Eros Ocio y Vicio

Crónica del primer libro porno

I Modi (detalle). La segunda edición, publicada en 1527, estaba acompañada de sonetos escritos por Pietro Aretino. Las ilustraciones originales fueron copiadas probablemente por Agostino Carracci, que es la versión que sobrevive.

Roma volvía a ser Roma, con las tabernas otra vez abiertas tras una larga prohibición, y el alcohol y la prostitución permitidos de nuevo. También los pasquines, poemas anónimos, volvían a colgarse en las estatuas parlantes. Sus noticias, inventadas o reales, sobre cardenales y obispos, alimentaban rumores en los mentideros. Y en este renovado clima de tolerancia, alguien pensó que podría publicar el primer libro porno ilustrado en las mismas narices del papa. 

Vamos a follar, a follar deprisa, amor mío,
que todos para follar hemos nacido,
que si tú adoras la verga, yo amo el higo,
y sin esto el mundo al carajo hubiera ido.

La gestación de la obra tuvo mucho que ver con las prohibiciones del papa Adriano, un germano escasamente comprensivo con el Renacimiento. Apenas llegó a Roma a ocupar su sede quiso quemar todas las estatuas de la Antigüedad, que veía por primera vez, por su indecente desnudez. Mandó también que se rasparan los frescos pintados por Miguel Ángel en la Capillla Sixtina. De paso cerró las tabernas, expulsó a las putas y prohibió el vino. Y por último, pero no menos importante para la aparición del primer libro porno ilustrado, dictó una orden de arresto contra todos los escritores que se hubieran burlado de los cardenales y obispos de la Iglesia, y ordenó cancelar todos los encargos artísticos en curso.

Estas disposiciones dejaron en el paro al poeta Pietro Aretino, miembro de la Secretaría Vaticana, y al pintor Giulio Romano, encargado de terminar las obras de su fallecido maestro, Rafael de Urbino. Durante un año, y hasta la muerte de Adriano, conocieron las estreches económicas y el exilio. 

—Y si mi coño no te place, cambia el sitio
que quien no es bujarrón tampoco es hombre.  

La convocatoria de un nuevo cónclave para elegir papa trajo de vuelta a Aretino a Roma. Venía llamado por el cardenal Médici, cuyo criado informaba al poeta diariamente, y de forma secreta, sobre los candidatos que más votos habían recibido. Diligente, Aretino escribía un pasquín contra cada uno de ellos, atribuyéndoles vicios sexuales o escándalos de corrupción. Pronto sus difamaciones, colgadas en las estatuas parlantes, eran conocidas en toda Roma. Y cuando alcanzaban el interior de la Sixtina, los electores retiraban el voto a los candidatos del día anterior, a los que ahora ya no consideraban dignos del cargo de papa. 

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3 comentarios

  1. Lo de la edición «vertida» al castellano ha sido una guinda magnífica. Muy interesante artículo

  2. Gran artículo, me ha puesto el rabo más gordo que un zepelín! Sin duda nunca ha sido fácil escribir en este mundo donde los imbéciles y los malvados acaparan tanto poder

  3. Con la premisa de que en materia de extensión gráfica nada hubiera cambiado, este excelente artículo de divulgación habría sido aún más interesante si hubiese sido acompañado, además de con las libres traducciones, con los versos originales y sus rimas. De cualquier manera iluminante narración de una época que, si era «buia» (oscura) nada podía hacer de frente a la creatividad e impertencia de la plebe. Muchas gracias por la lectura.

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