Futuro Imperfecto #45: Lávame ese Amazon, y esa basura

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Almacén de Amazon. Foto: Cordon Press.

Fue bonita, o no, aquella sociedad en que podíamos consumir libremente sin más cargo de conciencia que habernos gastado un pastón. Pero cuando Naomi Klein publicó No Logo en el año 2000 comenzamos a saber que Nike fabricaba zapatillas esclavizando personas en Asia. Desde entonces las cosas solo han ido a peor. Como consumidores nos hemos convertido en responsables de esclavizar adultos y niños, destruir ecosistemas, añadir daño al cambio climático y torturar animales. Y no importa lo concienciados y combativos que deseemos ser, porque de todo lo que compramos siempre habrá algo que esté manchado de sangre. Aunque tenga una apariencia tan inofensiva como el hilo con que se cosen nuestras camisetas, obtenido con trabajo esclavo en «campos de concentración». 

Digámoslo alto y claro: esto ni nos gusta ni lo queremos pero no tenemos ni puñetera idea de cómo evitarlo. Menos mal que el mercado, siempre tan pendiente de nuestras necesidades como unos buenos padres, ya tiene respuesta para esto a través de sus empresas. Dispuestas a lavar nuestra mala conciencia con algo llamado responsabilidad corporativa y conciencia verde. O lo que es lo mismo, otro enjuague publicitario para tapar vergüenzas y despropósitos contra el ser humano y la naturaleza. Dicho sea de paso, este tema ha estado muy de actualidad en las últimas semanas. Eclipsado, claro, por el coronavirus, los políticos bramadores y las decisiones en contra del sentido común. Esta semana les aparco a todos para hablar de enjuagues.

Amazon es tan cuqui

Inevitable: el último en usar un ordenador e internet —los hay, y no tienen ochenta años— te cuenta emocionado que ha comprado no sé qué en Amazon. Han aprendido a la fuerza durante el confinamiento, y al parecer no saben cómo funciona el posicionamiento para colocar los resultados de la tienda los primeros cuando haces una búsqueda. Todo es más barato en apariencia —hasta que rascas fuera de Google, claro— y te llega rápido —o no, porque algunos olvidan de mirar la disponibilidad—. Pero eso ellos no lo saben, y mientras confiamos en que aprendan, Amazon España ficha a Antonio Vargas, antiguo asesor de Mariano Rajoy y alto ejecutivo de Google, que trabajará en contra de los intentos de regulación de la compañía por el gobierno actual. No es un tema menor, porque se avanza a marchas forzadas en el impuesto que gravará a las grandes tecnológicas, que en nuestro país estará en marcha en enero ahora que ha sido aprobado por el Senado. Sin perjuicio de que la Unión Europea haya retrasado su implantación global hasta mediados del próximo año.

También resulta relevante el abuso generalizado de los falsos autónomos, que la compañía ha intentado ampliar a sus repartidores, tres mil personas en total, que una vez revisados por inspección de trabajo a instancias de UGT han sido dados de alta de oficio en el régimen general. Son empleados por cuenta ajena, vaya, y una empresa no puede rebajar sus costes a base de saltarse la ley y los derechos laborales. Y es que en Amazon, por más que se laven con anuncios de trabajadores felices que se cayeron de un ascensor, el agua sigue saliendo negra. 

Aquí, y al otro lado del océano, en Estados Unidos la empresa está obligando a los empleados a que se salten las medidas de prevención contra el coronavirus, que no gasten tiempo en usar el gel hidroalcohólico o ponerse la mascarilla para que les dé tiempo a repartir los pedidos. Si alguien no ha visto aún Sorry We Missed You, de Ken Loach, que corra, porque en esa película todo esto queda nítidamente explicado.

Y no olvidemos lo más importante. Tendríamos que trabajar varios millones de años para acumular la fortuna de Jeff Bezos, el dueño de todo esto. No hace falta hacerle más rico, en serio. Amazon no solo vende objetos, y en este gráfico queda muy bien explicado cuándo quedamos expuestos a la compañía al contratar plataformas, servicios en la nube, o tarjetas de crédito. 

Tampoco perdamos de vista que las empresas GAFAM quieren ser proveedoras de nuestra sanidad, transporte público y educación. En El Orden Mundial nos explicaban esta semana qué significa ese término que más nos vale ir a aprendiendo, acrónimo de Google, Apple, Facebook y Amazon. Y en La Vanguardia un extenso reportaje explicó cómo estas compañías avanzan en el intento de constituir un modelo público-privado que gestione nuestros servicios más importantes. A la larga los monopolios tendrán que convocar elecciones, ya que aspiran a reemplazar a la función pública. 

Mentira: nuestra basura plástica no se recicla

El 90 % de los residuos plásticos que llegan a países de bajos y medianos ingresos se entierran, queman o vierten a ríos, lagos o al mar. Aunque en teoría lo enviamos allí para que se use en fabricar productos. China se negó a recibir más en 2018, y casualmente comenzaron a incrementarse en un 100 % los incendios en almacenes españoles que guardaban estos residuos en containers para ser enviados allí. Felizmente ya hemos abierto nuevas rutas a otros países asiáticos, concretamente hacia Camboya, India, Indonesia, Malasia, Vietnam y Tailandia. Este último es el que más material español recibe, contaminado con químicos y desechos hospitalarios, y en torno a los basureros donde se deposita crecen poblados chabolistas de buscadores de plástico aprovechable.

De acuerdo, de acuerdo, hablamos de esa parte que no se puede reciclar. ¿Y el resto, el que depositamos en el contenedor amarillo? Pues que lo gestiona Ecoembes, una empresa que es en sí misma un enjuague. Porque bajo su fin comercial, reciclar, esconde un lobby de presión dedicado a torpedear legislaciones medioambientales, impedir que los ciudadanos cobren por depositar sus envases, medida ya implementada en muchos países de la UE, y en crear una corriente de opinión contraria a los plásticos de usar y tirar. Lo explicaron en el informe Talking Trash, descargable aquí, donde la organización Changing Markets llamó a España «lobo con piel de cordero», precisamente por estas prácticas. 

Quien más ayuda a Ecoembes es Coca-Cola, tan comprometida con el reciclaje que acaba de presentar su compromiso por una sociedad más sostenible con la campaña «Hagámoslo juntos». Tan greenwashing ellos. Una empresa tan, tan comprometida que forma parte de siete asociaciones comerciales dedicadas a presionar en contra de los sistemas de depósito —reutilizar los envases y abonar el coste al comprador si los devuelve— y contra la legislación que intenta reducir los plásticos de un solo uso.

Y lo más importante de todo. En España solo se recicla el 25% de los residuos plásticos. ¿A dónde va a parar el resto, además de a terceros países? A nuestro organismo: todos tenemos ya nanoplásticos en el hígado, bazo, riñones y pulmones, ingerido con nuestras comidas y al beber agua. 

Ya lo dijeron en el documental Plastic Wars: el famoso logo del reciclaje que llevan los envases solo es una herramienta de marketing. A ver cómo lavamos eso. 

Y el lavado de datos de Madrid

Pues dije que no hablaría de ellos pero no me puedo resistir, al ver que la estrategia de los tipos que gobiernan el centro geográfico nacional ya se implantó en otros dos países, muy distintos entre sí. Hago memoria: alcalde de Madrid y presidenta de la CAM aseguran que de pronto los contagios están bajando de quinientos por cien mil, cifra con la que el ministro Illa justificó el confinamiento perimetral de la capital y otros municipios de la comunidad. Eso lo ha conseguido Sanidad de Madrid a base de notificar los casos con una desviación de quince días, pero sobre todo reduciendo el número de PCR. Si el virus no se detecta, no existe.

De pronto nos parecemos a la India. El país en que el COVID-19 no se ha propagado mucho, es un éxito. Bueno, no tanto. Allí no hay suficiente rastreo, ni seguimiento de casos. Los pacientes mueren al poco tiempo de ser ingresados, debido a patología previas cardiacas y a cuadros de diabetes. Pero si tomamos los datos crudos de la estadística, les está yendo estupendamente bien

Y qué ocurre en un país más rico y democrático como Suecia. Los nórdicos han defendido su estrategia a capa y espada, por más que se les cuestionase. La sentencia de ese juicio parece haberse dilucidado este otoño: son estupendos. Pues va ser que no. En este extenso artículo de Time explica con numerosas fuentes, testimonios, y bajo un sólido análisis que las autoridades suecas fueron reduciendo intencionadamente el número de test realizados, hasta bajar los contagios. El ingreso en hospitales no es problema, culturalmente consideran más humanitaria la muerte en el propio domicilio. Así que la medida del contagio es muy pequeña. ¿Un modelo para el resto del mundo? Al menos para el gobierno madrileño, sí. 


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5 Comentarios

  1. Los datos de Madrid solo son buenos cuando las cosas van mal, claro está. Si muestran una mejora es que están engañando. Da igual que el número de ingresos hospitalarios esté bajando desde hace cuatro semanas, es mentira, esconden a los pacientes debajo de las camas. Y hacen muchos menos PCR, eso de que los están sustituyendo por test de antígenos, que son más baratos y dan el resultado en un cuarto de hora es también mentira, nos engañan. Qué pérfidos son los gobernantes de Madrid. Menos mal que nos queda la luz de Illa y Simón, los únicos que velan por nuestra salud. No hace mucho nos alentaban a acudir a manifestaciones porque eran seguras, decían que en España contaríamos los casos con los dedos de las manos o nos decían que el uso de mascarillas era innecesario, pero ahora seguro que aciertan, seguro, casi seguro. Hay que confiar, ellos no nos engañan.

  2. Este newsletter se debería llamar «Misantropía apocalíptica». El señor que lo publica debe ser el alma de las fiestas. Creo que a nadie le había hecho tanta falta un paseo por el parque.

  3. Los «Futuro Imperfecto #» son buenísimos. Una bofetada semanal imprescindible. Gracias!
    O frenamos ya la Corporatocracia o solo habrá un Futuro Muy, Muy Oscuro #

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