¿Cuál es el país más ciclista de todos?

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naciones ciclistas
Apoteosis de Ramón Hoyos, por Fernando Botero.

Las bicis, ay qué bonitas las bicis. Que no son solo para el verano, las bicis, pero en verano lucen más, por lo del calorcito, y el Tour de Francia, y los paseos para ver a esa mozuca que te pone ojucos. Seguro que me entienden (y si no me entienden lo siento). Y cuando un montón de tíos en bici se ponen a hacer carreras eso se llama ciclismo, y es uno de los deportes más populares en el mundo (bueno, vale, uno de los deportes más populares sobre todo en la vieja Europa), y resulta estético como solo puede serlo la fotografía de un tipo achaparrao y famélico vestido con ropa muy ajustada. 

Lo del ciclismo viene de antiguo, y despierta pasiones gordas. Bien gordas. Tantas como para que salgan a pasear banderas, banderines y maillots nacionales. Por eso aquí les planteamos la pregunta. ¿Qué país es el más ciclista de todos? Con sus argumentos, con sus pros y contras, porque somos árbitro y juez, nunca competidor. Y menos mal, porque llegaría el último, también les digo.

Votad, malditos con casco y coulotte, u opinen en los comentario.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)


Francia

A ver… han inventado el Tour de Francia. Punto, ganadores, alonsanfans, viva Napoleón, viva Córcega, albricias y vítores. Vale que Desgrange, papi del Tour, es poco exportable a nuestros tiempos de corrección política, pero, en fin… quién no ha llamado a matar boches desde su periódico, ¿verdad? Corderillos. Tampoco hace falta que les alaben ustedes mucho, porque la grandeur, y el chauvinismo, y todas esas cosas. Qué más da… los galos tienen a Anquetil y su historia personal, tienen a un psicópata como Bernard Hinault, a un hijoputa legendario como Henri Pélissier, a ese Fignon que antes se odiaba y ahora añoramos. Por allí anda, incluso, el tipo que ganó a Eddy Merckx (también el tipo que agredió a Eddy Merckx, por cierto). Ah, y los adoquines del norte, menudo Enfer. Y el Tourmalet. Y el Galibier. Y el Mont Ventoux. Qué coño, es que eso es una catedral (gótica normanda, por supuesto) gigante. Cierren la encuesta. O no. 

A favor: Inventaron el Tour.

En contra: Inventaron a Virenque. Y a otros Virenques peores que Virenque.


Italia

¿Saben qué? Olvídense de Francia, porque ahora llega Italia. Ah, Italia. El país de la pasión, de las reacciones loquísimas, de los ciclistas comiendo helados, del líder deteniéndose para felicitar una boda ante la iglesia. Pueblos teñidos de color rosa, tifosi corriendo junto a pedalistas (pero sin hacer el imbécil casi nunca, ojo), montañas inabarcables, fríos infinitos. Italia. Amor sin complejos por el pasado, imágenes en blanco y negro, mira qué iglesia barroca, pasemos por ese arco que tiene dos milenios, aunque sea peligroso. Todo sea por la estética. Y allí la estética está más cuidada que en ningún otro sitio. Inventaron los cambios de marcha, además, que permiten a escritores de bici subir puertos en bici. Solo Italia pudo parir, casi al mismo tiempo, una elegancia con maillot arcoíris como Gianni Bugno y una fiera deslavazada e indomable como Claudio Chiapucci. Ah, y a Indurain le quedaba mucho mejor la maglia que el jaune, se pongan ustedes como se pongan. Y luego están Fausto Coppi y Gino Bartali, que son un universo propio. Italia, ah, l´Italia. 

A favor: Tienes más estilo que cualquier otra nación. En ciclismo también.

En contra: A veces pueden pecar de exagerados, ya saben.


España

Hubo una época en que España exportaba por Europa wolframio, tópicos del romanticismo y ciclistas que estaban mal de la cabeza. Qué tiempos, oigan, qué tiempos. Teníamos paisanos que corrían el Tour solos, como Trueba. Otros que quedaban en Francia por eso de ser afines a la República y luego volvían para chupar campo de trabajo, como Berrendero. Chiflados geniales e inconstantes, como Bahamontes. Chiflados noblotes pero algo chapados a la antigua, como Loroño. Chiflados guapos a rabiar, como Pérez Francés. Chiflados que fumaban sobre la bici, como Tarangu. Chiflados que… en fin, chiflados gordísimos como Luis Ocaña, que era el jefe de toda esta banda. Chiflados que llegaban dos minutos y pico tarde, como Perico. Y eso, la gracieta.

Luego llegó Indurain, y se jodió el asunto, porque Indurain era un tipo fiable, germánico, serio, inexpresivo. Tan imposible no admirarlo como difícil gritar por él. Quedaban ramalazos, oigan. El Chava, o esa fatalidad chistosa de Joaquim Rodríguez, que hizo pódium en Giro, Tour, Vuelta y Mundial pero no ganó por ningún lado de esos. Ahora está Landa, que tiene ojos tristes, sonrisa irónica y bastantes fotos de fiesta con tanque y sombrero mexicano (también algunas de ataques gordos, oigan). Y eso… historia, afición. Antes más, porque antes todo esto era monte, y ahora solo ves campos de fútbol, pero sigue habiendo. Mención especial al País Vasco, donde el asunto es una mezcla de religión, fiesta calimochera y locura colectiva. Me encanta. 

A favor: Una caterva de grimpeurs descerebrados.

En contra: A veces han bebido de fuentes poco claras, por utilizar un eufemismo.


Holanda

Tipos paliduchos con aspecto de poder ganar mucha más pasta en cualquier otra profesión, y cara de haber venido aquí a divertirse, a disfrutar, aprender, poco a poco, sin agobiarnos, mira qué paisajes, vaya vaquita guapa, tírame una foto así, poniendo morrucos. Jipismo con coulotte y maillot (en los setenta las camisas eran más ajustadas que la ropa de bici). Cierto aire de amateurs profesionales, facilidad innata para cagarla cuando lo más fácil es acabar triunfando. Pajarón en Luz Ardiden, hostia gordísima en Agnello, Mollema retorciéndose, Dumoulin deja un regalito en Suiza (aunque aquello terminó bien, menos para la cuneta en cuestión). Sus directores tienen tácticas… peculiares. Un poco Clemente cepillando a Lauridsen en Leverkusen, seguro que lo pillan. Bueno, eso y Johan van der Velde, pero es que Johan van der Velde es rara avis, y aún lo buscan bajando el Gavia, y escondan todos sus cortacéspedes, que viene Johan. 

A favor: Ligereza y frivolidad.

En contra: Son unos cenizos.


Bélgica

Eddy Merckx. Y ya está. Bien que os gusta el cuento del dinosaurio, y tiene menos palabras. Además, seguro que Merckx ganaba al dinosaurio, porque Merckx gana a todos. 

A favor: Eddy Merckx.

En contra: Los que no son Eddy Merckx. Menos Roger de Vlaeminck, que lo mola todo. Y Boonen. Y Maertens. Y van Looy. Qué coño, no hay puntos en contra. Bueno, sí, la Flecha Valona. 


Colombia

Les dicen «escarabajos». Es por un tío que montaba en bici como si fuera saltamontes. Cierto periodista se equivocó (los periodistas se equivocan muchísimo) y, ya ven, el asunto hizo carrera. Ah, ese ciclista en cuestión se llamaba Ramón Hoyos, y devoró puertos que ni de tierra eran, que resultan quebrada pura, que pasan ríos como quien pasa páginas de novelas. Tan grande fue, Hoyos, que le hizo una biografía Gabriel García Márquez, quizá les suena. Tan grande fue, Hoyos, que le hizo un cuadro Fernando Botero, quizá les suena. Luego se lo robaron al pintor y tuvo que pagar rescate, porque el mundo es un lugar rarísimo. Ganó cinco Vueltas a Colombia, tuvo duelos legendarios con alguien que le decían «Zipa». Más tarde llegan Cochise Rodríguez (que tenía pinta de conquistar victorias por madrugadas), Lucho Herrera, Fabio Parra y su cara triste, Chaves, Nairo, hasta Egan y el Tour. Son superpotencia, cuando décadas antes eran exotismo al que caían todas las culpas (¿frenazos?, colombianos; ¿caídas?, colombianos; ¿nace un niño con rabo de cerdo?, colombianos). Ahora son más exitosos, pero yo prefiero lo de Ramón, porque soy un romántico.

A favor: Fueron un soplo de aire fresco cuando yo era joven, y todo lo bueno pasaba cuando yo era joven.

En contra: A veces prensa y afición colombiana son un poquito… patrioteras.


Alemania

A ver, es una nación menor. En lo de la bici, digo, planteando conflictos mundiales ya tal. Pero sobre ruedas… En fin, que Jan Ullrich. Sobre todo, Jan Ullrich. De aquellas caía majete, luego tuvo evolución complicadilla. Vamos, que pinta feo. Pero a fines de los noventa y comienzos de este siglo, el bonachón gordinflas que adelgaza lo justo para poner en aprietos al yanqui maluto, pero no muchos aprietos, porque tenía una mentalidad tan férrea como las natillas de chocolate. En fin, era lo suyo. Fuera de eso, pues cositas. Thurau, que era un mercenario grandísimo, y tenía pinta de dormir pocas noches en casa. Ah, y otra leyenda, solo que a esta igual ni la conocen, porque es alemana, pero del este, y nos hemos tirado cincuenta años de no mirarnos los unos a los otros. Se llama Gustav-Adolf Schur, y todos le llaman Täve. Ganó Friedensfahrt, fue el tipo más conocido de su país, llegó al parlamento, le hicieron libros, pusieron su nombre a un cuerpo celeste. Sí, colegas, Täve es mayor que Ullrich, aunque les cueste creerlo…

A favor: En contra de su tradición nacional han producido bastantes campeones alocados

En contra: Poca cintura táctica, por decirlo suavemente. Inconstantes a lo largo de la historia en su afición por las bicis.


Suiza

Manos a la cartera, vienen los suizos. Mira que parece ordenadito, civilizado y, sí, algo coñazo este país desde fuera (luego ya te ves la historia y, oye, el asunto cambia), pero es que sus ciclistas son todo lo contrario. Perfecto, tienen a Hugo Koblet, elegante y seductor (también suicidado bien jovencito), y a Rominger y Zülle, que eran una chepa con babas y un cegato irregular (aunque dos tipos adorables, cada uno a su manera), pero hasta ahí. Luego… el horror, el horror. O el caos, si prefieren.

Un buen ciclista suizo siempre lleva braga en el cuello, para que no se le reconozca y atracar esa diligencia tan cargada que viene a lo lejos. Despluma al intendente, seduce a su esposa, es un truhan, es un señor. Vamos, Pascal Richard. O Ferdi Kübler, narizota, malos modos, gusto por las pastillas a puñaos, relinchos antes de atacar. O Beat Breu, que ganó etapas en el Tour, y luego se arruinó, y luego tuvo un lupanar, y luego se hizo monologuista (no establecemos conexión directa, ¿eh?). O Rui Costa, que felicita a Purito cada Nochebuena, qué tal, Joaquim, monstruo, fiera, crac. Ustedes me entienden. Nunca le den la espalda a un ciclista suizo. 

A favor: Son robaperas, y los robaperas molan.

En contra: Llevan sin catar el Tour desde antes de Bahamontes.


Unión Soviética

Aquí incluimos también a rusos, kazajos, uzbekos que mueven la bici muchísimo al esprint, letones calvos con mechón en la testa (estilo capilar Bulgaria en el Mundial 94, para entendernos) y hasta Andrey Tchmil, que ha tenido más nacionalidades que de Vlaeminck Monumentos (grosso modo). Durante décadas fueron los mejores ciclistas del mundo, porque nadie sabía muy bien cuánto andaban y cuánto no, y porque esa Carrera de la Paz sonaba a algo demoledor, con etapas por espacios de nombre acojonante como Montes Metalíferos. Luego, pues meh, pero sus cosas. Berzin corriendo en Ferrari y luego poniéndose lechón, lechón (yo admiro mucho a los exdeportistas gordos). Pavel imperturbable, subiendo con desarrollos imposibles y haciendo cortes de manga en meta, porque los tranquilotes molan. Menchov gritando como un loco después de caerse en la última recta del ultimo kilómetro de la última etapa de su Giro. En fin, Menchov. Tipos relajados, con el equilibrio por bandera. 

A favor: El misterio eslavo.

En contra: Se quedan a mitad de camino, por lo general. 


Reino Unido

La modernidad pija. Hasta hace una década Reino Unido era, para esto de las bicis, el país de Tom Simpson, aquel tipo que se quebró subiendo el Mont Ventoux, llenó de ambición mal entendida, alcohol y anfetas. Como mucho Robert Millar, tío flaquito y con pendiente que pilló por costumbre perder Vueltas a España de forma estrambótica a mediados de los ochenta. Y poco más.

Sucede que entró SKY con un montón de libras, y luego los medios de comunicación con más montones de libras, y más tarde pensadores y opinadores vendieron el ciclismo como algo cool, modernillo, apto para todos esos tíos que ganan sueldos astronómicos y necesitan soltar patucas el finde (la otra opción es mutar en Michael Douglas, Falling Down style) y, claro, pues todo cambió, porque los maillots son más caros, los coulottes son más caros y los british ganan Tours con sus patillas, y sus pistards, y sus evoluciones tirando a estrambóticas. Sea como sea, han llegado para quedarse, y a día de hoy hasta los carteles del Tour aparecen en inglés… O tempora, o mores

A favor: Tienen estilo, y pimplan bastante.

En contra: Carecen de historia, y nadie quiere montar en bici como Chris Froome.


Eslovenia

El primer esloveno que corrió el Tour de Francia se llamaba Franc Abulnar. Tenía orejas grandes, nariz chata y calva a lo Raúl Sénder. Vamos, que poco glamur. Era 1936, y nada. Oigan, que los eslovenos en estos asuntos tienen menos historia que una peli de Charles Bronson. El problema es que, joder, menudo presente, amigos. Pogačar cada vez se parece más a Hinault y menos a Ullrich. Roglič es Rominger con menos mocos y más cadencia. Mohorič lo mismo te gana Milán-San Remo que el Gran Premio de Cheste, categoría Moto 2. Y luego está Tratnik. Adoro a Tratnik. Es profesional y tiene menos pinta de ciclista que yo. Estas cosas son dignas de apreciar, porque la estética cuenta. Digamos que por tradición Eslovenia no pinta nada aquí, pero es que lo mismo tenemos dominio toda la década, y quiero que este artículo envejezca en condiciones, por si dentro de unos años el Instituto Cervantes edita mis obras completas.

A favor: Primož Roglič, Tadej Pogačar… tienen los nombres más acojonantes de la actualidad (Remco Evenepoel mediante). 

En contra: Demasiado nuevos. 


Estados Unidos

El más difícil todavía. Digamos que los yanquis no pueden hacer las cosas siguiendo un desarrollo normal, no. Destacas desde joven, vas subiendo pasito a pasito, te respeta la salud, cuentas con escuadra que te apoya en todo momento. Fruslerías, a los hijos del Tío Sam se les queda aburrido todo eso. Tres tipos han ganado la Grande Boucle bajo las barras y estrellas, solo que únicamente uno sigue constando en el palmarés, por aquello de las drogas y tal.

El privilegiado es Greg Lemond, que triunfó en 1986 después de mil puñaladas con sabor a Blaireau, y luego le confundieron con un pavo, y casi lo matan, y retornó convertido en chuparruedas de la hostia, pero, mira, otras dos Grande Boucle cuando parecía imposible.

¿Armstrong? Este volvió de la misma muerte, de un cáncer jodido, jodido, y se convirtió en el mayor tirano que contempló nunca el julio francés (bueno, igual Robespierre). Cada vez más cercado, cada vez más certezas. Una entrevista con Oprah (aquí hubiese ido a El Hormiguero, con las marionetas riéndose grotescamente mientras explicaba cómo ponerse un chute gordísimo de EPO) y caída a los infiernos. Es un sociópata de manual, y bien que lo sufrió Floyd Landis, tercero de la lista. Niño menonita (de esos que no ven la tele porque no tienen tele, ni electricidad, ni nada posterior a la época de «Snoopy en Acción de Gracias»), profesional esforzado, ganó su edición con la cadera hecha un cisco, no puedo andar, no siento las piernas, jamás seré el mismo, nunca volveré a la bici. Butrón y cierre perfecto. Solo que… positivo. Que dio positivo, vamos. En fin. Ahora tiene una empresa de marihuana, por si quieren seguirle la pista. Y eso son los Estados Unidos. Ah, tienen pruebas divertidísimas con carreteras muy anchas y cantidad de gilipollas disfrazados haciendo el idiota para salir por la tele. Gracias, Andy Warhol

A favor: Cuidan la imagen.

En contra: Cuidan la imagen, pero su imagen es color flúor. 


Australia

Australia ha regalado al ciclismo esprinters marrulleros, escaladores marrulleros, clasicómanos marrulleros, gregarios marrulleros y tipos todoterrenos con tendencia a, oh sí, marrullear. Tampoco se echen manos a la cabecita, porque si ven cine y literatura… en fin, un abrazo a Mel Gibson, George Miller y el inmenso Kenneth Cook (esas novelas donde se trasiega birra y se matan canguros para pasar el rato, qué momentos). En fin, que los aussies son tipos particulares, de esos que los ves sobre las bicis y te los imaginas con camisa de cuadros, cigarrillo en la boca y un taco de billar siempre presto para partírtelo en la espalda. Ah, tienen un Tour, ganado por Cadel Evans, voz de Valerón, nervios calmos a lo Hristo Stoitchkov. Divertidísimos.

A favor: Exotismo a lo Mick Dundee.

En contra: Tampoco es que tengan una tradición muy amplia.


Portugal

Portugal lleva una década dando ciclistas interesantes. Rui Costa, el típico sonrisillas que se levanta a la jefa de las animadoras, vende alcohol recién destilado en la casa del pueblo y aprueba el examen de estadística avanzada sin estudiar porque tiene unas fotos comprometedoras del profe. O João Pedro Gonçalves Almeida, que no puedes ser más portugués que alguien llamado João Pedro Gonçalves Almeida, macho. Pero hasta entonces el ciclismo en Portugal tenía un nombre. Joaquim Agostinho. Hostia, Joaquim Agostinho. Vaya mito, Joaquim Agostinho. Manos enormes, espaldas enormes, barriguita enorme, que tú lo ves y parecen deportes distintos, lo de antes y lo de ahora. Veterano de Mozambique, dirigido por de Gribaldy, agente provocador de Ocaña contra Eddy, casi le cepilla una Vuelta a Tarangu. Luego ganó en Alpe d’Huez, visitó el pódium del Tour, fue a cobrar una deuda por España pistola en mano. Falleció tras una caída en Algarve. El cirujano que lo intervino no pudo salvar su vida. Se apellidaba Lobo Antunes, y su hermano, dicen, escribe novelas. Historión. Y, además, Portugal lo mola todo. 

A favor: Agostinho y la saudade

En contra: Las carreras portuguesas tienen fama de… rápidas.


Luxemburgo

Lo chiquituco que es Luxemburgo y mira, cuatro ganadores del Tour. Vamos a ser cínicos: hasta 1988 habían conquistado la Grande Boucle más luxemburgueses que españoles. Toma ya, para que no se te suba a la cabeza. Tipos duros, inasequibles. François Faber, Nicolas Frantz. Hasta Charly Gaul, que tiene el privilegio de haber recibido halagos de Bahamontes. Halagos de Bahamontes, macho. Giros de Italia tienen varios ciclistas a lo largo de la historia, pero piropillos de Fede solo él. Uno de los tíos más legendarios de siempre, un chiflado de primera categoría con evolución posterior digamos que errática. Luego ya llegaron los hermanos Schleck, con sus sonrisillas, con su pelo rubio, con sus pintas de pijito capitalino bailando Taburete. ¿Cuándo se nos jodió Luxemburgo, Zavalita? Pero bueno, que siguen molando, porque los hijos del Gran Ducado combinan tradición y cierto exotismo. Y porque allí aplanó repechos Miguel Indurain, también por eso.

A favor: Charly Gaul.

En contra: Andy Schleck.


Dinamarca

El mérito de Dinamarca es que les sigan permitiendo competir en esto de las bicis. Digamos que reúnen, en su muy escasa extensión geográfica, a tipos peligrosísimos como Bo Hamburger, primer ciclista al que pillaron con más del cincuenta por ciento en su hematocrito; Bjarne Riis, que casi le revientan las quijadas subiendo Hautacam; e incluso Kim Andersen, propuesto para una sanción de por vida a causa de sus «repetidos controles irregulares». Ojo, en los ochenta, que eso tiene mérito, ¿eh?, controles irregulares en los ochenta. En fin, que tampoco voy a defenderlos mucho, porque aun me jode lo del 96, para qué engañarnos. Seguro que vinieron aquí esperando objetividad, claro.

A favor: Allí andan mucho en bici. 

En contra: Les Arcs y lo que vino después. 


Ruanda

Viene aquí Ruanda por varias razones. La primera es que el ciclismo les flipa, y tienen una carrera con auténticas multitudes en las cunetas… pero algo loquísimo, busquen imágenes, se escapa a cualquier cosa que puedan entender. Este deporte ayudó, además, a los ruandeses después del monstruoso genocidio de 1994, una historia alucinante que tienen en el magnífico La tierra de las segundas oportunidades, publicado por Libros de Ruta. En serio, no se lo pierdan.

Pero es que encima en Ruanda van a hacer los mundiales de ciclismo dentro de un par de veranos, así que prefiero prepararles con tiempo para que no les abrume todo el paroxismo colectivo que van a ver allí. Ah, Ruanda nos vale también como representación de todo el continente africano, desde las colonias francesas en los Tours heroicos (con ese Abdel-Kader Zaaf convirtiéndose en mito) hasta los eritreos y esos sudafricanos inesperados que hubo hace una década. Ah, y Chris Froome, pero es que Chris Froome es una rara avis en sí mismo, por eso sale en dos países.

A favor: La pasión.

En contra: Aún no han despertado, la verdad.


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20 Comentarios

  1. Irlanda. Que a la gloria de haber sido capaces de inventar el whiskey y la Guinness (nunca se lo pidremos agradecer lo suficiente), echar a los británicos de (la mayor parte de) su isla y soportar ese clima, suman Tour, Giro y Vuelta. Los Stephen Roche, Séan Kelly, Sam Bennett, Nicholas Roche (si, son familia) o Dan Martin se merecen un huequecito aquí. Sláinte!

  2. “A veces han bebido de *fuentes* poco claras, por utilizar un *eufemismo*”.

    Por valentía, ironía, finismo y acierto, esa frase pide mármol. Y la expulsión del país, pero después.

  3. Esta prosa descuajeringada, de café con fanáticos de la bici es fantástica. Muy bueno, Don Marcos. Tal vez más adelante habrá un tour para mujeres, pero por ahora me conformo con verlas pasar, de cualquier nacionalidad que sean. Son deliciosas cuando pedalean… La vida y la buena salud se me van detrás de una muchacha que pasa lenta en bicicleta, con escote que seguramente esconden profundos y perfumados valles… suda, jadea, se esfuerza con lenta cadencia… mientras sus caderas rozan el aire, su respiro acompasado y apenas esforzado entre tanto sus piernas… pedalean… pedalean… Y yo me quedo pegado al cigarrillo pensando que tarde o temprano, si no lo largo y practico algún deporte, este vicio terminará por hacerme daño.

    • Te crees gracioso y no pasas de machista baboso. De ‘cuñao’ casposo riendo gracietas a amigotes a los que llamas de ‘Don’ vete a saber con qué intenciones…. Y sí, hubo Tour femenino, como hay un Giro, un Munidal, una Itzulia y como se intenta que haya una Vuelta, porque las mujeres son más que dos tetas, aunque te joda… Pero tú a lo tuyo, sigue fumando y arrimando el paquete en el autobús. Hasta que algún día una mujer te dé una buena hostia.

  4. Lo siento, soy incapaz de decidirme. Por lo tanto, no he votado. En el casillero falta “Todos”, pues todo país que aporte un sólo chalado a este deporte de locos, desquiciados y obstinados merece el voto.

  5. “Uzbekos que mueven muchísimo la bicicleta al esprint”…je je. Djamolidin Abdoujaparov, uno de mis ídolos.
    Por otra parte, diría que Bélgica (y Luxemburgo) es un buen compendio de todas las tradiciones ciclistas mezcladas en pocos kms cuadrados.

  6. Hola Marcos
    Supongo que en el país más ciclista también debería contar el ciclismo en pista y cómo este es más fácil de evaluar: Puntito para Francia, claro vencedor en la categoría.
    Supongo, asímismo, que todos vemos alguna ausencia. Mención para un corredor que por estilo -y por ser casi, casi tu tocayo- debería aparecer con letras de oro: Marco Pantani. Puntito para los ciclistas supranacionales.
    Un saludo, Manuel.

  7. Bravo! Brillante. Echo de menos algunos nombres importantes: Pantani en Italia, que por sí solo se merece un párrafo. Y en Alemania, ha habido grandes sprinters, como Erik Zabel o Marcel Kittel, y otros todavía activos (Greipel, Schachmann, Kittel)…

    Gracias por estos ratillos!

  8. Perdón, que he puesto 2 veces Kittel. Faltaría añadir a Tony Martin en el apartado de ilustres, al que no se le daban nada mal las contrarrelojes.

    Pero es verdad que Alemania, en cuanto a ganadores de Grandes, poco que aportar…

    Y coincido con algún forero en que Irlanda se merece una entrada. Que además, ser ciclista en las islas, con el tiempo que tienen, tiene mérito…

  9. Francia desde luego. Aunque como el la vida, también en el ciclismo es decadente en cuanto a corredores top

  10. Llego tarde. Habría votado entre Bélgica e Italia.

    PD: No incluir a Cancellara en nombres ilustres suizos…

    El hombre qué ha ganado más Mundiales Contrarreloj, 4, igualado con el alemán Tony Martin.

    A ello suma 3 victorias en Tour de Flandes, 3 Paris-Roubaix y 1 Milan-San Remo. Y 2 Oros Olímpicos Contrarreloj

  11. El artículo me ha encantado. Lo del eufemismo ha sido genial. Al igual que otros comentaristas, yo también echaba de menos a Irlanda. Por otra parte, no entiendo la mención a Rui Costa en el apartado de Suiza. Y finalmente, aprovecho este foro para comunicar con tristeza que el Giro 2022 me está decepcionando.

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