
Estamos en pleno carne-vale, la época del «adiós a la carne», las máscaras, la permisividad y el descontrol. Esperamos que sea por eso el descontrol informativo, organizativo y legislativo actual, en el que cada uno cuenta una historia con una máscara diferente.
Descontrol en el vertedero de Zaldibar, que había recibido en trece años lo que estaba previsto acumular en treinta y cinco, provocando la tragedia de dos trabajadores muertos, y amenazas para la salud de los cuarenta mil habitantes de los municipios cercanos. Se intentó tapar hasta que no quedó más remedio que suspender un partido de fútbol. Así es nuestro país, cuestión de prioridades. Reciclamos apenas el 29% de los residuos municipales, cuando la UE nos había fijado un objetivo del 49%. Durante una década ese porcentaje no se ha movido al alza, y hace dos años que en los vertederos de regiones como Madrid, Asturias y Valencia no cabe una bolsa más… pero se siguen echando. El problema se agravó en 2018, cuando dejamos de ser el noveno exportador del mundo de residuos plásticos porque Asia se hartó de comprarlos. No porque no quisiera esa materia prima, sino porque enviamos contenedores con solo un 20% de plásticos reciclables, mezclados con otros que no lo eran, y contaminados con metales pesados. Para próximos carnavales auguramos más desfiles de vertederos derrumbándose. De momento, y en camino a las elecciones, el Gobierno vasco pide ayuda a otras comunidades para usar sus vertederos.
Aunque si de lo que se trata es de asustarse, olviden las máscaras venecianas. Las que dan miedo son las mascarillas faciales, sinónimo en estas fechas del coronavirus de Wuhan. Mientras la epidemia empieza a remitir, los doctores chinos avisan: contraerlo no garantiza la inmunidad. Al contrario, la infección se vuelve más grave la segunda vez, afecta al miocardio y se puede morir de un ataque al corazón. China lo sabe, el semestre de sus estudiantes ha sido pospuesto, la censura a la difusión de noticias ha aumentado, y hasta se ha instaurado la pena de muerte para quien oculte que tiene los síntomas. Así se explica que el tour para promocionar la última de James Bond en el gigante asiático se haya cancelado. El título lo estaba pidiendo, No Time to Die, no es buena época para morir.
Dudamos que 007 vaya la bancarrota por ello. No así los Boy Scouts de Estados Unidos, condenados a pagar ciento cincuenta millones en indemnizaciones por abusos a niños. Otra organización más. ¿En quién confiar? Esta semana conocíamos el peso psicológico de investigar y visionar los abusos de pederastas sobre niños. Los policías de la Unidad Central de Ciberdelincuencia nos recordaban de paso que, contraintuitivamente, no es buena idea difundir fotos de nuestros pequeños en la playa. Por múltiples motivos, como recuerda a menudo Borja Adusara. Debemos formar a los niños, no deformarlos, prepararlos para resolver problemas y ser mejores que nosotros.
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