Arte y Letras Historia

La edad de oro del periodismo

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Ilustración: Tau Diseño.

Me llama mucho la atención la constante insistencia de ciertos profetas en el inminente ocaso del periodismo. Supongo que se trata de una catástrofe atractiva. De un desastre morboso. «Se acerca el fin del periodismo», leo a menudo. Suena a uno de esos augurios terribles y estupendos que a los seres humanos, siempre ávidos de melodrama, tanto nos gusta anunciar. Como si hubiese algo placentero en sentarse en una butaca a contemplar la calamidad. Será triste pero será entretenido, pensarán muchos. Me recuerda a una frase magnífica que el bueno de Alfred le dice a Bruce Wayne en El caballero oscuro: «Algunos hombres solo quieren ver el mundo arder». Una enseñanza precisa como una bola de demolición.

Pero lo que más despierta mi interés de todo este asunto del fin del periodismo es determinar a qué se refieren exactamente con el «fin del periodismo». Ya que si se trata de constatar el declive comercial de la prensa en papel, la sinécdoque resulta excesiva: podrá ser el fin de los periódicos, pero la desaparición de la parte no tiene por qué significar la desaparición del todo. Otra opción es que se refieran al fin de la profesión o de la industria, pero la proliferación de medios digitales —aunque su rentabilidad, por lo general, no sea muy alta— parece indicar lo contrario. También es posible que lo que se intente subrayar sea, precisamente, la decadencia de los medios tradicionales durante la era informática, sin embargo, tampoco en ese caso estaríamos ante el fin del periodismo, sino más bien ante el fin de un determinado modelo de mercado.

Quién sabe. A lo mejor se refieren al periodismo de calidad. A lo mejor, al periodismo por cuenta ajena. La realidad es que mientras los seres humanos vivan en sociedad, y por consiguiente quieran estar informados de todo lo que en ella suceda, habrá periodismo. Y si Chesterton tenía razón —que la tenía— y el periodismo consiste esencialmente en decir, si consiste esencialmente en contar, entonces también habrá medios de comunicación. Canales e instrumentos de información pública como los que ha habido siempre. Incluso antes de lo que habitualmente se cree.

Porque es muy común —y hasta coherente, si me apuran— afirmar que la prensa surgió con la invención de la imprenta. Suelen asociarse los inicios del periodismo con ese hecho histórico, en pleno Renacimiento. Al fin y al cabo, Gutenberg diseña el sistema que da origen a la tipografía moderna a mediados del siglo XV y el Mercurius Gallo-Belgicus, teóricamente el primer periódico de la historia, comenzó a ser impreso en Alemania por Michael ab Isselt a finales del XVI. Pero lo que muchos olvidan es que antes de todo eso, antes que los incunables y antes que la imprenta e incluso antes que la propia Edad Media, ya existían los medios de comunicación. Ya existía la prensa. Ya existía el periodismo. Porque ese oficio que consiste en contar lo que está sucediendo, que consiste esencialmente en decir, en realidad se inventó en Roma. Dónde se iba a inventar si no.

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3 comentarios

  1. Si alimentarse es el primer instinto humano y el segundo reproducirse, (o al revés?) la curiosidad tendría que ser el tercero. Larga vida al periodismo matizado con Historia como este, curiosidad que está a la base de todas las manifestaciones humanas. Excelente lectura. Gracias

  2. Pingback: Clube de Jornalistas » A idade de ouro do jornalismo

  3. Pingback: Pasado, presente y futuro del Periodismo – Periodismo Político y Opinión Pública

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