
¿Saben lo que hemos aprendido del coronavirus esta semana? Que a los políticos les falta discurso. Contundencia. ¡Épica! No sé, un «lucharemos en las calles (con la cuarentena), lucharemos en los hospitales (contra la falta de médicos), lucharemos con creciente confianza (lavándonos las manos), y en la hora más oscura, combatiremos la expansión de la epidemia cualquiera que sea el costo…». Sí, eso hubiera estado bien. Pero claro, como para ellos era como una gripe se ha liado parda.
Hasta el pasado domingo y tras cuarenta y ocho horas sin datos teníamos al menos novecientos noventa y nueve casos, se duplicaron el miércoles, y comenzamos el viernes 13 con dos mil doscientos setenta y siete. En una semana cincuenta y cinco fallecidos, ciento ochenta y tres recuperados, el país y la UE en vías de cierre, y el número de enfermos creciendo, aquí puede verse en tiempo real. Ese mismo día un artículo publicado en esta revista advertía con una estimación matemática sobre la explosión de casos.
En una semana de dudas, y de autoridades con opinión cambiante, —hasta la OMS ha tenido que explicar porqué no declaró la pandemia hasta el miércoles—, han sido los científicos quienes nos han ayudado a comprender, no las autoridades. Ahora entendemos que el problema son los picos de contagios, imposibles de ser asumidos por el mejor sistema sanitario público del mundo, que no está diseñado para esto. Con algo menos de 4500 Unidades de Cuidados Intensivos y una expansión rápida del virus los médicos estarían obligados a elegir quién vive y quién muere. En Italia ya lo están haciendo. Hipertensos, diabéticos y enfermos coronarios —según datos de pacientes en Wuhan son los que más mueren— no son entubados, y los mayores de ochenta años se descartan. Así de crudo.
Así que hay que quedarse en casa y extremar la higiene porque lo contrario es incrementar el riesgo de muerte de mayores y grupos de riesgo. Una parte de la ciudadanía está muy molesta por que no se dijera, hace una semana, que es mejor optar por las cuarentenas. El mal ya estaba hecho, y se evidenció en las personas que anteponen su ideología a las evidencias científicas y la prudencia, ya sean Santiago Abascal, Macarena Olona, Ortega Smith y otros de su partido, como los políticos asistentes a las manifestaciones del 8M, donde quizá se contagiaran varias ministras. Ahora Bolsonaro, la esposa de Trudeau, y así seguirán goteando casos.
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Después de la borrachera y el subsiguiente estrago queda la certeza tonta de que hubiéramos estado mejor sin ella. Después de la guerra Europa se dio cuenta de que estábamos desnudos, con su sistema inmunitario deficiente. Para no hablar de la crisis del petróleo. Crisis, creo, que en griego signifique cambio, en el cual se aceran todas las verdades cuando se comprueba que no sirven fronteras para estar al seguro, ni regiones ni religiones, solo sistemas de salud eficientes. Fronteras, que aves y virus no conocen, ni patrias autonómicas, ni países y menos felices comunidades. Pasen, señores, en nombre de la transparencia empresarial y las libertades cívicas pueden elegir el holocausto que más quieran. Creo que después de esta crisis otra será la percepción mundial. Perdón, señor Sacristán, por transgredir otra vez el pacto de no ser pesimista estipulado con Guillermo. Óptimo artículo, selectivo e incisivo, para nada torrencial. Y gracias por usar «la omertà» que a mis oídos acostumbrados a ambas penínsulas suena como uñas en el pizarrón cuando dicen «el omertà». Comprendo algunos que lo usan al masculino, puesto que no existe en español «omertà» y su sinónimo es el «silencio» impuesto, al masculino, pero termina en «a» y ya con esto es suficiente. Y cuando llegue el momento de nombrar Cosa Nostra, por favor, recuerde que ha nada habrán servido los tirones de orejas que mi maestro, de apellido italiano pero por suerte nacido argentino y amante del español, me daba por usar el pronombre delante de un nombre propio. La María, y !zas! un coscorrón. Sin embargo, en italiano, se usa normalmente, no así cuando se quiere nombrar esa realidad delictiva: Cosa Nostra, y basta, no «la Cosa Nostra». Muy buen artículo. Gracias.
Se me escapó una hache de más. Por suerte es muda y pasa desapercibida. … a nada habrán…
De tus comentarios nos gustan hasta las erratas, eduardo roberto. Gracias por leernos y por escribir aquí.
¿Exactamente a qué miembro del gobierno han escuchado referirse al covid-19 como «una simple gripe»?.