Arte y Letras Arte

Beatos, Picassos, Matisses y otros pantalones de campana

beato picasso
Detalles del Guernica de Picasso y el Beato de Saint-Sever.

Durante todos aquellos años, él fue beneficiario de la infinita generosidad de las mujeres, pero también su víctima, porque tanto perdón hizo posible la más profunda y más dulce de todas las corrupciones, es decir, la idea de que no hacía nada malo.

 (Salman Rushdie, Los versos satánicos).

Pablo Picasso y Dora Maar se conocieron en 1936 en el café Deux Magot de París en una noche de absenta y rosas. Dora llevaba una navajita en el bolso con la que jugaba a clavarla en la mesa entre los dedos enguantados de su mano izquierda que resultaban heridos con tan macabra travesura; a Picasso aquella mujer atrevida y deslenguada, como saben serlo las argentinas, le atrapó el seso: le pidió el guante ensangrentado y una cita y ella se convirtió inmediatamente en la tercera en discordia. Y si tal carta de presentación no hubiera sido de por sí interesante, la chica era además pintora y fotógrafa, profesión esta última novedosa —tenida entonces por menos en el mundo del artisteo— que sumaba puntos en el interés mostrado por el que sería su nuevo amante.    

Nacida en París, hija de una violinista francesa y de un arquitecto croata que trabajó durante veinte años en Buenos Aires, Dora vivió en el país sudamericano toda su infancia y adolescencia y de ahí que hablara español con acento y semántica del Cono Sur; los genes eslavos la hacían poderosa y los galos, refinada y cosmopolita: una fémina irresistible para el malagueño que, en cuestión de mujeres, nunca perdió el pelo de la dehesa. Él seguía casado con Olga Kocklova, la bailarina rusa madre de su hijo Pablo, y mantenía a Marie-Thérèse Walter, con la que tenía a su hija Maya, en un apartamento que visitaba con frecuencia. 

Se había instalado en el estudio de la Rue des Grands-Agustins, donde trabajaba cuando en enero de 1937 recibió el encargo del gobierno de la II República para decorar una pared del pabellón español de la Exposición Universal de París. La historia es de sobra conocida: planeó un tema y una estructura que dieron un giro radical al enterarse del bombardeo de Guernica —por los aviones de la Legión Cóndor nazi, el día 26 de abril— que tanto impacto causó en la mente del pintor. El tema cambió, la estructura se modificó y los personajes se reubicaron entre el 1 de mayo y el 4 de junio, los treinta y seis días que Picasso tardó en completar el panel de 3.49 por 7.7 metros que se instalaría en la construcción diseñada por Josep Lluís Sert y Luís Lacasa y al que llegaría el 12 de julio, aunque la Expo había sido inaugurada el 25 de mayo.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

2 comentarios

  1. Muy bueno y apasionante tema sobre los artistas y sus obras, en especial modo del Guernica. De este hay un detalle que para mí solo tiene un significado, y espero que ningún crítico informado me ofrezca otra interpretación desconsoladora: esa serie de rayitas verticales y ordenadas en líneas que ocupan ciertos lugares, es la idealización de la escritura de un diario con sus noticias. Y en aquellos días supongo que habrán sido abundantes y dramáticas. Dicho esto y agradeciendo de antemano a la autora por el tema elegido, quisiera manifestar mi desconcierto de frente a varios artículos con autoria femenina, y que supongo son todas ibéricas. A los pocos días de iniciar como suscriptor de este excelente rincón literario, me encontré con una señora que escribía sobre ciertas hormigas negras tremendas e insaciables que habían emigrado hacia Europa llevando solo problemas (Los mismos que tuvimos cuando nuestro Sarmiento, con sus manías europeizantes trasplantó los gorriones, esa plaga de pájaros que hoy pueblan Buenos Aires), y no tuvo mejor idea que identificarlas como argentinas, ignorando que tales insectos colonizaron desde tiempo inmemoriales Uruguay, parte del Paraguay y del Brasil. No. Para ella no podían no ser argentinas. Allá ella. No hace mucho la revista JD dedicó todo un número a la Argentina, y de ahí surgió que sus varones que invadieron España como hunos, además de tildarlos de afascinantes con sus eses arrastradas, una supuesta y tierna ingenuidad de niños perdidos, gentiles, mielosos y en constante necesidad de visitar psicológos al contrario de los recios españoles, la autora metía en guardia a sus congéneres para que mantuvieran altas las bragas contra viento y marea, porque tambien poseemos un ego desproporcionado (como una cancha de fútbol, según ella) y una labia interminable y seductora, pero lamentablemente, al final, somos inconstantes e infieles. Allá ella. Y ahora me entero que las mujeres argentinas según la autora, todas, no algunas ya que dice “… como saben serlo las argentinas…” son atrevidas y deslenguadas. Bueno. Es el colmo, pero no sé que habría dicho mi abuela hija de gallegos que ya se sentía argentina y, digamos la verdad era un poco deslenguada pero no atrevida. Seguramente habría dicho “esa gallega (porque todos los españoles para ella eran gallegos) es una envidiosa”. Gracias por lectura algo imparcial.

    • Laura Mínguez

      En primer lugar, debo agradecer profundamente la lectura exhaustiva y el comentario que suele hacer de los artículos que publico, debo decir que me agrada mucho comprobar el interés que muestra por ellos. Y, en segundo lugar, quisiera disculparme si mis palabras no han sido acertadas y han podido provocar confusión: «deslenguada» no ha sido utilizado aquí como un adjetivo peyorativo, más bien lo ha sido en sentido de «lenguaraz», es decir, de expresividad y capacidad para la expresión. Creo que es envidiable la manera en la que los sudamericanos en general y los argentinos en particular saben poner nombre a los sentimientos y describir las situaciones emocionales, algo que en España se está perdiendo mucho: solo hay que ver cómo se expresan algunas personas cuando se les pone un micrófono delante (balbuceos, lugares comunes) y cómo lo hacen los habitantes de Sudamérica incluso en situaciones de extrema gravedad como un desastre natural; vuelvo a decir que me parece envidiable.
      Y, en lo que respecta a Dora Maar, algunos contemporáneos hablaban de cierto descaro y desparpajo en su forma de hablar y en su actitud, claro que ahora se juzgaría desde otro punto de vista a una mujer que se presentó como libre e independiente aunque sus sentimientos cambiaran tanto una vez que quedó herida de amor como consecuencia de su relación con Picasso.
      Muchas gracias otra vez por sus observaciones tan interesantes e inteligentes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*