenemos principios muy firmes, y creemos que hacemos lo correcto. Son actos egoístas. En Mirror no se encuentran todos en el mismo punto, no son iguales hasta que tienen todos el mismo problema. Creo que esto nos pasa a todos. Entonces finalmente sí que puede surgir ese paralelismo con los temas de las minorías y los refugiados. Cómo dejar de ser paternalista, cómo dejar de ser condescendiente. ¿Tú y yo somos lo mismo? No tengo muy claro si es este el significado del libro. En el fondo, ¿por qué debemos dividirnos en grupos? ¿Y por qué no? ¿Por qué vas a obligar a Sena a que se lleve bien con los humanos después de todo lo que ha sufrido? ¿Por qué no la puedes aceptar como es? Si ella es capaz de estar con ellos, pues los humanos deberían poder aceptar su odio. Es que, ¿por qué no? Todos tenemos derecho a estar enfadados. Y a sentir rencor. No todos tenemos que ser felices a pesar de todo, o no como nos dicen que debemos serlo. «¡Ya basta de positivismo, tíos!». Dejad a la gente enfadarse. Y llorar, si quieres. No lo sé.

¿Y el trabajo de guionista cómo lo afrontas? ¿Trabajas a corto plazo, escena por escena? ¿O tienes una idea del arco más amplia y a partir de ese plan vas escribiendo?

Mirror es bastante complicado porque es un mundo casi creado desde cero. Si ves las notas que tengo, dan para una puñetera ambientación de juego de rol.

Alguna vez has comentado que es más importante la atmósfera que el world building.

Sí, sí. Pero hay veces que sí necesitas el world building para poder crear esa atmósfera.

¿Quizás en Mirror es más importante el world building y en Bella muerte lo es la atmósfera?

Sí, es una diferencia fundamental en los dos. En Bella muerte puedes contar con cosas que tú ya entiendes porque has visto otros wésterns. O has visto pelis bélicas. O has visto cine negro de los cincuenta. Pero con Mirror estábamos pensando en generar un mundo nuevo.  Debe ser muy localizado. Yo creo que estuvo bastante bien hacer esa pequeña utopía falsa dentro de una burbujita… que es literal, porque está dentro de una burbuja terraformada emplazada en un asteroide. Pero, claro, en el segundo arco, que aún no ha salido aquí, vuelven al sitio de origen. Por ello nos vimos bastante obligadas a construir todo lo demás. Está todo detallado: cultura, religión, la parte mágica, la política… Realmente, creo que nosotras mismas queríamos saber cómo era todo. Y eso al final tienes que crearlo. Realmente en el primer arco no es tan complicado de entrar: el rollo de La isla del Dr. Moreau es bastante conocido y lo hace reconocible. No necesitábamos explicar demasiado el conflicto de los animales, ni explicar cómo funcionaba el campo de trabajo… ya se entiende. Son animales, no son respetados como iguales y es normal que odien y que quieran enfrentarse a eso.  Pero luego está contar la historia del asteroide, porque Mirror no va de la historia de los personajes, es la historia del asteroide.

¿Puede haber alguna influencia de La montaña mágica de Thomas Mann? Porque hay un momento en la historia en el que todo cambia.

No, no la he leído. La referencia básica del asteroide es Solaris, un ente más allá de lo humano. Lo que pasa es que yo en Mirror no me veía capaz de crear una inteligencia que no fuese relativamente humana por limitación personal. Intenté alejarme del rollo emocional que conocemos, pero me di cuenta de que iba a ser muy difícil. Entonces, lo que ocurre es que ese asteroide en realidad arranca ya parcialmente transformado con parte de la esencia de los humanos que lo habitan. Y ha ido desarrollándose viéndolos interactuar. Es como que entiende las cuestiones más básicas y se cortocircuita. Es en plan: «Me ofreces unos animales, les doy vida, luego te los cargas. ¿Cómo puedo gestionar eso? No lo puedo gestionar». Su consciencia no puede. Es un poco la premisa. Y, claro, la historia siempre se realiza desde los personajes y siempre lo hablo con Hwei: ella va aportando cosas como yo con Kelly Sue y tal. Es mucho más orgánico. Primero las dos hablamos mucho de ambientación, de los personajes, etc. Luego yo le envío un email con un guion al uso, sin distribuirle mucho las viñetas, igual que Kelly Sue hace conmigo. Yo sé muy bien cómo trabaja ella y solo quiero decirle: «Tía, haz lo tuyo, manéjalo como tú quieras». Entonces ella me manda los layouts, donde también incorpora cosas, y luego sobre sus layouts yo también dibujo. Estamos continuamente matizando y reescribiendo. A partir de ahí trabajamos los diálogos y ya hasta el final. El primer idioma de Hwei es el inglés, lo que para el tema de afinar diálogos es perfecto. Y para la publicación en España lo traduzco yo, lo monto yo, y lo adapto todo al castellano. Es superorgánico. Te digo que a veces reescribimos los diálogos cuatro o cinco veces antes de que vayan a imprenta, así que también es bastante obsesivo. No sabemos cuándo acabar.

Una cosa te quiero preguntar, que creo que no te ha preguntado nadie y que me parece interesante, practicas esgrima, ¿verdad?

No me gusta demasiado hablar de esto en público, la verdad, porque al situarlo en relación con los cómics hace que se me perciba como un coleccionable. Pero en fin. Ahora mismo practico esgrima histórica, del Siglo de Oro, no medieval. Y kárate Shōtōkai. También practico esgrima japonesa tradicional, Katori Shintō-ryū, concretamente la escuela de Yoshio Sugino, que a lo mejor conocéis porque fue el coreógrafo de la mayoría de las pelis de Kurosawa. En Coruña tenemos un pequeño gimnasio, demasiado guay, que parece un dōjo de peli de los setenta y que dirige un maestro increíble, Michio Kodama, quien lleva ya cuarenta años en la ciudad. A veces viene gente de Japón, como Tsutomu Higuchi, quien de hecho estuvo en el rodaje de Yojimbo y es una auténtica leyenda de la esgrima. Y después practico espada ropera y espadín, en Academia da Espada, con Ton Puey, uno de los mejores roperistas del mundo. Así como algo de esgrima escénica, para actores, de vez en cuando, que me interesa mucho por la precisión, al tener que hacerlo sin protecciones ni careta. En este punto de mi vida no me interesa nada la competición deportiva, ni la de la esgrima, ni la del kárate, ni el kendō. Me la suda. Yo hago esto como si fuese dibujar, y realmente me parece un arte.  

¿Y cómo encaja todo eso en el conjunto que es «Emma»?

¡Que soy una friki, joder! [risas] Ya he pasado los cuarenta, es demasiado tiempo consumiendo ficción e investigando cosas sobre ella. Claro que la esgrima me viene por las pelis. Por Douglas Fairbanks, Errol Flynn y Basil Rathbone. Y por coreógrafos como Fred Cavens o William Hobbs. Todos esgrimistas increíbles. Y evidentemente también me flipa el chambara y el jidaigeki. También me gustan los wésterns, pero no me gustan las armas de fuego, no me gusta disparar, ni el tiro con arco, ni los dardos. Son disciplinas que me estresan por lo repetitivo y la concentración. Necesito hacer cosas en las que se mueva el cuerpo solo. Y que sea muy dinámico. Porque al final lo que me gusta es el movimiento…

Yo quería preguntarte por ahí: si esgrima y dibujo para ti, en tu experiencia, tienen algún tipo de relación.

Sí, sí, para mí es como dibujar. Trato de pulir la técnica, y de transmitir algo con ello. También hice ballet de pequeña. Me flipa el tema de los stunts cuando veo pelis, las coreografías, en el wu xia, o en las pelis de artes marciales. En los noventa no veía otra cosa, tío. Yo en la adolescencia estaba a tope con todo eso. Forma parte hasta de mi infancia. Durante la carrera entrené muy poco, por lo obvio, después fui volviendo como pude. Ahora mismo debo llevar ya unos trece años entrenando bastante, con regularidad, por lo menos cuatro días a la semana. Y sí que es verdad que todo forma parte de mí. Todo está muy relacionado. Y sinceramente lo necesito para poner un poco de orden en mi vida de autónoma, como otra gente que hace pilates, va a nadar o corre en cinta.

Cuéntanos sobre el anime que estás viendo ahora, que estás volviendo al anime antiguo, a los Gundam, por ejemplo.

Llevo meses muy pillada con Yoshiyuki Tomino y Mamoru Nagano. Este año me apetecía mucho ponerme con Gundam, porque hay bastantes cosas que me faltan por ver. Pero en lugar de seguir con las series posteriores al Universal Century, la línea temporal de Gundam original, en lugar de entrar en los noventa tardíos, me dio mucha pereza ponerme con Gundam Wing y me puse a investigar sobre robots de los ochenta. He estado viendo cosas como todo Armored Trooper Votoms, que es de Ryosuke Takahashi y que narrativamente es bastante terrible, pero tiene una atmósfera superpotente. Es un rollo posapocalíptico, parece Gundam en Vietnam. En en lugar de ser mechas enormes, las armaduras funcionan como tanques. Creo que deriva de la relación original de Takahashi con Tomino tras hacer juntos Taiyo no KibaColmillo del sol. También me he visto Battler Aura Dunbine y Heavy Metal L-Gaim, que sí son también de Tomino. No es que pueda recomendarlas, la verdad, porque aunque me flipan son bastante anacrónicas y no tienen puñetero ritmo. La parte más exagerada de este trabajo de arqueología viene por una colega que está haciendo un tebeo de robots, Sarah Horrocks, que se metió también a saco y nos hemos estado envalentonando la una a la otra [risas]. Estuve una temporada larga sin acercarme demasiado al anime más allá de series antiguas y cosas muy puntuales. Pero llevo unos tres años bastante a tope y, la verdad, me apetece más que ver lo que me dé Netflix.

La verdad es que el periodista Álvaro Arbonés y tú tenéis una cultura de anime infinita. Para mí, seguir vuestras cuentas en Twitter es como tener dos fuentes inagotables de referencias sobre anime y manga.

Jo, a Álvaro tengo muchísimas ganas de conocerlo en persona. Él sabe mucho más que yo, que no me considero para nada una referencia es este tema. Álvaro acaba de sacar un libro sobre Neon Genesis Evangelion con Héroes de Papel que es una maravilla, se llama Tú (no) necesitas ser un héroe: Neon Genesis Evangelion y es un libro imprescindible. Y sí, joder, me costó bastante acostumbrarme a Twitter, el lugar donde están los editores, los lectores, la prensa… es un lugar un poco agobiante. Pero ya ves, Gundam [risas]. Antes solía ver a Facebook más como un blog, por el tema de los comentarios, esto le confiere cierta privacidad pero también hace que la gente se pase bastante. En estos últimos años se ha convertido en un espacio algo tóxico para mí, y he tenido bastantes problemas con «señoros» en general. Bueno, siempre pasan cosas en todas partes. Pero sí que es cierto que empecé a pasar un poco del tema y me he sentido más cómoda en comunidad, en Twitter. Álvaro es una de las personas con las que suelo hablar habitualmente. También con gente relacionada con los videojuegos y el feminismo. Y en cierto modo me está ayudando a gestionar esa puñetera angustia por la imagen que solemos tener quienes nos dedicamos a esto. Entro ahí, hablo de mis mierdas y no pasa nada. Y si escribo mal en inglés, me equivoqué y punto. Aunque es cierto que ya he tenido un par de momentos difíciles, como lo que ocurrió con la última portada de Island. Metimos la pata, Brandon reaccionó fatal, y todo se fue a la mierda.

¿Qué pasó exactamente con la portada? Yo lo leí de refilón y no me acabé de enterar del todo.

Utilizamos una imagen que recordaba a la estética sambo, al blackface. Piel negra y labios rojos. La hizo Dilraj Mann, que es un historietista independiente inglés, de origen pakistaní, con un estilo muy marcado en lo que se refiere a la racialización de los personajes. Cuando la vi, en mi ignorancia, me pareció una imagen empoderada que estaba muy bien, con ese puño en alto. Era para el último Island. Habíamos sufrido bastante para llegar hasta ahí y podía identificarme con un momento de reivindicación para la revista, con el grupo… La imagen se corresponde con una viñeta de la historieta de Dilraj, que iba dentro y que además hablaba de ello, pero que no iba a poder leerse hasta tres meses más tarde. Por supuesto, una imagen de esas características, aislada como portada, inmediatamente adquirió otro matiz. Y fue cuestión de tiempo que una periodista negra reconociera la estética como sambo y se sintiese incómoda. Tras su queja, totalmente legítima, empezaron a llover comentarios señalando la portada como racista. Y Brandon reaccionó fatal, de libro: «Yo tengo amigos negros», etc. E internet ardió. Cuando me levanté por la mañana y abrí Twitter me quedé a cuadros.

Hay un debate bastante intenso ahora mismo acerca de cómo este tipo de reacciones sociales se están cargando el producto cultural. Y mi opinión es simple, si estás creando cultura, lo mínimo es que estés informado. Ni Brandon, ni Dilraj, ni yo supimos ver que era un problema porque ninguno pertenecíamos al colectivo representado en esa imagen. No la utilizamos conscientemente como provocación, simplemente era un punto ciego para nosotros. Y si una mujer negra te dice que está mal y que es necesario dejar de impostar ese tipo de representaciones, tú tienes que escuchar y, no solo eso, tienes que disculparte por haber sido un racista ignorante y darle las gracias. Como creadores, creo que es nuestra obligación salir de nuestra zona de confort y hablar de cosas que no somos nosotros mismos. Y creo que la diversidad no solo ayuda socialmente, sino que enriquece la obra ya solo por el hecho de esquivar personajes, mal llamados «neutros», repetidos hasta la saciedad. Evidentemente esto es mucho más peligroso que recurrir a lo de siempre, pero si todos tuviésemos una capacidad mayor para escuchar y para admitir nuestros errores, también seríamos capaces de arriesgar más y de hacer cosas bastante mejores. Al final de ahí salió algo muy guay, se generó debate. Surgieron varios podcasts y artículos de creadores racializados hablando sobre representación, como Darryl Ayo o Ronald Wimberly, de los que se puede aprender muchísimo. No voy a negar que fue un cierre agridulce. Porque la revista fue muy dura y acabar así es una  putada. Pero todos sacamos algo de ello y la idea es convertirse en mejores personas. Brandon y yo, tras discutir mucho, fuimos capaces de cerrar el tema en el TCAF el año pasado, en una charla bastante intensita sobre Island, moderada por Tom Spurgeon de The Comics Journal.

Hace no mucho comentabas que estabas cansada de que en las entrevistas la mitad de las preguntas llevaban la palabra «mujer». Pero ¿por qué crees que hay esa insistencia en los medios al entrevistar a autoras?

Porque yo creo que es supermediático decir que no hacemos las cosas o que estamos sufriendo. Y este tipo de representación en los medios es todavía muchísimo peor hacia otros colectivos más minoritarios, como el de las mujeres trans, cuya imagen debe partir siempre desde el drama. Somos todas muñecos de feria, ¿sabes? «Vamos a meter a esta persona aquí en la pecera, a ver qué hace». «Vamos a juntar a un montón de mujeres en esta convención y a ver cómo interactúan entre ellas». Aparentemente, es algo muy vendible. Nos están robando el feminismo y se está mediatizando y mercantilizando completamente. Se está convirtiendo en una herramienta en contra de nuestra propia lucha. Es una movida superloca: sientes que no hay lugares seguros, hacen una película de Wonder Woman que te dicen que es feminista y luego es todo lo contrario… Parece que te tienes que contentar con cualquier cosa. Y luego estás viendo ese producto mediocre y, solo con ver a la tía en el centro de la cámara, ya sientes algo… No estás acostumbrada a ver eso y al final es normal que tenga cierto componente emocional para nosotras. Pero, por otro lado, te das cuenta de que el protagonista real de la película es Steve, no ella. Él es el puñetero centro de la historia. Y te quedas en plan: «Pero ¿qué coño me estás vendiendo?».

El otro día me enfadé bastante con la adaptación de Annihilation porque, aparte de lo conservador del planteamiento desde un punto de vista biológico, algo que podría haberme dado igual en realidad, al final le han dado un montón de importancia al personaje del marido que, por una vez, no pintaba nada en la novela. ¿Es tan difícil hacer una peli sin un personaje masculino potente? La novela puede tener un montón de problemas, son todas víctimas, todas se llevan mal… pero al menos eso lo hacía bien. Te jactas de deconstruir el material original para dar tu propia visión, y solo se te ocurre meter el drama marital como catalizador. Pues nada.

Al final estás alerta todo el tiempo, porque es muy difícil distinguir cuándo te están apoyando, dándote visibilidad, o cuándo te están utilizando para que esa visibilidad se la lleven otros. Bueno, no es tan difícil en realidad, los eventos de mujeres a los que hay que ir son los que organizan las propias mujeres. Punto. El tema de los espacios seguros es bastante necesario. Las tías tienen que ser dios para tener derecho a hacer algo. Nos juzgan todo el tiempo y no podemos ser mediocres en nada. Te van a preguntar: «Pero, a ver, ¿tú ya leías cómics de pequeña? ¿Cuándo empezaste a leer cómics? ¿Cuándo empezaste a dibujar?». Siempre tienes que legitimarte. Es que ya no sabes ni cómo comportarte, parece que a todas las mujeres nos tiene que gustar lo mismo, o que tenemos que hacer lo mismo. Se pueden hacer estudios de productos para nosotras. Tipos de cómics para nosotras. Si una chica va a una librería de cómics, es muy posible que haya un librero que lo único que le dé sea Saga o Bella muerte. Por supuesto que hay productos que son más friendly, pero ¡es que a lo mejor le apetece leer otra cosa! No sé.

«¿Te has leído Watchmen?».

Sí. Los repartecarnets. Y luego el tema de que cada dos por tres alguien está buscando fotos en internet a ver si eres guapa o fea. Es demencial. Al principio, cuando Kelly Sue y yo estábamos en Marvel, siempre aparecían fotos de las dos en los comentarios de las reseñas. «Pues Kelly Sue es un poco mi tipo de novia». «Pues Emma no es guapa, pero parece riquiña». Pero ¿qué coño pasa aquí, tío? Nadie busca si Mignola, Sfar u Otomo son guapos o feos [risas]. Es que, ¿qué problema tenéis? Es un puñetero estrés.

Y no puedes haber tenido suerte o te pueden haber echado una mano, porque eso ya es un demérito.

Claro. «¿Ha sido muy difícil para ti hacer cómics siendo mujer?». Ya no sé cuántas veces me han preguntado esto. No se me ocurre ninguna limitación física para hacer cómics con relación al género, así que es como si murmurasen: «¿Han intentado abusar de ti? ¿Algún editor te ha pedido “algo”? ¿Le has hecho tú ese “algo”?». Siempre tiene que ser escabroso, o difícil, siempre tiene que haber algo relacionado con el prejuicio social. Nunca puedes simplemente hacer algo bien. Y ese «son muy pocas» genera el techo de cristal. «De entre las que hay, la mejor es esta». Se intenta que compitamos entre nosotras, es la hostia. Yo tuve que hacer un trabajo de reflexión personal importante con el tiempo, porque el entorno de mis aficiones siempre fue básicamente masculino. Yo quería ser un tío. Uno más. Porque para qué iba a querer ser una tía. «Tú es que no eres una tía normal, eres una aberración de las mujeres». Menudo cumplido. «Mola como dibujas porque dibujas como un tío, con violencia y crudeza». ¿Entonces para dibujar como una tía hay que dibujar flores y demás? A mí me flipa el shojo manga y me flipa la reivindicación que se hace desde el shojo manga.

En una entrevista maravillosa a Moto Hagio, ella decía que cuando empezó estaba hastiada de que todo fuesen tebeos de señores angustiados que no podían hablar con mujeres. Y que su reivindicación era hacer algo propio, lo más alejado de eso. Algo que les gustase a ellas. Flores, sentimientos, drama… El yaoi —el género de historias de amor homosexual entre hombres jóvenes realizado por y para mujeres— surge de una proyección de las autoras en personajes que no necesariamente las representan. Y de cómo eso les resultaba liberador, y las ayudaba a desinhibirse.

Sinceramente, las tías llevamos un montón de años invirtiendo dinero en cómics, videojuegos y merchandising. Y también hay que ser conscientes del cambio de percepción que existe entre Occidente y países como Japón, en el que el consumo de cultura pop no solo es habitual para toda la población, hombres, mujeres etc., sino intelectual. Volviendo a Gundam: en ZGundam, una serie del 85, hay por lo menos diez personajes femeninos, y todos podrían protagonizar su puta serie. Y hoy tenemos el test de Bechdel. En realidad, yo no fui consciente de que no había cosas para mí en los tebeos hasta que comencé a trabajar en ellos. Me di cuenta de que era verdad que no se hacían para mí, de lo difícil que podía llegar a ser lanzar una serie al mercado americano con protagonista femenina. Pero, bueno, estoy siendo muy vinagre, porque las cosas van a mejor, y sobre todo porque cada vez hay más autoras trabajando. Y cada vez que coincido con alguien joven en una charla me doy cuenta de que su percepción del medio es diferente y más optimista. Y además hay mucho activismo, especialmente online. Una de las razones por las que me siento más cómoda en Twitter es por el gustazo de leer a gente como Elisa McCausland, Eva Cid, Marta Trivi, Laura Lazcano, Paula García, María Recio o Elizabeth Casillas hablando sobre medios que me flipan, desde un punto de vista de género. Las chicas de Todas Gamers, las de Fan Grrrl, Sangre Fucsia, La Nave Invisible, Avocadon’t y todas las que me olvido… Usando el meme, ellas me representan [risas].

Nos queda poquito tiempo. Vamos a rematar si te parece con algunas recomendaciones que nos quieras dar. De lo que quieras, pero si nos quieres recomendar manga… que es un tema que siempre tenemos pendiente en la Jot Down.

Pues en realidad manga es lo que más estoy leyendo últimamente. Y el mercado español está superpetado ahora de cosas bonitas. La pequeña forastera de Nagabe, de cabeza. Lo mejor que leí el año pasado. El león de marzo de Chica Umino, un spokon de ajedrez japonés, el shogi, que habla sobre la depresión, y sobre las formas de relacionarnos con los demás, de forma profunda y matizada. Me flipa especialmente cómo es capaz de analizar los conflictos adecuados a cada rango de edad, sobre todo cuando define a los personajes secundarios que utiliza como antagonistas. Esto me ha dado mucha envidia. Dorohedoro de Q-Hayashida, superpunk y supercute al mismo tiempo… Ahora mismo hay un montón de autoras de manga de mi quinta, cinco años arriba o abajo, que me parecen lo mejor. Otra muy interesante es la historia acerca del rakugo de Haruko Kumota, que se está publicando en inglés como Descending Stories. Rakugo es un monólogo japonés, teatralizado, con una sola persona interpretando los distintos personajes y la atmósfera se consigue utilizando una pequeña percusión. Para los muy roleros, Tragones y mazmorras de Ryoko Kui es un must. El Club del divorcio de Kazuo Kamimura. Bride Stories de Kaoru Mori. Kids on the Slope de Yuki Kodama. Y clasicazos como ¿Quién es el onceavo pasajero? de Moto Hagio, por supuesto Harlock de Leiji Matsumoto y Gundam The Origin de Yoshikazu Yasuhiko y (ejem) Yoshiyuki Tomino.

Mis dos autores favoritos de manga actuales son Taiyo Matsumoto y Daisuke Igarashi. Y fuera del manga probablemente sean Emili Carroll, Eleanor Davis y Olivier Schrauwen. Pero de eso ya hablamos otro día.

¿Por qué nos tardan tanto en llegar ciertas obras que son de autoras? Porque Dorohedoro es de los dos miles.

Q-Hayashida tiene mi edad, y me flipa que estuviese haciendo Dorohedoro cuando yo hacía A prueba de balas. Me siento superidentificada con el rollo.

Sí, tiene momentos muy extremos por un lado y luego se van a tomar unas cervezas o a comer gyozas como si nada.

¡Es que me flipa, tío! Ojalá haber compartido fanzines con ella. Es un rollo generacional total. Otro que también hay que recomendar, y que probablemente sea referencia de ambas, son los Jojo’s (Jojo’s Bizarre Adventure). Nunca pensé que podríamos ver esta serie por aquí.

¿Y de animación? ¿Hay que irse a los noventa?

Nooooooooo…¡Megalobox! Es lo mejor. Las series de los ochenta y de los noventa, bueno, eso ya son mis kinks. Megalobox es una especie de remake actualizado de Ashita No Joe, que es un manga clásico de boxeo, de los setenta, de Ikki Kajiwara. No conozco al equipo que está haciendo la serie nueva, pero tiene un tono retro que es bastante mi rollo… Bueno, el primer capítulo me pareció espectacular.

¿Y Devilman Crybaby?

Devilman fue como: «Me la voy a ver despacio». Y me la tragué entera en tres horas, tío. El día de Reyes, estaba saturada y me quedé en casa sola. «Me voy a poner el primero y luego me pongo a currar». Tres horas, tío. Y me quedé llorando ahí. Yuasa es increíble. Voy a recomendar muy fuerte Kaiba, también suya.

También me parecen increíbles las adaptaciones a anime de Descending Stories, Showa Genroku Rakugo Shinju, y de El león de marzo. Los dos mangas de los que os he hablado.

Y algún juego, para completar el combo de recomendaciones.

Juegos, juegos… a saber… Hay demasiados. A lo que más he jugado este año pasado fue al Zelda Breath of the Wild. Le metí doscientas horas. Me pareció una pasadita… loca, y os diré que es más gratificante pasear en él que por la calle. Me está gustando Celeste, también para la Switch, un juego indie bastante difícil de plataformas. Siguiendo con los indies, otros dos juegos muy bonitos son El conde Lucanor, aventura de terror cuqui en pixelart, y The Red Strings Club, la única aproximación al ciberpunk reciente que no he querido tirar por la ventana. Es un juegazo muy consciente de los tropos del género, y muy bien escrito en consecuencia.

Mi juego favorito es Bloodborne. Demon’s Souls, Dark Souls y Bloodborne son mi fetiche como jugadora. Vuelvo a ellos una y otra vez. Admiro mucho a su director, Hidetaka Miyazaki, y a todo su equipo creativo. El departamento artístico es especialmente increíble. Entiendo que, cuando empiezas, la dificultad puede parecer algo frustrante, pero se aprende a jugar muy rápido. Sin ser amiga de juegos especialmente difíciles porque sí, los souls de Fromsoftware están llenos de trucos que te animan y te empujan a seguir jugando. Casi es como ir al gimnasio, personalmente me meto ahí y me concentro sin pensar en otra cosa. Tampoco es que pueda meterme muchas horas por trabajo, y las sesiones cortas ayudan bastante en este juego. Los videojuegos han hecho que pueda desarrollar bastante mi autodisciplina, ya que hace mucho que no puedo permitirme esas tardes y noches enteras que me metía antes.

¡Ah! Otro creador que me encanta es Fumito Ueda. Shadow of the Colossus y The Last Guardian son juegos que realmente han cambiado mi percepción del medio.

Broche de oro. ¿Autor o autora español que estés siguiendo actualmente?

¡Borja González! ¡Que saca libro! Borja González y Mayte Alvarado son dos autores buenísimos. Todo lo que está sacando Spiderland/Snake es espectacular, El ruido secreto de Roberto Massó también me ha parecido precioso. Y el libro de Borja González, The Black Holes, de verdad es espectacular. Hemos hablado bastante, pero todavía no nos conocemos en persona. Lo haré en breve y por mi parte va a ser un encuentro muy emocional porque de verdad que me flipa lo que hace con la atmósfera y los diálogos. Es una locura. Ya me había gustado muchísimo La reina orquídea y estaba deseando que sacara algo más. Me parece de lo mejor ahora mismo.

Aparte de Borja y de la gente de Spiderland Snake, hay muchos otros a los que no les quito el ojo de encima. Leeros a Rayco Pulido. A Brais Rodríguez. A Ana Galvañ. A Anabel Colazo y su Encuentros cercanos. Toda esta generación de Anabel, de menos de treinta que están a tope ahora con la autoedición y debutando en el mercado editorial, me llaman muchísimo la atención. Xulia Vicente, Luis Yang, Nuria Tamárit, María Ponce, Miquel Rodríguez, Cynthia Alfonso… Fosfatina es otra plataforma a reivindicar, sacan un material muy especial. Y muchos otros… Creo que los autores españoles están en un momento creativo especialmente bueno.

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20 comentarios

  1. Carlos

    Muchísimas gracias a los entrevistadores por esta fantástica charla con Emma Ríos. Qué cantidad de información, qué cantidad de pistas, y cuánto se puede aprender de ese entusiasmo y trabajo simultáneos.

  2. Moto Hagio: ¿Quién es el undécimo (decimoprimero) pasajero?

  3. Impresionante entrevista. Fascinante conocer otros lados de nuestras heroinas. Gran trabajo el de esta revista tratando el mundo del cómic. Ha dado tantas pistas que seguir que no creo que me vaya de vacaciones.

  4. Alex Saviuk

    Maravilla de entrevista. Inspirador, que valentía para afrontar la oportunidad (y a la vez renuncia) de dedicarse a su pasión. Por cierto que mas que de tiempo, el problema para ponerse al día, será económico, habrá que elegir.

  5. Curtis

    Con esa erudición, y al comparar esta entrevista con otras, solo me queda decir que prefiero conocer a estos humanos, que a los mediáticos.
    Muchas gracias Emma por alegrarme las tardes de cómics.

  6. MariayMario

    Y que tengamos que aguantar respuestas de “sucedáneos de politicos” que no son capaces de hilvanar tres frases.
    Menos mal que tenemos nuestra ración de felicidad con estas entrevistas.

  7. Ellalaaraña

    Salgamos de dudas, Katsuhiro, el suegro perfecto, Joann es como Vince Vaughn pero con mas ojeras y Mike, un cacho pan.

  8. No deja de sorprenderme la cantidad de gente, que habiendo estudiado arquitectura, acaba trabajando en otros campos. Entre los que cambian de país y se dedican a otros menesteres me pregunto cuantos arquitectos que hayan estudiado en España trabajan como arquitecto en España. Saludos Emma, un placer leerte.

  9. Bellomuerto

    A Mike Mignola el color le sienta muy bien. Digamos que David Stewart añade mucho valor a la obra.
    Por cierto porque no ID en “negro” y color?

  10. He leido la entrevista dos veces, impactada me he quedado de la gente que me descubre Jotdown. Coincido con lo del color de Mignola, lo mismo le pasa a veces a Frank Miller. Gracias Jotdown!

  11. La controversia con la portada de “Dilraj” es algo que por Europa nos pilla muy lejos y que en EEUU se exagera.
    Sentirse ofendida es muy sencillo, el humor, el drama, la tragedia, la comedia… cualquier tema en cualquier obra artística puede ofender, pero una debe entender el contexto en el que se desarrolla “esa ofensa”.
    El contexto es la clave, ahí se establece el lugar y el limite.
    El mundo se ha llenado de “ofendiditas” esperando el momento para ofenderse sin importar el contexto.
    Excelente entrevista Emma!

    • Elojoeneldedo

      Estamos un poco atontados todos si… por allí tienen su carga historia y por aquí nosotros la nuestra. Y en todos lados hay gente con el ojo muy abierto esperando un dedo al que golpear.

  12. masporfavor

    De donde sacais semejantes entrevistadas!

  13. Hellraisin

    Sin duda la mejor entrevista de 2018, todavía quedan algunos meses para que os superéis, aunque difícil…

  14. Pterodatil

    Tremendo como consiguió “entrar” en el mundo del cómic y como “salió” de la senda de la arquitectura. Me encanta en ese aspecto el mundo anglosajón. Puede que sea una simple coincidencia… pero es un arquetipo que se repite, talento que se reconoce en tierra ajena.

  15. Habaelhutt

    Tengo muchos amigos arquitectos. Ni uno de ellos trabaja de arquitecto. Barista en un café de la tercera ola, diseño de muebles, panadera, alfarero, haciendo embutidos, hay uno que es solo hipster (no se realmente que hace), mecánica en un negocio de venta y reparación de bicicletas hipsters (las bicis, no ella), diseñadora editorial…
    Seguro que alguna me dejare. Que esta pasando? Fue arquitectura un cajón “desastre” o “de sastre” de gente que habiendo querido hacer otras cosas en la vida se vio “aconsejada/obligada” desde el núcleo familiar o el escolar para que estudiaran algo serio en los 90s…

  16. Siguiendolalista. Morafett

    Empece a leer a Emma hace algunos años y siempre es un placer (aun perdiendo el ritmo de lectura) recrearse con las perspectivas y posiciones de cámara que propone.

  17. pansolo

    …no he aguantado seguir la lista… siento no decir nada. Bueno si, excelente entrevista

  18. Bermudez

    Creo que estoy un poco perdido, nadie hablando de nacionalismos? de la guerra civil? de política? Ha debido de ser la única entrevista del año que no ha suscitado tales debates… con que poco me conformo ya.
    Por otro lado, me gustaría saber que porcentaje de dibujantes o guionistas de cómics en España pueden vivir de esta actividad. Siempre pensé en mi tierna juventud que llegaría un momento de al menos el 75%, aunque no lo veo en el horizonte. Será mas bien el 25%?
    Saludos y a seguir por este camino de entrevistas excelentes con gente excelente.

  19. Ojala al final del año hagan una lista con lo mejor de 2018 y esta esté la primera. A Bermudez, usted debería escribir en “foro coches”.

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