#FuturoImperfecto

Futuro Imperfecto #7: Lo que no te contarán los medios

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Foto: Piotr VaGla Waglowski (DP).

¿Por qué estamos aquí, escribiendo o leyendo? Gracias a la inteligencia, al ingenio y la creatividad humana. Los mismos que permitieron hace siglos resolver un problema complejo, el de la comunicación financiera. Muchos otros seres vivos son capaces de comunicarse con símbolos, pero nunca con números. Esos símbolos matemáticos fueron complicados de crear, de difundir, y de hacer que se adoptaran. Y en un momento dado nos mintieron sobre su origen. Como sobre tantas otras cosas.

Hemos estado trabajando en la información que no se quiere difundir, y recopilando esas noticias que no pasaron el filtro de las agencias de prensa, las mesas de edición, relegadas por una llamada a deshoras de «altos cargos políticos» y otros órganos de poder. Lo que les ofrecemos hoy es una verdad que no querían que fuese difundida ni comentada. Hemos encontrado ocultaciones en todos los campos, la política, la cultura, y la ciencia. Y si no volvemos a publicar aquí ningún Futuro Imperfecto, será porque alguien decidió hacernos callar. 

El origen de nuestra dificultad en entender los mercados y las finanzas

Comencemos por el asunto numérico. En su clásico estudio, «Diffusion of Innovations», Everett Rogers explicaba cómo los seres humanos pudimos desarrollar las matemáticas y difundirlas. Aunque existían otros sistemas por aquella época, era necesario para el comercio y la pura supervivencia que cada vez más población conociera los códigos más básicos: los números. ¿Cómo conseguir difundir un conocimiento así? Era necesario apoyarse en algo que la mayoría de la población dominase ampliamente. 

¿Y qué conocía perfectamente el pueblo llano y no cultivado en aquella época inicial? Los ángulos. Los ángulos se usaban para poder cosechar pero también para saber la hora del día o la época del año. Así, apoyados en este conocimiento básico y extendido, nace en su primera versión el sistema de numeración como lo conocemos hoy en día. Como puede comprobarse aquí, los números de la época eran representados con ángulos, y el cero, el más complicado de representar, no tenía ninguno. 

Los árabes cambiaron el sistema después de la batalla del Talas, en la que arrebataron el secreto de la fabricación del papel a los chinos. Descubrieron que los números en ángulo eran más rápido de escribir con curvas sobre el nuevo material, y abandonaron las líneas quebradas de representación, más fáciles de trazar en piedra o cerámica. La facilidad curvilínea posibilitó también la existencia del cero, determinante para calcular. Pero ya nadie entendió las matemáticas sin largos años de escolarización, y así un conocimiento popular pasó a ser restringido. Lo que aprovecharon los gobiernos para explicar sus medidas apelando a situaciones financieras y mercados, es decir, números.

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