I Am Mother: una conveniente dosis de ciencia ficción

Publicado por
I Am Mother, 2019. Imagen. Netflix.

Siempre he sido aficionado a las películas de ciencia ficción cuya perspectiva narrativa es panorámica y grandilocuente: 2001, Encuentros en la tercera fase, La invasión de los ladrones de cuerpos, etc. Ya saben: el futuro de la humanidad está en juego, hay una amenaza oculta de gran magnitud, entran en acción militares y gobiernos; ese tipo de cosas. Durante la última década, sin embargo, algunas de las películas de ciencia ficción —también de terror— que más me han gustado se han caracterizado por tener justo un enfoque contrario: una historia de perspectiva reducida que afecta a unos pocos personajes, donde las grandes consecuencias para la humanidad ya han sucedido (cine postapocalíptico, cine distópico) o sencillamente no son tenidas en cuenta.

Este enfoque reducido suele acercar la ciencia ficción al drama de personajes, aunque puede hacerse de distintas maneras. Algunas de esas películas narran de manera convencional y con predominio de un drama bastante al uso: Ex Machina, Her, Moon; otras utilizan una presentación tan directa y una ambientación tan sencilla que el resultado es casi teatral: Man From Earth, Coherence. Las hay más conceptuales, que supeditan el drama a los símbolos y metáforas: Midnight Special, Annihilation, Monsters. O que ponen el concepto en primer plano incluso por delante de la propia estructura narrativa, como Under the Skin. Las películas de este tipo tienen en común la importancia de la faceta emocional de los personajes como motor de la narración, algo que la ciencia ficción acostumbraba a evitar. La ciencia ficción cinematográfica de los años cincuenta solía poner la faceta emocional detrás de la idea o del espectáculo, y pocas veces delante. Una faceta que la ciencia ficción de Kubrick dejaba de lado, véase 2001 o La naranja mecánica. La de Spielberg, siendo tan hitchcockiano él, utilizaba como anzuelo para involucrar al público en una narración cuyo marco, en realidad, se componía de conceptos más generales. Véase el atrezo familiar de Encuentros en la tercera fase (tan conseguido que la película es casi tan buena como drama que como ciencia ficción o suspense) o La guerra de los mundos (no tan conseguido, pero efectivo como parte del armazón).

La tendencia a la ciencia ficción de pocos personajes y motores emocionales es tan marcada, de hecho, que el cine de vocación más palomitera ha efectuado algún intento de aproximación. Piensen en The Arrival, adaptación de un relato intimista y sentimental, además de muy interesante (hay un componente grandilocuente en la película que no me molesta, ¡de ninguna manera!, pero que es un claro añadido hollywoodiense). Lo normal es que, con tantos millones de por medio, se prime el espectáculo y la aventura sobre el protagonismo de lo emocional, como en Gravity. En los peores casos, la película palomitera de turno termina naufragando debido a la necesidad de ceder a los tics propios de los guiones concebidos para acariciarle el lomo a un público masivo; véase Passengers, o cómo arruinar una premisa muy interesante por culpa de las concesiones a las expectativas argumentales del público general tal como las conciben los ejecutivos de los estudios. Un tema más peliagudo es algo como Interestellar; yo creo que su contenido emocional es artificioso y está inflado, pero mucha gente piensa que funciona de maravilla. Nunca he negado mis problemas con el cine de Nolan, que giran en buena parte en torno al tratamiento de los personajes humanos, así que caveat lector.

Las películas de ciencia ficción intimista me suelen funcionar muy bien porque están pensadas desde una idea o, dicho de otro modo, están pensadas para hacer pensar. Eso, y sigo hablando como espectador con un gusto subjetivo por este género, las rescata de sus posibles defectos artísticos. Eso es lo que sucede con I Am Mother; ¿Es una película perfecta? No. Pero si usted es aficionado a la ciencia ficción y a debatir sobre la temática de una película cuando la termina, está hecha a su medida. Pertenece, por temática y por el estilo narrativo, al grupo de las Moon, Ex Machina o Her. No trato de comparar la calidad entre ellas, porque Am I Mother es inferior a las tres mencionadas, pero eso no desmerece el visionado.

Vayamos con el argumento: una niña crece en un búnker tecnológico con la única compañía de una robot que la ha criado desde que era un bebé. No sabemos sus nombres; entre ellas se llaman Madre e Hija, y así es como las conoceremos durante el metraje. Aunque Madre es un amasijo de metal que no tiene rasgos humanos exceptuando su voz, Hija la ama sinceramente y mantiene con ella una relación no muy distinta de la que mantendría con una madre humana. La robot Madre le prepara la comida, la arropa por las noches y le lee cuentos para dormir. También le da clases y la educa desde un punto de vista disciplinario y moral, enseñándole lo que puede y no puede hacer. Hija abraza a Madre, le da la mano, o le pone cara de circunstancias cuando recibe una regañina. Es una niña normal, pese a las circunstancias en que ha crecido. Hija es la primera de una nueva generación de humanos; en el búnker hay miles de fetos esperando ser reactivados y convertidos en bebés con los que repoblar un mundo vacío. Hija fue uno de esos fetos y Madre está practicando con ella el difícil arte de criar y educar a una humana para, cuando se sienta preparada, empezar a criar a otros humanos. Hija lo sabe y aguarda pacientemente el momento en que Madre pueda darle hermanitos y hermanitas. La vemos crecer sola, pero con esa esperanza, hasta que se convierte en una adolescente que nunca ha pisado el exterior del búnker y que jamás ha interactuado con alguien que no sea Madre. Todo lo que sabe sobre el resto de la raza humana lo ha aprendido leyendo libros o contemplando viejas grabaciones de televisión; pasa los días viendo el programa de entrevistas de Johnny Carson, que la ayuda a familiarizarse con la conducta de sus extintos semejantes.

Todo cambia cuando un día, de repente, se presenta en la puerta del búnker una mujer humana en busca de socorro. Hija, que había crecido convencida de que era imposible sobrevivir en el exterior y de que no había otro ser humano en todo el planeta, se queda atónita. Y este es el núcleo del argumento: su visión del mundo empieza a cambiar desde ese mismo instante. Es imposible detallar más sin entrar en terreno de spoilers, pero digamos que los sucesivos giros argumentales, que habrá unos cuantos, bastarán para mantener el suspense y entretener al espectador. Eso sí, son lo de menos. Pertenece a ese supergénero que los anglosajones llaman coming-of-age, la transición hacia la edad adulta, el descubrimiento de que el mundo y la propia vida no son lo que solíamos creer durante la adolescencia. Aun así, cabe aclarar que I Am Mother no es una película «juvenil» y que ni siquiera tiene demasiados rasgos del subgénero postapocalíptico. Es ciencia ficción de corte bastante clásico.

I Am Mother, 2019. Imagen. Netflix.

I Am Mother se estrenó a principios de año en el festival Sundance, donde recibió una considerable cantidad de elogios que despertaron mi intriga. Las buenas críticas se han repetido ahora con su distribución internacional a través de Netflix. Si digo que los elogios me intrigaban es porque los críticos están bastante escamados con la ciencia ficción y en especial si procede precisamente de Netflix, cuyas producciones propias no siempre dan en la diana (por no hablar de la polémica que rodeó la táctica publicitaria en torno a The Cloverfield Paradox, anunciada por sorpresa en mitad de la retransmisión de la Super Bowl y vendida como una supuesta precuela de la saga Cloverfield). Supongo que en realidad cualquier aficionado a la ciencia ficción suele acercarse al género con precaución, porque es más frecuente llevarse una decepción que una alegría. Pues bien, en este caso hablamos de una de esas veces en que merece la pena el intento.

I Am Mother es una película en la que solo aparecen tres personajes, pero eso no implica que sea lenta o contemplativa. Incluso dudo de calificarla como «intimista», aunque lo sea en cuanto al retrato cercano y detallado de las emociones de Hija, la protagonista. La película únicamente tiene un ritmo lento al inicio, donde predomina ese intimismo casi costumbrista, pero después, aunque el foco nunca deja de estar en la evolución psicológica de Hija, hay bastante más acción y movimiento de lo que podría imaginarse. Dicho de otro modo: hay solo tres personajes y mucho drama emocional, pero también mucho suspense. No es una película aburrida.

Uno de los grandes alicientes de es que las tres actrices implicadas se han tomado su trabajo muy, muy en serio. A Hilary Swank ya la conocemos de sobra y es que es tan efectiva como cabría esperar de ella. Encarna a la mujer que aparece por sorpresa en el búnker, una superviviente cuyo estado mental es una combinación de miedo, paranoia y agresividad. Algo que se prestaba al estereotipo, pero que Swank consigue hacer más interesante de lo que parecía permitir el propio guion. Rose Byrne se encarga de ponerle voz al robot Madre. Lo cual es un reto porque tenemos una actriz a la que solo oímos; el robot Madre carece de elementos expresivos visuales y su voz ha de interactuar con dos actrices a quienes sí vemos en pantalla. Si algo no sale bien en este intercambio, la voz en off puede parecer artificiosa, «fuera» de la película, como si fuese un parche. Eso podría no tener importancia en un personaje secundario, pero Madre es un elemento fundamental del drama. En la película Her ya se enfrentaron a un dilema parecido: un sistema operativo tenía que enamorar a un hombre solo con la voz y, pese a lo inverosímil del asunto, la historia tenía que parecer creíble en pantalla. La cosa era tan difícil que, prácticamente con la película terminada, aún no lo habían conseguido. Tanto era así, que tuvieron que desechar el trabajo de voz de Samantha Morton y recurrir de urgencia a Scarlett Johansson quien, la verdad, arregló el asunto de manera admirable (no basta con tener una voz bonita, hay que saber cómo integrarla en la acción, y ella lo hizo perfectamente). Esto demuestra lo difícil que es conseguir que un personaje principal se exprese solo con la voz. Pues bien, Rose Byrne también hace un trabajo admirable y consigue que la voz de Madre mantenga una muy particular manera de hablar que bascula entre el cariño maternal por un lado y la formalidad computerizada por otro. En ese sentido, el trabajo de Rose Byrne no parece artificioso ni por un momento. De hecho, hasta he sentido curiosidad por saber cómo sería Her con la voz de Byrne.

Con todo, quien reina en I Am Mother y quien de verdad consigue que la película termine siendo mejor de lo que hubiese sido con una actriz protagonista menos brillante es la danesa Clara Rugaard, que interpreta a Hija. Apunten el nombre porque Clara Rugaard podría terminar convirtiéndose en una estrella. O mucho me equivoco, o acaba de poner la primera piedra de una posible carrera en Hollywood. Rugaard se pone casi todo el peso de la película sobre las espaldas y defiende su personaje con una naturalidad pasmosa. Es innegable que el debutante director australiano Grant Sputore y el guionista Michael Lloyd Green (que no es debutante, pero casi) han hecho un buen trabajo, pero es imposible imaginar que la película hubiese tan efectiva sin esta actriz danesa al frente. Es sorprendente la variedad y el rango de matices que aporta a su personaje. Me recuerda a la jovencísima Carrie Fisher en La guerra de las galaxias; con una edad similar, Fisher derrochaba personalidad y presencia, algo que va más allá de la mera interpretación. Clara Rugaard produce la misma impresión y es el mecanismo clave que hace que I Am Mother se sobreponga a sus posibles carencias. Que alguien le dé otro papel protagonista.

Es verdad que la película es ambiciosa y abre muchas posibilidades que después no siempre aprovecha, pero lo importante es que tampoco arruina los conceptos con decisiones palmariamente estúpidas en el desarrollo del argumento. No es Passengers. Y da bastante que pensar porque no toda la información es comunicada de manera explícita y el tema tratado, aunque no haya sido explorado con total profundidad, da para reflexionar. Sobre todo para quien disfrute analizando este tipo de conceptos más allá de los minutos de metraje. No digo que vaya a ser la película del año, pero si le gusta a usted este tipo de ciencia ficción con tendencia dramática, no hace falta que le diga que no hay muchas oportunidades para disfrutar con este tipo de historia sin sentirse decepcionado (sí, estoy pensando en IO). Bien escrita, buenos medios, magníficamente interpretada. El chute regular que necesitamos los adictos a la ciencia ficción.

I Am Mother, 2019. Imagen. Netflix.

MENSUAL

3mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL

30año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL + FILMIN

85año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

8 comentarios

      Comentar

      Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

      Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.