
¿Underground Luis Antonio de Villena? Sí, y quizá sea nuestro último, nuestro único escritor underground, genuinamente underground. Aunque el suyo sería un underground particular: dandístico, decadente, esteticista, hedonista, paganizante, aristocratizante… Un underground excéntrico para el propio underground; un underground del underground, pero por encima.
Me he pasado los últimos meses leyendo y releyendo a Luis Antonio de Villena, cuya obra empecé a seguir en 1984, y la verdad es que tiene mérito su coherencia. Es uno de esos autores que se han pasado la vida escribiendo sobre otros autores y al final (y al principio) son como ellos. Villena estaría en su propia lista de autores predilectos: ha sido digno de los que escogió. Autores heterodoxos y extravagantes, raros, vitales, inmorales (o inmoralistas), idealistas también, tremendamente singulares: se parecen entre ellos por su singularidad. Ahora él mismo, que nació en 1951, anda recapitulando sobre su trayectoria en los tres libros de memorias que ha sacado, El fin de los palacios de invierno, Dorados días de sol y noche y Las caídas de Alejandría (Pre-Textos, 2015, 2017 y 2019), y en Mamá (Cabaret Voltaire, 2018). Aunque la escritura autobiográfica ha sido habitual en él, por ser un escritor de la cultura y de la vida.
De entre sus últimos libros prefiero Dorados días de sol y noche, que es un festival de osadía, mucho más osado ahora que se cuenta que cuando se vivió (1974-1996), que ya lo era. Publicar un libro así en 2017 es una provocación. Que ha pasado inadvertida precisamente por su carácter subterráneo. Villena sigue donde estaba, con admirable integridad; pero ese sitio en el que estaba, en el que está, rechina ahora más que nunca. La época no está para esas cosas. Su canto al sexo libre, sucesivo, promiscuo, acumulativo, heterodoxo, homoerótico en su caso, mercenario con frecuencia, eminentemente placentero, sin asentamiento ni rutinización, sin el horizonte de fundar una familia, como se ha terminado imponiendo hasta en el mundo gay, resulta hoy chocante; se sale del común, que tiende a ser puritano. Contra el común dejó escritos Villena estos versos: «No bebo en la fuente común. Y cuanto es / vulgar o cotidiano me repugna. / […] / Y detesto lo común (ya sabéis) tanto como lo innoble». Nada es simple en Villena, sin embargo. Está poseído por contradicciones, tensas y fecundas. Como indicó en otro poema: «Soy de los que ardientemente detestan la injusticia, / de los que creen que es indigno casi cualquier privilegio; / y al tiempo soy clasista y amo la diferencia. / Creo en el pueblo y me llena de rabia la pobreza, / mas soy también individualista, singular extremo».
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De memoria tengo el librito sobre Wilde casi de bolsillo, la edición de El retrato de Dorian Gray prologado y editado por él, las Heterodoxias con Savater y El fin de los palacios de invierno.
Es un placer inmenso leerlo y escucharlo, tan sensato, culto y comedido. Qué gran pareja de intelectuales divertidos junto con Savater.
Recomiendo la conferencia sobre la sexualidad de Lorca que está en Youtube, con datos «sonsacados» a Aleixandre.
Gracias!
Luis es de esos seres que transportan de época o lugar a cualquier lector soñador. Contar con el es uno de esos placeres que desearíamos jamás perder.
«No se debe vivir aquí -decía Max, apurando el tazón de café-. Cannes te hunde en la suerte de sopor que se parece mucho a la destrucción. No quieres moverte sin hacer nada, salvo dormitar y esperar la noche. Sueñas poemas, novelas y canciones, pero sabes que aquí no las llevarás a cabo. Te embota el alcohol, los nervios se deterioran o se imantan a la tierra. Y sólo esperas un amor que te envilezca o te arrastre. Una pasión diaria para salvar la vida. Mientras, el sol te dora y te apoltrona. Y el mundo parece un pantano de aguas cenagosas, dulces y sueños de terror y morbo.»
Conozco de memoria este párrafo de «Divino» (Planeta, 1994), novela de Luis Antonio de Villena.
Gran texto de JM Montano. Refleja lo que un admirador de Villena como yo siente al pensar en la obra de este gran escritor.
Coincido a menudo con Luis Antonio de Villena en una terraza tomando el aperitivo.
Es de los pocos excéntricos que hay en Madrid.
Sombrero rojo, pluma rosa, vermut…
Y cuando le ves la mañana parece otra, mas loca, mas libre…
Me ha encantado este análisis de los anhelos y la obra de Villena. Siempre me ha gustado mucho y le sigo desde que era pequeña. En cierto modo coincidía con su visión de alzarse para intentar alcanzar la belleza aunque después se derritan las alas :) Recientemente he recuperado sus breves podcast de literatura:
https://www.rtve.es/play/audios/los-podcast-de-villena/
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