
Viene de Energía new-clear (I)
¿Podemos regresar a una sociedad solar? No con siete mil millones de habitantes, ávidos por una vida mejor. No, mientras no seamos capaces de desarrollar sistemas masivos de almacenamiento de energía y redes eléctricas inteligentes. No, posiblemente, en ausencia de una superestructura política que permita la racionalización de recursos —que haga posible explotar el sol del Sahara, el viento de Finisterre, los saltos hidráulicos de Noruega—. No, en todo caso, mañana, ni el año que viene, ni en una década ni en tres. La energía renovable (incluyendo la denostada hidráulica) supone menos del 13 % de la tarta. Los recursos hidráulicos del planeta están ya bastantes explotados. El 5 % de energía solar y eólica crecerá sin duda, posiblemente de manera espectacular. ¿Pero cuánto? Los problemas técnicos y logísticos asociados a la explotación de estas energías no son baladíes, como no lo son los costes (a pesar de que están disminuyendo). Pasar del 5% al 50% por cierto en menos de un siglo sería sin duda una gesta heroica.
¿Podemos entonces sustituir los recursos fósiles por energía nuclear? Tampoco es una hazaña que podamos realizar a corto plazo. Las centrales nucleares producen electricidad de manera fiable y continua —no dependen de los avatares del clima y utilizan un combustible cuya densidad energética es muy superior a la del carbón o el gas natural, no digamos ya el viento o la radiación solar—. Pero en el mundo hay unos trescientos cincuenta reactores en operación, muchas de ellos de un diseño vetusto, como la hoy tristemente famosa central de Fukushima.
¿Es posible multiplicar, digamos por diez, el número de reactores actuales? A priori podría contestarse que sí. Después de todo llevamos sesenta años construyendo estos ingenios y el diseño dominante (el reactor de agua ligera, o LWR de sus siglas en inglés) ha evolucionado a lo largo de las décadas hasta dar lugar a modelos como el EPR francés que, —de nuevo a priori— podrían utilizarse como base para expandir la energía nuclear por un orden de magnitud.
El EPR, al igual que otros modelos de la llamada generación III+, incorpora toda la tecnología actual a sus sistemas de seguridad, mucho más sofisticados que los disponibles hace dos, tres o cuatro décadas. Un EPR habría resistido, muy probablemente, el maremoto que provocó el tristemente célebre accidente de Fukushima, al igual que resistiría otras catástrofes similares. El nivel de seguridad estimado para estos ingenios es del orden de un accidente por reactor cada cien mil años. O en otras palabras, una flota de cinco mil EPR podría operar durante doscientos años sin que ocurriera un nuevo Fukushima.
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Por experiencias pasadas y tecnologías actuales no hay dudas de que los reactores nucleares continuarán a ser más seguros, pero el terror innato a estas fuerzas de la naturaleza continuará a gravar sobre la población. Usted parte en su artículo con la premisa de que las otras tecnologías, eólicas y solares, por los largos tiempos necesarios para sus desarrollos óptimos, son insuficientes para afrontar el problema urgente y actual del presente, pero ¿sería tan difícil, con una coordinación financiaría y tecnológica mundial, implantar en cada hogar un panel foto voltaico? Creo que con 6kw por cada unidad habitacional habría un exceso de energía suficiente como para alimentar la industria y el transporte público y privado. Espero que en el próximo artículo afronte el problema de las escorias nucleares, que bien podrían ser arrojadas hacia el Sol en vez de que se estén ya preparando viajes de placer mediante cohetes. Excelente divulgación. Gracias.
El mayor problema radica en que una solución que funcione el +99% del tiempo no es suficiente en este sector (mas de un día sin electricidad). Por el otro lado el coste de la red eléctrica es el mismo si un cliente requiere energía durante una hora o durante todo el año.
Uno de los mayores errores que se comete al intentar evaluar como resolver el reto energético del futuro es intentar centrarse en una única tecnología. Actualmente no existe ninguna tecnología que permita abastecer toda la demanda requerida del ser humano. Las centrales nucleares son conocidas como centrales «de base», capaces de generar energía barata, pero sin ningún tipo de flexibilidad para generar la energía requerida en cada momento. Esta necesidad, proporcionada por las centrales «de pico», es hoy abastecida por centrales de ciclo combinado (gas natural) o grandes centrales hidroeléctricas de bombeo. Aquí radica el mayor reto, que ni centrales nucleares o energías renovables pueden resolver.
La solución evidente pasa por el almacenamiento de energía mediante baterías, pero esta solución sigue siendo de momento demasiado cara, con baja eficiencia y no se puede olvidar que el ciclo de vida de las baterías no puede compararse con el de ninguna otra central.
Otra solución mucho menos comentada pero con gran potencial es la flexibilidad o control del consumo más conocido como Demand Side Management. El actual manejo de datos permite en tiempo real controlar cargas «menos» críticas, en orden de consumir únicamente la energía que es generada en tiempo real, reduciendo la necesidad de las centrales de pico. Este concepto permitiría un almacenamiento «virtual» de energía sin necesidad de baterías.
Si mal no he entendido no queda otra que hacer de tripa corazón y convivir con esos monstruos. Y educar a ser consumidores prevenidos. Somos demasiados y el planeta no es elástico. Gracias por la aclaración.