La salvaje protección: la Mafia en Sicilia

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El padrino: Parte II. Imagen: Paramount Pictures.

Una mañana de finales de mayo tres contratistas de la provincia de Palermo se encontraron con una sorpresa desagradable en sus coches de empresa: la cabeza sangrienta de un caballo.

Los tres habían estado intentando participar en la construcción de varios edificios en la ciudad, y por lo visto no habían estado hablando con la gente adecuada. Los empresarios, cabe suponer, captaron rápidamente el sutil mensaje transmitido mediante los pobres animales y empezaron a cooperar con quien estaba intentando atraer su atención de forma tan peculiar.

Esta historia podría parecer la inspiración de una de las escenas más célebres de El Padrino, pero no lo es. La noticia fue publicada en La Repubblica el 31 de mayo de 1991. Nadie había hecho algo parecido hasta entonces en Sicilia, pero los tipos duros locales quisieron impresionar a esos empresarios de la capital con algo que pudieran entender. La Mafia, esa organización criminal tan antigua como el Estado italiano, estuvo encantada de copiar las historias de ficción sobre sí misma con tal de agrandar su leyenda.

La lógica detrás de la Mafia

Distinguir la realidad de la leyenda, por tanto, debe ser el primer paso para entender la naturaleza de la Mafia. Los rituales, el código de honor, las desapariciones y asesinatos son parte de sus actividades, pero no son su actividad principal. Para entender la pervivencia de esta institución tan puramente siciliana (y de organizaciones similares en otras partes del mundo), capaz de sobrevivir en una sociedad durante décadas, es necesario comprender sus actividades más allá de la violencia.

Pero ¿qué es la Mafia exactamente? Si hacemos caso a los cientos de películas, novelas y series de televisión ambientadas en sus confines, la Mafia es una forma de crimen organizado que combina honor y brutalidad. Sus miembros se llaman a sí mismos «hombres de honor» y dicen seguir un código personal y normas que les distinguen de meros criminales. La organización tiene sus propios rituales, con ceremonias iniciáticas, códigos de comunicación, un lenguaje particular y una organización jerárquica. Salvo en muy contadas excepciones, ningún mafioso admitirá que la Mafia como tal existe, ni hablará de ella utilizando este nombre. Incluso hoy las autoridades italianas no están seguras de si la Cosa Nostra (como sus miembros se refieren al negocio) es realmente una organización o una confederación informal de matones, extorsionistas, traficantes y estafadores que utilizan una «marca comercial» casi mitológica.

Pues bien, según Diego Gambetta (1), un economista italiano afincado en Oxford que se ha dedicado a estudiar estos asuntos, la Mafia siciliana es una organización que tiene como actividad principal algo que puede sonar muy sencillo, casi trivial: la protección. La Mafia no se dedica a robar, extorsionar, traficar con tabaco, alcohol o drogas, a la prostitución o al juego ilegal. Su papel es ejercer de intermediarios, ofreciendo protección a una o ambas partes de una transacción, sea legal o ilegal, a cambio de dinero o favores.

Imaginemos el siguiente escenario. Un vendedor de coches usados en Agrigento se dispone a hacer una venta a un nuevo comprador. Estamos en el sur de Italia y el cliente quiere hacer la transacción en efectivo y evadir un par de impuestos, pero resulta que no tiene dinero encima y quiere probar el coche para asegurarse de que no le están colando un cacharro inservible. Ambas partes saben que en caso de surgir cualquier problema, conseguir el dinero o un coche en buenas condiciones no será un proceso sencillo: esto es Sicilia, y ni funcionarios ni jueces están por la labor de cobrar deudas o resolver disputas con celeridad. Además de que prefieren no meter a la autoridad por medio, por aquello de ahorrarse los impuestos. Si ambos quieren evitar riesgos, será hora de buscar a alguien que garantice la transacción de un modo u otro, protegiéndoles de un posible fraude. Ese alguien en Sicilia es la Mafia.

El papel de la Cosa Nostra es, en gran medida, una combinación de agente de ventas, policía de proximidad, compañía de seguros, juez de primera instancia y sistema penal, todo bajo el mismo techo. La Mafia ofrece a comerciantes, empresarios, vendedores ambulantes, tenderos y subasteros un servicio de seguridad que los protege del fraude, de clientes poco fiables, de malas materias primas, o incluso, en algún caso sonado, de la necesidad de pagar impuestos (en Sicilia durante años la agencia tributaria estaba privatizada, y adivinad quién controlaba esa empresa (2)). La Mafia hace todo esto a cambio de dinero o para entrar como socio en el negocio que está protegiendo.

La idea central de Gambetta es que la Mafia no es una organización malvada y terrible que se dedica solo a extorsionar y asesinar para ganar dinero. La Mafia, como institución, es en gran medida una organización que presta servicios a sus clientes, que ven una utilidad real en tener a alguien «de la familia» ofreciéndoles la seguridad jurídica que normalmente garantizaría el Estado. Para Gambetta, la Cosa Nostra es una criatura específica de lugares donde la aparición de los derechos de propiedad se combina con élites fragmentadas (no hay latifundistas que puedan imponer orden) y un Estado débil. Dado que la gente no puede depender de los tribunales o la policía, pero tampoco tienen recursos suficientes para protegerse en solitario, la Mafia aparece casi literalmente como una «empresa» dedicada a ofrecer protección. Una vez consolidada como un «estado alternativo» con su propio ordenamiento jurídico, la Mafia es también increíblemente difícil de combatir desde el mismo Estado.

Por supuesto, que la Cosa Nostra esté ofreciendo un servicio real a sus clientes y que estos prefieran acudir al mafioso local antes que a un abogado para resolver disputas no quiere decir que sea una organización benevolente. Ni mucho menos. Para empezar, dado que su capacidad para atraer clientes y mantener a todas las partes de cada transacción haciendo lo que deben depende en gran medida de su reputación como agente del orden, la Mafia se toma muy, muy en serio eso de proteger a sus clientes. La mejor manera de mantener esa reputación es siendo tan expeditivos como sea necesario y eso se traduce en violencia a menudo salvaje, pero nunca indiscriminada.

Lo curioso es que siendo como son una organización ilegal (y que por tanto no pueden poner anuncios en televisión) un asesinato resultón o una cabeza de caballo bien cortada es una forma bien vistosa de anunciar al mundo su presencia, a la vez que indican que son gente seria y no están para bromas. Los elaborados rituales de iniciación de nuevos miembros, el aura mítica de hombres de honor y los homicidios salvajes, en el fondo, no son más que formas de hacer publicidad. Son señales bien visibles para todos aquellos que necesitan protección. Por las mismas razones, los mafiosos sicilianos a menudo se dedican a organizar y pagar ricas procesiones a santos y vírgenes de su devoción, para publicitar su existencia y espíritu de servicio.

La Mafia y la extracción de rentas

La labor de la Mafia no se limita a pegar una paliza ocasional a tenderos maleducados que no pagan por mercancía a tiempo, o al escopetazo al pobre insensato que intente robar cobre en la obra equivocada. En muchos sectores de la economía la Cosa Nostra tiene interés en maximizar los beneficios de las empresas a las que protege, y trabajará activamente para evitar que surja ninguna clase de competencia.

Como hablamos de la Mafia, eso puede querer decir desde sabotear a empresarios de otras regiones cuando vienen a Sicilia, amenazarlos de forma sutil o aparatosa, convencer a todo aquel que tiene la brillante idea de ser agente de ventas en el mercado que realmente no quiere hacer todos esos trámites para una licencia o amañar concursos de obra pública, nombramientos de cargos municipales o contratos de limpieza. En aquellos sectores vulnerables a la «protección» (pocas empresas, fáciles de vigilar y difíciles de sacar de Sicilia) la Mafia trabajará muy duro para que los suyos prosperen, eliminando la competencia por las buenas o por las malas. Esto, no hace falta decirlo, es una buena noticia para los empresarios con contactos en la Cosa Nostra, y muy mala para el resto.

Curiosamente no es siempre mala noticia para los trabajadores de esas empresas: la Mafia también ha firmado acuerdos de protección con sindicatos y partidos de izquierda en algunas ocasiones. Esta protección podía traducirse en la creación de barreras a la entrada de trabajadores en algunos sectores (solo pueden trabajar aquellos que están («en la lista»), colaboración entusiasta para mantener huelgas (cualquiera hace de esquirol) o el apoyo tácito a políticos en elecciones locales, con la Mafia apoyando ocasionalmente al partido socialista (3).

En cualquiera de los casos, la existencia de la Mafia es uno de los motivos por los que la economía siciliana (o del sur de Italia en general —aunque en otras regiones del sur la mafia toma otros nombres—) parece estar siempre encallada en un atraso perpetuo. Aunque la Cosa Nostra sea un actor bienvenido por las partes como protector e intermediario, su existencia no tarda en convertirse en una losa para la sociedad en la que habita. El Estado de derecho es una organización imparcial, que arbitra disputas según reglas públicas iguales para todos. La Mafia, dada su naturaleza privada, oculta y sedienta de beneficios, actúa de forma opuesta.

Por añadido, si la Cosa Nostra tiene como principal ocupación ofrecer protección, la naturaleza del negocio que están protegiendo les es bastante indiferente. Esto quiere decir que del mismo modo que están dispuestos a asegurar que nadie rompa contratos de venta de pescado por un precio, también lo estarán protegiendo a aquellos que están traficando con armas, alcohol, drogas o juego ilegal. En lugares donde la Mafia es lo suficientemente poderosa, además, esta protección puede ser lo bastante fuerte como para enfrentarse y corromper las estructuras estatales del país que las alberga. A menudo la Cosa Nostra no se dedicará a gestionar estos negocios directamente (aunque la idea de que nunca han traficado con drogas es un mito), pero participarán como socios, llevándose parte de las ganancias.

La Mafia y la violencia

La naturaleza violenta de la Mafia además no se limita a su actividad delictiva; la propia estructura de la organización es siempre una fuente de problemas. La Cosa Nostra es en cierto modo un pseudo-Estado que aspira a alcanzar, y a menudo consigue, un monopolio efectivo de la violencia en el territorio o negocio que controla. Si la reputación de la organización es lo suficiente formidable, el propio temor a represalias puede hacer que no tenga que repartir tortazos a menudo. El problema, sin embargo, es que la descentralización, fragmentación y opacidad de la Cosa Nostra hacen que el monopolio de la violencia siempre sea frágil, y que cualquier señal de vulnerabilidad pueda hacer que otros mafiosos intenten competir activamente por ofrecer sus servicios a los clientes de una familia debilitada.

En el mundo de la Mafia, competir por clientes acostumbra a ser algo letal. Cuando dos empresas que venden protección compiten por demostrar quien tiene mejor producto no lo hacen ofreciendo descuentos, sino demostrando que su rival no es capaz de hacer lo que promete. La forma más sencilla de demostrar que tu mafioso no puede protegerte de la violencia y el caos es a menudo asesinándole de la forma más espectacular posible.

La Mafia no es realmente una organización monolítica, sino un cártel de empresas de seguridad que se mantienen a raya mutuamente a base de mantener su reputación de ser tipos duros. Cuando algo va mal, sea porque un capo acaba en la cárcel, alguien duerme con la mujer equivocada (parte del código de honor de la Mafia es no acostarse con la mujer de otro mafioso) o incluso por algo aleatorio como que un mercado de verduras se traslada a otro barrio de la ciudad, el equilibrio entre familias es puesto a prueba. Cuando el cambio deja a alguien demasiado fuerte o demasiado débil, no es extraño ver guerras, y en Sicilia estas pueden durar años y acumular cientos de muertos. La llamada Mattanza, la gran guerra de principios de los ochenta, duró como mínimo dos años (1981-1983) y superó el millar de homicidios.

El romanticismo de la Mafia, la imagen de criminales con honor que siguen un código, de hombres malditos y arrogantes que hacen lo que deben es, en gran medida, un mito. La Cosa Nostra es una organización criminal, despiadada y violenta, un parásito que ha asfixiado a la sociedad siciliana durante décadas. Esto no quiere decir, sin embargo, que sean criminales comunes, o simples chantajistas. Para bien o para mal, la Mafia ofrece un servicio a la comunidad. Y le saca todo lo que puede por ello.


1. Gambetta, D. (1996) The Sicilian Mafia. The Business of Protection. Harvard University Press. Cambridge, MA.

2. Nota: en 1984 el Gobierno italiano decidió recuperar la recaudación de impuestos, hasta entonces bajo el control de un contratista privado controlado por la Mafia. La recaudación cayó considerablemente. Los sicilianos tenían más miedo de la familia Salvo que del Gobierno italiano a la hora de pagar impuestos.

3. Nunca a los comunistas.

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2 comentarios

  1. Petar Naumoski

    “El Estado de derecho es una organización imparcial, que arbitra disputas según reglas públicas iguales para todos”

    LOL

  2. Siento mucha indignación cada vez que se habla de la mafia de un modo no condenatorio. Cada vez que se blanquea mostrando la racionalidad de su actos, y olvidando que son criminales. Cada vez que veo una camiseta de “El Padrino” (especialmente en las ventas a turistas en el sur de Italia). Supongo que algo parecido a si viese a los turistas europeos comprando camisetas sourvenir de ETA.

    La mafia, la siciliana y la calabresa especificamente, son un hibrido entre pueblerinos sectarios, ladrones y terroristas ( o como se quiera llamar a quien emplea la violencia y el terror deliberadamente)

    Lo mejor que he leido sobre ellos, es de alguien que se crió con ellos en Palermo, y fue asesinado por ellos como al año de publicarse el libro. Es una colección de entrevistas y textos de Giovanni Falcone, el juez al que volarían por los aires con media tonelada de TNT en la carretera entre Palermo y el aeropuerto.
    Se llama “Cosas de Cosa Nostra” y cubre, sin ninguna mitificación, desde los aspectos económicos hasta los códigos sociales, el lenguaje no verbal, el modo de conducir un interrogatorio, y concluye que es el Estado el que elimina a la mafia, reemplazandola. Cuando el estado se retira, la mafia ocupa su lugar.

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