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Vuelve el Pasajero Oscuro de Dexter 

Dexter New Blood
Dexter: New Blood. Imagen: Showtime.

Qué calor pasábamos viendo a aquel Dexter de camisas coloridas en Florida y qué frío vamos a pasar ahora. Dexter: New Blood (qué título ese) recupera, diez años después, al asesino en serie más limpio de la pequeña pantalla para trasladar sus «aventuras», léase como eufemismo de «crímenes», del Miami original a un nevadísimo pueblo, imaginario, perdido en el norte del estado de Nueva York.

Esta recuperación no es gratuita. A (casi) nadie le gustó el final original de Dexter y, debido a esta decepción colectiva, unida a la nostalgia que provoca cualquier personaje catódico de hace diez o quince años, se consideró que era una buena idea recuperar a un asesino en serie que caía bien. 

La propuesta original de Dexter se basaba en el hecho de que sintiendo la necesidad de matar, porque era un psicopatilla de libro, al protagonista le habían enseñado un código que tenía que seguir para satisfacer sus impulsos. Así podía descuartizar solo a asesinos en serie que hubiesen eludido a la justicia. Según este código, impuesto por su padre adoptivo, aunque debía simular su sociabilidad para evitar que le atrapasen, no era recomendable establecer lazos estrechos con otras personas porque eso las pondría en peligro. Era un código para mantenerle a salvo, pero también para que aparentase ser humano sin serlo.

Afortunadamente, Michael C. Hall, su protagonista, no solo podía hacer creer que este hombre de familia e inadaptado social era un mordaz y escrupuloso asesino en serie. También dejó entrever desde la primera temporada que la máquina de matar no carecía de empatía como le habían dicho, sino que, a su manera, se preocupaba por aquellos a los que quería. Y que esa sería la razón de su caída y el foco del drama.

La serie proponía un antihéroe —recordemos que era la época televisiva en la que todos los buenos eran en realidad malos— y provocaba una reflexión: a nivel moral, y legal, claro, lo que hacía estaba mal y tenía consecuencias. Sin embargo, la audiencia tenía licencia última para juzgar. Sí, era un asesino, pero…

Racionalmente, pocas salidas le quedaban a un señor que no dejaba de enredar en un mundo oscuro. Y, dramáticamente, lo peor que le podía pasar no era la muerte, sino que otros pagasen por sus pecados. Pero, ay, qué mal se articuló. De repente, la tragedia griega se cebó con Debra, su hermana, interpretada por Jennifer Carpenter, una agente de policía con una ética intachable que quería a Dexter por encima de sus posibilidades y que actuaba, además, como balanza moral. Ella era la guía que necesitaba la audiencia. Todo aquello que Dexter hacía era cuestionable porque se contraponía a su rectitud. Y en el final de la última temporada este personaje recibió un desenlace que nunca mereció. 

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6 comentarios

  1. El final de la serie fue apresurado por el cáncer de páncreas del actor. En la última temporada estaba físicamente arruinado, muy maquillado y teñido. El elenco estaba también bastante envejecido. La irrupción de Charlotte Rampling, empeoró el serial. Por cierto, una lástima no haber dado más frases a Masuka, cuyas irrupciones eran verdaderamente divertidas.

    • ¿Y qué pasa si el elenco estaba bastante envejecido? ¿En qué influye eso en la calidad de la serie? ¿Es que no han pasado siete años también para los personajes? No sé en qué empeoró esto con Charlotte Rampling porque a mí me gusta más cualquier cosa si sale ella. Y claro, habría que haberle dado a Masuka muchísimo más carrete porque como todos sabemos, es el personaje más determinante de la serie con sus divertidas irrupciones…

      • Para gustos se hicieron los colores. Si los míos no coinciden con los tuyos, disculpa. Si te digo la verdad, Dexter no fue mi serie favorita. El protagonista me resultaba demasiado ubicuo. Fui más de «The Wire», «The Shield» o «Southland» debido a que varios personajes obtienen un mayor tiempo de actuación. Las prima donnas no me agradan demasiado, quizás porque tampoco me gusta la ópera. Qué le voy a hacer. Soy un desclasado. Acabo de ver «La Princesa Prometida» y me gusta sobre todo por Íñigo Montoya y André «El Gigante».

  2. Errata: Debra es interpretada por Jennifer Carpenter, no Carter.

  3. Maestro Ciruela

    Ante todo voy a reconocer algo por si no había quedado claro aún a lo largo de estos años y es que no poseo conocimientos ni estudios técnicos sobre la manera de hacer cine (guiones, dirección, luminotecnia, montaje, etc, etc…). Mis opiniones están basadas exclusivamente en mis sensaciones al recibir los estímulos que se me echan a la cara, más o menos como le pasa a Carlos Boyero. Tal vez por eso, al no tener el enorme oficio que algunas de las personas que escriben en estos blogs aparentan tener, nunca me pareció que el final de «Dexter» fuera TAN horroroso como se ha podido leer por aquí y en muchas otras webs .Es más, creo que no estuvo nada mal, teniendo en cuenta lo sumamente embrollado del asunto en las postrimerías de la serie, siempre que, naturalmente, hagamos el debido uso de la suspensión de la incredulidad (sobrevivir a ese maelström en esa barquichuela). Dexter fue una de las series con más garra y personalidad en lo que llevamos de siglo, y su fuerza de atracción, me arrastra sin remisión a esta segunda parte en la que de momento, ya estoy echando a faltar las maravillosas fotografía e iluminación de la primera. Veremos qué nos depara lo que viene…

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