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People of the same trade seldom meet together, even for merriment and diversion, but the conversation ends in a conspiracy against the public, or in some contrivance to raise prices.
(Adam Smith, La riqueza de las naciones, Libro I, Capítulo X)
Mercado. Libertad. Oferta. Demanda. Precio. Y trampas. Ponga usted a un grupo de empresarios del mismo sector en un reservado de un restaurante, en una discreta sala de reuniones de un hotel o en la barra de un bar y al cabo de un rato habrán estrechado sus manos, invisibles para el resto, en un pacto contra los ciudadanos que acabará (por lo general) en una mejora de su ganancia. Lo dijo el padre del pensamiento liberal. Lo dejó por escrito en su obra de cabecera. E insistió, por si alguien no lo había pillado: «El interés de los empresarios es siempre ensanchar el mercado y estrechar la competencia».
Hay una parte importante de la realidad que nos rodea con su apariencia de mercado y su promesa de libre elección y concurso limpio que tiene, o ha tenido durante un tiempo, truco. Encontrar el doble fondo, retirar la cortina, hallar la grieta por la que mirar quién está manoseando los resortes no es fácil. Pero el árbitro tiene un aliado. Hay unos ojos que todo lo ven. Un micrófono adosado donde ninguno de los que hacen trampas se lo espera. Un buen par de orejas que los persigue donde vayan por más veces que cambien el lugar de sus encuentros. Hay un hilo que siempre anda suelto y, si se tira, se deshace toda la cortina.
El 28 de febrero del año 2008, la Comisión Nacional de la Competencia española (hoy integrada en la CNMC) fumigó al empresariado tramposo con un virus letal: desconfianza. Se han cumplido ocho años del nacimiento en este país del Programa de Clemencia. Aquel día, a las 9:04 horas de la mañana, se abrió la veda para que pudieran denunciarse los unos a los otros. La recompensa por ser el primero en chivarse, siempre que se aporten las pruebas suficientes como para abrir un expediente y facilitar una inspección en las sedes de los implicados, es librarse por completo de la multa, que puede llegar al diez por ciento de los ingresos anuales. Llegar el segundo, si se añade información de valor, puede servir para reducirla entre un treinta y un cincuenta por ciento. El dinero los une y el dinero los separa.
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