
Abraham oyó la voz de Dios que le decía: «Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécelo allí en holocausto en uno de los montes, donde yo te diga» (Gen. 22, 1-2).
Abraham debió de quedar estupefacto, la orden era incomprensible. El nacimiento de Isaac, hijo de Sara (noventa años) y del patriarca (cien años) (Gen. 17, 17-18), había sido ya un notable milagro, ¿cómo podía pedirle ahora que acabara con la vida de su hijo único, con el que Dios iba a celebrar una alianza eterna según había manifestado? No obstante, Abraham no replica y obedece ciegamente.
Según cuenta el relato, al día siguiente Abraham madrugó, aparejó un asno, reunió a unos cuantos mozos y a su hijo Isaac. Él mismo partió la leña del sacrificio, como si no se fiara de nadie más y seguramente la cortó de modo que diera una pira efectiva y cómoda. Se pusieron en marcha y al cabo de tres días vio la que debía de ser una colina llamada Moria. Ordenó a los mozos que se quedaran allí al cuidado del asno mientras él y su hijo subían la colina para hacer oración y luego regresar.
Esta mentira es inquietante. ¿Daba por supuesto que Isaac no iba a ser sacrificado? ¿O, por el contrario, persuadido de ello, no quiso anunciar a los mozos que volvería solo? Es uno de los aspectos que más desconcertaba a Kierkegaard, para quien es el silencio de Abraham lo más importante, lo esencial, de la historia. Hay cosas que no se pueden decir, o que solo las dice el silencio.
Cargó Abraham la leña sobre la espalda del hijo. Llevó él un cuchillo de gran tamaño, el que se usa para degollar carneros, así como el pocillo de brasas para encender la hoguera. Comenzaron a subir.
En algún momento no especificado por el narrador, quizás a la vista de la cima, Isaac le dice a Abraham: «Padre, aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?». No alude al cuchillo, tercer elemento imprescindible, como si le atemorizara mencionarlo, ni a la cuerda con que se atan las víctimas. Abraham no le hace caso y pronuncia la célebre frase, tan usada desde entonces como si se tratara de algo formidable: «Dios proveerá el cordero para el holocausto» (Gen. 22, 7-9). En efecto, ya lo había provisto.
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Siempre que me topo con la historia de Abraham e Isaac, no puedo evitar recordar la interpretación de Louis CK, según la cual Dios es como una mala (shitty) novia: te pide gilipolleces para demostrar tu amor, pero te para en el último segundo y te abronca por haberla obedecido.
https://m.youtube.com/watch?v=eImCjwsFJ-Q
That’s religion for you.
Dios no absuelve el asesinato de Abraham, lo impide. Y no pide gilipolleces para que demuestres tu amor por Él, como dice el pajero exhibicionista de Louis CK (que ojo, me parece un gran cómico y ojalá vuelva, pero no es fuente de sabiduría de nada), Dios pide gilipolleces para demostrar su amor. Los relatos de la Biblia no se pueden leer sin tener en cuenta toda la Biblia. No en clave histórica, sino de lo que se llama «economía de la salvación». Es algo que tiene más que ver con el obrar de Dios que del ser humano. Como dice Chesterton, el protagonista de la Biblia, y que se esconde, es más Dios que el hombre. En el caso del sacrificio de Isaac, hay exegetas que lo relacionan más con la muerte de los primogénitos en la salida de los judíos de Egipto (los primogénitos de Israel se salvaron por la marca de la sangre del cordero, tal como el sacrificio de sustitución con Isaac). Y los exegetas cristianos lo enlazan más con el sacrificio del Cordero de Dios, en el que no impide que su Hijo muera, tal como sí hizo con el de Abraham.
Ahora bien, cada cual es muy libre de interpretarlo en clave de justicia humana, claro.
Efectivamente, impide un asesinato que primero ordenó. Un asesinato que nunca habría intentado perpetrar Abraham si su dios le hubiera dejado en paz.
Sea «verdad» u otro cuento de la Biblia, como el del jardín del Edén, lo preocupante es que la humanidad no lo identifique inmediatamente como un comportamiento enfermizo en lo que se supone que es un ser todopoderoso que nos ama.
Si el objetivo de la historia es que amemos a tal ser, y no que lo temamos por tener un temperamento tan inestable y tóxico, cualquier escritor medianamente capaz podría sugerir cambios orientados a vender más eficazmente la idea.
Los «lo que la historia dice en realidad», pajas mentales que ni las otras de Louis CK, son un recurso que igual colaba hace unos siglos, pero ya no.
Suenan a «lo que yo quería expresar con mi bofetada, cari…» Puag.
Ah, y ya ha vuelto, aunque no sé su para quedarse. Busca «Sincerely Louis CK». Muy bruto, en su línea.
El objetivo de la historia es que si vas a cometer un crimen, al menos, ten la dignidad de que el silencio hablé por ti. Me faltó en el artículo, aquel asesino que se autoflagela, estoy hablando de Rodka.
Tienes razón, en realidad el quid del artículo es la última frase. Pero a ver quién es el valiente que lo titula así.
La exégesis no tiene nada que ver con “lo que la historia dice en realidad”. Y tampoco creo que seamos mejores ni más listos que “hace unos siglos”. Bueno, menos los tontos que sí lo creen así. Gracias por la recomendación de Louis C.K.
Cree lo que quieras (está claro que ya lo haces), pero hoy en día es difícil vender la idea de un dios a golpe de miedo, que es lo que la Iglesia ha hecho durante siglos con estas historias enfermizas de «la prueba de que te quiero es lo mucho que te torturo psicológicamente» entre muchas, muchas otras cosas.
Eso no nos hace ni mejores ni peores que nuestros antepasados, sino menos susceptibles a la manipulación de esos en concreto. Por contra, nuestros antepasados eran menos susceptibles de ser manipulados por Facebook. Lo uno por lo otro, si quieres.
Pues yo cuando lo leí, lo primero que pensé es en un asesinato egoísta. Matar por venganza o por amor a Dios, en el fondo, es lo mismo . No es como V de Vendetta, por decir algo. El crimen de José Bretón es un acto de venganza, un acto egoísta cómo el que hubiera hecho Abraham si no lo hubieran detenido.
Me sorprende, a tenor de los comentarios, que si quiera se dé por real aunque sea una milésima parte de la patraña bíblica.
Me soprende que ésa sea tu interpretación. Yo he hablado hablo de lo enfermizo de la historia como manera de vender la idea del dios de los cristianos.
Como meter una escena de malos tratos entre los protagonistas de una novela romántica a modo de culmen de la fase de seducción.
Que la historia venga de la Biblia o de Harry Potter es lo de menos.
Dios no es una idea en venta. Puedes creer o no. Pero si crees no construyes historias para vender un producto. Eso lo harás si no crees pero quieres montar un chiringuito para vivir de eso. Que evidentemente hay gente así, como también hay gente que no cree y cree que los que dicen que creen son todos así.
En cuanto lo “enfermizo” de la historia, eso sin entender lo que es la kénosis de Dios, no es fácil de entender. Es algo así como rebajarse a la altura del hombre, de ahí esas burradas. Pero como dije antes, la Biblia no es un libro de historia y cada uno es libre de interpretarlo según su criterio, hasta con tópicos manidos si le place.
Querrás decir que no debería serlo. Lo cierto es que el proselitismo es eso, vender una idea para conseguir más adeptos. La Iglesia vive literalmente de los adeptos a tal idea.
Y que conste que no he dicho que la Iglesia sea un chiringuito, esa palabra la has mencionado tú primero.
Sí, la kénosis de Dios… «Pues eso, cari, que tienes que fijarte más en el contexto socio cultural en el que nos encontramos y que sin duda propició las circunstancias que me llevaron a darte una somanta el finde pasado. Está claro que no entiendes ese contexto». Y tal. Puag one more time.
La Biblia no se escribió para sesudos teólogos capaces de deducir que «negro» significa «blanco», sino para la gente corriente. Manda huevos que se termine diciendo a esa gente corriente que no es lo suficiente lista para entenderla.
En cierta manera, no deja de ser una analogía con pequeños matices. Esos pequeños matices son lo interesante del artículo.
Siempre se ha asociado los sacrificios humanos con religiones muy primitivas. Y son cosas de hombres que justifican esso holocaustos con las «voces» que se los ordenan. Voces de dioses inventados por esos mismos hombres…..
¿El nazismo y el comunismo son religiones muy primitivas?
No mezcle churras con merinas amigo. Sabe de sobra que los tiros van por otro lado. Pero sI quiere podemos hablar de las guerras de religión que asolaron europa durante siglos y se hacían en nombre del mismo Dios.
Lo de poner comunismo y nazismo al ras es como hacerlo con el catolicismo y el yihadismo. Una gilipollez, aunque la suelte un cruzado.
Tiene razón. Los nazis estuvieron apenas 15 años y los comunistas llevan más de cien.
Entre otras cosas la validez de las ideas se demuestra en la práctica. Por algo el nazismo (no se olvide, racista, supremacista y violento por definición, en esencia) duró quince años y el comunismo perdura en China con gran éxito y lo que le queda, a dios (no existe) gracias.
Si se refiere exclusivamente al soviético, expiró a fines de 1991, por cierto, saltando la voluntad popular expresada en el referéndum de marzo del mismo año.
Tenga en cuenta que fue la URSS atea la que venció al pagano nazismo. A dios gracias, otra vez.
No quiero pensar (pero lo temo) que al hablar de comunismo se refiera al populismo chabacano y volátil de Pdms ni al estatalismo de los bolivarianos venezolanos, pero supongo que usted no da más de sí.
Efectivamente, su temor se confirma, el comunismo vive y le queda mucho de vida.
Y hablando de lo que se hablaba, qué me cuenta de las guerras de religión, de la quema nordeuropea de brujas, de la masacre de Béziers o del nacionalcatolicismo de Paco.
Todo es susceptible de torcerse. Pero no se puede poner mismo al mismo nivel a un gangster anormal que solo piensa en convertir en humo a los que piensa que son subhumanos (y en robarles de paso todo lo que tengan) con el tovarich que asaltó el Palacio de Invierno porque estaba harto de miseria. Es inmoral, aunque esté de moda. Uno está alentado por una idea podrida. El otro por una hermosa (aunque como digo todo se torciera). Y no se olvide de que muchos de los derechos de que disfruta vienen del empuje que nació de aquellas revoluciones socialistas. Si no esto seguiría siendo la Inglaterra de Dickens.
Lo dicho. Churras con merinas.