
Emite señales desde un planeta lejano del que, dicen, es un lugar tan vasto como extraño. Salvo en las mesetas nororientales, semeja una gran concavidad en cuyo interior corren ríos y se desploman cascadas. También hay lagos, pantanos, albuferas y, aunque cueste creerlo, auténticos mares bajo miles de dunas. En la superficie puede faltar el agua pero no el wifi, y no es difícil ver rifles automáticos en manos de hombres sin más vestimenta que un pigmento ritual. También hay mujeres que cubren su cuerpo con lodo para protegerse del sol, y otras que se sacuden el polvo de uranio de la ropa; el mismo que respiran. Las que faltan murieron antes de tiempo o, simplemente, huyeron. Llegar a toda esa gente, poner nombres y apellidos a los propietarios de anhelos y decepciones requiere de un viaje a través del espacio, y también del tiempo. Puede que sea esto último lo que ha vuelto gris el pelo de este millennial que anteayer estaba en Congo y acaba de aterrizar en Valencia. Lo hemos invitado a las jornadas organizadas conjuntamente por Jot Down y la Rambleta en las que reflexionamos sobre «el futuro que viene». Empezar con lo de que Xavier Aldekoa es catalán del 81, licenciado en Periodismo, corresponsal de La Vanguardia desde 2009, autor de tres libros y ganador de una extensa lista de galardones es una fórmula tan necesaria como carente de sentido cuando hablamos de alguien que se dice «reportero en África». La sala está a rebosar y observa a un hombre que espera paciente en su rincón del sofá. El tiempo pasará volando.
Antes de empezar, ¿quién es Javier Morales?
Aldekoa es el apellido de mi abuela vasca, con la que siempre he tenido una relación muy estrecha. Mi abuela materna, amama, como la llamo aún a sus noventa y cinco años, es de Areatza, un pueblecito en las faldas del Gorbea y es una mujer fuerte. Se quedó huérfana de madre muy pronto y, como mucha gente de su generación, pasó hambre durante la guerra pero salió adelante y años después emigró a Barcelona. Yo siempre le decía que quería ser periodista y ella me animaba, así que cuando entré como becario en La Vanguardia fue algo así como confirmar todas aquellas conversaciones o sueños compartidos. La casualidad, o la desgracia, hizo que pocos días antes de que firmara mi primer artículo en el diario, justo cuando estaba a punto de conseguirlo, o al menos aquello creía entonces que significaba conseguirlo, se quedó prácticamente ciega. Así que cambiarme el apellido no fue algo estético o ni siquiera pensado. El jefe de la sección de cultura me preguntó cómo quería firmar y me pareció algo bonito firmar con su apellido, que era lo único que ella podía ver con una lupa. Ese fue el motivo. Y así se quedó.
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Gran entrevista. Enhorabuena.
Siempre es un placer aprender sobre África por medio de Xavier Aldekoa. Leí su excelente ‘Océano África’ hace un par de años y creo recordar que la historia del delta del Níger la cuenta en ese libro. Ahora voy a empezar su ‘Hijos del Nilo’. También es recomendable ‘Tierra adentro’, del entrevistador, Karlos Zurutuza.
Campeón.
¡Gracias!