Sociedad

El cielo de los periodistas

Foto: Government Press Office (Israel) (CC BY-SA 3.0).

No voy a misa, ni me confieso. Mi religión se limita a creer que existe la gente buena y la gente mala y me gusta pensar que, al morirse, los buenos acaban en un lugar donde pueden hacer eternamente lo que más les gusta y lo malos, en otro muy lejos, condenados a dedicarse por los siglos de los siglos a todo lo que detestan. Como mi paisaje favorito del mundo es un periódico y yo soy buena-buena, espero terminar en el cielo de los periodistas.

Me lo imagino así.

Cada uno vive en una casa muy grande, con todos los familiares que echaba de menos, los que llegaron antes. Por las mañanas desayunamos algo muy parecido a los bufés de los hoteles —en el cielo, por supuesto, no se engorda— y luego nos vamos a trabajar —porque en el cielo de los periodistas se trabaja—.

Todos los días hacemos un periódico común, excelente, el mejor que se haya escrito. Se imprime en nuestras rotativas y lo reparten unos angelitos monísimos. También hay una edición digital, pero en el cielo somos más del papel de toda la vida. Porque nos gusta —somos unos románticos— y porque nos lo podemos permitir —todo el mundo allí arriba está suscrito—.

El periódico tiene distintas secciones. Hay noticias de la tierra, del cielo y del infierno, es decir, Internacional, Nacional y Sucesos. Hay entrevistas, reportajes, pasatiempos, y coronando las páginas de opinión, una viñeta de Forges.

El periodismo hace que cada día en el cielo sea distinto, como pasaba en la tierra. Hacemos muchas entrevistas, porque el cielo de los periodistas está lleno de gente inteligente, maravillosa e interesantísima a la que entrevistar. De todos los tiempos y de todas las disciplinas. A veces la mañana se te va preguntándole a Bogart si se enamoró de Bacall cuando ella le enseñó a silbar; o sentada con Neil Armstrong contándote a qué olía la luna. Otros días Quini te explica con pelos y señales cómo fue su secuestro y por qué decidió perdonar a sus secuestradores. Nos inflamos a dar exclusivas porque en el cielo de los periodistas la gente se anima a contar cosas que en la tierra no pudieron o no quisieron desvelar. Por ejemplo, Federico García Lorca, que escribe poemas en la contraportada de los domingos, contó en un número especial dónde estaba enterrado.

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3 comentarios

  1. Juan Fernando Alzate Aguilera

    Maravilloso. Simplemente maravilloso.

  2. Pingback: Ante la duda, Ramón Lobo – Impbeaumond

  3. Pingback: Ante la duda, Ramón Lobo | Opinión – Información Center

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