El terraplanismo es lo normal

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Representación de la Tierra en un mapa de Orlando Ferguson, 1893. (Detalle).

Viendo la cantidad de contenido reciente que se está generando sobre el terraplanismo y los terraplanistas se podría pensar que es un problema terrible y creciente. Sin embargo, la realidad es otra: el terraplanismo es lo normal. 

Para entender por qué lo es tenemos que conocer primero este movimiento y su situación actual, los motivos por los que se ha puesto tan de moda. Por una parte, diversas personalidades han manifestado creer que la Tierra es plana. Un ejemplo reciente ha sido el jugador de baloncesto y campeón de la NBA Kyrie Irving. Por otra parte, recientes reuniones y convenciones sobre el tema. Por ejemplo, a finales de 2018 más de seiscientas cincuenta personas se reunían en la conferencia anual de la Flat Earth Society, o International Flat Earth Research Society, una organización fundada en 1956 con base en Reino Unido. Su principal objetivo es promocionar su creencia de que la Tierra es plana. Y no es la única. Existen otras organizaciones similares por todo el mundo. Algunas más estructuradas, como la Flat Earth Society of Canada, o menos como el grupo Tierra Plana Argentina.

Así que de repente la cantidad de noticias generadas recientemente sobre el tema por diversos medios ha crecido notablemente, dando notoriedad a la temática y a los encuentros. Los medios de comunicación tradicionales, y por supuesto los medios digitales, incluidas las redes sociales y los influencers, divulgadores y otros defensores de la humanidad contra el terrible peligro de las pseudociencias especialmente, se han volcado en remarcar el crecimiento inusitado del movimiento terraplanista, para ridiculizarlo e intentar exterminarlo. Sin embargo, como buen escéptico, me surgen varias dudas.

La primera es, ¿cómo se mide este incremento? Si es en el número de noticias, resulta paradójico. La mayoría de las noticias han sido creadas no por terraplanistas, sino por quienes consideran necesario terminar con ese movimiento. Unos dicen que «arrasa en redes sociales», pero sin aportar cifras.

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Bueno, vamos a comprobarlo. Si revisamos Google Trends Spain «terraplanismo» o «terraplanistas» el resultado es parecido. No aparece el crecimiento exponencial que se nos anuncia por ninguna parte, ni en los últimos doce meses, ni en los últimos cinco años. Al contrario, durante gran parte de este tiempo el impacto del término es nulo.

Revisando en NGram, por ampliar alternativas, referencias con los términos «flat earth», no se encuentra ese crecimiento acusado por ninguna parte en los últimos veinte años. Sí se puede encontrar que cada cierto tiempo y durante una breve duración el movimiento consigue cierto impulso y referencias. Igual que en Google Trends. Pero nada serio ni preocupante, al menos proporcionalmente. Si buscamos por «terraplanismo» o «terraplanistas» el tema se queda nada.

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¿Es entonces un incremento en número de asociados o creyentes en el terraplanismo? No hay cifras concluyentes al respecto, y en cualquier caso los encuentros mundiales hablan de cientos de asistentes. Por cierto, algunos de ellos no acuden por ser creyentes, como fue el caso de la divulgadora «la Gata de Schroedinger», que acudió para entenderlos mejor. En un artículo la revista Forbes analizaba los resultados de una encuesta y titulaba que dos tercios de los millenials de EE. UU. creían que la Tierra era redonda. La encuesta original a 8215 adultos concluía que un 2% de estos creían firmemente que la Tierra era plana. Para un país como EE. UU. eso son millones de personas. Parece un problema terrible. Sin embargo, a las reuniones acuden apenas cientos de personas. ¿Qué puede ocurrir? Pues que la cifra deja de ser tan terrible si la comparamos por ejemplo con las de otros estudios que dicen que el 24% de los estudiantes en EE. UU. desconocen conceptos básicos de geografía. Si conocemos un poco el sistema educativo en este país podemos encontrar una explicación plausible: su modelo, mejorable como todos, permite mayor flexibilidad a la hora de elegir temáticas, y ciertas asignaturas no son obligatorias. Para terminar de analizar estos datos, Science Alert comentaba que los resultados de la encuesta eran discutibles, y sobre todo insistía en que quien más está hablando del movimiento terraplanista no son precisamente los promotores del mismo.

Como decíamos antes otro motivo de pánico son los crecientes seguidores en redes sociales. De esto sí hay números. Pero parece fácil de entender que el número de seguidores en redes sociales es matizable, ya que seguir a alguien no implica comulgar con todo lo que publica aquel a quién se sigue. Parece increíble que a estas alturas tengamos que explicar esto. Conocemos desde hace mucho tiempo teorías como la del 90-9-1, desarrollada por Jacob Nielsen, estudios similares relacionados con la curva de Zipf o la escalera de participación de Forrester. Por no hablar de bots o seguidores falsos comprados. Por lo tanto, no podemos concluir que el número de «peligrosos creyentes» haya crecido inusitadamente. Sí podemos inferir que el número de interesados en dicho tema lo está haciendo, pero aquí la clave es descubrir el motivo. Y uno de los motivos puede ser el ruido que están haciendo los medios en su supuesto afán de desmontar este movimiento.

Pero en mi opinión la gran cuestión sobe el tema es otra. ¿Por qué tanto ruido por algo «normal? Sí, normal. Que un cierto número de personas crean que la Tierra es plana es normal. Me explico. En 1962 Everett Rogers publicó su libro Difusión de innovaciones. En él elaboraba que la difusión era un proceso por el que una comunicación se difunde en función de varios elementos: tiempo, sistemas sociales, canales de comunicación y el valor de la propia innovación. Para ser sostenible una innovación, una nueva teoría, debe ser alcanzar una cierta masa crítica, y para obtener la misma pasa primero por un cierto proceso. Basado en estudios de sociólogos y antropólogos alemanes y franceses, su teoría ha sido adoptada en múltiples disciplinas, sobre todo marketing y comunicación. El famoso gráfico de difusión de innovaciones es utilizado muy a menudo para explicar como una nueva idea se introduce en una sociedad. Este gráfico tiene forma de distribución gaussiana, de curva de gauss o curva «normal». En el mismo se puede comprobar como una de las categorías son los laggards o rezagados. Es decir, ante toda innovación es normal que haya un porcentaje que tarde mucho en adoptarla, o incluso que no la adopte nunca. Esto es normal. Por tanto, podemos concluir, incluso por nuestra propia experiencia, que es normal que haya personas que tengan creencias raras en cierta proporción. O al revés, que al conocer la teoría del terraplanismo haya personas que durante un tiempo se la planteen, sean los «early-adopters», pero con el tiempo la abandonen y la innovación nunca supere esta primera fase. Por ejemplo, el propio Kyrie Irving, de quien hablamos antes, se retractaba poco después. Incluso Rocío Vidal, «la Gata de Schroedinger», confesaba que en su juventud había sido una gran conversa de algunas pseudociencias. La propia asociación estuvo a punto de desaparecer hace casi dos décadas tras la muerte de uno de sus líderes.

Dicho de todo modo, ¿está demostrado científicamente que es posible conseguir que nadie nunca en ningún momento de su vida crea en alguna teoría sin sentido? Yo no conozco dicha demostración, la verdad, pero como buen escéptico me encantará leerla y rectificar si estoy equivocado. Porque lo primero que se suele hacer antes de intentar solucionar un problema es analizar si tiene solución. Se aprendía en el colegio, en matemáticas, a menudo repitiendo en los exámenes la frase «la solución existe y es única». Pero creo que en este caso no es posible conseguir que nadie en absoluto crea en algún momento en alguna teoría sin sentido. Es más, a la vista de la teoría de Rogers, incluso manteniendo un control exhaustivo de la información que reciben todas las personas del mundo en su vida, es posible por otras vías que aparezcan ocurrencias y que se difundan hasta cierto punto. Las creencias son un proceso inherente al ser humano, utilizado en gran medida como parte del aprendizaje. Estudiosos de la antropología como Marvin Harris ya han demostrado alguna vez que lo que parece una creencia estúpida o incluso terrible tiene un valor vital en algunas culturas para la supervivencia.

Aclarado esto, lo que no es «normal», en el sentido de la curva normal que hemos visto, es que una proporción tan grande de personas que se autoproclaman escépticos, seguidores de la ciencia y defensores del pensamiento crítico, la lógica y la razón, apoyen fomentar un supuesto, y no demostrado con datos, crecimiento de una creencia, insistiendo además en su peligro cuando no hay pruebas concluyentes del daño que pueda suponer. Vamos, que si es cierto que llevan más de cien años luchando contra la ciencia para intentar terminar con ella, poco han conseguido en todos los sentidos. Pero una cosa es decir esto y otra demostrarlo. De momento parece que el objetivo de Kyrie Irving no iba por ahí.

Ahora bien, sí es normal y lógico, por supuesto, que lo hagan con motivaciones lucrativas. Convertir un tema en algo de interés consigue impactos en vídeos y blogs, es decir ingresos publicitarios, apariciones en televisión o conferencias, normalmente pagadas, y más ventas de libros, entre otras fuentes de ingresos y marca personal. Si además le damos al tema un tinte de cierto peligro, más interés todavía, y más opciones de monetizar, como sabe quien conoce el marketing del miedo. ¿Qué cómo se hace lo del miedo? Algunos les llaman «secta», otros dicen que van a «terminar con la ciencia»…  Si a esto añadimos el simple interés de varios medios por todo lo que genere polémica, y por ende audiencia, tenemos la explicación. Valga el propio título de este artículo para confirmarlo. Está escrito desde la ciencia de la curva de la distribución normal, pero será tomado como un ataque contra la ciencia y la razón que motivará con bastante seguridad mucho tráfico. Por no hablar de lo rentable que es erigirse en caballero blanco salvador que lucha contra un problema terrible, problema que como comentábamos antes no tiene solución. Puede ser un trabajo rentable para toda la vida. Eso sí, cada cierto tiempo hay que parar y dejarlo descansar, como demuestran las cifras, para retomarlo de nuevo con fuerza en el mismo sentido.

Por esto, y a la vista de los datos y la ciencia, que exista una pequeña cantidad de gente en el mundo que crea algo sin sentido, como que la tierra es plana, es normal. Si además esta creencia no entraña mayor peligro lo que se consigue con tanta difusión, de acuerdo con las teorías de Rogers, probablemente es fomentar su sostenibilidad. Y que tanta gente crea que hablar del tema es la solución no nos muestra la curtosis que uno podría esperar en la distribución normal de quien sabe de ciencia. Eso sí, se puede entender con otras teorías de otras disciplinas: el marketing del miedo, los modelos de monetización de los contenidos y la economía de la atención. Explicado con ellas, todo este contenido sobre los terraplanistas generado por antiterraplanistas sí es lo normal.

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4 comentarios

  1. godo feroz

    no estoy de acuerdo en que el terraplanismo no sea peligroso, esta teoria no es la causa de un mal, es un sintoma de este, el mal es la incapacidad de nuestra sociedad de filtrar la ingente cantidad de informacion que tiene a su disposicion gracias a internet, estoy seguro que una gran mayoria de los que se consideran terraplanistas creen en las curas milagrosas contra al cancer que les inoculan las malvadas farmaceuticas, otro tanto similar no votan porque el sistema es matrix o votan a Vox porque hay una conspiracion mundial para convertir a nuestros hijos en maricones…y paro de contar antes de que los illuminati me descubran e intenten callarme.
    asi q permitanme que me eche a temblar cada vez que oigo a un iluminado de estos

    • Aquiles

      Exactamente . Lo suscribo punto por Punto . Lo que alarma es el síntoma de una sociedad volcada a la conspiranoia más loca que o casualidad está asociada a los movimientos más reaccionarios y que odian a los mismos de siempre.
      Esta teoría es el mismo síntoma del anti intelectualismo que lleva al poder a ignorantes porque hacen gala de ser ignorantes e intolerantes .
      Los gays por ejemplo hemos visto surgir perplejos que nuestra lucha de emancipación de los últimos 50 años es un plan maligno nuestro para convertir al mundo entero gay y despoblar la tierra.
      Al principio uno se ríe “no lo va a creer nadie” después empiezan los ataques o se intensifican . Se difunde la creencia . Cambia la cultura . Gana un bolsonaro aquí o allá y después el mundo en el que vivías se a convertido en hostil a ti

  2. Teófilo

    Pero estos del “terraplanismo” no lo dicen en serio, ¿verdad? Yo creo que es más que nada para echarse unas risotadas y ver cuántos pican, que hay mucho membrillo. ¡A mí no me la pegan, cuando ellos llegan yo ya he ido y he vuelto desde Nueva Zelanda aprovechando que la tierra es redonda. ¡Juas, juas, juas!

  3. hector gomez rioja

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