La paradoja del «nu-male»

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El término «nu-male» asomó la cabeza por primera vez en 2011 entre los foros de una web (Social Anxiety Support) enfocada en lidiar con la ansiedad. En aquel recoveco de internet se cobijó un hilo de discusión, titulado «Machos Alfa contra Machos Omega», donde un usuario preguntaba al resto de la comunidad sobre lo idóneo de clasificar a los hombres en alfas, betas u omegas. Una duda que nacía a partir de un artículo de Jessica Grose titulado «Omega males and the women who hate them«Los hombres omega y las mujeres que los odian») del magacín online Slate. Aquel texto estudiaba al protagonista de película Greenberg, un personaje ficticio llamado Roger Greenberg e  interpretado por Ben Stiller, para concluir que se trataba del reflejo de una nueva crisis masculina contemporánea, una alejada de la clásica recesión de la mediana edad y cimentada en la frustración. Roger era un hombre desempleado, un romántico fracasado, alguien sin demasiadas ilusiones e incapaz de encontrar algo que se le diera bien.

Un personaje que el artículo definía citando el libro Stiffed: the betrayal of the american man de la periodista, ganadora de un Pulitzer, Susan Faludi: uno de aquellos «niños que habían sido conducidos a creer que serían los amos del universo». Los hijos de un sistema que les había prometido un futuro donde vestirían trajes de astronauta y construirían familias felices gracias a trabajos remunerados y estables, una falacia contra la que aquellas criaturas se estamparon durante los noventa. En su artículo, Grose señalaba que el rol de la mujer americana ideal había ido evolucionando desde la década de los cincuenta mientras el del hombre se había mantenido firmemente estacionado en una misma posición: la de ser un Don Draper (Mad Men) de la vida o uno de los soldados de la serie bélica The Pacific. En la cultura moderna, la principal meta del varón parecía ser el alcanzar el poder y la gloria, convertirse en un modelo ejemplar tallado con la silueta de un ejecutivo dominante o la de un guerrero heroico. El posterior razonamiento del artículo agarraba otras referencias pop para establecer una clasificación ordenada de tipos de hombre: aquel Don Draper exitoso y los guerreros indomables se consideraban el «alfa» (la posición más elevada y respetada), la posición «beta» estaba ocupada por un chico encantador pero inofensivo como el Jim Halpert de The Office (un buen tío pero carente del carácter dominante de los alfas) y el punto más bajo de la jerarquía llegaba representado por Roger Greenberg, el hombre «omega», aquella persona que se había rendido por completo ante la vida, un fracaso con patas.

Mad Men. Imagen: Lionsgate Television.

A raíz de aquel texto y su catálogo de masculinidades, el hilo titulado «Machos Alfa contra Machos Omega» generó un pequeño debate entre los usuarios del foro digital en el que se alojaba. Una serie de opiniones sin demasiada sustancia entre las que se encontraba el comentario de una persona apodada Rixy que proponía a modo de broma utilizar otras letras del alfabeto griego para identificar más perfiles de varones: hombres «gamma» (aquellos capaces de expeler rayos gamma al estilo de Bruce Banner), hombres «delta» (los amigos de la guitarra versados en el blues típico del Delta del Misisipi), hombres «psi» (con poderes mentales) o «nu-males». Estos últimos eran un juego de palabras cochambroso relacionado con el nu-metal, aquel estilo musical tontorrón, apodado con guasa por sus detractores como «chándal metal», que vivió con gloria los primeros pasos del siglo veintiuno mezclando ramalazos heavies con hip hop de instituto y acabó desapareciendo del mapa cuando sus fans superaron la adolescencia: «El nu-metal no tiene tanta fuerza ahora como la que tenía hace diez años, probablemente porque en general apestaba», apuntaba Rixy. Sin saberlo aquel usuario había inventado un término que una horda de gente enarbolaría como arma varios años después.

A finales de 2015 un usuario de ese nido repleto de gente entrañable que es el tablón de anuncios virtual de 4chan subió la foto de un chico con gafas, barba, frente despejada y jersey multicolor junto a una pregunta: «¿Es cosa mía o la mayoría de liberales blancos tienen este aspecto?». Era una cuestión untada en sorna a la que alguien respondió con un collage donde un montón de chavales barbudos y con gafas de pasta estaban etiquetados bajo el repescado término «nu-male» y junto a una descripción de las características fundamentales de aquella nueva especie:

—Tiene barba y/o gafas.

—De veinte a treinta años.

—Normalmente luce calvicie prematura.

—Caballero blanco con sentimiento de culpa.

—Moderno, muy activo en Twitter.

—Su método favorito de activismo es quejarse.

—Usa palabras como «problemático».

—Dona dinero vía Patreon al menos a una mujer.

—Salta en defensa de cualquier mujer en internet a pesar de no recibir siquiera recompensa o beneficio personal alguno por ello.

—Sumiso, pasivo, aburrido pero abierto.

—Ha intentado convertirse en desarrollador indie en alguna ocasión (sus avatares en pixel art lo demuestran)

—Más funcional en la sociedad que el hombre beta medio.

—Un paso por encima de los señores con fedora.

—Piensan que son únicos a pesar de tener exactamente el mismo aspecto.

—Luce idéntica bio en Twitter y Tinder.

—Aceptará llevar el apellido de su mujer.

Usuarios de 4chan: especialistas en adoptar un collage mugroso como una evidencia científica.

El concepto pareció calar en la comunidad virtual y unos cuantos meses después aterrizó oficialmente en la página Urban Dictionary, un espacio basado en recopilar vocablos de jergas contemporáneas, donde un usuario llamado Gary Nyuman lo definió del siguiente modo:

Nu-male:

Los nu-males son hombres (entendiendo el concepto «hombre» de forma muy vaga) carentes de amor propio y desprovistos de cualquier tipo de masculinidad. Personas que se lanzan a defender online a las mujeres para ganar puntos feministas creyendo que recibirán favores sexuales a cambio. Están un paso por encima del nice guy en la escala de los hombres beta.

Los nu-males con casi exclusivamente blancos (aunque existen algunas excepciones), ultraliberales, hipsters, utilizan gafas de montura gruesa y tienen una barba desagradable. Son sumisos pero abiertos (solo en el mundo online), veinteañeros o treintañeros, poseen todo tipo de sentimientos de culpa hacia sí mismos (culpabilidad blanca, masculina, etc…), son muy activos en las redes sociales y su apariencia física solo ofrece dos posibilidades: o son extremadamente delgados o tienen sobrepeso. Normalmente son pseudointelectuales que, en lugar de argumentar, optan por bloquear cualquier opinión contraria o cualquier crítica válida a fin de proteger sus frágiles egos. ¡Seamos nu-males juntos y nunca volveremos a mojar! ¡Toma esa patriarcado y masculinidad tóxica!

La solidificación del término provocó que una serie de simpáticos individuos decidiesen expandirlo a diferentes niveles en diversos rincones de internet. Algunos estudiaron el comportamiento de los nu-males para concluir que parecían posar ante las cámaras compartiendo un gesto etiquetado popularmente como «sonrisa nu-male», otros se dedicaron a idear packs de iniciación para la religión numalística, en los foros de culturismo se sintieron aliviados al esquivar la apariencia nu-male y varios intelectuales comenzaron a arrullar términos derivados con idénticas intenciones peyorativas: conceptos como el «soy boy» con el que se pretendía designar a los hombres más blandengues basándose en la creencia de que la soja contiene estrógenos que torpedean la masculinidad de los varones.

Según internet mientras los hombres saben hacer fotos a cosas, las mujeres las utilizan para lucirse y los nu-males para plantar su sonrisa de boca abierta en primer plano. Imagen: Know your meme.

Desde entonces, el vocablo «nu-male» se ha convertido en una palabra perfecta con la que identificar a cierto tipo de gilipollas poco diestro a la hora de elaborar un pensamiento propio. Especialmente si tenemos en cuenta la paradoja del nu-male.

La paradoja del nu-male

La paradoja del nu-male no reside en la propia palabra ni en las personas a las que se intenta señalar peyorativamente con ella, sino en todos aquellos que la enarbolan. Y por eso mismo «nu-male» se ha convertido en un vocablo ideal para localizar a gilipollas redomados: porque refleja perfectamente a quienes lo utilizan para denostar, gente que no es consciente de hasta qué punto están definiéndose con ella.

Esto se debe a que la propia concepción del término «nu-male» está elaborada desde el punto de vista de una persona que cree sinceramente que la única razón por la que un varón podría estar de acuerdo con una mujer sería para encamarse con ella («creyendo que recibirán favores sexuales a cambio»). Un supuesto hombre adulto con la percepción adolescente de que cualquier persona en este mundo tiene como meta fornicar por encima de todo, de que toda acción solamente puede entenderse como parte de un plan a largo plazo para que las damas hagan cola a la hora de bajarle la bragueta. Un razonamiento pubescente que ejerce de espejo fabuloso: el de los varones a medio hervir incapaces de ver a las mujeres como algo más que la funda del pene. Aquellos que dan por sentado que el resto de su género es tan palurdo como para pensar del mismo modo solo por compartir con ellos la posición de los genitales, llorones que en su cabeza han establecido una hermandad invisible por cojones y de cojones. La descripción del concepto «nu-male» revela además que sus ideólogos son gente muy poco ducha a la hora de defender ideas propias, hasta el punto de creer que solo tiene sentido hacerlo si existe una retribución personal («a pesar de ni siquiera recibir recompensa o beneficio personal alguno»).  Y también evidencia que sus creadores de ego van justitos a pesar de disparar a la entereza ajena («optan por bloquear cualquier opinión contraria o cualquier crítica válida a fin de proteger sus frágiles egos»), porque por lo general su único recurso para argumentar pasa por repetir con maneras borreguera frases (hechas por otros) del tipo «Toma un azucarillo, aliado».

Los usuarios de 4chan, Gary Nyuman, y todos los amigos de la extrema derecha que cacarean lo mucho que atufa a soja las manifestaciones feministas demuestran al utilizar como arma de asalto el término «nu-male» que tienen la misma visión del mundo de un adolescente plañidero que cree haber desenmascarado una verdad en un estereotipo estético aleatorio. Criaturillas convencidas de haber descubierto oro cuando en realidad su aportación al debate no va más allá de repetir como loros una palabra inventada o tomar como dogma una jerarquía de la masculinidad embozada en lo cerril: no hay una manera más cateta de intentar darle empaque a una gilipollez que asignándole las letras del alfabeto griego para que suene profesional y tan científicamente probado como ese caballero que solo necesita de una bata blanca para sonar fiable al sentenciar el tipo de detergente que elimina mejor la cal de tu lavadora.

Probablemente todo esto es fruto de una época extraña plagada de quejicas. Un ecosistema donde las biografías en las redes sociales que anuncian ser «políticamente incorrectas» resultan ser lo más previsible y conservador del mundo, donde los que se vanaglorian de «decir las cosas claras» en realidad intentan declarar «tengo un ventilador que salpica mierda y mira, no sé cómo se usa» y donde los defensores más guerrilleros de la supremacía masculina abandonan la causa cuando su madre les llama a la mesa y tienen que desconectarse del foro. Entretanto, en el The Mash Report de la BBC Two a Rachel Parris le bastaron treinta segundos para dinamitar de manera descojonante la cantinela de «Es que ahora cualquier cosa puede ser interpretada como acoso a las mujeres».

Rachel Parris is in da house. Imagen: BBC Two.

«Nu-male» como ocurrencia es un error maravilloso, uno que proyecta las carencias de quién lo enuncia evidenciando que es tan corto de miras como para creer que todo el mundo está cortado por el mismo molde. Es una de esas cosas que quizás debamos de agradecer, como ese «ni machismo ni feminismo» que delata que el orador no tiene ni puta idea de lo que es el «hembrismo» ni, por extensión, de lo que está hablando. Porque en el fondo la palabra «nu-male» es el equivalente a construir una pistola con el cañón apuntando hacia la persona que la empuña. Un fabuloso detector de gilipollas.

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1 comentario

  1. Que este “rumor de fondo” de la humanidad que siempre existió logre audio y video en la actualidad me parece hasta justo. Todos tienen derecho a exteriorizar sus pensamientos u ocurrencias lexicales. Y a veces son muy divertidas. Lo que me causa perplejidad es que ciertos políticos participen en esos debates ridículos. (Por acá anda todavía uno de ellos que popularizó la pizza “patatosa”, una ocurrencia verbal de una adolescente para definir la pizza con papas fritas usando la parte final de la cappricciosa). Estas redes sociales anárquicas, auto referenciales y lamentablemente influyentes son más que un rumor de fondo. Y a veces me causan inquietud. Con respecto a su frase “..creer que todo el mundo está cortado con el mismo molde…” permítame decirle que, en lo que a la moda se refiere, y sobre todo en el ámbito político, la frase sería “el mundo está cortado con el mismo molde”, ya que no hay personalidad pública que no use pantalón “bombilla”, zapatos negros y puntiagudos y chaqueta corta y estrecha también negra, y además tienen que ser jóvenes y en lo posible bellos. Usted me dirá que es la moda a la cual también yo me rendí en su oportunidad, pero ¡qué quiere que le diga! Talvez estemos atravesando demasiado rápido este universo y me estoy quedando atrás. Sin compartir para nada sus ideales políticos, a veces me vienen ganas de aplaudir a Iglesias, o Rufian que visten como quieren. Gracias por la lectura.

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