
He llegado a cuestionar que en España aconteciera la guerra civil, puesto que da la sensación de que todo dios combatió por el lado republicano y, aunque no hayamos ganado demasiados Premios Nobel, quiero pensar que no somos tan gilipollas como para emprender un conflicto armado con un solo bando. Es más, en ocasiones pongo en tela de juicio que existiera Franco ya que es imposible que, tras casi cuarenta años al frente de la dictadura, muriera de viejo en la cama con tantos millones de activistas democráticos como parece que teníamos por aquí. Y es que, sarcasmos aparte, cuando tenemos oportunidad de contrastar con hechos objetivos las reflexiones de la intelectualidad o cualquiera que tenga una cuenta en Twitter, valga la redundancia, sale a flote la verdad (por no decir otra cosa).
Por ejemplo, parece que no ha sido la voluntad de la mayoría de los votantes quien ha otorgado a ciertos señores el poder político, sino un golpe de Estado o un designio divino (hechos que en ocasiones se confunden, no obstante). O qué decir de lo ocurrido hasta el año 2015 en el gobierno de la Comunidad Valenciana, paradigma de la burbuja durante las vacas gordas… y la crisis durante las flacas: cuatro mayorías absolutas consecutivas del Partido Popular. Ni trajes, ni calatravadas, ni Copa América, ni accidente de metro, ni despilfarros varios… nada: cuatro mayorías absolutas, que se dice pronto. No abundaremos en la multimillonaria inversión que supuso la Ciudad de las Artes y las Ciencias (de la que ya nos ocupamos extensamente en el n.º 2 de Jot Down), el símbolo del despropósito de esos años que ha eclipsado el resto de locuras faraónicas, pero existen otros casos también significativos si bien es verdad que no tan impactantes, ni en el resultado final ni en el montante económico. Uno de ellos encierra una historia que resume de forma perfecta nuestra idiosincrasia, realiza una instantánea de lo que fue aquella época de descontrol y, por extensión, retrata la incorrección de nuestros políticos (y de los votantes que los auparon al poder).
El puente móvil del puerto de Valencia
A finales de los noventa, con abundante dinero fluyendo tanto a nivel privado como público, Valencia comenzó una ambiciosa transformación urbanística de su frente marítimo, todavía en marcha en la actualidad con el Plan Especial de la Marina Real Juan Carlos I. Dentro de las múltiples obras que se estaban realizando en el puerto de Valencia, nos vamos a centrar en una en especial, aparentemente anodina. Tras un estudio de necesidades que concluyó que había que construir una infraestructura que uniera por ferrocarril los muelles de Poniente y Levante y permitiera a su vez el paso de embarcaciones, en agosto de 1999 la Autoridad Portuaria de Valencia (APV) sacó a concurso el diseño de un puente móvil. Y como entonces pensábamos a lo grande, la estructura resultante resultó ser récord del mundo de luz en su tipología —basculante ferroviario—1.
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En Santander hicieron esta chorrada que nos costó 13 millones de euros más otro millón por cada mantenimiento.
https://www.eldiariomontanes.es/santander/pintar-reparar-puente-20180406211020-nt.html
Muy interesante el artículo para tener en cuenta las razones por las que se ven mal transferencias de fondos, préstamos sin condiciones, etc a España desde el norte de Europa (históricamente y hasta hace nada, los únicos contribuyentes netos al presupuesto de la UE): un ciudadano alemán ha estado pagando estas chorradas.
Menos mal que ahora mandan en Valencia (Comunidad Autónoma y ciudad) gente con sentido común y que sólo se gastan el dinero que recaudan. No hay más que ver lo que han logrado en cuestión de deuda pública estos nuevos gestores en sólo 6 añitos. Menos mal que la corrupción era la otra…?
Bueno, hemos pasado de gastar el dinero en puentes móviles y campañas de promoción en la Fórmula 1 por «chochocharlas de empoderamiento» y subvenciones a los medios para ocultar los abusos a menores del marido de yasabenquien…
La tenéis tan adentrísimo que os sale por la boca y os da para mamar a la vez. Pero bien dentro. Qué gusto da ver a los fachas mamar polla sociata, y lo que os queda. Mamad, mamad.