
Posibilidad o pura quimera. La pandemia ha vuelto a abrir el debate sobre si sería posible trabajar un día menos y establecer la semana laboral de cuatro días. Como argumentos a favor están las ventajas medioambientales por menor número de desplazamientos de los trabajadores, aumento de su productividad, beneficio a la economía de consumo por más tiempo de ocio disponible, y más puestos de trabajo para paliar el paro estructural.
Una encuesta asegura que cuatro de cada diez empresas españolas estudiarán su implantación, mientras que la mayoría, casi el 60 %, lo considera inviable, tanto desde el aspecto económico como desde el operativo. Como prueba, los Presupuestos Generales del Estado 2022 dedicarán una ayuda experimental para ciento sesenta empresas, que afectará a tres mil trabajadores, a fin de estudiar las consecuencias de su puesta en práctica.
El debate no es nuevo, arrancó a finales de los noventa, pero ahora regresa potenciado por The Great Resignation y el Tang Ping, versiones occidental y china del deseo de trabajar menos horas incluso a costa de perder poder adquisitivo.
Los especialistas en tecnología afirman no solo que esta semana es posible, sino que pronto no quedará otra opción. Porque a medida que la inteligencia artificial y la robotización, ya implantadas, se extiendan, se irá reduciendo la necesidad de mano de obra humana. No será una desaparición de trabajos concretos, como se ha anunciado, sino más bien un aumento exponencial de productividad que permitirá abordar igual carga con menos empleados.
El proceso se entiende a la perfección considerando lo conseguido este verano por la inteligencia artificial Deep Mind londinense. En muy poco tiempo ha podido calcular cómo se pliegan las proteínas humanas según las secuencias de sus aminoácidos. Esto, que suena a chino, resuelve una paradoja establecida en 1969 por Cyrus Levinthal, según la cual haría falta más tiempo que todo el que ya ha transcurrido desde el inicio del universo para predecir todas las configuraciones posibles de una proteína. O lo que es lo mismo, convierte en minutos los años que antes necesitaban los investigadores para desarrollar nuevos medicamentos. Y eso puede significar una próxima cura de enfermedades hoy intratables como el alzhéimer.
La base de datos creada por Deep Mind ya está disponible con libre acceso para los científicos, y se prevé que en pocos años asistamos a una revolución sin precedentes en el campo de la biología. Pero, y aquí viene lo fundamental, esta revolución no se producirá si esa información de la IA no es manejada por personas con tanta capacidad como los cuatro premios Nobel que sintetizaron la insulina, asegurando la vida de los diabéticos. No se erradica al profesional, pero al librarle de tareas tediosas o de alto coste se reduce el número necesario para hacer un trabajo. Ahí es donde encajará la semana de cuatro días.
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Gracias por todo extraño cuando era semanal aún así me alegra que seguimos contando cosas que pasan desapercibidas en otros medios
Hace dos o tres años escuché decir a alguien en la tele, que la medicina estaba dedicando más presupuesto a la investigación de productos vigorizantes masculinos o a métodos para el aumento de pecho femenino, que a la del tratamiento y cura del Alzheimer.
Lo cual significará que dentro de un tiempo, muchas personas de la tercera edad andarán por los pasillos de los geriátricos con erectos miembros viriles y turgentes pechos de tamaño descomunal, sin que hacer con ellos.
Me gustaría pensar que la IA nos salvará de nosotros mismos, pero como supongo que está creada a nuestra imagen y semejanza, difícil lo veo.
Ojalá evolucione por sí misma para mejor.
La solución, en unos pocos lustros.