Biología y orientación sexual, ¿es lo mismo para mujeres y hombres?

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Pride March 2018, New York. Foto: Anna Sergeeva / Cordon.

Es poco frecuente que los científicos decidan intervenir activamente en la vida pública. No suele ir con nosotros salir a dar nuestro punto de vista, aun cuando el debate arroje luz sobre cosas que claramente nos conciernen (como las vacunas o el terraplanismo). Sin embargo, hace un año y medio un grupo internacional de científicos, los más importantes entre los que investigan los vínculos entre biología y orientación sexual, decidieron escribir un artículo conjunto. El motivo fue explicar al presidente de Uganda, Yoweri Museveni, que desde el punto de vista científico la homosexualidad no es algo que se «decida».

El artículo viene motivado por una cuestión que planteó el presidente antes de firmar la ley antihomosexualidad. Dudaba si era justificable castigar la homosexualidad si esta es parte de la naturaleza de las personas, si no es un modo de ser libremente elegido. Este grupo internacional de científicos preparó el mencionado artículo para que sirviese de base a los encargados de formular políticas en Uganda (y de otras partes del mundo). Pero no transcurrió mucho tiempo desde la consulta hasta que se tomó la decisión (mucho menos de lo que tarda en salir un artículo científico publicado, que viene a ser lo mismo que lo que tarda en gestarse un bebé humano). La ley fue aprobada en febrero de 2014, tras un informe de un comité de expertos ugandeses no especialmente antihomosexual (se puede consultar). Y aunque la corte constitucional de Uganda derogó la ley, los derechos de los homosexuales en el país no han mejorado mucho (el código penal aún castiga con cadena perpetua los actos carnales «contra natura»).

El artículo, en cualquier caso, es una magnífica oportunidad para cualquiera interesado en ponerse al día sobre toda la información referente al estudio de la orientación sexual desde el punto de vista científico. Y aunque es bastante cierto que el secreto de la originalidad consiste en ocultar las fuentes, en este caso lo apropiado es dejar claro que buena parte de la información que he barajado para escribir este artículo proviene de ese esfuerzo conjunto por articular toda la información disponible al respecto hasta la fecha. Si tienen oportunidad de echarle un ojo, anímense (son casi cincuenta páginas donde se recogen diversos aspectos sobre el abordaje científico de la orientación sexual). A mí lo que me interesa destacar en este artículo son los vínculos con la biología.

Antes de que nos pongamos nerviosos sobre si la orientación sexual es o no elegida o depende en parte o no de nuestra biología, primero quiero afrontar la duda de si estas cuestiones hay que investigarlas o no. La respuesta a esta duda empieza con una pequeña reflexión sobre lo que proponía el presidente Museveni. El presidente postulaba que, si la homosexualidad no es algo elegido, no es lícito castigarla con pena de muerte. Podría parecer, entonces, que demostrar que hay factores biológicos que hacen que uno tienda a no ser heterosexual podría contribuir a su aceptación social, a normalizar la condición de no heterosexual. Pero, por otro lado, cuando se publica que hay factores biológicos relacionados con la homosexualidad aparecen grupos de opinadores que sugieren que, en tal caso, la homosexualidad es «curable». Y que, si no se «curan», es su responsabilidad (o de sus padres, o del sistema de salud). De modo que, al final, es una condición elegida y, por tanto, los no heterosexuales son responsables de su condición. Con esto lo que quiero decir es que siempre vamos a encontrar gente que, o bien bajo una premisa (tiene causas biológicas) o bien bajo la otra (no las tiene), utilizará argumentos para intentar «reconducirlos» a la supuestamente correcta senda de la heterosexualidad. En mi opinión, no hay que tener miedo a saber la verdad. Y, por tanto (oh, sorpresa), creo que cuanto más entendamos las causas de nuestra orientación sexual, mejor para todos. Independientemente de lo que los resultados nos indiquen. Ningún argumento sobre si un comportamiento tiene un componente biológico de mayor o menor peso debería utilizarse para definir si es correcto o lo contrario. Esa es una decisión de la sociedad, que tomamos entre todos (de una manera no necesariamente explícita). Incorrecto y natural no son los polos opuestos de una misma dimensión. Es un error vincular los derechos de las personas a cuán «natural» es su comportamiento.

Vamos, entonces, al meollo de la cuestión: ¿qué sabe la ciencia sobre las causas de la orientación sexual humana? Para afrontar la respuesta, es importante primero responder a una pregunta: ¿A qué se refieren los investigadores cuando hablan de homosexualidad? Esto es muy interesante entenderlo a la hora de interpretar los diferentes estudios. Una de las posibilidades, la más frecuentemente utilizada, es cómo las personas se consideran a sí mismas (la identidad sexual, tomando el sentido de la sexual identity anglosajona). Generalmente esto se hace preguntando, mediante algún tipo de escala, de tal manera que hay posibilidades de definirse en cualquier punto intermedio entre completamente heterosexual y completamente homosexual.

A parte de lo que uno se considere, que es la dimensión relevante desde el punto de vista social y legislativo, el estudio científico de la orientación sexual puede también afrontarse en función del comportamiento que los sujetos desarrollan. Seguro que no les es difícil imaginar a una persona que en algún momento de su vida ha participado en actividades sexuales homosexuales, incluso frecuentemente, pero no se identifica como tal (ni siquiera parcialmente). Y aunque desde el punto social esto es irrelevante, porque lo importante es lo que uno se considera, sí es relevante para estudiar las causas de nuestra orientación sexual. Una tercera posibilidad es enfocarnos en hacia qué personas se siente atracción sexual. De nuevo, no les será difícil imaginar personas que a veces sienten atracción homosexual pero nunca han llevado a cabo un comportamiento acorde a esa atracción ni se ven a sí mismos como homosexuales. Sin embargo, para entender las causas que definen nuestra orientación sexual, la atracción es la dimensión más relevante que hay que comprender.

Como es esperable, la proporción de personas que quedan ubicadas en el ámbito de la no heterosexualidad difiere según la pregunta. Los estudios más completos tratan de abarcar estas tres dimensiones. Aunque hacer esto exige mucho tiempo por parte de los participantes, y lo más frecuente es encontrarse estudios que inciden exclusivamente en la cuestión de la identidad sexual. El problema radica en que la relación entre estas tres dimensiones, identidad, comportamiento y atracción, es más o menos estrecha en función de la sociedad donde se lleve a cabo el estudio. Por eso siempre hay que tener muy presente sobre qué cuestión se indaga en cada caso.

Finalmente, además de los estudios en que la orientación sexual se define en función de las respuestas que dan las personas sobre sí mismas, hay otra serie de estudios particularmente interesantes. En ellos lo que se mide es la excitación física ante estímulos de distinto carácter sexual, en hombres y mujeres. La excitación se mide a través de diferentes parámetros, como la dilatación pupilar, la frecuencia cardiaca y respiratoria, la irrigación sanguínea a los órganos sexuales, etc. Estos estudios son mucho más laboriosos y largos de hacer, y lógicamente los tamaños de la muestra son más reducidos. Pero sus resultados son muy sorprendentes y relevantes para entender la orientación sexual humana, pues están libres de todos los problemas asociados con los autoinformes (que las personas se engañan a sí mismas, que de manera más o menos intencionada mienten a los investigadores, que las personas olvidan, etc.). No queremos decir que las opiniones de las personas sobre sí mismas no sean interesantes, pero estos estudios añaden una dimensión muy relevante y ajena a la subjetividad personal.

Es el momento de abordar una segunda cuestión que dejamos pendiente. Es el espurio contraste entre «biológico» y «elegido» que se suele emplear cuando estas cuestiones se debaten. Desde el punto de vista científico no son términos que se puedan contraponer, pertenecen a diferentes dimensiones. Para un científico empírico del comportamiento todo comportamiento tiene causas, y si un rasgo no se debe a causas biológicas, entonces sus causas son ambientales (pero no el «libre albedrío»). En este sentido es muy importante incidir en que cuando se habla de elegir, normalmente nos referimos a elegir llevar a cabo alguna acción, pero no a elegir las causas que podrían motivar esa acción. Es decir, uno puede elegir tener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo, pero no puede elegir querer tener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo. La orientación sexual tiene que ver tanto con «apetecer» como con «hacer». Las causas de lo que nos apetece pueden ser biológicas o ambientales, pero el libre albedrío no interviene en esa dimensión (y los intentos conscientes por modificarla son contrastados fracasos). Lo que se hace se puede decidir (y ahí sí que uno puede hablar de libre albedrío, en relación con si se quieren asumir los costes ambientales de actuar conforme a los propios deseos).

Bien, una vez aclaradas las diferentes dimensiones desde las que se puede afrontar el estudio de la orientación sexual, vayamos con las preguntas (y sus respuestas). Para empezar, ¿cuántas personas no heterosexuales hay? Hay centenares de estudios que agrupan los datos recabados de cientos de miles de individuos en todo el mundo, que nos permiten estimar con razonable precisión cuán frecuentemente las personas se consideran no heterosexuales (utilizamos esta denominación pues la mayor parte de las personas se suele considerar heterosexual). Recuerden que en este caso la identidad sexual se mide con una escala, de tal manera que hay personas que se consideran a sí mismas completamente homosexuales o heterosexuales, y una proporción de población que queda entre ambos extremos cuya orientación sexual quedaría definida por un valor entre 0 y 1. Esta escala a la hora de presentar gráficamente los resultados se suele organizar en 5 categorías: homosexuales, mayoritariamente homosexuales, bisexuales, mayoritariamente heterosexuales y heterosexuales (siendo las tres primeras categorías las que se suelen denominar «no heterosexuales» y las dos últimas serían «no homosexuales»). Estudios llevados a cabo mayoritariamente en Occidente, pero también en otras culturas, ofrecen resultados similares: casi todo el mundo se considera no homosexual. Los datos varían entre estudios, pero las personas que se consideran no heterosexuales nunca superan el 10% y los exclusivamente heterosexuales nunca son menos del 80%. Estos estudios siempre son motivo de debate, con acusaciones de «hinchar» las cifras por parte de unos u otros colectivos. Aunque, en realidad, poco importa si las personas que se consideran exclusivamente heterosexuales son el 96% o el 83%, porque todos los resultados dejan claro que una proporción pequeña pero no desdeñable de las personas queda fuera de esta categoría. Y no parece que ningún estudio, por amplio o pormenorizado que sea, vaya a ofrecer resultados cualitativamente diferentes.

Pride March 2018, New York. Foto: Anna Sergeeva / Cordon.

Estos estudios «cuantitativos» muestran una diferencia interesante entre la homosexualidad masculina y femenina. La proporción de personas que se consideran no homosexuales (solo heteros y principalmente heteros) no es diferente entre hombres y mujeres y viene a rondar el 97%. Sin embargo, cuando atendemos a todas las categorías, la distribución de las personas en cada una de estas categorías en función del sexo es diferente. La distribución para los hombres se dice que tiene forma de «J», con hombres definiéndose más bien en las categorías extremas (completamente homosexuales o heterosexuales) y pocos en las categorías intermedias. En las mujeres se dice que la distribución tiene forma de barra inclinada, «/», pues hay pocas mujeres que se consideren completamente homosexuales, algunas más que se consideran bisexuales, más que se consideran principalmente heterosexuales y más aún que se consideran exclusivamente heterosexuales. Comparando ambas distribuciones se pueden sacar muchas lecturas. Una, muy interesante, es que las mujeres adoptan más frecuentemente orientaciones sexuales que contemplan la atracción y el comportamiento sexual hacia ambos sexos, polarizándose menos en los extremos que los hombres.

Este hecho, junto con algunas cuestiones que comentaremos a continuación, indujo a los investigadores a pensar que hay diferencias relevantes entre hombres y mujeres respecto a la denominada fluidez sexual. La fluidez sexual es la flexibilidad en la capacidad de respuesta sexual de una persona en función de la situación, lo que hace posible que algunas personas experimenten deseo sexual hacia hombres o mujeres bajo ciertas circunstancias, independientemente de su orientación sexual general. La fluidez sexual tiene, entre otras consecuencias, una mayor tendencia a cambiar de orientación sexual a lo largo de la vida, cosa que decenas de estudios confirman que ocurre más frecuentemente en mujeres. Esto se puede observar, entre otros muchos ejemplos, en un estudio llevado a cabo con una población de adultos jóvenes bastante grande (seis mil hombres y siete mil mujeres) en el que se analizó con qué orientación sexual se identificaban entre los años 2000 y 2007. La proporción de hombres heterosexuales en el 2000 que seguían considerándose así en el 2007 era el 98%, mientras que era el 94% de las mujeres las que mantenían la orientación exclusivamente heterosexual. Es decir, trescientas veinte mujeres frente a cien hombres dejaron de considerarse completamente heterosexuales. En el otro extremo de la distribución, el 54% de los hombres exclusivamente homosexuales mantenían esta orientación, mientras que solo el 36% de las mujeres lo hizo. Además los cambios de orientación sexual lo son a categorías aledañas en los hombres, mientras que en mujeres las variaciones a veces se producen hacia categorías más lejanas. Y también las mujeres declaran más frecuentemente haber sentido atracción hacia personas de ambos sexos (en torno al 10%) que los hombres (en torno al 3%).

Esta mayor fluidez sexual femenina se ve corroborada en los estudios que miden excitación física. En estos estudios los participantes se ven expuestos a estímulos generalmente visuales homosexuales o heterosexuales para su sexo, y durante la exposición se analizan las antes mencionadas variables fisiológicas relacionadas con la excitación. En estos estudios se observa que la mayor parte de los hombres que se consideran homosexuales apenas se excitan con estímulos heterosexuales y viceversa. Sin embargo, la respuesta genital en mujeres heterosexuales no es demasiado distinta si el estímulo es homosexual o heterosexual. Y lo mismo ocurre con las mujeres homosexuales, que se excitan de manera similar ante estímulos homo y hetero. Y, aun siendo esto relevante, no es lo más interesante de estos estudios. Lo realmente fascinante es que, además de medir la excitación, se pide a los participantes que cuantifiquen cuán excitados se han sentido en las diferentes situaciones. La excitación declarada y medida coincide mucho en los hombres, de tal manera que, por ejemplo, un hombre homosexual que se excita ante determinado estímulo reconoce sentirse excitado. Pero en las mujeres lo que se observa es que estas solo dicen sentirse excitadas con estímulos que corresponden con su orientación sexual declarada, independientemente de la respuesta genital. Es decir, que la excitación fisiológica y la declarada no coinciden demasiado bien en las mujeres. Estos resultados invitan a profundizar más en esta falta de consonancia en la excitación femenina. Podría ser que las mujeres participantes simplemente no declaran abiertamente sentirse excitadas pese a ser conscientes de ello. Aunque esta posibilidad parece a priori la más plausible, a las personas que se animan a participar en este tipo de experimentos difícilmente se las puede tildar de tímidas o autorreprimidas. Esto invita a análisis más profundos, como por ejemplo si lo que ocurre es que las mujeres no se autoperciben como sexualmente excitadas del mismo modo que los hombres. O si es diferente la idea que se tiene en ambos sexos de lo que es la excitación. Por otro lado, habría que tener en cuenta algunas cuestiones a controlar que pueden afectar a lo observado, como que la pornografía que incluye sexo entre dos mujeres ha estado presente desde siempre en el porno «hetero», al contrario que las escenas de sexo entre dos hombres. Además de considerar que los estímulos visuales son más eficaces para provocar excitación en hombres que en mujeres.  

Curiosamente, respecto a factores biológicos relacionados con la homosexualidad, en la mujeres parecen tener cierto efecto los niveles de andrógenos durante el desarrollo embrionario. El principal indicio se basa en estudios con mujeres con hiperplasia adrenal congénita, es decir, que por diferentes razones tienen un exceso congénito de testosterona. En este grupo, la frecuencia de mujeres que se consideran homosexuales o que declaran haber practicado sexo con otra mujer es entre dos y tres veces mayor que en personas que no presentan esta condición. Como generalmente se las trata para reducir estos niveles al nacer, es la exposición intrauterina a andrógenos la que podría explicar esta tendencia. Lo que lleva a tratar de analizar si los niveles de andrógenos intrauterinos se asocian a la homosexualidad en mujeres que no sufren este trastorno endocrino. Hacerlo correctamente implicaría hacer amniocentesis a un montón de mujeres embarazadas y luego hacer un seguimiento a sus hijas hasta que sean adultas para confirmarlo. Lo cual, además de difícil, es una insensatez porque las amniocentesis son intervenciones que implican cierto riesgo de aborto. Otras posibilidades, como medir los niveles de andrógenos en sangre materna o en el cordón umbilical al nacer, aunque a veces se emplean, no reflejan bien los niveles de andrógenos a lo largo del embarazo.

Sin embargo, y aunque parezca extraño, multitud de pruebas directas e indirectas indican que la longitud de los dedos de la mano varía en función de los niveles de estrógenos y testosterona durante el desarrollo fetal. Las pruebas más convincentes de esta asociación incluyen medidas efectivas de andrógenos en amniocentesis (que se realizaron por causas clínicas, no específicamente para estos estudios), pruebas con animales de laboratorio y longitud de los dedos en personas con diferentes patologías relacionadas con las hormonas sexuales (por exceso y por defecto). Metaanálisis que incluyeron un número bastante grande de personas homosexuales (mas de mil mujeres y de mil quinientos hombres) indican que las mujeres homosexuales tienden a presentar longitudes de dedos de la mano que se corresponden con niveles más altos de testosterona durante el desarrollo embrionario. Contrariamente a la creencia popular, no hay diferencias en la longitud de los dedos de la mano entre hombres homosexuales y heterosexuales en los metaanálisis, aunque muchos estudios particulares sí encuentran una asociación. El conjunto de estos dos tipos de estudios parece indicar que los niveles de andrógenos prenatales contribuyen a desarrollar una orientación homosexual en algunas mujeres. Se postula que su efecto se debe al grado de diferenciación sexual que adquieren los diferentes tejidos, incluido el nervioso, según el nivel de exposición a andrógenos en diferentes momentos del embarazo. Es la explicación más plausible, aunque difícilmente va a poder ser testada experimentalmente.

También hay estudios que, de alguna manera, parecen relacionar el desarrollo embrionario de los hombres con la orientación homosexual. Son los estudios sobre el denominado efecto del hermano mayor. Esta línea de investigación parte de la observación estadística de que los hombres homosexuales tienen más hermanos varones mayores en comparación con los que tienen los hombres heterosexuales, las mujeres heterosexuales y las mujeres homosexuales. Y el efecto se mantiene cuando se tienen en cuenta factores como la edad de los padres, el número total de partos de la madre, las hermanas o los hermanos posteriores, la genealogía familiar, etc. El efecto, estudiado en diferentes culturas, se observa solo entre hermanos de madre (no importa si hay hermanos mayores adoptados ni hijos previos de sus padres con otras mujeres). Las probabilidades de que un hombre de adulto se considere homosexual aumentan mucho en función del número de hermanos varones que le preceden. Por ejemplo, la probabilidad de que un cuarto hermano varón se considere homosexual es el triple de que lo haga un hijo único (eso quiere decir que un 2% de los hijos únicos son homosexuales, mientras que un 6% de los cuartos hijos lo son). No se conocen las razones de este efecto, pues los análisis adecuados no son fáciles de llevar a cabo. Las pruebas indirectas atribuyen el efecto a alguna clase de reacción inmunológica materna durante el intercambio placentario contra las proteínas que se sintetizan sobre la base de los genes del cromosoma. Y del embrión. Estas proteínas son importantes para activar el proceso de diferenciación sexual en el embrión. Y, aunque en general la mayor parte de este proceso depende de la testosterona, estudios recientes indican que en algunos tejidos hay vías de diferenciación que se activan independientemente de esta hormona. Sobre estas vías podría estar actuando la inmunidad materna. Seguramente en los próximos años el análisis de las disfunciones en el intercambio placentario se desarrolle más extensamente, porque ya hay varios estudios que relacionan el mal funcionamiento placentario con la aparición de diferentes condiciones más frecuentes en varones, como el autismo.

Además de estos efectos del desarrollo embrionario sobre la probabilidad de desarrollar una orientación sexual homosexual, hace mucho tiempo que sabemos que hay factores genéticos implicados. Tanto los estudios de genealogías familiares, la tendencia a que aparezcan personas homosexuales dentro de la misma familia, como las investigaciones que se hacen comparando gemelos homocigóticos y heterocigóticos indican una cierta contribución de los genes en la tendencia a reconocerse como homosexual en la edad adulta. Más o menos un tercio de la variabilidad encontrada en el carácter se debe a efectos genéticos, siendo el efecto genético algo más importante en la homosexualidad masculina que en la femenina. Esto quiere decir que aunque los factores ambientales tienen mayor peso, la importancia de los genéticos no es desdeñable. Estos estudios no son independientes del todo de los presentados previamente, pues parte de los efectos durante el desarrollo podrían estar influidos por los genes (tanto tener más o menos andrógenos fetales como la mayor o menor facilidad de desarrollar anticuerpos contra proteínas fetales).

Además de estudios para detectar efectos genéticos llevados a cabo de la manera tradicional (análisis genealógicos y de gemelos), se han llevado a cabo estudios de secuenciación de genomas completos en busca de la localización precisa de las variantes genéticas que contribuyen a la homosexualidad humana. Esta, como casi cualquier carácter complejo, no parece ser dependiente del efecto de uno o dos genes, sino de la pequeña contribución al carácter de centenares o miles de genes. El análisis del genoma de más de 10.000 personas indica que hay dos regiones cromosómicas que se vinculan más fuertemente a la probabilidad de considerarse homosexual. De nuevo, y considerando ambos conjuntos de experimentos, parece claro que la genética del individuo contribuye, en parte, al desarrollo en el individuo de una orientación homosexual.

Nos parece importante enmarcar estos estudios dentro de la inmensidad de trabajo científico que se lleva a cabo para entender la diversidad que existe entre las personas. Estudios que se hacen para entender por qué somos inteligentes o altos (o tendemos a desarrollar cáncer u obesidad). La altura y la inteligencia son dos buenos ejemplos porque parece claro que los factores biológicos no son los únicos determinantes de estos caracteres, aunque importan mucho en el desarrollo final del carácter. En cualquier caso, entender por qué hay personas más altas que otras o más inteligentes, intentar averiguar dónde residen las causas de nuestra heterogeneidad, no afecta en ningún sentido a las personas altas o inteligentes. No tiene por qué hacernos sentir mejor o peor saber que medimos uno sesenta en parte por nuestros genes. Poco importa si el desarrollo de un carácter se debe a unos factores u otros, porque ambos están mayoritariamente fuera de nuestro control. En este sentido, creemos que saber que la homosexualidad en sus diferentes dimensiones —atracción, comportamiento e identidad— se ve influida por la biología no debiera afectar a cómo se sienten las personas respecto a su sexualidad.

Por último, déjenme insistir en que, en este debate sobre las causas de la homosexualidad, lo que no es biología no quiere decir que sea libre albedrío. En la homosexualidad, como en cualquier otro rasgo humano, influyen factores biológicos del individuo, factores ambientales (que incluyen toda clase de cosas, no solo la educación, sino todo el medio ambiente en que se desarrolla el individuo en un sentido material y social) y la interacción de ambas cosas. Estos factores afectarán a que sea mayor o menor la propensión de cada individuo a sentirse atraído por personas de uno u otro sexo. El hecho de definirse de uno u otro modo y comportarse de una u otra manera siempre está en manos del sujeto. Ahí está el libre albedrío. Salvo para saciar nuestra curiosidad (y algunas cuestiones clínicas en que esto pudiera ser relevante), no debería importarnos por qué uno es como es, sino que cada uno pueda ser lo que a cada uno le dé la gana.

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Fisher, Alessandra, et al. «The molecular mechanisms of sexual orientation and gender identity». Molecular and Cellular Endocrinology (2017).

Kanazawa, Satoshi. «Possible evolutionary origins of human female sexual fluidity». Biological Reviews 92.3 (2017): 1251-1274.

Rieger, Gerulf, et al. «Sexual arousal: The correspondence of eyes and genitals». Biological Psychology 104 (2015): 56-64.

Meyer-Bahlburg, Heino F. L., et al. «Sexual orientation in women with classical or non-classical congenital adrenal hyperplasia as a function of degree of prenatal androgen excess». Archives of Sexual Behavior 37.1 (2008): 85-99.

Grimbos, Teresa, et al. «Sexual orientation and the second to fourth finger length ratio: a meta-analysis in men and women». Behavioral Neuroscience 124.2 (2010): 278.

Diamond, Lisa M. «Female bisexuality from adolescence to adulthood: results from a 10-year longitudinal study». Developmental Psychology 44.1 (2008): 5.

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14 comentarios

  1. Bravo

  2. Qué artículo tan interesante. Sin duda es relevante saber por qué somos como somos, aunque luego no hagamos nada de carácter práctico con esa información.

  3. Entre los factores ambientales, sería de necio o ignorante suponer que, de alguna manera, el conjunto biologico “inteligente” del planeta toma “medidas” para reducir la cantidad de una especie que lo está dañando? No hay animal que no tenga a su depredador, salvo nosotros, y nos hemos multiplicado a desmesura con todas sus consecuencias ambientales, y este particular el planeta lo “sentiria”. Por cierto que la “medida” sería, si no torpe, más bien bizarra, pero la evolución, con tantos organismos disparatados pero siempre asombrosos, continua y continuará a dar muestras de una increible capacidad de invención desenfrenada. Qué tema delicado, señores! Pero hacía tiempo que lo esperaba. Espero no haber ofendido a nadie. Muchas gracias por la lectura.

    • Andrés

      El planeta no siente nada. Cada organismo individual trata de adaptarse a la situación como puede lo cual se traduce en diferencias en su éxito reproductivo. Estas diferencias son la fuerza que guía la evolución. Y este proceso es amoral y adireccional, por el mecanismo que la explica la evolución no tiene sentido alguno.

  4. Aquiles

    Como gay estoy muy de acuerdo con teorizantes como Foucault o Eribon, Preciado o Butler, en cuanto estudios antropológicos, lingüísticos, de arqueología de los saberes. Lo biológico, a los gays solo nos interesa si lo subordinamos a una cuestión política, es decir como herramienta política. Porque ser gay es algo político. Los científicos no sacan cosas sobre la homosexualidad heterosexualidad de tubos de ensayo, si no que estan influenciados por sus propias culturas. Y si no lean a Khun o a Popper.
    Desde que Kraft ebling invento la enfermedad de la homosexualidad, pasando por los Psiquiatras, todos ellos científicos, la ciencia no es para nada neutral y nunca lo sera.
    Muchos homofobicos actuales por ejemplo señalan que los gays irrumpimos en las reuniones de la APA y obligamos a los cientificos psiquiatras y a la OMS a quitar la homosexulidad de una lista de enfermedades. Como si los cientificos no tuvieran sus propias ideas preconcebidas sobre lo que es una enfermedad debido a sus sociedades e incluso a su propia subjetividad heterosexual.
    Lejos de esconder ese tipo de episodios, los celebro. Somos sujetos politicos, no sujetos de la ciencia. Seremos nosotros y solo nosotros quienes digamos quienes somos. Si hay un gen, hormona o medio ambiente, no tiene ni la mas minima importancia a no ser que podamos utilizarlo politicamente en un mundo que en muchas naciones nos condena hoy a carcel o a muerte.

    Y segundo tambien para poner bajo la lupa esas investigaciones cientificas, no tenemos ni idea todavia de que motivaciones tendran para averiguar que gen o proceso nos forma, pero teniendo en cuenta la historia de nuestra comunidad nos hace pensar que en un futuro, debemos poner limitaciones éticas a la ciencia.
    Los gays, al fin y al cabo, nacemos de heteros, que en el mejor de los casos son indiferentes, pero en su mayoria desean tener hijos como ellos. Estaremos atentos.

    • Francisco Aurre

      “Lo biológico, a los gays solo nos interesa si lo subordinamos a una cuestión política, es decir como herramienta política”

      A mi, en cambio, la ciencia me interesa como tal y como la forma en la que el ser humano ha podido avanzar en el conocimiento y en el desarrollo tecnológico. Como método es imperfecto en su aplicación, pero a largo plazo imbatible (porque ella misma se corrige) para avanzar.

      Huir de la ciencia, desdeñar el método científico es un ejercicio de sublime osadía.

    • Florentino

      Ay, Aquiles, otra constante en la historia de la ciencia es la censura para evitar divulgar resultados con evidencias que contradigan las teorías vigentes. Ese es precisamente tu caso: “Debemos poner limitaciones éticas a la ciencia” no es más que “no me gusta lo que dice este estudio”.

      ¿Quieres saber qué motivaciones hay para saber qué gen o proceso actúa sobre tal o cual comportamiento? Se llama curiosidad.

      • Aquiles

        Somos ciudadanos con una orientacion sexual que ha sido historicamente perseguida. No somos ratones, ni monos rhesus ni drosophila melanogaster, como para que el unico factor determinante sea la curiosidad.

      • Aquiles

        2 siglos de la ciencia apoyando la criminalizacion y medicalizacion de los gays, nos indican que tenemos que ser prudentes y que cualquier cosa no es valida. Hoy no se permiten experimentos de lobotomias en seres humanos, eso es censura etica.
        Asi como existen muchas restricciones eticas a la ciencia, simplemente queremos ser parte, y decisiva, en experimentacion y estudios cientificos sobre nuestra comunidad.
        Tenemos derecho a preguntarnos para que quieren saber como nos formamos los gays o como distinguirnos.
        Hay mas de 60 paises donde se criminaliza ser gay, ¿y si hoy o mañana crean un test donde aparecen x numero de genes vinculados con la homosexualidad? . Tenemos el derecho a tener voz y voto sobre esas investigaciones.

    • José Luis García

      Tienes todo el derecho del mundo a pensar lo que quieras (no te estoy concediendo ese derecho, ojo; es tuyo) pero eso no quiere decir que el universo (o la biología) vayan a estar de acuerdo contigo y te den la razón. Si realmente crees que ser gay es algo político debería preocuparte el hecho de que, si estás equivocado (y eso ya se verá) la caída de la natalidad en Europa supondrá que en un par de generaciones ninguna familia tenga cuatro o más hijos varones por lo que el número de homosexuales disminuirá. Ni tú ni yo lo veremos porque estamos hablando de varias generaciones, pero puesto que para ti este tema es importante políticamente (además de personalmente) quizás deberías tenerlo en cuenta. Algo así como un plan de contingencia. Digo yo.

  5. No creo que la ciencia no sea neutral. Es hija de la razón, de la sensatez y la tolerancia, y si alguna vez lo fue, se corrigió sola, y no en tiempos bíblicos, como para la frenología. Para un hetero como yo, de quién tendría que esperar argumentos irrefutables para oponerme a no pocos fanáticos y supersticiosos?

  6. Linneo

    Bienvenidos sean todos los estudios científicos aunque todavía estamos lejos de encontrar un paradigma que explique las variables del comportamiento humano, incluso de los rasgos de personalidad o los considerados psicopatológicos. Pero ciñéndonos a la homosexualidad masculina -más conocida- advertimos que existen muchos patrones fenotipicos diferentes, desde los que tienen una “sensibilidad más femenina” o una mayor fluidez verbal o expresividad gestual hasta los que se asemejan más al patrón masculino , con todas las variantes intermedias. Lo mismo ocurre con los roles sexuales: activo, pasivo y versátil, que parecen categorías bastante estables. Otro asunto es la edad del objeto deseado, y aquí también se observan ciertas rigideces que no creo que sean desdeñables. En fin, sigan estudiando, pero la conducta humana, incluyendo la orientación sexual debe ser entendida dentro de un polimorfismo que siempre ha existido, aunque no siempre –por factores externos y culturales- haya podido manifestarse.

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