
Este texto ha sido el finalista del concurso DIPC–LSC-Laboratorium en la modalidad de ensayo de divulgación científica de Ciencia Jot Down 2021. Puedes leer aquí el ensayo ganador y aquí el relato de la modalidad de narrativa.
Invierno de 1732. Cae la noche sobre Medvedja. Un trueno ensordecedor desgarra el silencio de la población serbia. Segundos después, tras las nubes que en desordenada recua visten el cielo, una descarga eléctrica ilumina la oscuridad de la noche por un instante. Los pastores se apresuran para guardar las reses ante la inminente tormenta. Los niños que jugaban en la calle regresan a sus casas.
Las amas de casa cierran las ventanas para resguardarse del frío. Las calles quedan vacías. El pueblo entero está aterrorizado, pero no por la tormenta, ni por la oscuridad, ni por el frío. Temen a un hombre, a una criatura… Su nombre es Arnold Paole.
Arnold Paole era un joven soldado que acababa de volver a casa tras el servicio militar. Todos notaron algo raro en él a su regreso. Parecía preocupado, deprimido. Arnold contaba, una y otra vez, una historia escalofriante: había sido atacado por un muerto viviente. Para librarse de él —decía—, se había visto obligado a buscar su tumba, a desenterrar el ataúd y a beber su sangre. Sus compañeros, pensando quizá que se trataba de un delirio infundado, no le dieron demasiada importancia aquel relato. Poco tiempo después, Paole sufrió un accidente cuando transportaba paja en su carro y murió. Sus allegados lamentaron su pérdida, organizaron un funeral y lo enterraron en el cementerio de Medvedja.
La historia de Arnold Paole podría haber acabado perfectamente aquí. Pero tres semanas después del entierro, varios vecinos juraron haberlo visto vivo, caminando por las calles a medianoche. Los rumores sobre Paole corrieron como la pólvora, y el pueblo enloqueció de pánico. Pasaron los días y aquellas personas que aseguraban haberlo visto comenzaron a fallecer en extrañas circunstancias. Decían que por la noche —y solo por la noche— aparecía él, Arnold Paole, para alimentarse de sangre humana.
Las noticias de tan misteriosos sucesos no tardaron en llegar al emperador de Austria, Carlos VI, que decidió enviar una comisión de investigación dirigida por el médico militar Johannes Flückinger. Tras llegar al municipio serbio, el equipo de Flückinger abrió el féretro de Paole. Para su sorpresa, el cadáver apenas mostraba signos de descomposición. Notaron que las uñas habían crecido, los dientes tenían rastros de sangre y la piel había adquirido un tono blanquecino. Sin duda, se trataba de un «vampiro», así que el médico ordenó clavarle una estaca e incinerar el cuerpo ese mismo día.
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Apasionante, muchas gracias al autor y a jotdown
Im-pre-sio-nan-te.
Y esperanzador, no voy a negarlo.
Gracias pr compartirlo