
(Viene de la primera parte)
El humor no hace un daño físico inmediato, aunque el daño moral es una cosa que, pese a parecer demasiado abstracta, puede cuantificarse, al menos hasta cierto límite. Todos somos, espero, partidarios de una libertad de expresión lo más extensiva posible, pero también entendemos que deben existir ciertas limitaciones. Las justas. Por ejemplo: no veo por qué debería impedirse que Fulano insulte a Mengano. Un insulto será desagradable, pero es pasajero. Sin embargo, cuando Fulano insulta a Mengano a todas horas y por todos los medios, sin dejarlo respirar, la cosa puede considerarse acoso. Lo mismo sucede con el maltrato psicológico, con las amenazas, o con las calumnias. Todas ellas son acciones verbales que no hacen un daño físico per se, pero sí buscan provocar un daño psicológico, y van más allá del mero deseo de expresarse con libertad. Limitar estas cosas es necesario, pero hay que hacerlo en casos extremos.
Muy distinto es pretender que la mera expresión de una idea controvertida pueda ser perseguida por la ley, aun cuando no medien acoso, amenaza o calumnia. Ahí es donde empiezan los grises. Si un cómico empieza a reírse de usted, personalmente y concretamente de usted, bueno: quizá tenga usted motivos para intentar callarlo. Pero si el cómico se burla de un colectivo, de una religión, o de cualquier otra cosa que no sea una persona concreta, no veo por qué debería usted sentir el impulso de pedir que se intervenga.
En el caso de la comedia, creo que lo mejor y lo más sensato es dejar que sean los propios espectadores quienes decidan los límites del humor. Cuando escribo esto, aún está reciente la controversia que ha rodeado a The Closer, el último de los programas especiales de comedia de Dave Chappelle en Netflix. Ya saben, las acusaciones de que Chappelle es tránsfobo, basadas en sus chistes sobre transexuales y en la afirmación de que se identifica con las TERF, trans-exclusionary radical feminists. No tengo una opinión concreta sobre la posibilidad de que Chappelle sea realmente tránsfobo. Puedo entender a quienes piensan que sí, y puedo entender a quienes piensan que no. Y puedo entender a quien se sienta molesto/a por el humor sobre un colectivo. Pero supongamos que alguien agrede una persona transexual, y otro alguien decide echar la responsabilidad del suceso sobre Dave Chappelle. Eso no tendría sentido, dado que el cómico nunca ha sugerido que se agreda a alguien (lo cual, además, es penado como incitación en cualquier país normal). La responsabilidad de una agresión es exclusiva del agresor.
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He leído esta entrada y su primera parte en diagonal. Nos habla de señores que no conozco, salvo alguna que otra excepción, para ilustrar una tesis poco definida y muy genérica. Lo cierto es que el tema que quiere tratar es mucho más complejo de lo que aparenta (y de esa complejidad algo nos indica en su texto) porque todo ser humano (salvo determinados perfiles psicológicos) tiene un código moral, posee cierta entidad grupal (y por tanto es capaz de defender al grupo cuando siente que este ha sido atacado) y se ve influido por el componente situacional que ejerce presión sobre él para actuar de alguna manera.
Y, por supuesto, el ser humano cuenta con sistemas que interpretan mensajes sujetos a dobles interpretaciones o a los que les agrada la sorpresa de un desenlace inesperado cuando la historia apuntaba a otro. Pero esos sistemas no están al margen del ambiente cultural de cada individuo y se ven influidos por el idioma en que se han construido los engaños que dan lugar a la risa. Por ese motivo me resulta extraña la continua invocación a humoristas anglosajones.
¿No hay un humor particular patrio que se podría tratar en sus entradas?
¿Por qué ha desperdiciado la excelente oportunidad de explicarnos el motivo por el que Rober Bodegas fue injustamente tratado hace unos meses?
A mí me sugiere cierta cobardía de no coger el toro por los cuernos para justificar con mayor claridad el mensaje que nos ha querido transmitir. Quizá porque la complejidad del asunto supera con mucho sus buenas intenciones.
Y ahora dejemos paso al ejército de aduladores que viene a continuación.
«Y ahora dejemos paso al ejército de aduladores que viene a continuación.»
No deja de ser curioso que un personaje anónimo, que parece defender el derecho a sentirse injuriado, termine faltando a cualquier otro que se exprese de manera diferente que él.
Póngase usted de acuerdo consigo mismo.
Gracias señor blunsbur por su acertada reflexión. Ya era hora de que alguien desenmascarara la vergonzosa cobardía de este autor. Además, en mi humilde opinión, tiene mucho más mérito ser capaz de hacerlo en diagonal.
¿Emilio te robó la moto o la novia, para estar tan cabreado con él? Si el artículo habla de comediantes ingleses y americanos es probablemente porque Emilio conoce sus carreras mejor que las de humoristas españoles. Cosa que no es difícil de deducir si has leído otros artículos suyos en Jotdown.
¿Por qué se ha perdido la oportunidad de hablar sobre Rober Bodegas? Pues seguramente porque yo he tenido que mirar en google quién coño es ese y al autor le pasaría lo mismo. Igual que la primera noticia de la existencia de David Suárez que tuve fue cuando vi que había un escándalo porque un cómico afrontaba un juicio por un chiste.
A mi me pareció muy bueno el artículo, es específico sobre los límites del humor de la stand up americana y ya lo dijo en el artículo anterior. Por eso no me parece de recibo el comentario anterior ni que sea taaaan complejo el tema. Lo es si entramos en la parte psicologica del asunto pero no si se toma como lo que es: un comentario sobre el stand up americano. Y ademas sirvió para meter todos esos links a chistes buenísimos!!..
El humor es algo muy simple, te ríes o no te ríes.
También es muy necesario y la falta de él denota una sociedad en crisis, como pasa en el mediometraje «La Gioconda está triste».
Es uno de los mejores flotadores para ayudarnos a superar los malos tragos de la vida o simplemente un medio para despertar el placer de la risa.
Y esto es lo que hace el cómico.
También dice el artículo ideas muy acertadas con las que estoy de acuerdo, como que tiene que darse dentro de un contexto y sacarlo de él suele ser con afán de desvirtuarlo para algún fin poco noble (a veces tengo la sensación de que los que no tienen sentido del humor se molestan por ver cómo otros sí lo tienen).
También estoy de acuerdo con que es el público el que lo reconoce y lo premia con su risa en última instancia. Cuando algo deja de hacer gracia es el primero que lo manifiesta. Por eso es él quien debe juzgar un chiste con su risa o su silencio.
No hay mucho más.
– Una vez fueron dos de Leganés a Lepe y les preguntaron si no estaban hartos de ser el hazmerreír de la península, a lo que respondió un lugareño que más hartos debían estar ellos por lo del monstruo (yo no creo que este chiste sea ofensivo en general para los habitantes de esa localidad).
– En una conversación entre hombres, uno le pregunta a otro si su mujer grita mucho al hacer el amor, a lo que le responde el primero que la suya lo hace sobre todo después, cuando se limpia con la colcha o con las cortinas (yo no creo que esto sea ofensivo para los hombres en general).
Siempre habrá alguien que se ofenda, pero mientras el público se ría, será humor sin más.
San Pedro va a un convento, reúne a las monjas en fila y pregunta a la primera:
-Usted ¿ha tocado algún pene?
-Sí, con este dedito.
-Pues métalo en la pila bendita para que se le purifique.
A la segunda monja, la misma pregunta:
-Sí, con esta manita.
-Pues métala en la pila bendita.
La monja situada en cuarto lugar se adelanta un puesto y San Pedro le pregunta:
-¿Por qué se cuela usted?
-Mire San Pedro; Si he de hacer gárgaras prefiero hacerlas antes de que Sor María meta el culo.
Santa Claus reparte regalos por todo el mundo. Cuando llega a África unos niños ven el trineo pasar y le gritan: «¡Santa Claus, aquí aquí!» A lo que él les responde: «Ah, si no coméis no hay regalos». Y pasa de largo.
Es un chiste muy viejo que siempre me ha hecho mucha gracia. Y más ofensivo no puede ser. Porque además de ofensivo es muy brillante: de una tacada deja en evidencia la hipocresía de la navidad, la de muchos padres al premiar-castigar a sus hijos de forma paradójicamente pueril y lo injusto de la pobreza infantil (todas lo son, pero la infantil es, además, cruel). Y todo con un chiste cruel y ofensivo.
Chappele no me hace gracia, aunque he de admitir que con el tiempo supo hacerse su sitio. Muy al principio de su carrera ni en américa le tomaban muy en serio, recuerdo alguna coña a su costa en los Simpson.
La peli de Andy Dice Clay y su apoteósico doblaje (Pablo Carbonell si mal no recuerdo) forma parte del adn de los que rondamos la cuarentena.
Norm Mcdonald era Dios.
No creo que deban existir límites para el humor… aunque el contexto importa. Teniendo claro el público al que te diriges no debería haber problema.
Algunos de los mejores chistes que he oído son mega cafres.
Entretenida lectura, gracias.
Artículo interesante si bien creo que está obviando un aspecto fundamental de la polémica: las circunstancias de quién es objeto de la mofa.
Nada tiene que ver una broma de Gervais sobre una niña sin connotación alguna, es decir, imaginaria o genérica, que hacerlo sobre las circunstancias concretas de alguien.
Por descontado que no es lo mismo que sea uno quien elija bromear o no sobre sus propias circunstancias a que venga a hacerlo un tercero.
Tambien se olvida de que no es lo mismo bromear sobre las decisiones que ha tomado alguien de manera adulta y responsable que hacerlo sobre aquellos aspectos de la vida de alguien que no sólo no se han elegido sino que además son motivo de sufrimiento para quien las padece y su entorno.
Dicho de otro modo, parece difícil que alguien entienda que se haga burla de la pobreza salvo que sea alguien que vive esa realidad quien lo haga.
No obstante entiendo que el anterior comentario tiene sentido en nuestro entorno y tiempo: probablemente un emperador romano tuviera otro parecer.
Dicho lo anterior, sí creo que vivimos en una sociedad cargada de individuos con la piel muy fina y una capacidad de indignarse muy por encima de sus posibilidades.
Comparto la idea de que sea el propio público quien le haga ver a un comediante que por cierto camino es mejor no andar pero no que necesariamente ese público tenga que ser concretamente el del comediante: si se tiene valor para decir ciertas cosas también se debe tener para asumir las consecuencias de decirlas.
Por último, quedaría por definir el aspecto legal del limite a la libertad de expresión. A mi juicio una ley no deja de ser un acuerdo establecido por la sociedad para limitar o condicionar un aspecto de nuestras vidas o forma de organizarnos. Dado que lo anterior puede variar en el tiempo la legislación también puede y debe hacerlo y por ello el debate será permanente.
Amplío mi comentario inicial no para defenderme de las críticas, algunas las tendré merecidas y otras no tanto. Lo hago tan solo para explicarme mejor. Trataré de no extenderme. Lo tengo difícil.
Nuestra sociedad da cobijo a religiones, grupos sociales, etnias y culturas. Todos estos grupos forman una interacción compleja que dan lugar a un orden jurídico que tiene que lidiar muchas veces con intereses contrapuestos. Estos grupos poseen un sistema de creencias y valores con referencias morales. El sistema de derechos y libertades de las sociedades occidentales ha decidido protegerlos casi como si individuos se trataran de forma que se proscribe cualquier tipo de ataque a los valores que representan. Una manifestación de esta situación consiste en la protección de la religión y determinadas culturas aunque estas atenten, por ejemplo, contra la igualdad de sexos. La religión islámica (también la católica pero a un nivel diferente) reclama protección contra sus valores aunque algunos de ellos vayan contra dicha igualdad. Pasa de la misma forma con determinadas etnias como la gitana.
Defender como límites de la libertad de expresión únicamente aquellos que invadan la frontera de los delitos contra el honor (como la injuria o la calumnia) no se corresponde con la estructura de nuestro ordenamiento. En el capítulo IV del Título XXI del Código Penal se incluyen determinados delitos contra el ejercicio de derechos fundamentales y libertades públicas entre los que se incluyen castigos y penas para quien, por ejemplo, ofendan los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias. Similar protección tienen también los miembros de determinados grupos sociales por razón de sus creencias, por su pertenencia a una determinada nación o por su orientación sexual. Animo al que quiera que se acerque al CP y examine las conductas delictuales que protegen un bien jurídico distinto al que se refiere a la persona ¿Eliminamos el carácter delictual a quien ofenda a esos grupos si somos capaces de provocar la risa de las personas de un auditorio?
Una manifestación del componente situacional se puede comprobar cuando se comparan las risas de los que acuden en vivo a un evento humorístico con los que lo reciben a través de medios de difusión como la radio o la televisión. El ser humano que integra un auditorio se comporta de distinta forma. Hay una predisposición diferente y esta se contagia entre los individuos. El hombre cuando forma parte de la masa puede perder parte de sus facultades intelectivas. Hagan un acercamiento a las obras de Freud, Le Bon o Moscovici sobre la psicología de las multitudes. ¿La risa en ese caso avala la actuación del humorista?
El autor se ha valido de diversos comediantes anglosajones para transmitirnos sus opiniones sobre los límites del humor (en general) sin hacer alusión alguna a las diferencias (si las hay) entre las concepciones culturales de nuestra sociedad en particular. Tenía varios ejemplos genuinos para aplicar sus opiniones. A mí se me vinieron a la cabeza dos casos especialmente notorios:
https://www.publico.es/sociedad/libertad-expresion-humorista-rober-bodegas-retira-video-monologo-gitanos-recibir-400-amenazas-muerte.html
https://www.periodicodeibiza.es/vips/television/2016/05/02/321626/gag-jose-mota-sobre-enfermo-terminal-genera-aluvion-criticas.html
En ambas situaciones el autor de las bromas ha tenido que replegarse y pedir disculpas a los ofendidos. También lo hicieron los medios que difundieron las actuaciones de los humoristas.
Creo que ampararse en el humor de otras culturas (en otro idioma) para divulgar sus opiniones sobre un tema cuyo título era lo suficientemente explícito y su ámbito genérico “los límites del humor” me ha parecido un recurso del autor para no complicarse la vida.
La libertad de expresión tiene doble vuelta. Si defendemos la libertad del humorista también tendremos que defender la de aquellos que manifiestan su disgusto por la ofensa recibida. Si esta se dirige frente a un determinado grupo (o a sus miembros), la acción colectiva a través de las redes sociales y medios similares puede dar lugar a consecuencias bastante desastrosas para el autor de la broma. Esa acción colectiva está presente hoy más que nunca por los medios de difusión y de ataque.
En ese ámbito la censura no solo opera en el propio humorista, también lo hace en el medio en que se divulga la broma. ¿No tiene Jot Down su propio código de actuación en este ámbito? No me creo que la respuesta sea negativa. ¿Por qué no nos ha hablado el autor de esas normas internas?
Hemos creado una sociedad de sentimientos y los políticos tienen su parte de culpa en ello. Mientras afloren estos sentimientos las decisiones de los individuos pueden apartarse de la razón. Y a mucha gente no le importa. La verdad es secundaria si hablamos de las creencias de un colectivo. Cualquier acción dirigida a reflejar esa contradicción, aunque sea a través del magnífico mecanismo del humor, tiene consecuencias para su autor. Por ese motivo este se autocensura y decide no orientar su creación para reflejar las contradicciones entre la verdad material y las ideologías y creencias de un colectivo. Porque en ese caso la ofensa ante el colectivo supuestamente ofendido conlleva, además de la crítica particular del recurso humorístico, el escarnio de la risa por parte del público. Y eso para muchos, quizá estos no sean lectores de Jot Down, es imperdonable.
He leído su comentario en diagonal y, aún así, me ha parecido aburrido. Y no confunda aburrido con erróneo, equivocado o un tostón. No, sólo aburrido. Y sus contratos suelen tener interés incluyendo aquellos con los que estoy en desacuerdo
Obviamente, donde pone contrato es comentario
Acabo de cerrar mi comentario y me ha venido a la cabeza un ejemplo en forma de broma de la mentalidad de ofendidos que impera en la sociedad. El chiste venía a decir algo así como (no soy bueno contándolos) «Me ofende gravemente que la gente haga chistes sobre enfermos de cáncer porque mi padre se murió de un ataque de risa que le produjo un chiste sobre enfermos de cáncer».
Creo que la broma es buena porque contiene uno de esos giros inesperados que le gustan al cerebro y porque refleja la mentalidad de mucha gente y su derecho a que sus sentimientos no se vean atacados aunque estos precisamente tengan su origen en hechos totalmente contradictorios.
En fin.
Pero, ¿en dónde te posicionas tú? A mi me recuerdas a uno de esos obreros católicos que tenían mentalidad de la clase a la que pertenecían, pero que a la hora de votar lo que manifestaban eran sus valores católicos votando al partido de sus patrones. Muy culto y tal, pero a la hora de la verdad, un inconsecuente «¡vivan las cadenas!»
La cultura de cancelacion , lo politicamente correcto y los ofendidos de redes sociales se estan cargando a todo el mundo…
estamos en una epoca peligrosa de censura e intolerancia…
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