Sociedad

Ensayo sobre la ceguera

img220 e1563789644154
Kinsasa, Zaire (hoy República Democrática del Congo), 1980. Fotografía: Getty.

Somos ciegos. En una región cualquiera de África, Medio Oriente o Asia desfilan ante nosotros cientos de códigos y avisos que no podemos ver. Cualquier analista, activista, trabajador humanitario o —sobre todo y por la parte que me toca— periodista debería tenerlo en mente cada vez que visite alguno de estos lugares: somos ciegos.   

Hay decenas de señales que hablan sobre la posición económica y social de cada persona que nos cruzamos en esos lugares predilectos para reporteros y demás curiosos. Los locales las distinguen como carteles de neón. Nosotros no vemos nada.  

Ni siquiera vemos quién es quién. Caminando por cualquier zona de África no se distingue una sola etnia. Son todos más o menos iguales. Ellos se diferencian perfectamente. Un kissi sabe quién es limba en Sierra Leona tan bien como un hausa sabe quién es yoruba en Nigeria o un tutsi quién es hutu en Ruanda. Y en esta distinción, ajena e invisible para el visitante que camina distraído por una calle o una aldea, se dirimen comportamientos y formas de relacionarse. Es imposible darse cuenta de que el tutsi le habla de forma maleducada al hutu en un restaurante. O que el luhya ha cambiado de idioma cuando habla con el akamba en Kenia porque se hablan decenas de idiomas. Cada etnia tiene el suyo e incluso dentro de las lenguas étnicas hay dialectos según los clanes. Porque esa es otra: las estructuras sociales de los países africanos —y también de los árabes— son complejos puzles que ni vemos a pesar de tenerlos delante.

Estas sociedades en las que nos movemos creyendo haber logrado entrar se subdividen en clanes con lazos familiares. En África hay clanes que tienen su propio idioma. Y sus propios códigos. Y sus líderes. Estos líderes son la autoridad en las zonas donde habite el clan, ya sea una aldea, varias, o un pueblo, o varios, o un barrio, o varios. Son estos líderes los que hacen y deshacen, ayudan o castigan. Aunque uno vaya por ahí creyendo que la policía es la autoridad. Toda esa jerarquía social atomizada, que parte de núcleos familiares y se extiende en círculos por toda la sociedad del país, es invisible para el visitante como las ondas del wifi que le atraviesan a uno el cuerpo sin que se inmute.  

Es imposible, como visitante, darse cuenta de que todo tiene una lógica social. Es el líder del clan quien autoriza que alguien emprenda un negocio o alquile una casa o una cabaña. O quien imparte justicia si hay una disputa. Y se relacionan con otros líderes de otros clanes de la misma etnia y deciden cómo son las relaciones con otras etnias, y todos ellos juntos forman segmentos sociales en Kenia, Líbano o Gambia. Y estos segmentos sociales alcanzan diferentes niveles de poder, como alcaldes, diputados o candidatos al Gobierno. Pero los votos que recibirán nada tienen que ver con política, que es lo que vemos desde fuera, sino con el origen de toda esta escalada: depende de a qué clan o etnia pertenece el candidato. Ese es el criterio único que mueve al votante. Y es que la palabra clan nos lleva a imaginar tribus o aldeas. No. También los abogados, jueces, políticos, empresarios o policías pertenecen a clanes. Todos saben con quién y cómo están conectados. Y esas conexiones invisibles mueven el país.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

7 comentarios

  1. Muy interesante

  2. Excelente. Me ha encantado. Yo como español que he vivido en Latinoamerica me resulta también muy familiar todo lo que dice el artículo. La descripción y consecuencias del etnocentrismo están descritas maravillosamente. La parte final de como somos ciegos a la verdadera magnitud del sufrimiento global, me parece excepcional. Enhorabuena

  3. Somos ciegos. Somos algo en el que algunos apoyan su discurso. Gran artículo, Nacho.

  4. Al substantivo «etnocentrismo» agregaría el adjetivo «masculino», siempre, como también a las estructuras de poder en cualquier otra realidad política o social. Viris (delenda) est.

  5. Marco Atilio

    El ser humano es complejo. El egocentrismo es nuestra seña de identidad. La humanidad es una especie fallida en el universo. Hacemos daño a nuestros congéneres por el simple «placer de hacerlo». Claro que estamos ciegos, aunque mejor diría que no queremos ver. Hay culturas que no han evolucionado, probablemente porque no les han dado la oportunidad de hacerlo.
    Sigo reiterando que la raza humana es una especie fallida por su gran imperfección. El planeta hubiera agradecido que nosotros los humanos nunca hubiéramos existido… el planeta y las demás especies.

  6. Pingback: Casuísticas de un oprobio biológico: | Physiological Man

  7. Sucede a todo nivel. Al entrar a una escuela o a un trabajo, al conocer a la familia de tu cónyuge o al cambiarse de barrio. Es solo una inmensa diferencia de grado.

    «¿Acaso a un chií de Líbano se le ocurriría votar a un suní para la presidencia?» <- No, porque la constitución establece que el presidente siempre tiene que ser un cristiano maronita. Pero se entiende la idea.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*