Reyes

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D. J. Wanchope, 1935. Fotografía: Getty.

En el ajedrez, como en la vida, el último objetivo es destruir un imperio y asesinar al rey. Que sobre un tablero se desenvuelvan tormentas de tal tamaño y se despeñen tantas voluntades geniales ha sido siempre un curioso objeto de estudio. Oscar Wilde llegó a decir que enseñarle a un hombre a jugar al ajedrez era el camino más sencillo para destruirlo. Un tipo tan recogido como Viswanathan Anand, el genio indio que vive en un pueblo de Madrid, puede decir algo tan turbulento como que si piensa, juega mal. A un jovencito Fischer le preguntaron en una ocasión quién era el jugador más fuerte del mundo. Puso tal cara de asombro que el interlocutor tartamudeó: «Aparte de ti, claro». Del Fischer quinceañero se recuerda su voluntad de hierro al negarse a pactar tablas con el maestro Gedeon Barcza con solo dos reyes en el tablero, ¡y el de Fischer persiguiendo al otro! En un ensayo titulado de manera magnífica —Cómo la vida imita al ajedrez— Garri Kaspárov habla de las extrañas fobias contraídas con el tiempo por las leyendas de este intrincado arte. Akiba Rubinstein, por ejemplo, empezó a ser víctima de una timidez patológica. Tras realizar un movimiento, corría a esconderse en un rincón de la sala a esperar la réplica de su adversario.

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9 Comentarios

  1. No se entiende si el articulo esta detrás de algún paywall o simplemente acaba con el ejemplo de Rubinstein. En el segundo caso tendría bien poner algún tipo de advertencia antes de mostrar los botones de las redes sociales.

      • Solo para editar mi primer comentario que debe leerse: “… Si es lo primero vendría bien poner algún tipo de advertencia antes de mostrar los botones de las redes sociales.”

        Además, sin animo de ofender, parece que el texto no esta acabado o igual es algún fallo de la web o mi navegado. Es que solo puedo leer un párrafo. Lo comento solo para que lo arreglarais si se trata de algún bug; bueno por eso y porque me encanta el ajedrez.

        Saludos!

  2. Es ridículamente breve para cualquier revista. Pero siendo JD, este artículo, si está terminado y no hay ningún fallo, es casi insultante.
    En fin…

  3. No sé si es una broma, quizá lo sea y no la he entendido o no me ha hecho gracia. ¿Está el bueno de Jabois en un rincón de la sala, esperando las réplicas de los lectores de Jotdown como Rubinstein? ¿Se nos ha vuelto un niño tímido, fobia contraída en el intrincado ejercicio del periodismo? Jabois, te admiro, pero este artículo es lamentable.

    No es que sea breve, que lo es, sino que da la sensación de estar inacabado, y eso es de las peores cosas que se pueden decir de un texto.

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