Cine y TV

Traje una sandía

traje una sandía
Patrick Swayze y Jennifer Grey en Dirty Dancing, 1987. Fotografía: 20th Century Fox.

Es tan mala que la única opción es quemar los negativos. (Frase de un pez gordo de Hollywood tras el primer pase de prueba de Dirty Dancing).

Antes de nada: no vamos a regañarle, despreocúpese. En estos tiempos aciagos en los que se ha instalado un revisionismo asfixiante del pasado para a) descubrir que bajo los parámetros actuales cualquier ficción puede y debe ser tachada de retrógrada o b) llevamos media vida haciéndolo TODO MAL, en el mero hecho de acudir a una película de hace más de treinta años puede adivinarse un ánimo censor o disciplinario. Nada de eso. Nuestro propósito aquí es mucho más ramplón. Entramos a cara descubierta: nos disponemos, más que a deshacernos en loas —alguna caerá— a argumentar por qué Dirty Dancing es, sin duda, una de las grandes películas de la historia. No es un ejercicio de nostalgia de tiempos en los que todo era más fácil: Dirty Dancing parecía caduca cuando se rodó y fue revolucionaria. Hoy, bajo esa falsa apariencia de caducidad acartonada, sigue gozando de una relevancia inextinguible. Sin sonrojo ninguno se lo decimos.

Dirty Dancing nació, se rodó y ha madurado durante tres décadas como una incomprendida. Ser infravalorada va en su código genético y quizá eso sea parte de su encanto. No la entendieron los más de cuarenta productores que la rechazaron, los estudios que se horrorizaron ante semejante guion, ni siquiera la mayoría del elenco que filmó durante meses una película sin título1 preguntándose si aquello era una porno o un remake (porno) de Grease.

Les distrajo lo mismo que ha distraído a cierto tipo de espectador —quizá usted— durante todo este tiempo: parecía una película de bailes y lujuriosos amoríos adolescentes, ñoña, bobalicona, al son de las Ronettes. La historia de un idilio veraniego entre dos trasuntos de Romeo y Julieta a rebufo de taquillazos recientes como Flash Dance o Footloose. Hasta un gigante como el crítico Roger Ebert despachó su estreno como una de las peores cosas que le ocurrieron ese año. 

Y así, más o menos, es como ha pasado a la posteridad para una gran parte del público. Como una «peli de chicas» de culto. Basura para adolescentes de entonces, mitificada hoy por divorciadas boomer u homosexuales. Que la tilden de «placer culpable» corola el descrédito. No han ayudado, también es cierto, la proliferación de vídeos nupciales de parejas descoyuntándose las clavículas al emular la coreografía final mientras los acordes de «Time of My Life» sofocan el bochorno de los asistentes.

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12 comentarios

  1. Buenísimo artículo.

    Recuerdo ver esta película siendo niño y sorprenderme el conflicto entre lo que hacían lo personajes y lo q nos inculcaban en casa.

    Había algo extraño en como abordaban el tema del aborto y la actitud de ella.

    Buen artículo

  2. Gracias, gracias y gracias, porque más allá de que hayas conseguido que me haya tronchado de mí misma al recordar mi sonrojo de treceañera con esta peli, es un buenísimo análisis de una buenísima «peli para chicas» (con una buenísima banda sonora, por cierto) dirigida por dos mujeres que tuvieron que hacer lo que todas las mujeres han hecho (hacemos) siempre: crear donde nadie mira, donde no hay expectativas y donde nadie espera nada de tí.

  3. flipado me he quedado. Mi odio a Patrick Swayze me impidió ver la peli en su estreno y de hecho no la he visto hasta hace apenas tres o cuatro años, échenle la culpa a los celos por la obsesión de mi primera novia adolescente (manitas y algún beso) hacia el sujeto (aún no he visto Ghost).

    cuando la vi por fin me quedé de piedra con el tema del aborto – ninguna de mis amigas, ni de mis novias posteriores (todas fans de la peli sin excepción) lo mencionó en ninguno de los cinefórums improvisados de los que fui testigo. pensaba que vería algo tipo Betty la Fea y me encontré más con Lisa Simpson vs. Stacy Malibu. no me lo esperaba.

    tampoco voy a ir de guay, me pareció malísima de la muerte. ahora, el artículo me ha encantado.

    saludos

    j

    • Pues Ghost es parecida, en el sentido de que es una película horrosamente simple en apariencia, pero muy bien hecha. Dale una oportunidad.

  4. A mi siempre me ha parecido muy valiente y muy camp también. Huele a juventud y a hierba. Y pese al tonito paternal y patriarcal de la frase, la traducción española del momento cursi (‘no permitiré que nadie te arrincone’) me parece muy bonita y emocionante. Johnny también ha crecido y sea como bailarín o como yesero reivindica su valía ante el mundo. Anéctoda: una amiga y yo, su casa, tarde de los 15 años. No somos sosepchosas de ñonería, escuchamos Jane’s Addiction. La miramos, se acaba, nos miramos entre nosotras y decimos a la vez ‘la volvemos a ver?’ ?

  5. blunsburibarton

    El tiempo es limitado y las alternativas de ocio basado en la recreación de historias contadas por terceros es demasiado amplia. Película de bailes y actor insoportable es un sumatorio lo suficientemente contundente para concluir que es absurdo perder el tiempo con el metraje de esta película. La decisión tomada hace mucho tiempo no me parece revisable. A pesar de lo interesante del texto que acabo de leer porque en el fondo la crítica oculta una verdad incontestable. La de que hay que tragarse mucho baile de dios, mucho postureo y mucha musiquita insoportable (cuestionable este último calificativo he de admitir) para aprehender el meollo que nos expone la autora. Y esa verdad nos lleva a otra, la de que muchos de los fans acérrimos de la película lo son precisamente por los mismos motivos que a mí me han alejado de ella y no por esa lectura que nos ha presentado Bárbara Ayuso.
    Y una tercera reflexión: la de que siempre es posible construir una explicación alternativa de cualquier bodrio que se nos ponga delante. Porque detrás de cada intención explícita siempre es posible encontrar una razón oculta fundada en la imagen, en lo que se ha dicho o en lo que quedó por decir. Otra cosa es hacerlo tan bien como lo ha hecho la autora.

  6. Grandísimo artículo. Recuerdo la película y prácticamente todo lo que se comenta aquí y sin embargo no fui capaz de «ver» la mitad de las cosas. Muy grande. La volveré a ver.

  7. Muy chulo. Hay un artículo de Raquel Piñeiro en Vanity fair de 2017 sobre el tema que recomiendo que leais antes, es clavado.

    https://www.revistavanityfair.es/cultura/entretenimiento/articulos/dirty-dancing-sexo-aborto-salto-jennifer-grey-baby-patrick-swayze-johnny-castle/2385

  8. Yo veo a dirty dancing como una evolución, del personaje de Sandy de Grease, que accedería a un mundo sensual siguiendo siendo una mierda sin necesidad de transformarse, lo haría por su girl power. La evolución siguiente, una película musical adolescente en los tiempos de Honjok, prefiero no verla.

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