Generación Reacción: de Japón a «2 Girls 1 Cup»

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Padre de familia. Imagen: Fox.

Esos vídeos que vemos en la pantalla, de gente reaccionando a vídeos que contemplan en otra pantalla, contienen la esencia de internet […] Los vídeos de reacciones ante 2 Girls 1 Cup permitían al público vivir la experiencia de observar aquel vídeo, pero sin tener que enfrentarse a ello directamente. Como Perseo mirando a Medusa a través del reflejo de su escudo.

Sam Anderson, New York Times Magazine.

Waipu

El tema que vamos a tratar tuvo un precedente, como suele ocurrir con todo aquello que es raro o retorcido hasta cierto punto, en Japón. Y, más concretamente, en el terreno de la televisión japonesa, ese ecosistema salvaje donde uno puede tropezarse tanto con Takeshi Kitano defendiendo un castillo como con un concurso de dudosa moralidad donde los participantes tratan de no desafinar en un karaoke mientras son estimulados sexualmente hasta alcanzar el orgasmo. En aquellos terrenos catódicos y caóticos, a principios de los ochenta y mucho antes de ese Humor amarillo o de las competiciones de canto a ritmo de zambomba, se estrenó un programa titulado ¡Lo tengo! El mundo (なるほど!ザ・ワールド) Un concurso donde diferentes celebridades japonesas se enfrentaban a preguntas variadas sobre lugares exóticos alrededor del mundo. Sucedió que, al rodar el programa, sus responsables no tardaron en descubrir que los invitados famosos reaccionaban de manera llamativa ante lo que ocurría en el plató, incluso cuando las cámaras ni siquiera les estaban enfocando. Por eso mismo, con la idea de exprimir la presencia de los convidados hasta donde fuese posible, optaron por dejar los micrófonos de dichas estrellas encendidos en todo momento. Para que el público pudiese escucharlos reír, quejarse, opinar o sorprenderse a lo largo del programa, un recurso que sería el equivalente oriental a aquellas risas enlatadas que buscaban conectar con la audiencia.

La ocurrencia funcionó con suficiente éxito como para que los productores decidiesen llevarla más allá al instaurar el modelo «waipu»: una pequeña ventanita, incrustada en una esquina de la pantalla, en la que se mostraba en todo momento la cara del famoso, para que nadie se perdiera sus reacciones a lo largo del show. Aquella ocurrencia, la pantalla dentro de la pantalla, le hizo bastante gracia a la audiencia y no tardaría en ser imitada por otros programas del país, con tanto éxito como para que la cámara waipu haya sobrevivido hasta nuestros días como un acompañante habitual  en ese tipo de entretenimientos televisivos japoneses. Porque la idea sobre la que se construyó esa cámara de reacción era simple, pero funcionaba estupendamente: sentir empatía con el personaje que participaba en el evento, contagiarse y compartir sus emociones.

¡Lo tengo! El mundo (Nahurodo! The world). Imagen: Fuji television network.

Nintendo y Linda Blair

26 de marzo de 2006, una persona encuentra una cinta de vídeo casera que contiene la grabación de un niño reaccionando de manera escandalosa y excesiva al descubrir una consola Nintendo 64 entre los regalos navideños de Papá Noel. El documento es anecdótico, pero tan divertido como para que su dueño, el usuario raw64life, decida subirlo a YouTube y titularlo con un muy conveniente «Nintendo Sixty-FOOOOOOOOOOUR». Aquel minuto y seis segundos de desmesurada pasión lúdico-consumista infantil no tardaron en hacerse virales y comenzar a acumular centenares de visitas con rapidez. En la secuencia, el chavalillo pegaba berridos y parloteaba sobre asaltar la sección de juegos de los videoclubs. Y al otro lado de la pantalla, un montón de usuarios se reían reconociendo en aquel mocoso en pijama una pasión infantil que no les era del todo ajena. La reacción del niño era graciosa por sí misma, pero al mismo tiempo aquel chico podría haber sido cualquiera de nosotros en la infancia ante alguna situación concreta, frente a algo que nos flipase tanto como aquellos 64 bits que entusiasmaban al protagonista. El vídeo que contiene el fantástico fervor del crío acumula en la actualidad más de veintidós millones de visualizaciones.

Scary Maze Game fue una pequeña broma en forma de falso juego fabricado por un tal Jeremy Winterrowd hace más de quince años. Un programa donde se retaba al usuario a demostrar buen pulso controlando un cuadradito que debía avanzar entre una serie de laberintos sin rozar las paredes. Pero aquello tenía truco, y era mucho menos inocente de lo que parecía: en el tercer nivel, cuando los pasillos del recorrido se estrechaban  de manera notable y forzaban al jugador a concentrarse mucho más en la pantalla, la jeta de Linda Blair caracterizada como la niña de El exorcista aparecía de sopetón en el monitor acompañada de un escandaloso berrido. Una jugarreta vil que provocaba sobresalto en la mayoría de los espectadores. En mayo de 2006, a un desalmado usuario de YouTube apodado CantWeAllJusGetAlong se le ocurrió filmar a un niño mientras jugaba a Scary Maze Game, registrando para siempre cómo la pobre criatura se llevaba el susto de su vida y logrando que el vídeo de la agradable chanza haya sido visto más de veintisiete millones de veces desde que lo subió a su canal. Lo peor de todo es que, siguiendo su ejemplo, más de medio millón de personas colocaron a sus seres queridos/enemigos/hijos/conocidos ante Scary Maze Game para grabarlos y colgar posteriormente sus reacciones en internet. 

Esta agradable estampa en baja resolución de la chiquilla de El exorcista era el inesperado enemigo final de Scary Maze Game. Imagen: Warner Bros.

Se fraguó de este modo una demanda de un tipo de producto que nadie había considerado que fuese necesario: los vídeos de reacción. El entretenimiento de ver en una pantalla cómo otras personas actúan de manera exagerada ante situaciones diversas o al contemplar eventos en otras pantallas. Algo así como el waipu japonés combinado con ese niño extremadamente entusiasta abriendo los regalos de navidad. Resultaba raro, pero todo esto acababa de empezar y lo peor todavía venía en camino, porque un par de chicas con una copa, pocos escrúpulos y un envidiable tránsito intestinal estaban a punto de presentarse en sociedad. Y lo que viene a continuación (spoiler) no va a ser agradable.

Dos chicas y una copa

2 Girls 1 Cup es el título de uno de los vídeos más asquerosos que han alcanzado popularidad mainstream. Aunque en realidad, ni se trata del vídeo más sucio del mundo digital ni del más extremo. Porque los abismos de la red esconden cosas muchísimo más jodidas, y los primeros años de internet ya anestesiaron a millones de usuarios a base de salpicar de tanto en tanto los chats, los foros y los grupos de noticias con colecciones espeluznantes de imágenes desagradables, desde cualquier tipo de perversión sexual posible hasta insoportables festivales de casquería y gore real, shock value que se dice, la idea de epatar con lo extremo.

Quien a estas alturas no haya visto 2 Girls 1 Cup probablemente no quiera, desee, ni necesite verlo. Y quienes se asomaron al vídeo en su momento de seguro lamentan en la actualidad que la mente humana no tenga un botón disponible para resetear ciertos recuerdos como si esto fuese Black Mirror. Porque 2 Girls 1 Cup es una de esas ocasiones en donde la ignorancia es el mejor aliado posible. El clip es una marranada escatológica que arranca con dos chavalas montándoselo entre ellas hasta que, de golpe y marcándose el plot twist más demencial de todo el cine reciente, una decide defecar en una copa y a partir de ahí todo va cuesta abajo de la peor manera posible, a base de coprofagia y regurgitaciones, mientras de fondo se escucha el piano del tema «Lover’s Theme» del compositor francés Hervé Roy. 2 Girls 1 Cup daba asco, y lo más espantoso de todo es que dicho clip era tan solo el tráiler de una película porno escatológica más extensa titulada Hungry Bitches (Zorras hambrientas, para que nos entendamos). Una creación del realizador brasileño Marco Antônio Fiorito, alguien que se definía a sí mismo como «artista» y también como «fetichista compulsivo». 

Fiorito comenzó en el cine porno filmándose a sí mismo junto a su mujer en peliculillas centradas en la podofilia, el fetichismo de pies. Producciones que inicialmente vendía de manera amateur a través de anuncios en los periódicos de Sao Paulo y que más adelante comenzó a comercializar por internet con relativo éxito. En algún momento, Fiorito decidió que el siguiente paso lógico, para alguien que consideraba ARTE el grabar a gente haciendo pajas con los pies, era zambullirse hasta el fondo en la coprofagia, y se lanzó a elaborar material muy centrado en dicha temática. Pero el asunto le trajo más marrones (je) de los esperados, y a alguno de sus distribuidores asociados les tocó pagar multas y cumplir penas en los Estados Unidos por lo obsceno de las películas. En las declaraciones oficiales de Fiorito ante aquellos barullos legales, el hombre se defendía asegurando que en su cine utilizaba chocolate para simular heces y que no tenía ni idea de que vender su producto en USA se consideraba ilegal, «De haberlo sabido no lo hubiese hecho, porque el dinero no es la razón principal por la que hago estas películas», apuntaba en sus declaraciones oficiales.

La única forma de ilustrar el párrafo anterior sin que nadie salga herido es hacerlo con una imagen que no tenga nada que ver con el tema en cuestión ¡Mirad que gatitos tan encantadores! Imagen: Romana Klee.

Llegados a este punto, es necesario señalar que esta redacción somos bastante abiertos de miras, celebramos con alegría hobbies como el dejar que los pulpos hagan ventosa en la pepita y nos parecen maravillosos los desfiles de fetichismos. Pero aun así tenemos claro dónde dibujamos la línea roja: en la caca. Y aquí no hay demasiadas discusiones posibles, porque cuando la gente comienza a considerar que la repostería es compatible con el relleno de los esfínteres lo mejor no es bajarse del tren, sino saltar de él en marcha, rodar colina abajo y echar a correr sin echar la vista atrás por miedo a convertirse en estatua de sal. Y porque lo que nos importa de 2 Girls 1 Cup no es el vídeo en sí, sino el fenómeno que se construyó a su alrededor.

Recuento de daños

Sam Anderson, un redactor de The New York times analizaría las consecuencias del fenómeno de 2 Girls 1 Cup de la manera más certera posible: «El vídeo era tan asqueroso, tan culpable de violar los tabúes básicos de los mamíferos, como para formar un tipo de cisma psicológico. Era algo imposible de ver, pero que tenías que ver. Y la gente superó esa paradoja observándola: mostrando como reaccionaban ante el vídeo a través de sus webcams». Desde septiembre de 2007, internet se inundó de gente que no compartía el vídeo en sí, sino su reacción o la de terceros al contemplar por primera vez la cochinada. El usuario fartenews fue el primero en subir a YouTube la reacción de sus amigos ante aquel espectáculo grotesco, la youtuber Jacqueline Leigh le puso el clip a su abuela y grabó a la pobre mujer sufriendo mucho ante tanta mierda, Racardo Davis filmó a sus compañeros de universidad (armados cada uno con un cubo por si acontecía la arcada) en una secuencia divertidísima que era una montaña rusa de ascos y risas, y a un tal Kevin Snyder se le ocurrió sentar ante aquella chocolatería infernal a un grupo de marines para ver qué cara ponían.

Las estrellas tampoco se libraron de la tortura: un reportero de la revista Esquire se lo mostró a un, inicialmente muy interesado, George Clooney logrando que el actor abandonase la habitación y acabase definiendo la experiencia como «Un rodeo, aquí todo se basa en ver cuánto tiempo puedes aguantarlo». El actor porno Ron Jeremy solo lo toleró unos segundos antes de que la cosa se pusiera realmente fea. El cantante Wyclef Jean se vio el vídeo enterito sin pestañear mientras se comía una mazorca de maíz. El luchador Rampage Jackson lo contempló con los ojos entrecerrados. Y en la serie Padre de familia, Brian colocó a Stewie ante el ordenador para hacerle sufrir un rato con la guarrada de Fiorito. En el canal Comedy Central, al presentador Daniel Tosh se le ocurrió elaborar el vídeo de reacción ante 2 Girls 1 Cup más numeroso de la historia y lo proyectó ante la audiencia de su programa Tosh.0 logrando que un montón de desconocidos creasen entre sí un vínculo emocional inquebrantable gracias a la Grima Infinita. Ace Frehley, el guitarrista de Kiss que se escondía bajo el maquillaje de Spaceman, fue el responsable de efectuar las mejores declaraciones sobre el tema cuando, tras ver el vídeo sin presumiblemente levantar las cejas ni un solo milímetro, se limitó a comentar: «Cosas más locas han ocurrido durante las giras de la banda».

Ace Frehley: para él dos brasileñas vomitando y comiéndose lo que han cagado en una copa es una mañana de lunes cualquiera. Imagen: Kevin Soney.

En la cultura popular, aquella secuencia degenerada se convirtió en una leyenda. La cadena Mediamarkt promocionó con mucha sorna un aparato para hacer cupcakes con la frase «2 Girls 1 Cup-cake maker». Se realizaron menciones a lo asqueroso de su contenido en programas y series como Orange is the New Black, The Eric Andre Show, Scream Queens, The Inbetweeners o Robot Chicken. Algunos usuarios fabricaron vídeos de reacción protagonizados por la rana Gustavo o el fontanero de Nintendo. Y el canadiense Jon Lajoie le dedicó un hermoso tema musical al vídeo que se definía como «Una canción de amor inspirada por el famoso vídeo 2 Girls 1 Cup, donde dos chicas cagan eróticamente en una taza, se lo comen y se lo vomitan cada una en la boca de la otra». Mientras tanto, la notas tristes del piano que embellecían la chocolatada brasileña se convirtieron en un mal recuerdo para un montón de desgraciados espectadores.

«Lover’s Theme» era el título del tema que sonaba durante el vídeo infame, una pieza compuesta por el músico Hervé Roy para la película Delirios de grandeza (1971) protagonizada por Louis de Funès. Pero, por culpa de un fetichista compulsivo de Brasil, de un vídeo abyecto de la copa Danone y de los miles de clips de reacción producidos, aquella melodía inocente ha quedado soldada para siempre en la memoria colectiva como un recuerdo terrorífico. En YouTube, la canción «Lover’s Theme» acumula más de cuatrocientas mil visualizaciones, pero el usuario que la ha subido a la plataforma ha decidido ilustrarla con la foto de un helado de chocolate. Entre los comentarios más destacados de dicho vídeo destacan cosas como «El himno que hizo que todos perdiésemos nuestra inocencia en internet», «Esta hermosa canción ha quedado maldita para siempre», «Me siento mal por el compositor, él nunca pidió esto» o «¡Un tema precioso! Alguien debería de utilizarlo para un final dramático en alguna peli».

Generación reacción

El éxito de los vídeos anteriores, desde aquel chiquillo lloriqueando frente a la jeta de Linda Blair, hasta las arcadas de medio planeta por las tropelías de un par de chicas amigas de los copazos, consiguió que el concepto «vídeo de reacción» se estableciese como un género propio. De repente, internet se inundó con imágenes caseras de miles de anónimos reaccionando ante cualquier cosa posible: canciones, declaraciones de famosetes, giros de guion en películas, recetas de cocina, competiciones deportivas, videojuegos, anuncios, bromas pesadas o incluso videoclips de Rosalía.

En 2008, una persona grabó a su hermano sufriendo un ataque de risa incontrolable ante las imágenes de una mujer metiéndose un bellísimo piñazo en el culo con el borde de una mesa. Tres años después, un caballero capturó la epatante reacción de su hijo al descubrir que Darth Vader era el padre de Luke Skywalker durante la escena más recordada de El imperio contraataca. Y cierto tiempo después, otro chico compartió en YouTube la cara de asombro de su madre al verse a sí misma en modo sonámbulo durante la noche. En 2013, el noveno episodio de la tercera temporada Juego de tronos, titulado «Las lluvias de Castamere», se convirtió en un material estupendo para elaborar nuevos y entrañables vídeos de reacciones. Porque el salvaje desenlace de aquel capítulo pilló en bragas a quienes desconocían la novela original, pero al mismo tiempo transformó en cobayas a dichos espectadores cuando sus amigos/conocidos/familiares, que sí se habían leído los libros, decidieron filmar sus caras de horror contemplando el cierre del episodio. La ocurrencia de documentar aquellos dramáticos visionados no tardó en convertirse en una especie de hobby mundial, y cuando George R. R. Martin, autor de la saga literaria, fue invitado al programa de Conan O’Brien, el presentador tuvo el detalle de mostrarle una recopilación de aquellos reaction videos para ver qué opinaba sobre la que se había liado. Todos estos clips se convertían en éxitos virales porque la audiencia o se sentía identificada con sus protagonistas, o se mostraba fascinada por los aspavientos excesivos.

Popurrí de vídeos de reacción. El futuro del entretenimiento era esto. Imágenes: YouTube.

El problema de todo esto es que lo que empezó con bastante frescura se ha convertido con el tiempo en un espectáculo impostado que provoca bostezos si uno ha superado la etapa adolescente. O lo que el redactor Witney Seibold, de la revista Culture, definió como «el uso más idiota que he visto de internet». Un circuito de espectadores mirando a otras personas en la pantalla, que a su vez miran a otra gente en otras pantallas mientras se saben observadas por las primeras. Algo que le ha restado toda la gracia al asunto por culpa de los defectos habituales del youtuber jovenzuelo: copiar ideas de otros y sobreactuar hasta el dolor. Hay creadores en internet que se ganan la vida exclusivamente a base de mostrar vídeos con sus reacciones exageradas cualquier nimiedad imaginable. La tontería llegó a retorcerse tanto como para que nadie se sorprendiera cuando los youtubers comenzaron a publicar vídeos reaccionando ante los vídeos de reacción de otros youtubers.

Ese tipo de realidades impostadas, y perpetradas por chavales sentados ante murallas de Funko Pops perfectamente embalados, la mayoría de las veces llegaban rebozadas en la vergüenza ajena. Porque todas esas emociones artificiales y programadas no solo anulaban cualquier empatía que pudiese sentir la audiencia, sino que también le quitaban la gracia al asunto, incluso hasta para el propio youtuber: hace unas semanas, el usuario JayveeTV se grabó a sí mismo mientras escuchaba por primera vez «Bohemian Rhapsody» de Queen. Pero lo que podría haber sido una experiencia interesante para los espectadores que conocían el tema (al permitirles revivir la sensación de descubrir la canción por primera vez) acabó convertido en un auténtico suplicio por culpa de las costumbres de consumo actuales de las generaciones digitales. Porque Jayvee pausaba el vídeo continuamente para comentarle a sus seguidores lo que estaba viendo. Al chico le fascinaba «Bohemian Rhapsody», pero parecía incapaz de disfrutar realmente de la canción al verse obligado a detener, reaccionar y explicarlo todo para entretener a su propio público.

Videoclip de «Bohemian Rhapsody». Imagen: EMI.

Este modo retorcido de consumir el entretenimiento ha mutado en una pérdida de tiempo descomunal: hoy en día la mitad de este tipo de vídeos muestran a una internet que reacciona ante su propia existencia. Y la otra mitad son estrategias de marketing que ni siquiera necesitan disimular, vídeos de reacción ante tráilers de películas, ante música de estreno o ante anuncios de futuros videojuegos. La Generación Reacción contemporánea está compuesta por millones de espectadores que para entender el mundo necesitan contemplar cómo sus youtubers favoritos reaccionan de manera dramática y teatral ante cualquier gilipollez imaginable. A esta audiencia se le puede perdonar un poco el pecado teniendo en cuenta lo imberbe de su edad, en el fondo se trata de adolescentes a quienes los youtubers (también jóvenes) atraen utilizando como cebo vídeos con miniaturas cargadas de muecas ridículas, lluvias de emojis y flechas rojas. El problema evidente es que en la actualidad los autodenominados «creadores de contenidos» que habitan YouTube se han inclinado por zambullirse en la farsa poco ingeniosa, en estirar sus quince minutos de fama de cualquier manera en lugar de exprimirse el seso para cultivar material ocurrente. Una Generación Reacción que vive observando una pantalla y sabiéndose observada a través de otra, dilatando la farsa sin parar. 

Quizás, lo peor de todo sea reconocer que dos chicas comiendo mierda fueron capaces de producir emociones más sinceras que las que genera la plataforma YouTube en la actualidad, ese patio de recreo para niños cuyos habitantes parecen incapaces de escuchar a Freddie Mercury sin saltar sobre el botón de pausa para asimilar lo que está pasando.

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6 comentarios

  1. Bueno, bueno…que algunos también lo usamos para aprender, entretenernos, y evadirnos. En cuanto al morbo… pués no puedo decir nada, ahí está Sálvame…y la gente lo ve, los vídeos gore, pues miren allá cada cual con sus gustos, son vuayeurs (no se cómo se escribe) del horror.

  2. Marítimo

    Vaya risas me he echado leyendo el artículo. Llorando de risa sin parar y recordando tiempos pasados. Estoy hecho un viejuno

  3. Turmen

    Vivimos tiempos infames.

  4. Sergius

    Imagínense a ustedes mismos Intentando guardar la compostura al atacar el «more than this» de la Roxy mientras una hembra les estruja con fruición el ciruelo.

    Siglos, milenios de progreso humano que llegan a su culmen cuando puede uno sentarse en el sofá y ver cosas asina por la tele.

  5. Diego

    Aqui en España tenemos toda una cadena(Tele5)que a lo único que ha hecho en toda su trayectoria a sido «alimentar» a la peña a base de mierda fresca y sin adulterar.Lo de él porque la gente lo ve es tema para otro debate y bastante triste por cierto.

  6. Estaba siendo un artículo interesante hasta que el autor ha decidido dedicar sus últimos párrafos a echar bilis de señor mayor condescendiente enfadado con el mundo.

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