
Un domingo 27 de junio de 1993 aparecía un interesante obituario en el diario británico The Independent. Unos días antes había fallecido Louis Bondy, un librero de anticuario muy conocido en el gremio que también había sido un respetado político local, representando al Partido Laborista primero en el Consejo del Condado de Londres y años más tarde en la institución que lo sustituyó, el Consejo del Gran Londres. El nombre completo del Sr. Bondy, Louis Wolfgang, delataba su origen germánico. Efectivamente, el popular librero había nacido en Berlín en el año 1910. Allí se había formado inicialmente como arquitecto para posteriormente pasarse al periodismo en una Alemania, la de los años treinta, cuyo ambiente político no dejaba de caldearse y de incomodar a alguien que, como él, además era judío. Finalmente, con la llegada de los nazis al poder, se vio obligado a tomar la decisión de abandonar el país, siendo Londres la ciudad elegida para empezar a labrarse un nuevo futuro.
Aquellos primeros años en un nuevo país no debieron de ser fáciles. Seguir ejerciendo la profesión de periodismo, para un recién llegado que aún debía adaptarse al idioma, tampoco la mejor de las opciones. El joven Louis se decantó por darle una oportunidad a su amor por los libros abriendo una librería en Little Russell Street, muy cerca del colosal Museo Británico, en el barrio residencial y muy académico de Bloomsbury, donde ya tenían sus negocios otros renombrados libreros del mercado londinense. Con el paso de los años y un negocio que no les permitía subsistir, muchas de las librerías del barrio se vieron forzadas a cerrar, hasta el punto de casi quedarse solo con sus polvorientos estantes repletos de libros usados, sus pilas de revistas antiguas y sus almanaques viejos colgados en el escaparate. Pronto Louis Bondy se convirtió en uno de los personajes más singulares y apreciados del barrio. Por si fuera poco el haber sobrevivido como librero de viejo tantos años, además había algo en su negocio que lo hacía muy especial.
En primera instancia la librería de Bondy no se diferenciaba mucho de otras de la ciudad. Sí era cierto que algunas de sus secciones prevalecían sobre otras, destacando por ejemplo su catálogo sobre las artes escénicas y el teatro. En cuanto a lo demás, quizás abundaban los libros y láminas sobre Londres y otros temas locales, la literatura de cualquier proveniencia, así como ejemplares de contenido erótico o incluso pornográfico que parecía vender con mucho mayor desparpajo que otros libreros de la capital. Pero, por encima de todo, destacaba su amor por los libros en miniatura, por los cuales había llegado a tener una inmensa pasión después de años de profesión, hasta el punto de convertirse en un gran experto y referente en el tema a nivel internacional, compilando todo tipo de detalles e información académica sobre sus autores, editoriales, coleccionistas y comerciantes en catálogos muy valorados por todos los que compartían su particular afición. Bondy finalmente ofrecería una versión condensada de todo su conocimiento publicando un libro en 1981 con el unívoco título Miniature Books: Their History from the Beginnings to the Present Day (Libros en miniatura: Su historia desde los comienzos hasta la actualidad) que, como no podía ser de otra manera, se trataba de un ejemplar de libro en miniatura también.
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