Ciencias

Uno de cada treinta

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En este texto le voy a contar una historia en la que usted es personaje secundario. No se enfade, eso no quiere decir que su voz no sea imprescindible. De hecho, ahora estoy hablando entre sus parietales, sin usted no hay relato, ahí tiene su importancia. Pero me va a entender enseguida, le cuento. El que importa es el que viene a verle, aunque sea tan pequeño que no se entera de nada. No sabe ni quién es, ni quién está esperándole. Ya le revelo una parte de la sorpresa, es pediatra. Entiendo su cara de sorpresa, le ahorro, eso sí, la carrera de medicina, el examen MIR y la residencia. También las guardias. Así da gusto, ser médico en dos frases largas. La cuestión es que se encuentra en su silla, tras una mesa y una muralla de diminutivos. Disfruta de una consulta rutinaria en la que tiene citados varios recién nacidos. La primera vez que van al pediatra después de salir del hospital. Los tiene en la lista a horas tempranas. Para que regresen pronto a su hogar. ¿Ya está en situación? Los adornos del fonendoscopio los dejo a su libre elección. Sobre la mesa le pongo un Yoda, eso no es discutible, faltaría más.

Llaman a la puerta, «Hola. Qué tal», y entran unos padres con un recién nacido que descansa tranquilo. No estaba citado, pero dado que tiene tan solo unos días de vida le incluye en la consulta. Dormita en un arrullo de tela muy suave. Envuelto entre los brazos de su madre y observado de reojo por un padre primerizo que tiene cierto miedo. También descubre una carta entre los dedos del padre. Está abierta, con un papel que sobresale tímido llamando su atención. Quizá sea la carta lo que les hizo venir, quizá sean las dudas. En realidad, se percibe temor en ambos. Es algo que con el tiempo ha aprendido a detectar en el modo en el que se sientan o se mueven los padres. Experiencia lo llaman. En los primeros días de vida de un hijo se abren tantos dilemas que parece primavera en la incertidumbre. Y usted se pone de pie mientras la madre le quita la ropa al bebé. Empieza el frío y tarda un poco. Es como si la madre estuviera desenvolviendo un regalo. El mayor regalo, sin duda. Inicia la exploración y mientras lo hace, con cuidado, habiéndose lavado las manos para que nada pase de uno a otro, va respondiendo preguntas. La alimentación, las deposiciones y esos ruidos extraños que hace por la noche. Por momentos piensa que ante tanta rutina quizá sobre con sentido común. Todo parece estar bien, como siempre hasta que deja de ser siempre, y es entonces cuando la madre se queda callada hasta que libera una cuestión ciertamente inesperada.

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4 comentarios

  1. Son terribles estas enfermedades que se ensañan con los recién llegados, inermes, ingenuos e indefensos. Excelente divulgación que espero sirva para concientizar. Gracias.

  2. Estoy haciendo el cierre del ejercicio y los 30 pavos mejor gastados este año sin los de la suscripción. Gracias por el texto. Muchas gracias.

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