Rompecorazones (IV): el caníbal, el alienígena malo y los toreros muertos

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Aníbal el caníbal
Imagen: Orion Pictures.

(Viene de la tercera parte)

Los siguientes experimentos mentales están sacados de una novela cuyo título no revelaré de momento:

Aníbal el Caníbal te visita por sorpresa y te entrega una lista de seis personas y un dado. En la lista hay seis nombres numerados del 1 al 6: un ser querido, un enemigo personal, un político corrupto, un adinerado banquero, un obispo y un chino anónimo. Aníbal se propone comerse el hígado de una de esas personas y te pide que elijas tú a la víctima; también puedes lanzar el dado, en cuyo caso el número que salga determinará quién servirá de cena al caníbal; y la tercera opción es no hacer nada y dejar la elección en sus manos.

Es probable que tu primer impulso sea negarte a participar en tan atroz proyecto; pero en ese caso la víctima podría ser tu ser querido, e incluso cabe la sospecha de que esa será precisamente la elección de Aníbal para castigarte por tu negativa a colaborar. Tal vez querrías descartar a tu allegado y echarlo a suertes entre las otras cinco personas; pero el caníbal no te permite esa opción: si lanzas el dado, hay una probabilidad entre seis de que la víctima sea tu ser querido. ¿Qué harías?

Una variante aún más extrema es la del alienígena castigador:

Te despiertas de pronto en una nave extraterrestre en órbita estacionaria alrededor de la Tierra, desde la que disfrutas, por un amplio ventanal, de una maravillosa vista de Europa, África y parte de América. Te ha abducido un alienígena de aspecto hierático que te dice que, para escarmentar a los belicosos terrícolas, va a lanzar una bomba de gran poder destructivo sobre una de estas seis capitales occidentales:

1. Berlín

2.Londres

3. Madrid

4. París

5. Roma

6. Washington

En un panel con las capitales numeradas del 1 al 6, junto a cada una hay un botón, y el alienígena te pide que pulses uno de ellos, con lo cual dirigirás la bomba hacia la ciudad correspondiente. También puedes lanzar el dado y dejar que sea el azar quien decida qué capital será destruida. Y si no haces ni una cosa ni otra, el alienígena destruirá la ciudad que él quiera.

Al igual que en el caso anterior, abstenerse o lanzar el dado conlleva la posibilidad de que la ciudad destruida sea la tuya, o una muy próxima geográfica y culturalmente, o una en la que viven personas que te son especialmente queridas… ¿Qué harías?

Sin ir a situaciones tan extremas e improbables, hay ocasiones en las que, entre nuestros sentimientos, nuestros intereses y nuestros principios, surgen conflictos más o menos graves, y no siempre es fácil dirimirlos. Ni siquiera es fácil, a veces, tener claro lo que deberíamos sentir.

Algunos animalistas manifiestan públicamente su alegría cuando muere un torero. Yo reconozco que una parte de mí se alegra, y no solo por solidaridad con los toros, sino porque es un suceso que, por su repercusión mediática, convierte en noticia de primera plana la brutalidad de las corridas y hace que mucha gente que habitualmente no piensa en ello cobre conciencia de la aberración que supone hacer de la tortura y la muerte un espectáculo (una «fiesta nacional», como se decía hasta hace poco). Pero otra parte de mí, menos visceral y más reflexiva, lamenta profundamente el dolor que esa muerte causará en familiares y allegados. Los toreros suelen ser hombres jóvenes y sin más luces que las de sus ridículos trajes, y no es justo concentrar en ellos el rechazo que nos inspira la corrida, como no sería justo ver en el verdugo al máximo responsable de la pena de muerte. Y si nos alegramos de la cogida de un torero, también deberíamos alegrarnos de que cayera una bomba en la plaza de toros y matara a todos los presentes, cómplices necesarios de la infamia. Y, avanzando —o retrocediendo— en la misma dirección, también podríamos alegrarnos de que una mujer fuera agredida durante los sanfermines o de que un adicto a las hamburguesas muriera de cáncer de colon.

Como decía Sartre, todos somos medio cómplices y medio víctimas. No necesariamente al cincuenta por ciento: hay personas que son más —mucho más— cómplices que víctimas y viceversa. Pero, en cualquier caso, hay que ser cuidadoso al adjudicar responsabilidades y castigos, aunque solo sea mentalmente. Conviene que seamos críticos no solo con nuestras acciones (y omisiones), sino también con nuestras alegrías y tristezas, y que cobremos plena conciencia del caótico baile de disfraces que tiene lugar en nuestra mente, bombardeada por un flujo continuo de estímulos, incitaciones y espejismos. Nos alegramos de que un «puente» nos permita disfrutar de un día extra de asueto, a pesar de la certeza estadística de que habrá más accidentes de tráfico que en un fin de semana normal, con todo lo que ello conlleva de muerte y sufrimiento. ¿Es mala esa alegría? Lo malo es olvidarse de que vivimos en una sociedad contradictoria y frenética —nuestra supuesta sociedad del bienestar— y de que, como nos recuerda Stefan Zweig en Los ojos del hermano eterno, no decidir puede ser la peor de las decisiones.

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54 Comentarios

  1. “Los toreros suelen ser hombres jóvenes y sin más luces que las de sus ridículos trajes…” De ello deducimos que no sabe nada de Juan Belmonte, probablemente la figura capital del toreo. Hasta que llegó él, los toreros se dedicaban a correr delante de los astados, hacer recortes y, básicamente, a hacer piruetas en las plazas (de las que fue heredero el bombero torero). Belmonte viajaba con las maletas llenas de libros. Para Valle Inclán era una entelequia del ser humano. Lea la wikipedia.

      • Recortando la verónica:
        “Aníbal se propone comerse el hígado de una de esas personas…” ¿Sólo una?
        “Un enemigo personal…” ¿Sólo uno? El fuego los reciba.
        “Un político corrupto…” ¿Sólo uno? Frabetti: le perdono el pleonasmo. Una peste de poltronas mejoraría cualquier país.
        “Un adinerado banquero…” ¿Sólo uno? La única gente que aprovechó la pandemia para subirse el sueldo. Aprovechando los rescates a la banca, aumentaron sus bonus. Ya de paso podría hacer limpieza entre los ejecutivos de las compañías aéreas.
        “Un obispo…” ¿Sólo uno? Que se lo digan al sobrino del ex-obispo de Brujas.
        “Y un chino anónimo” ¿Sólo uno? Los miembros del partido comunista chino van de 67 a 91 millones. Va a tener que trabajar a destajo para limpiar un poco el ambiente. Lo mismo habría que clonar al tal Aníbal por el bien de la humanidad.
        Creo que es más dilema tener que elegir entre dos personas amadas.

          • Suponiendo que en algunos casos el beneficio y el prejudicio pueden sumar cero (todo el beneficio para una de las partes daña a la otra en igual mesura y viceversa) el dilema se equilibra entre daño y beneficio.
            Por ejemplo, si escogemos al enemigo personal, quizá la “trastada” se la hicimos nosotros, y no somos conscientes de ello (seguro bajo su punto de vista, quizás el más acertado)
            Como siempre, la información que nos llega es sesgada y la verdad…. depende del observador. (que en este caso es el que toma las decisiones, pero puede estar completamente equivocado)

    • Suelen, no todos. Y precisamente los ilustrados son los más culpables, los que no pueden alegar aquello de “más cornás de el hambre”.

      • Le ruego encarecidamente que lea:
        Chaves Nogales, M. (2009): “Juan Belmonte, matador de toros: su vida y sus hazañas”, del Asteroide: Barcelona.

        • Lo leeré. Pero no necesito pruebas para admitir que puede haber toreros con grandes cualidades. Por eso insisto en que no hay que focalizar en los toreros la aversión a las corridas: el especismo es una lacra de nuestra cultura de la que todos somos medio cómplices y medio víctimas.

    • Por eso se puede mantener a los toros en reservas mucho más grandes. Se acabó ese problema. Respecto al paro; es muy fácil, bastaría con recolocar a esas personas en sectores que beneficien a toda la población: agricultura ecológica, por ejemplo, energías renovables, construcción de tranvías. Mire qué fácil se soluciona.

    • se pueden leer muchos libros y participar en el holocausto. PUede pasar a veces. El embellecimiento del sufrimiento, la crueldad para seducir el ojo del que mira es un arte fascista (o eso, más o menos, decía Theodor W. Adorno).

  2. En el dilema del alienígena, en un principio no escogería ninguna, dejando la responsabilidad al alienígena y el cargo de conciencia (obviamente inexistente) – En caso de verme obligada a ello una posibilidad nada desdeñable sería Roma, ya que es la ciudad con menos habitantes, teniendo en cuenta el área Metropolitana. Siempre podría alegar que la he escogido pensando en el número de habitantes (el mal menor).

    En el dilema del caníbal, se supone que él es mucho más inteligente y que por tanto tampoco se puede una oponer a él. Como bien expresa el texto, de no escoger el caníbal probablemente el se decantaría por el ser querido. Pero un ser racional como el caníbal, no propondría un juego así sin más. Cabría preguntarle por que te ha escogido precisamente a ti. Solo cabe pensar que, como en el caso del chino anónimo, te ha escogido por que formas parte de un juego más amplio. Si no, no sería coherente con el personaje que no suele ensañarse con el que no le ha hecho nada. Como evidentemente se trata de un juego mental, la oportunidad de preguntarle porque nos ha escogido es simplemente inexistente. Pero quizás se le pudiera pedir por que ha escogido a estos personajes y no a otros. ¿Evitaría el caníbal la pregunta? Probablemente. Y como acostumbra a pasar en estos casos, acabaría comiéndose mi hígado, por pesada.

    Gracias por hacernos pensar

    • Gracias a ti, María. Muy interesante tu reflexión adicional sobre “los motivos del caníbal” y el juego más amplio.

  3. Uf, muy delicado.
    Por ejemplo, no quiero que a nadie le estalle una bomba en las manos, ni siquiera al terrorista. Pero si este se dirige a colocar el artefacto no podré evitar un suspiro de alivio y una pequeña satisfacción de que sea él el muerto.
    ¿Aquí acaso el terrorista es poco responsable? ¿Se podría amortiguar su ánimo asesino? No creo que se pueda rebajar su responsabilidad y achacársela al sistema o al policía o civil al que pretende matar. Por cierto, para complicar las cosas, no es lo mismo un terrorista que un soldado (o guerrillero).
    (Por seguir en la línea expuesta en el artículo; no se pueden poner en la misma clave la muerte de personas y de animales no humanos, rompe con el principio fundamental de la moral, el respeto a la vida y la integridad de los seres humanos, incluidos nosotros mismos).
    En cualquier caso, los jolgorios en las RRSS de algunos cuando muere un policía, un terrorista, un torero, un adversario político o violan a alguien son repugnantes y ahí no se salvan derechas, izquierdas, nacionalistas del centro y la periferia, verdes y amarillos. Quiero pensar que sencillamente en la distancia corta, a la hora de la verdad, no serán igual.
    Saludos.

    • Muy delicado, desde luego. Y lo de la distancia corta es clave, y debería ser motivo de reflexión. La “comprensión” de muchos estadounidenses con respecto a las bombas de Hiroshima y Nagasaki no es menos grave que la negación del holocausto judío.

  4. Me resultaría muy extraño no decidir en cualesquiera de los dilemas anteriores pudiendo hacerlo, pues preferir recurrir al azar antes que a una decisión reflexionada no me parece razonable.

    Es cierto que en primer lugar intentaría buscar algún recoveco en lo que se nos pide para que no se produzca ningún tipo de acción, tanto por parte propia como por parte de quien nos obliga a situarnos en ese escenario, pero en caso de no encontrarlo, entiendo que la mejor opción es decidir.

    De todos modos, me parece que la paradoja Sorites se presenta en estos dilemas, pues cada situación de las planteadas se puede seguir “estirando” hasta el punto en el que los motivos para tomar una decisión concreta no se puedan aplicar de manera clara.

    En definitiva, poder decidir en base a lo que consideremos mejor, incluso pudiendo estar equivocados, entiendo que sería mejor solución que dejarlo en manos del azar.

    • Totalmente de acuerdo. Creo que recurrir al azar o a la abstención solo es admisible en situaciones en las que todas las posibilidades son equivalentes. Precisamente he intentado hacer hincapié (en la línea del maestro Stefan Zweig) en lo mezquino y contradictorio que es a menudo eludir las decisiones difíciles y pretender “lavarse las manos”.

  5. Dilema moral. Se prohíben las corridas de toros, como criar toros bravos ya no es rentable, nadie los cría y desaparecen como especie.Los grandes espacios naturales en los que viven son reconvertidos a la agricultura y el ecosistema natural taurino es sustituido por otro más agrícola , artificial y humanizado. Para evitar sus desaparición, el toro bravo en confinado en minúsculos cubículos de zoos, o reservas naturales públicas más pequeñas en las que su amplia libertad de movimiento se ve reducida.con el consiguiente disgusto del animal Al haber menos individuos su variabilidad genética disminuye por lo que son más sensibles a deformidades y enfermedades . Se pasa de ser una especie sana a una enfermiza. La cría del toro es una actividad rural por que la prohibición de las corridas aumenta el paro, directo e indirecto, en los pueblos, la gente emigra a la ciudad aumentado el drama de la España vaciada. Pero no pasa nada, el autor del artículo pondrá la luz, que les falta a los toreros, en este asunto y encontrará una solución a todas estas cuestiones.que me temo,pase por meter la mano en el sufrido bolsillo del contribuyente.

    • Dilema moral: la gente deja de fumar, disminuye drásticamente la incidencia del cáncer, los miles de empleados de la industria tabaquera, los estanqueros y los oncólogos se quedan sin trabajo…
      O este otro, ucrónico: el comercio de esclavos africanos no llega a producirse nunca, con lo que los afroamericanos no existen y las etnias de las que proceden quedan geográfica y culturalmente confinadas en sus lugares de origen, muchas tribus se extinguen sin dejar rastro. Louis Armstrong, Beyoncé y Martin Luther King no llegan a nacer…

      • Ambos argumentos endebles,Si la gente deja de fumar libremente, ningún problema. Si la gente deja de ir a los toros porque no le gusta, ningún problema. El problema, como he dicho, es cuando se trata de prohibir ciertas actividades en las que se cercena la libertad ante un tema, como he demostrado. dudoso . En cuanto a los de los esclavos, ejem,,,, si mi abuela tuviera ruedas sería un coche.

    • Por eso se puede mantener a los toros en reservas mucho más grandes. Se acabó ese problema. Respecto al paro; es muy fácil, bastaría con recolocar a esas personas en sectores que beneficien a toda la población: agricultura ecológica, por ejemplo, energías renovables, construcción de tranvías. Mire qué fácil se soluciona.

      • Tu solución entra en la categoría de los que solucionarían el problema del hambre en el mundo, dando de comer a la gente. Dijo no se quien, que ante un problema difícil, siempre hay alguien que encuentra un solución fácil y equivocada.Y como he dicho,en general, metiendo la mano en le bolsillo del contribuyente.

  6. Caso del caníbal: que liquide al político corrupto. Hace un bien a mucha gente y se lo pone realmente difícil al muy maldito. Pase lo que pase, es un win-win.
    Caso del alienígena: si se trata de una bomba nuclear, lo mejor es lo más lejos posible, Washington. Si no, Londres, así aprenderán con el “Brexit”.
    Último caso: vamos, Fabretti, aunque el del torero no es mi caso, ¡no alardee que nunca, nunca, se alegró que alguien torciera el pico! ¿De qué pasta cree que está hecha la humanidad?

    • No he alardeado de ello; incluso he admitido que un parte de mí se alegra cada vez que un torero sufre una cogida. Porque la pasta de la que estamos hechos es, entre otras cosas, contradictoria.

  7. Al que le gusten los dilemas morales, uno sacado de la vida real:
    El 12 de septiembre de 1942 el U 156 navegaba ante la costa oeste de África. Cuando su comandante, el capitán de corbeta Wemer Hartenstein, descubrió el RMS Laconia , preparó los torpedos.
    Cuando era evidente que el vapor se hundía, Hartenstein emergió. Esperaba poder llevar a bordo a los oficiales del barco como prisioneros de guerra. Sin embargo, lo que se encontró en la superficie del agua supuso para él una verdadera conmoción: más de dos mil personas, entre ellas mujeres y niños, luchaban por sus vidas.
    De inmediato, Hartenstein ordenó tomar medidas para rescatarlos. A las 23.23 horas el Laconia se había hundido. Dos horas más tarde, envió una comunicación cifrada por radio a su comandante en jefe: «El británico Laconia , hundido por Hartenstein. Cuadrante FF7721 (cuadrante de la Kriegsmarine), 310 grados. Desgraciadamente con 1.500 prisioneros de guerra italianos. Hasta ahora 90 rescatados. Espero órdenes». El almirante general Dönitz le mandó dos submarinos más como apoyo. A las seis de la mañana, Hartenstein envió otra comunicación por radio, esta vez no cifrada y en inglés. En ella indicó su posición y pidió a todos los barcos que se encontraban en las proximidades que acudieran a prestar ayuda: «If any ship will assist the ship-wrecked “Laconia” crew, I will not attack providing I am not being attacked by ship or air forces. I picked up 193 men. 4,53 South, 11,26 West – German submarine» («Si algún barco asiste a los pasajeros del naufragado Laconia , no le atacaré, siempre y cuando yo tampoco sea atacado por barcos o fuerzas aéreas. He recogido a 193 personas», e indica su posición exacta: 4,53 sur; 11,26 oeste; un submarino alemán, advierte).
    Hartenstein mantuvo aquella posición durante dos días y medio. A última hora de la tarde del 15 de septiembre llegó al fin la ayuda del U 506 , del U 507 , bajo la dirección del capitán de corbeta Harro Schacht, y del submarino italiano Cappellini .
    Aquel inusual convoy formado por cuatro submarinos y las embarcaciones salvavidas remolcadas partió rumbo a la costa africana, donde se transferiría a los náufragos a un barco francés del régimen de Vichy estacionado en la zona.
    En la mañana del 16 de septiembre el drama tomó un nuevo cariz. A las 11.25 horas un bombardero estadounidense de tipo B-24 Liberator descubrió a los submarinos en las aguas cercanas a Ascensión, la isla británica de ultramar. En vano, Hartenstein intentó contactar con el avión empleando señales de luz. El piloto, el teniente James D. Harden, de las Army Air Forces de Estados Unidos, describió la situación a sus superiores, que se encontraban en la base de Wideawake Field, en Ascensión. Pese a que las naves estaban marcadas con la cruz roja, el capitán de escuadrilla Robert C. Richardson no dudó en dar la orden letal: «Sink Sub!».
    ¿Qué harían ustedes en ese caso? En la realidad, Harden atacó. Con su primera bomba destruyó el bote salvavidas que avanzaba tras el U 156 . Otro proyectil alcanzó al submarino. Entonces, Hartenstein ordenó cortar las cuerdas que unían el sumergible a los botes. El resto de los submarinos también fue atacado. No quedó otro remedio a los submarinos que devolver a los supervivientes a los botes y sumergirse rápido, dejando los rescatados a su suerte.

      • No opinó igual el mando: aunque los supervivientes que lograron mantenerse a flote, quedaron a su suerte flotando durante semanas, muriendo la mayoría por inanición y en medio de una dolorosa agonía por insolación, el asunto fue calificado como “Incidente del Laconia” y enterrado en los archivos.
        El principal responsable, Robert C. Richardson III, no tuvo ningún problema en continuar con su carrera. Y no consta que se arrepintiera nunca, al contrario que Harden.

        • Hablando de mandos y sus sutilezas éticas, en cierta ocasión exclamó Zola (en relación con el caso Dreyfus): “¿Por qué serán tan brutos los generales?”, y Clemenceau le contestó: “No le extrañe, los hacen de los coroneles”.

  8. Sobre la persona que iba a donar su hígado, no tendría dudas porque el racismo que todos llevamos incorporado, me haría escoger a un chino anónimo. Sobre la ciudad que habría de recibir el bombazo, Madrid, sin duda alguna porque aunque soy de Barcelona, llevo instalado en Sidney desde hace más de cuarenta años y no me queda nadie vivo en la Ciudad Condal.

    • Con eso del racismo, hable por usted. Un servidor guisaría primero al político, al banquero, al obispo, al enemigo (el orden aquí sería discutible) antes que al chino. Que como chino, en un principio no me ha hecho nada. los otro ya pueden haber nacido en Chamberí, por poner un sitio español, muy español y mucho español que decía el otro

  9. La lógica, digamos dinámica, amigo-enemigo nos puede llevar a alegrarnos por la muerte de aquel que es o percibimos como enemigo. Le gente decente, en secreto. Me resulta perturbador que se haya roto esa barrera.

    No recuerdo donde he leído ¿en Jot down? que durante una conferencia internacional Mao expuso que consideraba inevitable una guerra nuclear, el indignado representante italiano dijo que eso implicaba la desaparición de Italia, a lo que Mao repuso ¿Quién dice que los italianos son necesarios? Seguro que no era el único que lo pensaba y que la desaparición de tal o cual país o ciudad era contemplada por todos los estrategas de la época como un mal asumible. Mao solo lo dijo en voz alta. Tal vez, resolviendo el dilema de la “destrucción mutua asegurada” con pura Teoría de Juegos… o realmente era un psicópata.

    ¿Para qué necesita un animalista un torero? ¿un marxista un banquero? ¿un resentido alguien con éxito? ¿un alienígena Roma? ¿Lecter a un chino o a alguien de Igualada?

    Tuiter, las rrss, da la posibilidad a cualquiera de comportarse como un sociópata que está por encima del bien y del mal, de epatar sin coste, de sacar al pequeño dictador chino que lleva dentro mientras acaricia su gato y se toma un colacao.

    Por nuestro bien como sociedad, no deberíamos banalizar sobre matar (alegrarnos por la muerte de X) o jugar a ser Dios, dejémoslo en el desahogo, más o menos íntimo, o los rompecorazones. Siempre hay un tonto que se toma las cosas al pie de la letra o es más papista que el Papa.

    • Ahí está el error: en pensar que un marxista necesita un banquero, o un animalista un torero, una feminista un machista, etc… Yo necesito un mundo en el que no haya banqueros, ni toreros, ni abusos protagonizados por los machos. Quizá en la izquierda a veces se ha pensado que ser de izquierdas consiste en levantar el puño más alto o llevar más banderas rojas, pero yo personalmente, lo que quiero es un mundo donde no necesite más banqueros, toreros o machitos a los que enfrentarme. Otra cosa es que muchas veces parece que los humanos no saben divertirse sin tener un enemigo. Eso sí es inquietante. Habrá que enseñar a la gente a pasar el tiempo de otra manera que no sea teniendo un “enemigo”.

      • La cuestión del enemigo es muy interesante, y muy compleja. Seguramente fue una ventaja evolutiva la noción de vivir en un mundo hostil lleno de depredadores y competidores; pero deberíamos haber superado esa etapa. Lo malo es que a los poderes establecidos -sobre todo a los políticos de oficio y beneficio- les interesa mantenernos atascados en ella.

  10. Si no hubiera banqueros, ni maltrato animal, ni machistas, etc lo que no se necesitarían serian marxistas, animalistas o feministas. SI no hubiera humanos con ideas distintas tampoco habría necesidad de democracia, parlamentos, tolerancia, argumentación, de resistirse al que quiere imponer su voluntad, no habría derechas, ni izquierdas y seríamos lo más parecido a un hormiguero. Abomino de las utopías, habría que aspirar a una sociedad, ya puestos, ir por la vida, teniendo presente que no somos elfos…ni hormigas.

    • Una cosa son las ideas distintas y otra las ideas incompatibles. No es “utópico” (en el mal sentido del término) imaginar una sociedad en la que la solidaridad y el respeto a los demás sean lo normal (en el buen sentido de la palabra). El hormiguero, la anomia o la jungla de asfalto no deberían ser las únicas alternativas.

  11. La ciudad elegida, sin duda alguna, sería Madrid.
    Todos sus residentes saldríamos indemnes por aquello de que las cucarachas son los únicos seres que sobrevivirían a un holocausto nuclear.

    • Pero Madrid es una de las ciudades con más mascotas: más de un millón solo entre perros y gatos. ¿No te dan pena?

  12. No es “utópico” porque lo habitual ya es la solidaridad y el respeto a los demás, lo que es utópico es lo de las ideas distintas compatibles. Todos estaríamos de acuerdo en acabar con el maltrato animal, la cuestión es que un cazador, un torero, un omnívoro y mi vecina barcelonesa que tiene un San Bernardo y un periquito enjaulado en un piso de 66 m2 tienen una idea incompatible de lo que es el maltrato. Solo cabe huir de planteamientos maximalistas y aprender a gestionar el disenso, especialmente en aquello que es fundamental para nosotros.

    • El hecho de que exista sobre el papel (desde hace bien poco, por cierto) una Declaración Universal de los Derechos Humanos está muy bien, es un paso muy importante; pero estamos aún muy lejos de respetar esos derechos en la práctica. Me temo que “lo habitual ya es la solidaridad y el respeto a los demás” solo es cierto en teoría (que no es poco, pero aún muy insuficiente). Nadie, o casi nadie, declararía cínicamente algo así como: “Yo me he hecho rico explotando a los demás”, o “Yo me divierto matando y viendo matar”; pero la brecha entre ricos y pobres sigue creciendo y las corridas de toros aún se transmiten por televisión.

  13. En teoría y en la practica como prueba el hecho que, a pesar de que muchos piensan lo que usted respecto a los ricos y los aficionados a los toros, lo que prima en la sociedad es la convivencia, el respeto y que haya una repulsa generalizada cuando se produce algún exabrupto en redes al respecto.

    • Lo que prima es la explotación, la injusticia social, la corrupción política, el abuso de poder, la violencia sexista, la criminalización de la disidencia… Con respecto a los toros, afortunadamente, es cierto que ahora muchos piensan lo mismo que yo: al menos ya no llaman a las corridas “fiesta nacional”; pero queda mucho por hacer.

  14. ¿Quién apoya a maltratadores, corruptos, explotadores, etc? Hasta donde yo sé estos son rechazados mayoritariamente o ¿acaso defiende que estos son la mayoría y no la excepción? Excepto casos puntuales ¿Dónde esta la violencia entre animalistas y toreros? ¿o la violencia es pensar distinto?

    • La violencia torera se ejerce, básicamente, contra los toros, con la aquiescencia o la pasividad de mucha gente. A los corruptos los apoyan millones de votantes, y a los explotadores los apoya o tolera el propio sistema. En cuanto a los maltratadores, la violencia de género no consiste solo en matar o pegar; el hecho de que las mujeres cobren menos que los hombres por los mismos trabajos es una forma de maltrato generalizada. Y negar o minimizar esa violencia es otra forma de violencia.

  15. Iba a insistir que por robos que haya, robar sigue siendo el quebranto de la norma y genera un rechazo mayoritario pero…me doy cuenta que, para usted, violencia es pensar distinto. Lo cual resulta muy violento.

  16. Iba a insistir que por robos que haya, robar sigue siendo el quebranto de la norma y genera un rechazo mayoritario pero…me doy cuenta que, para usted, violencia es pensar distinto.

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