¿Cuál es el destrozo de canción (no intencionado) más hilarante?

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Hace no mucho tiempo hicimos una encuesta sobre destrozos intencionados de canciones, así que era de justicia que dedicásemos otra a los destrozos que, en principio, no fueron planeados como tales. Por supuesto, hablaremos aquí solamente de algunos de los cientos (¿miles?) de ejemplos disponibles, pero ustedes pueden añadir en los comentarios los que quieran: cuando se trata de catástrofes musicales, soy todo oídos y estoy aquí con el cubilete de palomitas.

Por descontado, no se trata de menospreciar el trabajo de los artistas mencionados. Como decía el gran Chiquito de la Calzada, «una mala tarde la tiene cualquiera». Todos nos equivocamos, yo el primero. Lo que pasa es que ciertos errores que se cometen sobre un escenario pueden producir resultados hilarantes, irritantes o psicodélicos. Llámenlo errores o, como en el caso de nuestro primer invitado, el querer cantar sin saber cantar.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)


Carl Lewis, «The Star Spangled Banner»

¿Mi actuación favorita de todos los tiempos? ¡Puede ser!

Carl Lewis, apodado Hijo del Viento, fue el indiscutible rey de los velocistas y uno de los deportistas más famosos de los años ochenta. Hablamos de un estrellato al nivel del de Michael Jordan, Mike Tyson, Steffi Graf o Diego Armando Maradona. Lewis ganó un total de nueve oros olímpicos en atletismo; cuatro de ellos en un único certamen, igualando la marca del legendario Jesse Owens. En fin, una carrera deportiva extraordinaria. No cabe discusión en esto. Cuando se encontraba en el momento álgido de su popularidad nada parecía amenazar con dejar mácula sobre su fantástico legado. Pero Lewis no se conformaba con ganar medallas. Quiso también intentarlo con los discos de oro. ¿El problema? Que no era Prince precisamente.

El corredor grabó dos discos americanos con los títulos más ochenteros imaginables, Break It Up y Modern Man, además de otro titulado I.D.A.T.E.N que estaba dirigido específicamente al sufrido público japonés (primero la bomba de Hiroshima y después los discos de Carl Lewis, ¡esa pobre gente no conoce el descanso!). Aquellos discos eran tan asombrosamente malos que uno necesita escucharlos cada cierto tiempo para cerciorarse de que fueron reales y no un recuerdo falso implantado en el cerebro tras una borrachera. Lewis intentaba emular a Rick James, ya saben, canciones funky y medios tiempos en los que hablaba de «dame lo mío», «te daré lo tuyo», «démonos lo nuestro» y demás variaciones de El Asunto. Como sabemos, Rick James lo hacía de manera brillante, aunque fuese capaz de posar vestido como una prostituta en la portada de un álbum y en plan Conan el bárbaro en la portada del siguiente.

Lo de Carl Lewis no resultó ser como lo de Rick James. No porque Lewis no se vistiera también con ropas horteras, que lo hacía. Y tampoco porque la música de sus discos fuese muy mediocre, aunque lo era y mucho. El principal problema consistía en que la voz de nuestro amigo el Hijo del Viento era parecida a la de la rana Gustavo. No, no mejoraba cuando intentaba hacerla más grave para parecer más seductor. Aún me carcajeo como un chiquillo escuchando joyas como «Lovers Don’t Talk» (cuyo videoclip me fascina: parece un cortometraje aficionado rodado por estudiantes) y «Come Back, My Baby Girl». Y no puedo olvidar su gran clásico «Break It Up», porque de esta última canción tuvo los santos redaños de grabar una versión en ¿español? titulada «Quiébrala», la cual vino a presentar incluso en algún programa musical de RTVE. Aunque parezca mentira, ¡eso sucedió!

Habrán podido comprobar que aquellos discos repletos de Casiotone y percusión hecha con menaje de cocina eran verdaderamente atroces. Con todo, el momento más apoteósico de su carrera ¿musical? llegó en 1993, cuando se atrevió a «cantar» el himno nacional estadounidense en las finales de la NBA que enfrentaban a los Chicago Bulls de Michael Jordan contra los Phoenix Suns de Charles Barkley. La filmación no tiene desperdicio. Por varios motivos. Primero, por los surrealistas intentos de gorgorito de Lewis y su embarazosa expresión de comprender en ese mismo segundo que la estaba jodiendo para la posteridad. Cómo olvidar el momento en que, tras soltar un gallo que más que gallo parece Godzilla con plumas, promete que en la siguiente estrofa «lo va a compensar» (spoiler: ¡no!). Segundo, por la expresión de los jugadores de baloncesto: Jordan haciendo gala de su más admirable cara de póker —si aguantó la risa con esto, entiendo que ganase tantos títulos, ¡qué capacidad de concentración!— y un Barkley que también consigue no carcajearse, aunque solo le falta morder la sudadera para evitar que le dé un ataque allí mismo. Tercero, por las risas del público cuando Lewis parece que va a atacar una nota aguda (el clímax del himno) y se echa para atrás.

Por último, pero no menos importante, las contagiosas risotadas de los locutores de la cadena deportiva ESPN. Créame usted: verá la reacción de los dos periodistas ante el vídeo y, ya se lo garantizo, su día cambiará instantáneamente para mejor. Como dice el cabronazo del presentador poco antes de soltar los higadillos de la risa, «Señoras y señores: nuestro himno nacional».

Antológico.

 


Fergie, «The Star Spangled Banner»

Ah, la NBA y sus himnos. Si Carl Lewis tuvo la jeta de obviar que no sabe cantar (si no sabía cantar en disco, ¿cómo demonios esperaba que le saliera bien en directo?), al menos supo reconocer que la estaba pifiando. Lo de Fergie es distinto. La antigua vocalista de Black Eyed Peas acudió al partido del All Star con una desinhibición propia de la mejor tradición de nuestros amigotes cocidos de roncolas que se creen Frank Sinatra en los karaokes del barrio. Apareció sobre la cancha y nos deleitó con una versión del himno americano que solo puedo resumir con la expresión: «fiesta de banquete de boda a las cinco de la mañana».

Una vez más, las caras de los baloncestistas son un plus. Hay que reconocer que los jugadores de la NBA son capaces de guardar la compostura ante toda clase de cataclismos. Al principio, solamente al principio, Stephen Curry y LeBron James consiguen mantener el tipo, aunque se puede leer en sus miradas el más absoluto estado de flipe. Y siguen serios durante (casi) toda la canción. Algunos jugadores incluso parecen estar asistiendo a un funeral. Es verdad que con Carl Lewis era más fácil no reírse porque se notaba que él mismo lo estaba pasando mal, pero la felicidad etílica con la que Fergie destroza el himno termina pudiendo más que el recato y al final los jugadores no pueden evitar descojonarse. El conjunto mejora todavía más con los sucesivos planos de celebridades invitadas que ponen caras de circunstancias como si estuviesen contemplando en directo el hundimiento del Titanic o un discurso de Adolf Hitler.

Esta filmación es Arte.


April Lavigne, «Chop Suey»

Apuesto lo que quieran a que ya no recordaban a April Lavigne. Pues, ¡sorpresa! Ya estoy aquí para terminar con su paz. Recuperamos el infausto día en que la antigua musa de los intensitos de bachillerato creyó que podía interpretar una canción de System of a Down, con un resultado que solo puede describirse diciendo que suena como si la niña de El exorcista hubiese invadido el escenario de alguna verbena de pueblo después de haberse bebido siete cafeteras. Si algún día contraigo matrimonio, invitaré a Fergie y April Lavigne para que hagan un dueto en la fiesta posterior. Sin avisar al resto de invitados, claro. Para cuando ellas terminasen la «canción», yo ya me habría ido de luna de miel. Los invitados se lo tendrán merecido por venir a la boda de alguien como yo, ¡insensatos!


Dover, «Let Me Out»

Recuerdo la pequeña controversia que causó en su momento la transición de Dover desde el rock de guitarras hacia la música discotequera o electrónica o de coches de choque o como la queramos llamar. La verdad es que nunca me sentí atraído por las canciones de este grupo, así que la transición estilística y la consiguiente polémica no me tocó de cerca. Salvo porque el primer contacto de mis tímpanos con el nuevo material bailable fue la actuación de los renovados Dover en una gala de Los 40 Principales. Recuerdo contemplar esta actuación completamente boquiabierto y sin dar crédito a mis oídos. Normalmente me hubiese fijado más en los instrumentos, pero la mezcla sonora sobreponía tanto la voz al resto de instrumentos que no había manera humana de intentar huir del completo descarrilamiento vocal. Yo creo que si hubiesen enviado esta filmación al Vaticano, los aterrorizados cardenales hubiesen respondido enviando un carguero repleto de bidones de agua bendita.


Ramoncín, «Come As You Are»

Lo sé, esta actuación es tópica, pero ustedes comprenderán que necesitaba incluirla porque hablamos de un auténtico puntal del género. La asilvestrada versión que Ramoncín hizo de este clásico de Nirvana organizó bastante revuelo hasta el punto de que el propio cantante, bastante molesto —sobre todo con un usuario de YouTube que había añadido comentarios jocosos a la filmación— habló en una entrevista de «la enfermedad que produce mi presencia». Bien, no voy a entrar en interpretaciones sociológicas y sanitarias sobre su presencia o sobre su afirmación de que todo en la actuación está «semitonao». Créanme que entiendo que es una putada para cualquier artista que una actuación le salga fatal, pero hay que reconocer que a veces es imposible evitar que la gente se lo tome a chanza; en especial porque todo encajaba de maravilla, como los bailecitos que Ramoncín se marcó al estilo de El Fary y que no ayudaban precisamente a conferirle seriedad al conjunto.


Raphael, «Aquarius»

Sé lo que está usted pensando: la versión que Raphael hizo de «Aquarius» no es un destrozo, sino una transfiguración, una exaltación de una música que antes había sido terrenal, humana, material, pero que tras el toque de Raphael viajó hacia una dimensión hiperespacial en donde cada nota y cada revolucionaria inflexión de la voz son un paso más hacia un profundo conocimiento de las Revelaciones Últimas. Y si usted ha dicho eso en voz alta —mientras la gente en el vagón de metro lo miraba a usted con cara de comprensible pánico—, yo estoy completamente de acuerdo con usted. Sobre todo porque no viajamos en el mismo vagón. Espero.

Es verdad que Raphael no es un cantante. Es un Catalizador de lo Trascendente, un Mensajero del Supracosmos, un Can Cerbero de la Belleza Euclidiana. Obviamente es muy buen cantante en su estilo, pero aquí que cante bien es casi lo de menos. Es su personalidad la que se apodera de todo lo que toca. Su «Aquarius» va mucho más allá del mero concepto de «actuación» y es toda una experiencia metafísica que, salvo que sea usted un geranio en una maceta, le producirá un estado de inmediata felicidad y de completa comunión con el universo.

Escucharla cada poco tiempo hizo de mí un hombre nuevo; ahora mi vida es impulsada por un lema eterno: Jarmony and Anderstanding, Sinpazi and Roustapaunding.


El Príncipe Gitano, «In The Ghetto»

Otro momento cuya Hermosura con mayúscula no puede glosarse con palabras. Admitamos que requiere arrojo el hecho de cantar una canción que antes había cantado Elvis Presley, porque podemos decir que las interpretaciones de Presley suelen ser insuperables. No es menos cierto que el Príncipe Gitano siempre fue un innovador; baste ver su versión flamenca de «Delilah» acompañada, cómo no, de un extraordinario videoclip que recoge impagables escenas de la España del tardofranquismo. Y que demuestra, más allá de todo género de dudas, que el twerking fue inventado por una bailarina flamenca en los lejanos años setenta. Así que ya saben, en todos esos países donde ahora hacen twerking están cometiendo apropiación cultural de algo que es definitivamente nuestro.

Cantando a Elvis, el Príncipe Gitano supo tocar esa tecla particular que le permitió llevarse la canción a su terreno. Solo que en su caso esa tecla consiste en que su «inglés» es tan extravagante como el lenguaje de círculos de tinta de los marcianos de The Arrival. Y esto lo dice alguien cuya pronunciación del inglés es también digna de exégesis. Yo defiendo la tesis de que cantar, lo que se dice cantar, el Príncipe lo cantó bien. Vale, no es Elvis ni está en su estilo, pero el hombre le dio su emoción. Fueron sus atropellados intentos de meter en los versos sílabas que nunca estuvieron allí los que hacen de esta versión un artefacto tan hilarante. Lo que Chiquito de la Calzada hizo por el castellano (lo digo aquí, con ustedes como testigos: Chiquito > la RAE), el Príncipe Gitano lo hizo por el inglés.

Güedegüelten.

PD: Si por una de esas casualidades mágicas la corista de la actuación del vídeo lee estas líneas, que nos diga qué sintió formando parte de este mágico e inolvidable instante. Porque la vemos manteniendo la compostura mejor que Michael Jordan y Stephen Curry juntos.


Shakira, «Back In Black»

De vez en cuando, a los cantantes de pop digestible y masivo les da por interpretar clásicos del rock como una manera de decir: «Mirad, yo también molo». Es una tendencia curiosa porque, quitando un pequeño puñado de grupos establecidos, el rock prácticamente lleva dos décadas desaparecido de la primera línea de la industria musical y porque a los seguidores de los cantantes pop les importa bien poco el experimento y lo consideran cualquier cosa menos «molón», suponiendo que siquiera conozcan la canción de turno. El resultado artístico tampoco suele ser bueno, sino postizo y forzado. Hay excepciones como la de Miley Cyrus, que ha cantado temas rock en diferentes registros y, aunque a veces no acierta, está claro que no lo hace por pose. No cualquiera puede atreverse con una canción de Chris Cornell y salir airosa del intento.

No es el caso de Shakira. Su voz puede encajar con otros estilos, no lo niego, pero no podemos decir lo mismo cuando le dio por ponerse a cantar «Back in Black» de AC/DC. No es que desafine ni nada por el estilo; no es ese el problema. El problema es que su voz es tan rockera como una papilla de calabacín. La introducción, donde lleva la canción a otro estilo, suena no diré que brillante, pero al menos llevadera. Si hubiese sido todo el tema así, aún. Pero después se empeña en cantar con el estilo guitarrero original, y bueno, es como echar la papilla de calabacín sobre un cuadro del Louvre; el cuadro es «Back in Black» y la papilla de calabacín es la voz de Shakira. Por decir algo positivo, sus músicos —que en estos casos suelen ser buenos músicos, pero también empleados a sueldo con no mucha mayor autonomía que los dependientes de una gasolinera— pudieron divertirse tocando una pieza decente en mitad del resto del repertorio. Bien por ellos.

 


Pitingo, «Killing Me Softly»

Sí, pongo este vídeo en tres de cada cuatro artículos, pero es que me fascina hasta límites impensables. Cada vez que escucho la palabra «cacofonía» pienso en esta filmación. Cada vez que alguien habla de catástrofe climática, de asteroides peligrosos o de vertidos tóxicos, pienso en esta filmación. Cuando se declare la Tercera Guerra Mundial y nos digan que un misil atómico está a punto de caer sobre nuestra cabezas, pensaré en esta filmación.

Aquí la culpa del desastre ni siquiera es del propio Pitingo, aunque la versión en estudio de esta misma canción podría producirle un ictus al Dalai Lama. En la actuación de la que hablamos, es el guitarrista quien, por motivos indeterminados, empieza a tocar en un tono distinto al tono empleado por el resto de la banda. Que, por emplear términos no musicales, es como si las casas de su barrio son de bonito color piedra y de repente construyen un rascacielos fosforito. Pero bueno, lo de la necesidad de devolver a los arquitectos al estatus de siervos es algo para discutir en otra ocasión.

Volviendo a nuestro amigo el inventivo guitarrista, el resultado es catastrófico, claro, pero también increíblemente cómico. En especial cuando Pitingo se empeña en seguir bombardeándonos con sus gorgoritos en mitad de la debacle: cuantas más notas suenan, más notas chocan con la guitarra que está en otra afinación. Pero claro, eso a Pitingo le da igual, él quiere soltar sus gorgoritos. Decenas, miles, MILLONES de gorgoritos.

Lo único malo de este vídeo es que, al poco de empezar la canción, el guitarrista se da cuenta del desastre y cambia al tono correcto (¡más! ¡Queríamos más!). Su instrumento sigue levemente desafinado y la canción recupera una relativa normalidad. Digo relativa porque para entonces la banda ya ha entrado en estado de pánico. En fin, esto es como la explosión del Hindenburg: ya no cabe lamentarse, sino quedar atónitos con la contemplación de las llamas.

Un desastre que incluye, por supuesto, los pasitos estilo Chiquito de la Calzada del propio Pitingo.

 


Scissor Sisters, «Confortably Numb»

Después de haber cumplido mi viejo sueño de nombrar a Chiquito tres veces por tres motivos distintos en un mismo artículo musical, continuemos.

Para ser sincero, nunca he sabido si lo de esta versión entraba en la categoría de broma. Es decir, por lo general hago mi vida como si los Scissor Sisters sencillamente no existieran. De vez en cuando, en algún garito nocturno, pinchan su éxito «I Don’t Feel Like Dancin’» y trato de consolarme pensando en que quizá se inspiraron en la maravillosa «Shame, Shame, Shame» de Shirley & Company. Que seguramente no fue así, pero eh, cada cual sobrelleva los traumas como puede. En mi caso, recordando la Bella Música de los años setenta y bebiendo alcohol hasta que los receptores de vergüenza ajena de mi cerebro quedan bloqueados por las benditas moléculas etílicas.

Dejando a un lado mi total desconexión emocional con el colorido microcosmos de los Scissor Sisters, la ocurrencia de perpetrar una versión tecno-pitufa de todo un clásico de Pink Floyd es imposible de digerir incluso a base de anestesia con hielo. Y ojo, por lo que he oído decir, los propios Pink Floyd han dado su aprobación. Se supone que David Gilmour, Roger Waters y Nick Mason han expresado por separado su conformidad con esta versión. No lo sé. Lo único que puedo cerciorar es que he leído en una entrevista que Gilmour, con su característica diplomacia, dijo que la versión «no le disgusta» (según el entrevistador, Gilmour lo afirmó con una sonrisa que el periodista interpretó como medio sarcástica). Además, se se suponía que Gilmour iba a invitar al pituf… al cantante de los Scissor Sisters a un concierto y que lo canceló y que el pituf… el cantante de los Scissor Sisters se enfadó mucho por la cancelación y en la prensa llamó «bastardo» al legendario guitarrista.

Tiene que imponer, eh, que te llamen bastardo con voz de haber tragado un bidón de helio.

Pero bueno, de Gilmour y hasta de Waters me creo que hayan dicho que les gusta este pedazo de morralla. Supongo que el ser multimillonario desde hace décadas lo rodea a uno de una aureola de beatífica paz en la que ningún mal procedente del exterior puede penetrar. Porque esta versión, más allá de lo que opinen los propios ex-Floyd que compusieron la original, es atroz. Esto es exactamente la banda sonora que cabe imaginara en mitad de una orgía de ratones en la mansión de Mickey Mouse.

Yo, como Gilmour y Waters, también quiero ser millonario para que me den igual estas cosas.


Britney Spears, «(I Can’t Get No) Satisfaction»

Antes hablaba de la tendencia de los artistas pop que quieren parecer rockeros.

Otra tendencia curiosa, más reciente, es la de convertir canciones rock y soul en experiencias comatosas donde una voz por lo general femenina y «aterciopelada» (léase endeble) le quita toda la alegría y energía a canciones ajenas con el casi inevitable acompañamiento de un ukelele. Esta tendencia, que no nunca debería haber salido de las catacumbas de YouTube, alcanzó su cénit por culpa de la publicidad televisiva y radiofónica. Déjenme decirles una cosa, jovencitas: susurrar con un ukelele de fondo no queda bien. Es música de broma. Es como hacer una lasaña rellena de fotocopias del Código Civil. Sí, sus amigas dicen que les gusta, pero por la misma razón por la que dicen que les gusta su nuevo peinado. Y sus amigos dicen que les gusta porque… bueno, aquí les dejo un enlace que lo explica.

Pero dejemos de lado —por ahora— la necesaria discusión sobre si el comité de derechos humanos de la ONU debería prohibir para siempre el uso indiscriminado del ukelele. ¿O quizá prohibir el ukelele del todo, en cualquier circunstancia, convirtiendo en delito punible la tenencia, la mención, o el simple hecho de dibujarlo sobre un papel? En fin, hay argumentos para las dos partes. Para las dos partes que quedan del ukelele después de haberle aplicado una sierra mecánica.

Hablemos de Britney Spears. Me cae bien Britney Spears. Por más que no se me ocurra escuchar por gusto una canción suya (excepción hecha de «Toxic», ese extraño diamante surgido como un milagro mesiánico en mitad de su irritante discografía), me parece un personaje interesante que se rapa la cabeza y hace cosas raras y lleva toda la vida arrastrando el horrible trauma de haber compartido una infancia Disney con Ryan Gosling. Yo qué sé, Katy Perry es muy guapa y no toca mal la guitarra y seguro que es muy buena chica, pero tiene pinta de dejarte inconsciente tras diez minutos de conversación. Que se lo digan al pobre Neil DeGrasse Tyson, al que casi le provoca un ictus preguntándole si «las matemáticas están relacionadas con la ciencia». No me extraña que fuese novia de John Mayer, que tiene pinta de dejarte inconsciente tras cinco minutos de conversación.

Britney Spears no tiene pinta de ser aburrida. Excepto, eso sí, cuando le da por cantar una de los Rolling Stones.

Fue pionera en muchas cosas y una de esas cosas fue la de transformar una canción dinámica en un puñetero tsunami de benzodiacepinas. En su caso, Britney no lo hizo con ukelele, porque el nefando cacharro aún no se había puesto de moda, pero ella sin duda contribuyó a sentar las bases de tan infausta corriente de versiones-adormidera. Supongo que lo de cargarse una canción de los Stones lo hizo para celebrar que ya era mayor de edad y ya podía cantar canciones para adultos. Para adultos encerrados en una cámara de privación sensorial, concretamente. En su día se la criticó mucho por su versión de «I Love Rock & Roll», pero al lado de «Satisfaction», su «I Love Rock & Roll» es hasta decente.

Lo de «Satisfaction» es una agresión.  En plan taparse los oídos y, si no fuese por cómo lucía el atuendo púrpura, también los ojos.


Hilary Duff, «My Generation»

Aquí va una idea gratis para los directores de películas y series: no hay mejor banda sonora para una secuencia de matanzas que la carnicería que doña Hilary perpetró con uno de los clásicos de The Who. Porque ni siquiera hablamos de un desliz en directo o de un mal día, sino de un acto de terrorismo deliberado y planificado en el estudio, donde alguien pudo haber evitado la catástrofe solo con decir: «No podemos publicar este pedazo de mierda». Usted me dirá: «Pero este destrozo sí es intencionado». No. La gente que hace estas cosas, productores, arreglistas, técnicos y demás, cobran por crear un buen producto. Pero a veces, normalmente por culpa de alguien que manda sobre ellos, no lo consiguen. Es muy posible que un solo tontolaba de la discográfica, o quién sabe si la propia cantante, sea culpable de algo como esto, mientras que el resto del personal del estudio se iba a casa con dolor de cabeza.

Ya sabe: si quiere usted torturar a sus vecinos por esas típicas batallitas de escalera, ponga esta canción en modo repetición con el volumen al 100 y, antes de que acabe la jornada, tendrá a todos sus vecinos llorando en el rellano y dispuestos a autorizar la instalación de esa salida de chimenea que usted, pedazo de anormal, insiste en colocar en los espacios comunes.

 


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32 Comentarios

  1. Como fan de Nirvana que soy, me he visto obligado a votar a la aberración que se marcó Ramoncín. Pero es que si hablamos de versiones aberrantes del trío de Seattle, la que se marcó Bebe con Smells like teen spirits es digna de liderar este ranking. Búsquenla en youtube, los que se atrevan.

  2. Buff difícil elegir entre tanto despropósito, imposible superar la versiones de Raphael y el príncipe gitano,pero el espectáculo de Carl Lewis es tremendo,me quedo con él pq lo desconocía.

  3. Yo le daría el premio absoluto de no ser por el Príncipe Gitano, a la versión de Aquarius de Raphael. Si algunos de los mencionados en la lista admitieron su cagada directa o indirectamente, el bueno de Rafa sigue defendiendo su macroversión. De hecho, su poderío y autoestima es tal, que fue el único invitado al programa de Gomaespuma en M-80 que logró tumbar a los dos presentadores rompiéndoles el guión completamente cuando le pusieron la versión en su jeta con la intención de hacerle sonrojar y el Gran Hombre lo confundió con un halago, comenzó a narrar los pormenores de su éxito y de cómo arrasó cuando la cantó en el MSG. No recuerdo si fue antes o después, Lucia Etxebarría, esa gran intelectual, también logró hacer perder los papeles a uno de los miembros del dúo (Juan Luis Cano), pero por razones mucho menos graciosas. Lo suyo fue puro mal rollo mientras que lo de Raphael fue para ponerse en pie y aplaudir ovacionándole. Raphael, the man, the legend.

    • Cierto, Raphael ya era ridiculo antes de hacer la primera comunion, pero desgraciadamente el unico que no se ha enterado ha sido el.

  4. La elección es dificil entre tanta …. pero me he decidido por el destrozo perpetrado por los Scissors Sisters. Creo que tiene un especial mérito lo suyo, de convertir una canción trágica en algo cómico, sin que fuera ésta su intención.
    En su «favor», debo decir que Ramoncín, Raphael et altri han puesto el listón muy alto.

    Me he reido un buen rato…

  5. Totalmente de acuerdo con lo de las anémicas del ukelele. Llevo años advirtiendo de esa tragedia y la gente ni caso. Un signo más del fin de los tiempos.

  6. La versión del «No me imagino» de Los Secretos perpetrada por Fran Perea aún se aparece en mis pesadillas. Aparte de esto he de reconocer que en este terreno el Príncipe Gitano es Dios: Su Delilah es canela en rama.

  7. Raphael siempre ha hecho el ridículo cante lo que cante, probablemente el mamarracho más insufrible de la canción española.
    Por algo en los tebeos de Mortadelo torturaban a los mendas atándolos a una silla y poniéndoles discos y películas de R.

  8. ¿Lo de April en vez de Avril es una licencia del que escribe?

    Por otra parte, son todas infames.

    Desconozco si hay documento que lo certifique, pero asistí a un concierto de Alicia Keys en Madrid en el que actuó de telonero El Cigala (en su época preexperimental con ciertas sustancias, supuestamente) con Bebo Valdés al piano, presentando aquel genial «Lágrimas Negras». El caso es que, casi al final, la invitaron a unirse a la fiesta y querían que se arrancase a cantar algo con ellos. Lógicamente, ella no sabía ni por dónde empezar y el amago de sarao acabó rápido, por suerte para ella y los allí presentes.

  9. No puedo escoger sólo una :-)
    Me he reído un montón y, aún así, señor de Gorgot, y desde el disfrute y la admisión que me causan sus artículos, tengo una pequeña discrepancia con lo que declara sobre el ukelele.
    En dos palabras y un título:
    Bruddah Iz & Somewhere over the rainbow.

  10. Qué grande King Carl.

    Por cierto,que el partido ni es la final de la NBA ,ni son los Phoenix Suns,ni es Charles Barkley el que se aguanta la risa.Es un partido contra los Nets en New Jersey y el que se está descojonando es Derrick Coleman.

    • Pues a mí me parece que hay buenas versiones en muchos casos en ese disco.Muchos artistas la hacen a su estilo y le dan un toque diferente.

  11. La peor (de largo) es la de Scissors Sisters, porque parece que los tipos realmente piensan que están haciendo algo que vale la pena con la canción de Pink Floyd, cuando todo el arreglo en sí (y la voz muy particularmente) es una absoluta aberración.

    Yo quitaría de esta lista a la versión del Príncipe Gitano, que transciende el ridículo más espantoso para acabar llegando a lo excelso a base de darle la vuelta al circulo sobre el que gira todo en esta vida. Es una aproximación tan espectacularmente terrible que no podemos más que tacharla de genialidad

  12. Una forma muy sencilla de escuchar un destrozo de una canción: oigan Vds. el Cd de un tema cualquiera, de un grupo cualquiera – incluso de un supergrupo, pongamos los Rolling y su Honky Tonk Woman – , después acudan a un concierto en directo del mismo grupo, y oigan la misma canción: desafinaciones, notas equivocadas, cambios de ritmo, un auténtico desastre que no se parece ni de lejos a la grabación.
    Abro paraguas.

  13. Espero que nadie haya escuchado Tommy Baron, la versión por Barón Rojo del Tommy de los Who.. El que lo haya escuchado o la ha palmado ya o está a base de lexatin.

  14. Hay casos extraños. «Hotel California» por The Gypsy Kings. La presentación de «el puto Quintana». Introdujeron la versión más descacharrante posible del tema por antonomasia que nadie hubiera versioneado de estar cuerdo… y triunfó. Se convirtió en el icono de presentación de un personaje. La vida es irónica.
    https://www.youtube.com/watch?v=KdOjVsfuKPs

  15. Pero a ver, por favor… Que no puedo ser la única que vea en este artículo una selección totalmente inconexa de cosas que no tienen nada que ver entre si, plagada de exageraciones fuera de lugar y un nivel tan tóxico de condescendencia que estoy leyendo este truño con una máscara de gas. Lo de Dover qué va a ser «desacarrilamiento vocal» ni qué niño muerto. Lo único que pasa ahí es que la música está el playback y Cristina está cantando encima (moviendose y bailando) y no queda bien el resultado. ¿Shakira mal?…¿pero en serio?. Venga hombre. Especialmente fuera de lugar lo de Scissor Sisters (cover, COVER, C O V E R que por supuesto le gustó a los Pink Floyd porque es una genialidad) que podría estar en una lista de «mejores versiones o más originales de un tema» con bastante más credibilidad que en esta lista.

  16. Me encanta que hayas mencionado a Chiquito tantas veces. Dicho esto, está claro que el Rey del Pollo Frito es un pecador de la pradera

  17. Me gustó el artículo. Elijo el de Avril Lavigne porque era particularmente evidente la pifia, pero la señorita decidió ir a fondo y ahí quedaron las consecuencias.
    La versión de Shakira es un mal chiste, pero quizás la Shakira de Donde Estan Los Ladrones podía haberlo sacado con mas dignidad. La rubia que ya había entrado en el showbusiness de cajón iba a caer en esto.
    La versión de Scissor Sisters es tristísima, aunque por diferentes -y obvios- motivos que la original.

    Corolario: mas que el uso del ukelele -que sí, es un cáncer-, la cosa arrancó con los cover estilo bossa nova que se lanzaban a principios de este siglo -salieron con versiones de Marley, de los Ramones y hasta de los Stones-. Precisamente, el esperpento de la Spears con Satisfaction es el hermanastro de ese estilo delictivo: gente que trata de bajarle decibeles a canciones cuya fuerza, justamente, estriba en ellos.

  18. Pues para mi la actuación de Ramoncín tiene su rollo… como mínimo la banda está a la altura. Pobre tio, creo que es víctima de un prejuicio generalizado. Su discografía merece un respeto.

  19. Ramoncín, deja de escribir en los comentarios bajo pseudónimo, diciendo que tampoco está tan mal, que si el grupo… tienes que dar clases de canto, porque entre esto, tus discos, lo del tocho cheli y el lingo tienes una carrera cutre con avaricia

  20. Entiendo que si eres fan del «Comfortably Numb» (quien no lo es) te chirrie la versión de las «Scissor sisters», pero en su día lo petó por su originalidad y no ha perdido ni un ápice de la misma. Son, sencillamente, dos canciones distintas con una misma letra.
    Yo creo que aquí hay que diferenciar entre cantar mal (Carl, Ramoncín) con versiones completamente surrealistas (Raphael, El príncipe gitano). Mi voto para Raphael. Siempre me arranca una carcajada; me encanta dentro de su bizarrismo.

  21. Pues ya me dirá el autor de qué vale hacer una versión si no se aporta nada personal o nuevo a esta. Lo digo por Shakira, Scissor Sisters o Britney Spears, que simplemente se llevaron canciones a su terreno. Y ojo, pueden no gustarnos, pero de ahí a ponerlas en una lista con lo de Ramoncín o Avril Lavigne (Que por cierto, su nombre está mal escrito en todo el artículo, ignoro si es algun tipo de broma privada)

    Tampoco estoy de acuerdo con lo de Dover: La canción no la destroza porque no hay nada que destrozar: es asi de mala. Y la vocalista de ese grupo nunca fue sobrada, asi que no pilla a nadie por sorpresa. Si se quería poner una canción destrozada por su interprete original, Liam Gallagher cantando Wonderwall en los JJOO de Londres hubiese sido un ejemplo mucho mejor.

  22. Gracias por la selección… El alipori me ha impedido ver completos todos los vídeos…
    (y eso que tengo aguante para casi todo…) objetivo conseguido!!!

  23. Independientemente de la calidad del producto final, a mi un tipo que no tiene ni puta idea de inglés, y sabiendo lo hujoputas que somos con la gente que lo pronuncia mal ( y con el que lo pronuncia bien también) me quito el sombrero y me inclino ante el Príncipe Gitano, Raphael y Jesús Gil…por que tuvieron más cojones de hacer lo que creían que tenían que hacer que todo el hemiciclo del congreso…si no que ademas…son leyenda.

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