
Es normal que la selección francesa de Platini y la de Zidane, también la de Mbappé, ganasen campeonatos internacionales. A día de hoy, Francia es una selección irregular, tan pronto te gana un Mundial como pierde el siguiente contra Senegal en primera ronda y se va fuera. Sí, todo esto lo hemos visto, pero el hecho incuestionable es que desde los setenta fabrica portentos balompédicos como ningún país europeo, pese a que su campeonato liguero no refleja un nivel correspondiente en los torneos del Viejo Continente. Sin embargo, lo que no es normal es que la selección francesa de principios de los noventa, la que tenía como figura a Éric Cantona, no se llevase nada más que disgustos. Fue un fenómeno curioso, porque si la Francia de Cantona no ganó fue por una sencilla razón: por Cantona. Una especie de acertijo budista, pero muy fácil de resolver.
Era un cantamañanas. En 1988, Francia sub-21 ganó el campeonato europeo. Laurent Blanc fue nombrado jugador más valioso del torneo y el triunfo tuvo especial relevancia porque anunciaba la llegada de una nueva generación que podría sustituir a la de Platini, que, si bien había sido campeona de la Eurocopa 84 y tercera en el Mundial de México 86, ya empezaba a acumular fracasos por culpa, si se quiere, del comunismo. No fue a la Eurocopa 88 porque le pasaron por delante la Unión Soviética y Alemania Oriental en el grupo 3, perdió con las dos en casa. Idéntica situación a la que se produjo en la clasificación de Italia 90, donde los comunistas de Yugoslavia se impusieron en el grupo 5 y la selección de Escocia les superó por un punto; la Escocia de los noventa, posiblemente el combinado nacional de tíos más feos de la historia del fútbol. Véase álbum de Panini por si hay dudas.
En ese esperanzador triunfo del 88, sin embargo, Éric Cantona apuntó maneras de forma premonitoria. Fue protagonista tanto por sus goles como por un lance del juego muy popular en su carrera: no estuvo en la final porque le habían mandado a tomar por saco.
Éric era un joven con carácter. Nieto de un exiliado español de la Guerra Civil, recuerda su forma de ser a la de Luis Fernández, nacido en Tarifa pero emigrado a Francia con seis años cuando quedó huérfano. Ambos ásperos, duros y que no se han cortado nunca en decir lo que pensaban. Solo queda a juicio de la posteridad cuál de los dos fue más contradictorio, pero lo seguro es que ambos dieron sus primeras patadas al balón en una época complicada para la grandeur, cuando la selección de Francia era conocida como «la campeona mundial en amistosos». Desde los sesenta hasta Platini, Francia se arrastró por los terrenos de juego.
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Michael Laudrup no jugó la Eurocopa del 92. Sólo fue su hermano Brian.
«La Escocia de los noventa, posiblemente el combinado nacional de tíos más feos de la historia del fútbol. Véase álbum de Panini por si hay dudas». Qué gran verdad!! Ahí está el de la Euro 96.
God save the king Eric!
Luis Fernandez, defensa. Pues va a ser que no
Madre mía qué tocho…
Menos mal que este autor suele escribir muy bien. Aunque es absurdo que se sorprenda o parezca sorprenderse de que habiendo dado Francia tantos talentos futbolísticos, su campeonato nacional de Liga no tenga un nivel comparable al de los de España, Inglaterra, Italia o Alemania. Coño, pues porque los grandes equipos de estos países se llevan a las estrellas francesas, salvo que se las lleve el PSG