
La televisión lo enfoca. Desde atrás. El joven (bicicleta roja, maillot azul y blanco) pedalea con todas sus fuerzas, barbilla pegada al manillar, piernas que giran sin encontrar apenas resistencia. Entonces deja de hacerlo, las detiene, pone los pies paralelos al suelo, alza el culo del sillín, adelanta todo el peso de su cuerpo sobre la rueda delantera. La moto sube la velocidad, se pone a su altura, muestran las lentes el costado izquierdo del cuerpo. Los comentaristas franceses dejan escapar risitas nerviosas. Asustados. Parece un pistard, dice uno. Mírenlo, miren a Pedro Delgado.
Es un loco.
El Loco de los Pirineos.
Qué frío hacía antes…
Pero dónde vas, si aquello es la guerra, quedaréis en ridículo, hazme caso a mí… En serio, mejor estate tranquilo acá, con nuestra Vuelta, nuestras ronditas de cinco etapas, y deja el Tour para los franceses, o los belgas, o los italianos. Ya, si todo va bien, en unos años podemos pensar en volver. Pero ¿ahora? Que ya no está Ocaña, ya se retiró. Y Fuente también. ¿Tienes tú un Ocaña, un Fuente? No, ¿verdad? Pues eso. No intentes imposibles porque te vas a dar una buena hostia, José Miguel.
Solo que José Miguel, José Miguel Echavarri, no piensa así. Él, que fue un mal ciclista profesional, llegó a compartir equipo con Jacques Anquetil. Y tomó del normando (y de su director Raphaël Géminiani) dos o tres lecciones claras. Guardar fuerzas, intentar pocos golpes pero contundentes. Y, sobre todo, seleccionar las pruebas. Hay carreras que valen más que otras. Merece la pena correr el riesgo. Además, lo de tener un Ocaña o un Fuente… bueno, mejor guardo silencio.
Reynolds es equipo joven, como jóvenes son su mandamás y sus ciclistas más importantes. Nació en 1980 y vivió un par de años de lo que pudieran hacer el uruguayo Héctor Raúl Rondán o José Luis Laguía, rapiñador de puntos en puertos de tercera. Dos primaveras más tarde ya era un conjunto potente, uno capaz de conquistar la Vuelta a España con Ángel Arroyo. Solo que esa victoria no sigue en su palmarés. Arroyo da positivo en la etapa 17, final en Navacerrada. En realidad, fallan en ese control los tres ciclistas que llegan a meta en cabeza (Vicente Belda, Pedro Muñoz y el abulense). Lejarreta, primero de entre los que no pasaron el test, fue declarado como vencedor en la cima de Guadarrama y, más tarde, en Madrid. Cuentan que si usaron un método novedoso en el antidopaje aquel mes de mayo, probándolo de cara al inminente Mundial de Fútbol de España. Ya ven, la realidad siempre supera a la ficción.
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Esta es una historia de villanos.
A mi me gustan más las historias de héroes: https://www.jotdown.es/2014/07/peio-ruiz-cabestany-pase-el-primero-por-el-tourmalet-y-baje-llorando/
El villano Perico, claro que sí.
Muy acertado el artículo, en tiempos en que ya no quedan figuras de ciclistas héroes ni mucho menos súper héroes. Las gestas personales cargadas de cabeza y sustancias, han dado paso a estrategias que llenan de aburrimiento las tardes de ciclismo.
El artículo es una maravilla. Por lo bien escrito que está y porque habla de algo que creo que ya no existe.
La inocencia de los lectores?
Precisamente.
Perico Delgado fue, en 1988, una «máquina perfecta e inabordable», pero todos sabemos por qué.
Gracias a todos por leerlo
Buen artículo,recuerdo que Perico se empezó a popularizar precisamente por esa bajada tan poco ortodoxa y arriesgada.
Con seguridad fue el ciclista con las carisma del ciclismo español por ese estilo tan vivo
Años después fue chava Jiménez pq son los ciclistas que más enganchan
I
En la TV británica, no se si era la BBC , cuando hablaban de Delgado decían Dope Delgado. Supongo que por el año en que taparon su más que posible dopaje.
A pesar de la siempre presente sombra del dopaje, el ciclismo tiene una épica de la que muy pocos deportes pueden presumir.
O tenía, mejor dicho, porque lo cierto es que en los últimos años se ha ido perdiendo y creo que se debe sobre todo a las innovaciones electrónicas en este deporte. Me refiero al uso de pinganillos, cuentakilómetros, gepeeses, medidores de pulsaciones, calorías, cadencia…todo esto hace que incluso la etapa de montaña más trepidante se convierta en una anodina etapa llana de esas en las que casi siempre te duermes y despiertas para ver el final.
Antes los corredores se guiaban por sus sensaciones, por sus impulsos, lo cual aportaba siempre esa incertidumbre de si lo resolvería con épica y victoria o con el más absoluto fracaso si aparecía por allí «el tío del mazo». Porque el dopaje siempre ha existido y siempre existirá, pero antes al menos nos quedaba esa especie de magia de las grandes etapas.
Esta es una historia de la era a. de A (antes de Armstrog). Hoy tiene poco sentido y no demasiada emoción. A los que vivimos esa época, nos lleva a la nostalgia. Al resto, les deja indiferentes.
Malos tiempos para la épica son estos. Y no sé si volverán a ser buenos.
Un relato de ficción a propósito de uno de tantos tramposos a quien se debería eliminar el tour mal ganado por el bien del ciclismo.
Hagamos un pequeño recordatorio. Perico y el probenecid. Indurain y el salbutamol. Armstrong y la EPO, la testosterona y las benzodiacepinas. Merckx y las anfetaminas. Fignon reconoció que era parte del trabajo. Pantani, positivo hasta en cocaína. Jalabert, Belda, Contador, Millar… Allá donde mires, la misma mierda.
Froome ha sido concluyente: sólo Hinault se libra (que se sepa) de entre los laureados.
A mí no me lleva la nostalgia. Fui tratado como un estúpido. Y me carga oír a alguno de esos abuelos contar batallas. O leerlas.
Tomadura de pelo de toda una generación.