#FuturoImperfecto

Futuro Imperfecto #50: Robots, guerra y marihuana

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DP.

Por primera vez un tribunal admite a trámite un recurso contra la ausencia de control parlamentario sobre la exportación de armas españolas. La actividad económica de las empresas exportadoras se ha protegido por todos los gobiernos desde la dictadura, empleando la Ley de Secretos Oficiales de 1968, cuya revisión ha sido solicitada en varias ocasiones en el Parlamento, la última el pasado julio. Su aplicación sobre la venta de armas impide que sepamos si se cumplen las regulaciones que impiden exportarlas a países que incumplen los derechos humanos. Precisamente la demanda interpuesta por Greenpeace se ha admitido a trámite porque ha aportado pruebas de la presencia de morteros españoles en la guerra civil yemení (iniciada en 2015).

Somos el séptimo país exportador de armas del mundo, líderes desde 2012, y el 1% de nuestro PIB ya depende de esta actividad. Un crecimiento que no tiene que ver con la ideología, porque tanto el PSOE como el PP, en sus sucesivos gobiernos, lo han alentado. Pero es especialmente relevante ahora que vuelve a discutirse con intensidad el uso de inteligencias artificiales como arma de guerra, y cuando varios conflictos se recrudecen por todo el mundo.

Robots asesinos, beneficiosos o perjudiciales

Esta semana el gobierno de Austria fue noticia por su iniciativa de introducir una regulación ética en el uso de robots de batalla, alineado con aquellos países que argumentan los peligros para la vida humana de que sea un ordenador quien decida el curso de la guerra. España no es uno de ellos, y junto a Estados Unidos, Rusia, Corea del Norte o Francia, y otros once países, se opone a la prohibición de las armas autónomas —controladas por inteligencia artificial—.

El motivo es económico, ya que empresas como Indra desarrollan drones de vigilancia y hay participación nacional en proyectos de drones armados como Atlantis, destinado a Colombia. Pero también ético, ya que somos uno de los países que defendemos la reducción de bajas humanas que proporcionan estas armas —sustituyen en primera línea a los soldados— y también que su control último dependa de una persona.

Aunque los robots no tienen por qué ser peores ni más crueles que los seres humanos. El ejército australiano pedía disculpas esta semana por haber cometido crímenes de guerra en Afganistán. Algunas de sus patrullas ejecutaron a prisioneros y civiles como «ceremonia de iniciación» de los nuevos soldados. 

Al servicio de la guerra que Trump quiere iniciar

El lunes sabíamos de la iniciativa de Trump para bombardear Irak, mientras tuiteaba sobre la «falsa» victoria de Biden. Posiblemente presionado o influido por Arabia Saudí e Israel, quienes se beneficiarían de este enfrentamiento bélico, y que además temen perder su posición de liderazgo en Oriente Medio con la nueva presidencia estadounidense. Fueron sus propios colaboradores directos, el vicepresidente Mike Pence y el secretario de Estado Mike Pompeo, quienes le disuadieron.

El conflicto inmediato se ha alejado, pero la amenaza sigue ahí; hasta enero Trump podría tomar decisiones como esta, y condicionar el mandato de su sucesor, porque en su país no existe una limitación al gobierno en funciones. Los estadounidenses ni siquiera descartan todavía que baraje dar un golpe de Estado antes de la toma de posesión de Biden.

Por The National Interest, un medio fundado por Richard Nixon y dedicado a analizar las relaciones internacionales de Estados Unidos con el resto del mundo, incluidas las bélicas, conocemos el punto de vista de los militares estadounidenses. A fin de modernizarse y garantizar su supremacía militar, necesitarán una fuerza de robots de tierra armados y coordinados por drones que desde el aire los organicen para analizar el terreno, avanzar y ganar. La administración Biden tendrá que trabajar en esa dirección si no quiere verse superada por potencias rivales. Pero mientras tanto este mismo ejército ha estado comprando datos de geolocalización de ciudadanos a apps comúnmente utilizadas por todos para orientarnos. Lo publicaba VICE esta semana, explicando que esos datos les permiten fijar objetivos sobre individuos o infraestructuras para ataques con drones armados. 

Al mismo tiempo que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, volvía a poner sobre la mesa la necesidad de que Europa tenga su propio ejército de defensa en lugar de depender tanto de la OTAN y Estados Unidos. Esta posibilidad, que se ha barajado como hipótesis desde el final de la II Guerra Mundial, podría cobrar forma ahora que los estadounidenses se preguntan, por primera vez, si su país tiene que seguir actuando como policía del mundo. El New York Times analizaba las dos posiciones, a favor y en contra. 

Sáhara, un berenjenal en el desierto

Marruecos está poniendo especial interés en no usar la palabra guerra para definir el nuevo conflicto desatado en el territorio colonial español. Con ese término califica todavía la ONU al Sáhara, nuestra antigua posesión territorial en el norte de África. Es un tecnicismo, porque no reconocen el Acuerdo de Madrid, 1975, según el cual España cedía su «provincia» a Marruecos y Mauritania. Estamos obligados por tanto a descolonizarla, lo que a estas alturas a saber qué significa. La ONU tiene además una misión de paz, la MINURSO, cuyo objetivo es que los saharauis voten en referéndum si quieren pertenecer a Marruecos o independizarse. 

A quien sí reconocen las Naciones Unidas como único interlocutor válido es al Polisario, un movimiento de liberación nacional saharaui. Su objetivo es desestabilizar la región para evitar que Marruecos pueda explotarla económicamente —el territorio es básicamente un destino turístico—. En la actual reactivación del conflicto el Polisario ha pedido a la ONU que actúe. Aunque lleva sin hacerlo desde que constituyó su misión de paz, en 1991. Marruecos confía en el tiempo para que este asunto se resuelva solo, y España procura mantenerse neutral. ¿Es un conflicto legal, político o militar? No resulta fácil responder

Otros conflictos con enfrentamiento militar siguen muy activos este 2020 en Afganistán, Siria, Yemen, o Tigray, donde ha habido nuevos bombardeos. Incluso el del Nagorno Karabaj, solventado con la entrega de territorios a Azerbaiyán, puede desembocar en un nuevo conflicto en Armenia

Mientras todo esto dure, dame más droga

Junto a la pandemia de coronavirus preocupa a los médicos el aumento de problemas en salud mental, por la amenaza constante del virus, los confinamientos y la incertidumbre. En todo el mundo se busca alivio a esta situación de estrés, y ello ha influido en las drogas que consumimos, y el modo en que lo hacemos. 

En Europa las drogas de consumo social, como la cocaína, han dado paso en su pico de consumo al cannabis, más habitual en el hogar. El confinamiento de marzo generó un descenso acusado del narcotráfico, que se ha recuperado conquistando el canal online, especialmente las aplicaciones de mensajería encriptada. Una conversión digital análoga al teletrabajo. 

En Estados Unidos también se ha producido este fenómeno, aunque en su caso la legalización ha disparado el consumo medicinal y recreativo del cannabis. Especialmente de pastelitos y dulces, en lo que ya se denomina una nueva pandemia, la de marihuana. El helado de chocolate, chile y cannabis se encuentra entre los productos más demandados. Especialmente ahora, cuando al estrés del coronavirus se ha sumado el de las elecciones presidenciales, que han disparado el uso de la marihuana todavía más. También ha cambiado el perfil del consumidor, donde ahora predominan madres y abuelas, que se suman a los jóvenes que ya consumían. Hablamos del país que aún sufre una plaga por el consumo de opiáceos, que los médicos recetaban sin control porque sus fabricantes ocultaron su efecto secundario, la drogodependencia. 

España no tiene en mente la legalización del uso medicinal de esta planta. Bueno, al menos el gobierno no, aunque Podemos asegura estar trabajando en una ley integral que presentará a mediados de legislatura, sin apoyo del PSOE. Ya hablé en un Futuro dedicado íntegramente al cannabis de la escasa defensa que tiene su potencial económico como excusa para su regulación. Hay que considerar además que cada vez más estudios científicos relacionan el comerla o fumarla con dolencias cardíacas, estos dos son de 2020. Ninguno asegura que la relación sea directa, y eso quiere decir que es necesaria más investigación. 

Aunque es imprevisible saber qué efecto internacional generará la próxima legalización federal en Estados Unidos. Es una de las pocas cosas en que los dos partidos parecen coincidir, sí, los de Trump y Biden están de acuerdo en esto, y se cree muy posible que ambos voten a favor en el Congreso. Lo que significaría legalizar por primera vez esta droga en un país de 331 millones de habitantes. 

Ni las IAs pueden vencernos

«Somos colectivamente responsables de todo lo que pasa, pero no individualmente culpables». Esta frase la tomo de esta reflexión del MIT sobre el presentismo histórico, la manía de pensar a corto plazo que caracteriza a nuestras sociedades. Y que según ellos definirá nuestra época. Nunca habíamos tenido a nuestra disposición tantas formas de destruirnos a nosotros mismos, con robots asesinos, guerras, drogas, pandemias que no controlamos, cambio climático, plásticos hasta en el aire que respiramos, y ese largo etcétera de problemas del presente. Podemos enfrentarlos como colectivo. No vencerlos como individuos. Lo dice el Instituto de Tecnología de Massachusetts.


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2 Comentarios

  1. Lo que quiso bombardear Trump en pleno ataque de frustración fue Irán.
    Por lo demás, en lo tocante a temas militares suele ser así, el artículo es un revoltijo. No sé en qué somos lideres desde 2012, e INDRA a nivel mundial es un actor muy menor en el asunto del tráfico de armas.

  2. Interesante, aunque no estoy de acuerdo con lo de apoyar la victoria de Biden como legítima cuando hay un montón de razones para sospechar de fraude, desde votos de muertos, errores en conteo que le suman votos, que la empresa encargada del sistema sea venezolana… Da para la duda razonable, que se investigue y que los tribunales lo decidan.

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