
En época de exámenes los profesores tenemos siempre el mismo problema: evaluar. Para resolverlo he decidido que este año voy a poner la máxima nota a todos los alumnos. Sí, eso es, a partir de ahora todos mis alumnos obtendrán un 10. En principio parece netamente positivo, ya que llenará a un grupo de valiosos y entregados estudiantes una gran felicidad y satisfacción. Solo hay un par de pequeños problemillas relacionados.
El primero, ¿cuántos alumnos podemos esperar que estudien, se esfuercen o simplemente vengan a clase, si saben que van a obtener un 10 hagan lo que hagan? Tarde o temprano pocos, si es que alguno. A fin de cuentas, pueden usar ese tiempo para otros menesteres más productivos. Su comportamiento no determina cómo obtendrán su nota final, que no va a cambiar. Pero esto no parece importante ya que de este modo conseguimos que los alumnos no tengan estrés, estén felices, vivan en un entorno seguro y de este modo todo irá genial. No queremos alumnos con baja autoestima por obtener malas notas, ¿no? El segundo problema es el del agravio comparativo. Los alumnos de otros grupos, en otras clases, probablemente se sentirán menospreciados. Ellos se han esforzado y una gran mayoría ha obtenido una nota menor. La solución a este problema es sencilla: basta con modificar sus calificaciones y proporcionarles también la máxima distinción. Aunque eso pueda suponer que se nos vaya el tema de las manos… ¡Todos los alumnos y antiguos alumnos de la universidad merecerían un 10! Lo contrario sería injusto. Igual que regalar un máster a unos sí, pero a otros no. Es posible que los primeros que obtuvieron la máxima nota se quejen, seguro que tienen buenos argumentos que demuestran que ellos lo merecen pero los nuevos no, pero tarde o temprano tendrían que ceder ante tamaña injusticia, ¿no?
Bien, supongamos que está hecho. Todos los estudiantes universitarios en España viven llenos de felicidad. La duda que nos asalta ahora es, ¿cuánto vale el 10 que todos ellos atesoran con orgullo? Nada. La calificación, con todos sus condicionantes y limitaciones, es una herramienta para representar el nivel de conocimientos y competencias alcanzados por un estudiante. Sin embargo, en este contexto que hemos definido, la calificación ya no sirve para eso. Tarde o temprano se descubrirá, o simplemente se comprobará de manera práctica, que todas esas personas con la máxima nota posible en realidad no saben nada de nada de nada. No han ido a clase, no han desarrollado competencias, no han aprendido herramientas ni discutido sobre alternativas. Pero sobre todo, no han resuelto problemas ni se han esforzado. La calificación les ha venido regalada.
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Siempre me digo de no leerlo porque tendré que hacerlo más de una vez para entenderlo, es una avalancha de información, pero no desisto. En definitiva, y como decía nuestro Perón en lenguaje llano y refiriéndose a la economía, «hay que producir por lo menos lo que se consume». Es diáfana esa afirmación, y estoy de acuerdo, como también respetar las directivas de la UE (teutónicas sobre todo, siempre tacañas) por parte de los países que antes de entrar en el club, a ejercicio económico terminado, alegremente pasaban la inevitable deuda a los gobernantes por venir, llevando el déficit a sanarlo en las calendas griegas, de alguna manera hipotecando el futuro de nuestros hijos. Y entonces? Pareciera ser un círculo vicioso sin salida. Que me dice si los gobiernos invirtieran en tecnologías innovativas y en el arte? Son sectores olvidados o mal vistos. Tal vez por ahí, con nuestro gusto por la vida y la subsiguiente inventiva latina se podría crear un mercado redituable. Espero haber entendido algo. PD: Qué significa «belenestebanio»?
Mi estimado Eduardo, se te echaba de menos por los artículos
En España tenemos una princesa del pueblo, Belén Esteban. Es una referencia entre la gente de cualquier clase, pero sobre todo entre las clases populares. Se casó con un torero, se divorció y durante años ha aparecido en revistas del corazón (prensa rosa), programas de televisión de «cotilleos» (o vida social) y concursos tipo reality. En uno de estos concursos se mostró con un pijama morado…se acabaron las existencias del mismo en muy poco tiempo. De ahí el término «belenestebanio».
Cierto, es necesario invertir. De hecho las sociedades modernas nacen porque tenemos ahorro. La productividad o la especialización permitieron guardar un poco para que otros hicieran otras tareas, aprendieran, exploraran. Buscar el punto medio es siempre complicado y siempre necesario. En este ejercicio utópico he usado un ejemplo que todos conocemos, la evaluación en escuela o universidad, ya que en general hemos pasado por algún estudio (podemos leer); pero llevado a un extremo. Ya sabes, a veces para entender como funcionan las cosas primero es bueno entender los puntos singulares, entre ellos los extremos.
Gracias una vez más por la confianza y por pasarte por aquí, a pesar de mi desaforada tendencia a la extensión. También por la cita de Perón, que no conocía. De tierras argentinas tengo grato recuerdo del malogrado Tomás Bulat. Me regaló en Buenos Aires un par de libros suyos un buen amigo.
Sobre gobiernos invirtiendo, a veces es mejor que los gobiernos dejen hacer en lugar de que hagan. Pero es cierto que para competir hoy a nivel mundial con gobiernos que invierten muchísimo en tecnologías innovadoras no queda más remedio que invertir al menos algo. Pero de eso hablaremos otro día, gran parte del mundo startup moderno nace por la tecnología, pero otra parte por el dinero barato que existe en el mercado y está fomentando que cada vez se endeude más la gente. Y esto, tarde o temprano, se acabará
Aunque no comente, paso siempre por sus pagos, estimado Haro Rodríguez, ¡faltaba más! Supongo que soy un maso-maniaco- compulsivo por los temas embarullados, y acepto de buen grado los posteriores problemas gastro cerebrales, y no lo tome como una crítica negativa. Es un buen ejercicio intelectual espolonear las neuronas. Lo recomiendo, y en especial modo a los hinchas de fútbol que, si son fieles al cien por cien, no tendrían que tomar a la ligera los consejos que dio una psicóloga adjunta a un equipo español que creo fue entrevistada por JD. Para una mayor plenitud, y no solo deportiva, aconsejaba cambiar esta rutina intrínseca que nos acompaña desde siempre, por ejemplo, tratar de escribir con la mano que no usamos, pensar lo que pensamos, etc. etc. y en especial modo tratar de entender temas literarios aparentemente difíciles. “Avanti cosí”, es una noble misión educar al “soberano” decía un padre constitucionalista de mi país antimonárquico a raja tabla.
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