¿Cuál es la mejor serie de antología de la televisión?

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Chicho Ibáñez Serrador nos ha dejado hace apenas una semana, pero su legado sigue vivo en los corazones de los televidentes más nobles y curtidos, aquellos que comenzaron bronceándose ante las tormentas de nieve catódica de televisiones de tubo y aterrizaron en la época actual quejándose de que no se hacen programas como los de antes. Porque Chicho fue un visionario a la hora de concebir en este país un tipo de programa que apelaba al valor más noble que pueden unir a cualquier familia: el de cagarse de miedo ante la tele. Sí, estamos hablando de alguien que envió a la selva a Nuria Roca para adelantarse a YouTube en lo de rellenar tardes a base de vídeos graciosos de animales, del director de circo que nos descubrió a ese monstruo de alma pura llamado Cañita Brava bajo las luces de un semáforo, y de una persona que hizo cantar y bailar a una calabaza mientras Kiko Ledgart, Mayra Gómez Kemp y Jordi Estadella barajaban tarjetitas. Pero su verdadero logro fue introducir en la parrilla española un formato de producción propia al que el público no estaba acostumbrado, la antología de terror, y lo hizo tirando de Historias para no dormir.

Después nos hemos tragado todo tipo de antologías con gusto, desde aquellas añejas que antecedieron a los miedos de Chicho (y a las que llegamos tarde) hasta las producciones actuales que bombean el combustible para sus fábulas de terrenos tan contemporáneos como internet y las tecnologías que la rodean. Entendiendo como «serie de antología televisiva» a todo aquel programa que presenta diferentes historias y personajes en cada capítulo o temporada, la encuesta de hoy va cargada de cuentos, historias hermanadas por un mismo título y realidades haciendo equilibrismos en el límite: ¿cuál es la mejor serie de antología de la historia de la televisión? Recordamos al lector que si su favorita no se encuentra entre las listadas lo mejor que puede hacer es hacérnoslo saber en los comentarios.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)


Historias para no dormir (1966-1982)

Es cierto que Chicho Ibáñez Serrador hacia un poco de trampa con algunos de los guiones de Historias para no dormir al agarrar relatos de Fredric Brown, Ray Bradbury o Edgar Allan Poe para adaptarlos (firmando con el seudónimo de Luis Peñafiel) sin contemplaciones. Porque cuando juegas con el material de los mejores ya tienes medio camino asfaltado. Pero también es verdad que lo histórico de Historias para no dormir fue deslizar una colección de fábulas terroríficas de calidad en la televisión de Franco, aquel lugar donde había señores muy serios dedicándose a censurar cualquier cosa moralmente reprobable según el criterio de sus sagradas pelotas. A pesar (o gracias a) lo oscuro de sus premisas, los episodios de Historias para no dormir encandilaron a la audiencia mientras Chicho aprovechaba para meter la zarpa en ellos al estilo de las grandes antologías extranjeras: presentando personalmente los episodios con prólogos metanarrativos que no se avergonzaban de imitar a Hitchcock. Tras dos temporadas sesenteras y un tardío (y escaso) retorno durante los ochenta, el propio creador intentó resucitar la serie sin éxito en un par de ocasiones. Hasta que, en 2005, un grupo de realizadores españoles con renombre (entre los que se encontraba el propio Chicho) rodaron seis Películas para no dormir. Lo mejor que salió de aquella última remesa fue una muy digna La habitación del niño firmada por Alex de la Iglesia y un Cuento de navidad donde Paco Plaza se adelantó en más de diez años al homenaje ochentero überreferencial de Stranger Things.


Alfred Hitchcock presenta (1955-1962, 1962-1965)

Durante los ratos libres que Hitchcock tenía entre filmar clásicos con mano virtuosa y perseguir a rubias con mano depravada, al hombre le dio tiempo para hacer historia en la televisión. La hornada original de Alfred Hitchcock presenta se compone de doscientos dieciséis episodios (una etapa en la CBS con capítulos de media hora y otra en la NBC con entregas de una hora donde el show se renombró a La hora de Alfred Hitchcock) de suspense y misterio, que tonteaban habitualmente con el terror, adornados con una de las entradillas más famosas de la pequeña pantalla y repletos de joyas que todavía resultan impactantes. Por poner un ejemplo, ojo al desenlace del episodio «Final escape» de la segunda temporada de La hora de Alfred Hitchcock.


Black Mirror (2011-2019)

Vale, aceptamos que su quinta temporada, que vino precedida por un Elige tu propia aventura experimental («Bandersnatch»), fue un bajón importante al estar compuesta por un par de episodios potables pero no notables («Striking Vipers» y «Smithereens») junto a un capítulo de Hannah Montana («Rachel, Jack and Ashley Too»). Pero si obviamos esta última tanda y recordamos que estamos hablando de una antología que arrancó con un primer ministro follándose a un cerdo en directo y, sobre todo, que la criatura de Charlie Brooker nos ha regalado episodios como «The Entire History of You», «White Christmas», «Shut Up and Dance» o «San Junipero», no es tan difícil reconocer que Black Mirror a lo mejor es la versión contemporánea más interesante de En los límites de la realidad. Aquella que ha logrado agarrar conceptos como el baneo, los linchamientos en Twitter, las valoraciones con estrellitas, los trolls de internet o los asistentes virtuales y convertirlos en relatos sombríos y retorcidos. Ahora lo que queda es esperar a que los futuros capítulos recuperen la misma mala baba que le chorreaba a los primeros.


Historias de la cripta (1989-1996)

La encantadora adaptación de los tebeos de EC Comics salpicó las pantallas a finales de los ochenta de la mejor manera. Con gore, sangre, desnudos gratuitos y un presentador (el Guardián de la Cripta) amigo de prologar cada relato entre guasas y (malos) chistes macabros. Cualquiera que se haya pasado tardes en el videoclub entre las estanterías de la sección de terror, revisando contraportadas de VHS para llevarse a casa aquella que tuviera la peor pinta, sabe dónde se encuentran los pilares del verdadero entretenimiento: en el látex protésico, la charcutería descarada, los monigotes animatrónicos, el kétchup y la mala hostia.


Channel Zero (2016-2018)

La idea detrás de Channel Zero es fantástica: en lugar de adaptar cuentos de terror populares o relatos de conocidos literatos del horror, a su creador (Nick Antosca) se le ocurrió pescar la material de la fuente más moderna posible: los creepypastas. Las versiones modernas y digitales de las leyendas urbanas, historias y rumorologías fantásticas, sangrientas y aterradoras nacidas en blogs, posts, foros y cualquier otro tipo de recovecos de internet. Antosca optó por agarrar historias efectivas pero no demasiado populares para el mainstream (nada de Slender Man o Momo) y el resultado se presentó exhibiendo una historia diferente por temporada y filmado con bastante mimo. La primera entrega («Candle Cove») fue digna aunque algo aletargada pero a partir de ahí la serie pilló vuelo. Lamentablemente, el show se canceló en 2019 tras cuatro temporadas que a lo mejor pasaron más de puntillas de lo que deberían pero, eh, tiene a un monstruo que  es un niño formado por dientes de otras personas y solo por eso ya merece la pena.


True Detective (2014-2019)

No solo de fantasía y terrores se alimentan las antologías. True Detective fue la serie con la que todo el mundo te dio la brasa en 2014, el Chernobyl del momento. Orquestada por el novelista Nic Pizzolatto, luciendo cabecera exquisita y encabezada por Woody Harrelson y un Matthew McConaughey con pinta de vivir en el motor del autobús que le ha atropellado, True Detective no tardó en ser encumbrada. La segunda temporada, liderada por Colin Farrell, Rachel McAdams y Vince Vaugh salió más pocha y amasó tantos amores como odios. Pero Pizzolatto se recuperó de la hostia a principios de año con una tercera temporada protagonizada por Mahershala Ali y Stephen Dorff que hizo que todos recuperasen la ilusión. Además de todo lo anterior, Alexandra Daddario mola lo que no está escrito.


El cuentacuentos (1987-1989)

La premisa de El cuentacuentos, fábulas clásicas de diversos folclores reinterpretadas por las marionetas de la factoría Jim Henson, hizo que los niños se arrimasen a la caja tonta esperando comerse algo así como Fraggle Rock 2: Electric Boogaloo. Pero en lugar de adorables criaturas de felpa con lo que los desprevenidos infantes se toparon fue con una colección de historias protagonizadas por criaturas malrolleras, tan oscuras como para degenerar en pesadillas. Y eso fue maravilloso. Por aquí lo tenemos claro desde hace algún tiempo: «El soldado y la muerte», la versión de Henson de un cuento ruso bastante jodido, fue el episodio que hizo que la infancia se asomase por primera vez al abismo. Y oye, ni tan mal hemos salido.


En los límites de la realidad (1959-1964)

El rey del cotarro o la antología por excelencia. The Twilight Zone, también conocida como En los límites de la realidad o La dimensión desconocida. Comandada por un trabajólico Rod Serling que ideaba, producía, presentaba y escribía (noventa y dos de los ciento cincuenta y pico capítulos de esta primera encarnación son guiones suyos) una colección de historias encantadas de chapotear en el fantástico, el horror o la ciencia ficción según les pintase. Parodiada una y mil veces, respetada y alabada con devoción. O el eterno ejemplo con el que comparar cualquier otra antología de género. Sus tres primeras temporadas son para enmarcar en oro y tanto la cuarta como la quinta siguen flotando por alturas inalcanzables incluso para aquellos revivals dentro de la misma franquicia que han seguido brotando incansables, desde los ochenta hasta ayer mismo. Su inmortal cabecera no es que fuera de otro mundo, sino directamente de otra dimensión.


Pesadillas (1995-1998)

Pesadillas adaptó la serie de libros de R. L. Stine de idéntico título y se convirtió en la versión aguada con limonada de las antologías de terror. Un horror suavizado para preadolescentes que jugaba con todas las cartas al descubierto del mismo modo en el que lo hacia las novelillas originales, aquellos libros que molaban más por las portadas que se iluminaban en la oscuridad que por lo que contenían dentro. Era tontorrona, pero para muchos fue su tontorrona y se la suele querer por defecto, por rellenar las tardes a la vera de la merienda.


El club de medianoche (1990-2000)


Pesadillas fue la tonta y su antecesora El club de medianoche fue la menos tonta. Seguimos en el terreno del terror teen, del susto-pero-tampoco tanto y de esas cosas a las que les has pillado cariño más por nostalgia que por otra cosa pero que suelen aparecer en los tops de antologías televisivas. Esta por lo menos venía con una tenebrosa intro inicial que ya acojonaba más que toda la obra de Stine junta. Y su título en inglés («Are You Afraid of the Dark?») resultaba mucho más evocador que la insipidez con la que sería bautizada por aquí.


Tales of the Unexpected (1979-1988)

Cuando los británicos se lanzaron a crear su propia versión de La dimensión desconocida lo hicieron con bastante menos presupuesto, pero con muchísimo estilo al fichar a una de las plumas más ingeniosas que han tenido en el país: Roald Dahl. Nueve temporadas que inicialmente adaptaron las historias cortas de Dahl, y que durante las tres primeras tuvieron al escritor como maestro de ceremonias como ya hicieran Serling o Hitchcock.


American Horror Story (2011-)

American Horror Story luce una imaginería estupenda, sabe aferrarse a las raíces comunes del mundo del horror (casas encantadas, manicomios, aquelarres de brujas y circos de freaks) aunque peca de inconsistente y sus propios fans recomiendan saltarse unas temporadas y devorar otras. Pero es difícil negar la tremenda influencia que ha ejercido sobre el formato antología: fue el show que instauró oficialmente la estrategia de presentar historias distintas en cada temporada, reseteándolo todo para sorpresa de los televidentes y haciendo bailar a los actores entre personajes diferentes con cada nueva trama. En el fondo, lo de que uno se pueda saltar la morralla esquivando por completo ciertas temporadas puede considerarse casi una ventaja.


Más allá del límite (1963-1965)

Aquí nos hicimos la picha un lío con el título por culpa de que The Twilight Zone se tradujo en ocasiones como En los límites de la realidad. Pero lo cierto es que Más allá del límite tenía poco de secuela de aquella y mucho de competencia. Ideada por Leslie Stevens, esta producción agarró el estilo Twilight y lo plantó en los terrenos de la ciencia ficción, atreviéndose por el camino a hacer cosas más oscuras, artísticas y arriesgadas que a las que estaba acostumbradas en la cadena ABC que lo alojaba. Salpicada de monster of the week, plot-twists y FX ocurrentes, Más allá del ímite se vino abajo a mitad de la temporada de 1965, poco después de que Stevens hiciese la maleta y se largase encabronado con los ejecutivos del canal, emperrados en virar hacia lo comercial en lugar de lo artístico. Incluso así, en su etapa más baja, la serie fue capaz de ofrecer cosas como «Demon With a Glass Hand» que los habitantes de los sesenta no solían experimentar en televisión.


Cuentos asombrosos (1985-1987)

A Steven Spielberg le dio por producir su propia The Twilight Zone y, para sorpresa de nadie, le salió una cosa muy spielbergiana, algo que en el fondo ya estaba bien. Con una banda de nombres conocidos detrás de las cámaras (Robert Zemeckis, Burt Reynolds, Clint Eastwood, Martin Scorsese, Danny DeVito o Joe Dante entre otros) y un repertorio de episodios de calidad muy variable pero con el encanto de unos efectos especiales y un tufo muy del rollo Amblin. Posee, eso sí, un capítulo redondo, uno con los monstruos perfectos.


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10 comentarios

  1. Juancho Talarga

    ¿True Detective?

    Mmmm, Fargo ha sido mucho mejor comparando las 3 temporadas de cada una.

  2. Siento ir en contra de la gran mayoría, pero creo q Chicho Ibáñez Serrador está muy sobrevalorado.
    El programa 1,2,3 no fue idea suya sino de Kiko legard q lo importó de latinoamericano. Chicho se limitó a modificarlo ligeramente. Después lo condimentó con 2 ideas básicas:humor y chicas de bien ver.
    En el humor no fue un descubridor de grandes talentos, muy al contrario, se nutrió del peor humor q se hacía en el país, el más zafio, el de Juanito navarro, sander, el dúo sacapuntas, Beatriz carvajal y su acento gallego, manolo rollo, arevalo etc. En cambio no llevó apenas a los realmente buenos como tip y coll, gila o martes y 13 (los llevó un par de veces, pero no continuó pq improvisan demasiado, vaya genio…). Alguien tan excepcionalnte buen mago y cómico como tamariz lo tuvo la mayor parte del tiempo como un simple tacañon
    En cuanto a su segundo pilar, las chicas, todo tenía un tufo machista con las secretarias luciendo pierna y aspecto tontito o directamente estilo Marlene mougou.
    Hizo una buena peli, «quien se a trace a matar a un niño?» y unas cuantas infumables.
    Por último la serie historias para no dormir está fusilada del formato de Hitchcock q es anterior a ella.
    En fin, alguien sobrevalorado q bebió de otras fuentes y se aprovechó de q sólo había 2 canales de televisión y por tanto cualquier cosa (véase la telenovela cristal) tenía 12 millones de espectadores.

    • nachob

      Dices que hizo una buena peli y unas cuantas infumables. teniendo en cuenta que solo hizo dos y la otra es «La residencia», que está muy bien, queda claro que no conoces la carrera de Chicho .
      ¿Cualquier cosa tenía 12 millones de espectadores en la TVE de los 70s? No te enteras mucho, no. Pero nada, que ahora hay que sentar cátedra criticando a los profesionales cuando mueren

      • No es una opinión para desprestigiar a un muerto, sin algo q lle o pensando años sobre su figura. En mi texto reconozco q la película quien puede matar a un niño es francamente buena, pero no se si has visto por ejemplo la culpa q rodó para televisión. Realmente mala.
        También me gustaría saber si contradices mi opinión sobre la copia del formato 1,2,3a kiko legar, su gusto por un humor casposo y el tufo machista con las azafatas. No he visto q te pronunciaras al respecto. Añado además su fama de mal humor y extrema exigencia con sus empleados por cierto.
        Y si, cristal tuvo 12 millones de espectadores y era terriblemente mala.

  3. Eso si, descubrió a cañita brava, lo q lo redime de todo

  4. Jose Luis

    Faltaron Monsters (1988-1991) y La Hora Macabra (1972-1973).

  5. de ventre

    my two cents (no son mejores que las expuestas, pero no estaban nada mal):

    – «historias del otro lado». serie española en plan «historias para no dormir». Había un episodio de una hora de Garci «mentos», que era fantástico en los dos sentidos.

    – «la mujer de tu vida». comedia madrileña en estado puro con historias distintas para cada episodio con el star system nacional de los 80 en estado de gracia por la espontaneidad de las historias.

    j

  6. Acabo de acordarme de que Telecinco emitió en su momento «las pesadillas de Freddy», intento de aprovechamiento del tirón del personaje que a mí me acojonaba (me pilló con 8-9 años la primera oeli cuando la echaron un sábado en Alucine -QUE BUENA ERA LA PROGRAMACIÓN-) pero que si te pones a verla era casi de chiste

  7. Charlsons

    De las que se emiten actualmente, recomiendo muchísimo » Inside No. 9″, antología británica de humor macabro totalmente adictiva. Este año se estrena la quinta temporada. Hay episodios que son joyas de la televisión.

  8. Que Channel Zero sea, hasta el momento, la menos votada, explica a las claras su cancelación. Pero ojo, no recuerdo una serie con una voz propia más marcada (y malrollera) que esta. Tampoco recuerdo caminos menos transitados que el de todas y cada una de sus temporadas. Una joya.

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