Arte y Letras Historia

El bidé salvará el mundo

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La Toilette intime ou la Rose effeuillée (detalle), de  Louis-Léopold Boilly (1761–1845).

Toda primera vez es especial. El imaginario colectivo no ahorra épica al describir la doma del fuego, la creación de herramientas o el nacimiento del arte. Menos impresionante nos resulta la primera vez que un ser humano se limpió sus partes íntimas, pero ese héroe anónimo también existió. Los inicios no fueron fáciles: aunque como especie llevamos defecando desde el primer día sobre la Tierra, la invención del papel higiénico necesitó miles de años.

¿Restregar o lavar? Existen dos escuelas en lo que a higiene rectal se refiere, moldeadas por factores como el clima, la religión y hasta la dieta [1]. Que el agua caliente fuera un lujo de ricos hasta el siglo pasado hizo que muchas culturas rechazaran la idea de aplicar agua fría ahí, por lo que la estrategia más habitual durante largo tiempo puede resumirse con un «pilla lo que tengas más cerca».

Los vikingos usaban lana de oveja. Los hawaianos, cáscaras de coco. Los esquimales, musgo. En España y Portugal, los marineros se apañaban con el extremo deshilachado de una cuerda, mientras la nobleza francesa recurría al encaje. La lista no termina ahí: mazorcas de maíz, trapos, virutas de madera, helechos, hojas, hierbas, cáscaras, heno, arena… Cualquier cosa es buena cuando la necesidad apremia.

La creatividad humana tampoco escasea cuando se trata de dejar el tercer ojo como una patena. Los japoneses usaban una espátula de bambú de unos veinte centímetros de largo y entre diez y veinte milímetros de ancho. Estas herramientas importadas de China recibían diversos nombres cuyo significado más literal es «palo de mierda». En el Mumonkan (‘la puerta sin puerta’), una recopilación de cuarenta y ocho problemas budistas (koanes) del siglo xiii, son mencionados:

«Un monje le preguntó al maestro Yunmen: “¿Qué es Buda?”. Yunmen dijo: “Un palo de mierda seco”». Dejaremos al lector la aventura de extraer un significado filosófico de estas palabras.

La solución romana, el tersorium, añadía una esponja húmeda con agua o vinagre al extremo del palo en aras de una mayor comodidad. En caso de emergencia, griegos y romanos acudían a los pessoi, pequeños discos de arcilla [2]. Durante años se pensó que estas formaban parte de un juego de estrategia similar al ajedrez, pero, como dice un viejo proverbio griego, «tres piedras son suficientes para limpiarse el culo».

Los esfínteres de toda la humanidad futura tenían puestas sus esperanzas en China, donde desde el siglo II a. C. sabían fabricar papel. No defraudaron. El primer uso conocido del papel higiénico data del año 589 d. C., cuando el pudor del escriba Yan Zhitui pasó a la posteridad: «No me atrevo a usar con propósitos de aseo el papel en el que hay citas o comentarios de Los cinco clásicos o los nombres de los sabios».

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16 comentarios

  1. Pingback: – El bidé salvará el mundo – ESPANTALHO

  2. Alain Mortadelon

    Un comentario sobre Cybill Shepherd de nuestro inefable contertulio Rijoso que descubrí hace años en la red y que viene a huevo con el tema que nos ocupa.

    Rijoso – 24.01.2014 a las 21:53

    Es mona, pero un día hace ya más de diez años, que estábamos ella y yo al lío, al bajar al pilón me llegó un importante tufo a culo. Miré con más atención y pude distinguir entre la pelambrera del ojete, restos de mierda en forma de conguitos, así que se lo hice notar, y me contestó riendo lúbricamente, que a su marido ya le gustaba así, y que no fuera marica y se lo chupara a lengüetazos de vaca, dejándolo todo limpio como un sol. Desde entonces, la rehuyo tanto como puedo. Así que…

  3. Echo de menos la referencia a las tres conchas del futuro…

  4. Ya con esa cantidad de árboles necesarios para la fabricación de papel higiénico, es inevitable hacer cálculos ecologistas. Como bien dice el autor, no se sabe por qué en la cuenca del mediterráneo y en sudamerica sea infaltable ese artefacto sanitario. Talvez por la herencia de los baños de los romanos. Es extraño la falta en Alemania y en Francia, tan progresistas. Así que, en nombre de la defensa de los bosques, hagamos de tripa corazón: hábiles manos, agua a chorro, cepillo para las uñas que no tendrían que ser largas y jabón. Además evitaremos ese bochornoso color marrón en los calzoncillos, pero ya no tendría sentido ese chiste, en el cual uno le pregunta al otro cómo van puestos los calzoncillos y el otro le responde que, la parte con el color amarillo, pa’lante y la de color marrón, pa’trás. gracias por la divulgación.

  5. Este y casi todos los problemas del.planeta mejorarìan.muchìsimo si fuesemos 1500 millones de habitantes en el planeta .

  6. Casemiro+Un hermano suyo:
    Rafael Nadal

  7. «El cagador del campo con un canto». («necesitas caret lege»)

  8. Por amor a lo comprensible y al gusto de leer los comentarios, ruego explayarse en los mismos. Es desolante deambular por la casa tratando de entenderlos. Gracias

  9. «hasta la invención del suave papel higiénico moderno, que llegaría en 1857 de la mano de Joseph Gayetty»
    Pues en la España de los años sesenta en la que yo me crié, más de un siglo después, se usaba el papel higiénico El Elefante, que no dejaba de ser papel de estraza fino pero no por ello menos áspero.

  10. Me gustaría que alguien me explicara la creciente aversión de las clases pudientes por el bidé, quizás por influencia anglosajona. He conocido varios chalets de reciente construcción y planeados por sus propietarios, donde pese a haber espacio de sobra han prescindido «orgullosamente» del bidé. No lo entiendo salvo que sean más bien puercos.

  11. A Psmith. Se trata solo de un intento infantil de negar los límites y deficiencias del ser humano. Algunos/as seres de luz pretenden no estar sujetos/as a tales menesteres.

  12. A Psmith. Al releer hoy mi comentario, me viene una respuesta más concisa: es la estrategia de resolver un problema negando su existencia.

  13. A Smith. No sorprende que el intento de abolir a los sufridos bidés proceda de la pérfida Albión, la de los servicios con moqueta. El mensaje es el siguiente: “los ínclitos esfinteres anglosajones no se “enciscan” (encacan) al defecar, luego no necesitan ser limpiados”.
    Esto me trae a la memoria el siguiente relato. Se cuenta que, en el siglo XVII, la Corte Real visitaba una fábrica de tejidos en Zaragoza. Al final de la visita los propietarios de la empresa pretendieon regalarles a las infantas un par de magníficas colecciones de medias. Los responsables del protocolo cortesano rechazaron indignados los presentes con el siguiente comentario:”las infantas no tienen piernas”.

  14. Pingback: Explorator 21.27 ~ October 28, 2018 – Explorator

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