¿Por qué llamamos fin a los propósitos?

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Aladino era un pescador iraquí que un día encontró una lámpara que el mar había ensuciado con algas y otros residuos. Salió un genio de ella cuando la frotó para limpiarla que lo amenazó de muerte. Aladino le dijo con astucia: —Si eres tan poderoso podrás emplear tu magia para introducir ese gran cuerpo dentro de esta pequeña lámpara de la que has salido. El genio vanidoso cayó en la trampa y entró. Entonces Aladino atrapó al genio tapando la lámpara. Después le preguntó por qué le había amenazado a él que fue precisamente quien le había liberado. El genio le contestó: —Cuando me encerraron aquí prometí colmar de deseos a quien viniera a rescatarme. Pasaron cien años y nadie vino. Entonces prometí que concedería tres deseos a quien me salvara. Pasaron cien años más y nadie acudió. Entonces juré que aterrorizaría y mataría a quien me sacara de aquí, pasaron quinientos años y has sido tú.

El cumplimiento de los deseos debe venir a tiempo. Si los plazos se sobrepasan la satisfacción no se produce. Si el amor no llega a su tiempo el receptor cierra la vía de recepción y se congela. Se puede volver a abrir pero requiere un sobreesfuerzo. 

Al mismo tiempo, toda acción humana se encamina a su final. Toda actividad se dirige a la muerte. Y el camino hasta ella consiste en afrontar aspectos opuestos o polaridades. La más grande de ellas y que sustenta transicionalmente a todas las demás es la de la integración de la vida y la muerte. Un ejemplo lo constituye la tradición literaria japonesa de los «poemas a la muerte» (1), en la que la persona escribe un pequeño poema en el momento en el que va a morir:

Cielo claro.
Por el camino por el que vine
Vuelvo.

(Gitoku)

El ser humano aspira a un conocimiento que le posibilite la trascendencia. De modo que lo concreto acostumbra a pugnar con lo arquetípico. Por eso, aunque en el plano existencial se busque el cumplimiento de deseos, en el plano simbólico se experimenta cierta frustración porque la satisfacción no es completa, de modo que no le queda otro remedio que aplazar el goce para ocasiones futuras (2)

En consecuencia, el cumplimiento de cada deseo concreto no suele alcanzar la satisfacción completa y pospone un fragmento de ella para la próxima experiencia. Este fenómeno estimula a la persona a seguir experimentando la vida una y otra vez sin alcanzar la felicidad completa. En términos sartrianos, la vida es un proceso permanente de rellenado de huecos, un intento de colmar el vacío existencial que, a su vez, estimula la búsqueda de placer y felicidad.

Esto nos conduce al hecho de que se nos hace insoportable la idea de final. Aunque realmente lo que más inquietud produce es no saber cuándo ocurrirá lo que más tememos. La gestión de la incertidumbre ante lo temido genera comportamientos a menudo inadaptados.

Por ejemplo, los niños que han sido criados con altas dosis de miedo (3), en su vida posterior muestran dificultad para permanecer en reposo, solo están tranquilos cuando acechan o atacan, en estado de alerta sus constantes vitales se calman. Contrariamente a la mayoría de las personas, cuando se hallan en situaciones de calma, su pulso y respiración es agitada. Además, lo más difícil de sostener para los niños que sufren violencia sistemática es no saber cuándo les sobrevendrá el ataque. Por eso, ante la más mínima señal de provocación, aunque esta sea confusa, suelen iniciar la pelea porque les resulta insoportable la ansiedad provocada por la espera. Resulta más fácil aceptar un mal desenlace que gestionar la incertidumbre acerca de cuándo ocurrirá. Paradójicamente provocan de este modo lo que desean evitar. Buscan la paz provocando el enfrentamiento.

El proceso madurativo y de aprendizaje es de naturaleza paradójica, conocemos y estimamos la paz porque hemos experimentado el conflicto. Buscamos la satisfacción, en parte porque no deseamos lo que consideramos insatisfactorio. Amor y odio, guerra y paz, enfermedad y salud… Se deslizan en una misma barra de progresión.

Nos movemos entre polaridades aparentemente contrarias (4). El Bhagavad-Gita, un texto sagrado de la tradición espiritual de la India, nos brinda un relato clásico sobre la condición humana y cómo las paradojas pueden incapacitarnos:

En tiempos remotos, los ejércitos del Bien y del Mal se enfrentaron en el campo de batalla. Arjuna, el arquero y guerrero más poderoso de su tiempo, fue el elegido para liderar el ejercito del Bien en la lid. Cuando Arjuna miró hacia las filas del ejército enemigo, se asombró al ver a numerosos parientes, primos, tíos y hermanos. Pensó que sería un pecado matar a los de su propia estirpe, pero que también sería un pecado no luchar por la justicia y dejar que el Mal prevaleciera. Arjuna se sintió paralizado por estas emociones y se sumió en la desesperación. 

Los opuestos psíquicos y su integración son uno de los mitos recurrentes del metabolismo inconsciente. La armonización de polaridades contrarias está en la base del crecimiento individual y la inserción social.

El amor, por ejemplo, es inútil sin cierto grado de inteligencia. Y para el uso adecuado de la inteligencia se necesita una conciencia amplia, un punto de vista más elevado para abarcar el propio horizonte. El amor puede llegar a asfixiar a los seres queridos por la vía del exceso. Cuanto más sentimental es el amor, más brutal es la sombra que le sigue. Algo similar ocurre con la sensibilidad, que en ocasiones se emplea en cosas banales como elemento distractor de lo realmente importante.

El mal es un reflejo inverso de lo sagrado.

(Paul Ricoeur, 1967.)

Desde la perspectiva política, existen también dos posiciones esenciales que se repiten en la historia: 

Por un lado, están los que piensan que existe una solución objetiva óptima a la que deben sujetarse los seres humanos, ya que ella es superior a cualquier persona. Una fórmula política perfecta a la que la colectividad debe llegar.

Por otro lado, están los que piensan que la solución es el progreso y crecimiento de los seres humanos para que sean ellos los que busquen la mejor propuesta posible para la comunidad.

Estos pares son necesarios para tener el mundo en equilibrio. Existen muchas cuestiones relacionadas con lo que estamos exponiendo. La esencia de la piedra filosofal se basa en la unión de opuestos. Existe la misma división del mundo entre Oriente y Occidente.

La mano izquierda es aquello con lo que nacemos y la derecha lo que hacemos con ello.

(Imaginario tradicional gitano)

El objetivo en la vida es conseguir una coexistencia de los opuestos. Acceder a una alianza interior pacífica. En contra de rechazar lo que no deseamos de nosotros mismos. La metáfora más relevante de lo que estamos hablando es el concepto de la sombra (5). También conocida como el conjunto de los aspectos no reconocidos internos y que provocan proyecciones de sentimientos intensos y primitivos hacia otras personas. 

Rechazamos de nosotros mismos lo que consideramos inaceptable para nuestra imagen. Esa parte de nuestra identidad se envía al exilio interior. Y esto tiene un fundamento muy antiguo. Arranca en nuestra memoria paleolítica nómada. El niño pone fuera de su imagen lo que intuye que no gustará a sus mayores porque necesita y quiere ser aceptado. Necesita gustar a sus ancestros para que lo tomen en brazos y así poder afrontar las travesías que debe acometer la tribu.

La palabra «diablo» procede del griego diabolos, término que perdura en la palabra «diabólico». El significado literal de diabolos es el de ‘desgarrar’ (dia-bollein). Es significativo advertir que «diabólico» es el antónimo de «simbólico», un término que procede de sym-bollein, que significa ‘reunir, juntar’. Este significado etimológico tiene una importancia extraordinaria en lo que respecta a la ontología del bien y del mal. Lo simbólico es, pues, lo que reúne, lo que vincula, lo que integra al individuo consigo mismo y con el grupo; lo diabólico, por el contrario, es aquello que lo desintegra, aquello que lo mantiene separado. Ambas facetas se hallan presentes en lo daimónico.

Pero hay un misterio que no comprendo: Sin ese impulso de otredad —diría incluso que de maldad— sin esa terrible energía que se oculta detrás de la salud, la sensatez y el sentido, nada funciona ni puede funcionar. Te digo que la bondad —lo que nuestro Yo vinílico cotidiano denomina bondad— lo normal, lo decente, no son nada sin ese poder oculto que mana ininterrumpidamente de nuestro lado más sombrío.

(Doris Lessing)

Fragmentar y reunificar es el proceso histórico permanente. Separar para entender y unir para comprender. Este es el concepto nuclear de la spagyria de Paracelso (siglo XVI) que constituye la evolución médica de la alquimia (6), cuyo propósito final no era la fabricación del oro sino la elaboración de sustancias sanadoras y cuyo procedimiento general consistía en separar los elementos para sanarlos y volver a integrarlos en una unidad de armonía superior.

La relación del sujeto con sus polaridades o arquetipos siempre es delicada. Si no se deja influir por ellos no realiza aprendizajes adaptativos. Si por el contrario predominan las fuerzas arquetípicas lo entendemos como posesión. Como dijo Jung: «¿Cómo puedes encontrar a un león que te ha devorado?».

La gran polaridad estriba entre lo que pienso de mí mismo y la imagen que me devuelve mi espejo.

El hombre no debería poder ver su propia cara. Eso es lo más terrible que hay. La naturaleza le ha concedido el don de no poder verla, así como el de no poder mirar a sus propios ojos.

Solo en el agua  de los ríos y de los lagos podía mirar su rostro. Y la postura, incluso, que tenía que adoptar era simbólica. Tenía que inclinarse, que rebajarse para cometer la ignominia de verse.

El creador del espejo envenenó al alma humana.

(Fernando Pessoa, 1985: 316)

Según los análisis de sueños de personas a punto de morir, se ha observado que la paz interior tiene relación con la capacidad que tienen para asumir las partes de sí que están en conflicto. Y precisamente están en conflicto porque han sido rechazadas por sí mismos al considerarlas negativas o inadecuadas (7). El conflicto se produce en el área negada.

El aprendizaje significativo y adaptativo se hace mediante la tensión entre polaridades o aspectos aparentemente contrarios. Sostener polaridades para evitar que se conviertan en dilemas. Y a veces para resolver esta tensión es necesario poner fin a ciertos procesos.

Entre las gentes primitivas del mundo se dan dos actitudes contrarias respecto a la  muerte. Entre las tribus cazadoras cuyo estilo de vida está basado en el arte de matar, la muerte es una consecuencia de la violencia y generalmente se adscribe, no al destino natural de los seres temporales, sino a la magia. Para los que labran la tierra, la muerte es una fase natural de la vida, comparable al momento de plantar la semilla, para renacer (8).

Un día Dios preguntó a la primera pareja humana, que entonces vivía en el cielo, qué tipo de muerte querían, la de la luna o la del plátano. Dios les explicó: del plátano salen vástagos que toman su lugar, y la luna vuelve a la vida. La pareja se lo pensó durante mucho tiempo. Si elegían no tener hijos evitarían la muerte, pero también estarían muy solos y no tendrían a nadie por quien trabajar y luchar. Por  tanto pidieron hijos a Dios. Desde ese momento es corto el viaje del hombre sobre la tierra.

(Mito africano)

Aquí la cuestión es: reencarnación o resurrección. Cuestión aún no zanjada en términos de la teoría del conocimiento.

Por otro lado, el mundo del mito de la muerte se considera un acontecimiento no natural, una rareza que necesita una explicación. Otro mito acerca de por qué la muerte entró en el mundo relata lo siguiente:

Antes los hombres no tenían fuego y se lo comían todo crudo. Por aquel entonces no necesitaban morir, puesto que cuando se hacían viejos Dios les hacía jóvenes otra vez. Un día decidieron rogarle a Dios que les diera el fuego. Entonces enviaron un mensajero a Dios para transmitirle su petición. Dios le respondió al mensajero que le daría el fuego si estaba preparado para morir. El hombre tomó el fuego de Dios, pero desde entonces todos los hombres deben mori».

(Susan Feldman)

El mito nos enseña que nada es gratuito y que todo progreso conlleva implícitamente un precio que restablezca la estabilidad del sistema. 

Las primeras pruebas de algo similar al pensamiento mitológico están asociadas a las tumbas. Las sepulturas implican la idea de la continuidad de la vida más allá de lo visible, de un plano de ser que está detrás del plano visible. Este es el tema básico de toda la mitología: que hay un plano invisible que apoya al visible (9).

Deseo una suerte
de muerte
que me acoja
que esté a la altura
de la vida.
Un final puntual.
Un final que recoja
toda la dulzura
de la vida
en un punto
puntual
recoleto y alegre.
Un símil descarado.
La vida reducida
a un momento.
Una puntada de vida
una puntada de mí.
Y en el punto
ciego
yo desaparecida
desapareciendo el punto en mí
que ya no soy.

(Trinidad Ballester)

Tenemos la necesidad de poner bajo nuestro control cualquier escenario que nos resulte amenazante.

Poner el fin es un intento de recuperar el control, un modo de detener el tiempo cotidiano (Chronos) y abrir la ventana del tiempo eterno (Kairós). Poner fin para poner conciencia y para poder renovar. Finalizar para recrear lo que el viejo tiempo ha gastado.

Integrar el fin o la muerte en la vida la llena de contenidos. Este es el sueño del suicida, el anhelo de que experimentará la paz que anhela en la vida. Pero ahí se equivoca porque, en realidad, el suicida no desea la muerte sino la paz y la armonía que cree que conseguirá con ese acto final. Aquí se confunde el fin con el propósito.

Ubicar el final es recuperar el control, dominar el centro de las paradojas para impedir que se conviertan en dilemas irresolubles.

Finalizar para vaciar. Acabar para recuperar la fuerza. Llenar la vacuidad para recordar lo esencial. Terminar para dejar de ver lo secundario y volver a recuperar lo primario. Evitar trances negativos para reinstalar otros más revitalizantes.

¿Fin?


Notas

1. Hoffmann, Y. (2001): Poemas japoneses a la muerte (Escritos por monjes zen y poetas de Haiku en el umbral de la muerte). Barcelona: Editorial DVD.

2. Goce y deseo en Jaques Lacan. Ver Diccionario de términos lacanianos. Dylan Evans (2007). B. Aires, Barcelona, México: Editorial Paidós.

3. Ver Artículo de Perry, B. D. «Incubated in Terror: Neurodevelopmental Factors in the “Cycle of Violence”». In: Children, Youth and Violence: The Search for Solutions (J. Osofsky, Ed.). Guilford Press, New York, pp 124-148, 1997.

4. Ver Artículo: «De la paradoja al dilema». Bernardo Ortín. Publicado en monográfico de Jot Down n.º 10: Filias y fobias (y Parafilias). 

5. Encuentro con la sombra. El poder del lado oscuro de la naturaleza humana. C. G. Jung, J. Campbell, K. Wilber, M. S. Peck, R. May, L. Dossey, M-L. von Franz, S. Keen, R. Bly y otros. (1993). Biblioteca Nueva Conciencia. Barcelona: Editorial Kairós.

6. Spagyria: Span= Extraer, diferenciar. Ageirein= Reunir. En Manual de Homeospagyria. J. J. Alberola et al. (2001). Madrid: Edita Juan Carlos Avilés, p. 12.

7. Sobre los sueños y la muerte. M. L. Von Franz. 1992. Barcelona: Editorial Kairós.

8. Joseph Campbell. Las máscaras de dios. Mitología primitiva. (1991). Madrid: Editorial Alianza.

9. Joseph Campbell. (1991): El poder del mito. B. Aires: Editorial Emecé.

 

 

 

 

 

 

 

 

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4 Comentarios

  1. Voy a buscarme una academia o algo así en la que me preparen para asimilar y comprender artículos como este.

  2. Es una gran suerte encontrar artículos como éste que ponen el foco en lo esencial de la experiencia humana y ayudan a disipar las sombras que nos entretienen y confunden.

  3. Con ella no hemos establecido ningún pacto,
    y menos reglamentar cómo y cuándo evitar
    los obstáculos en nuestra competición
    a través del inexhaurible diccionario sin
    título hasta el presente y pasado de la vida.
    Ella y yo confiamos en la victoria final
    gracias a nuestras sólidas convicciones,
    sin posibilidad posterior de ningún debate
    para que las multitudes no pierdan
    el entusiasmo y el empate…
    ¡el empate, por favor! ni siquiera lo pensamos.

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