Deportes

El fútbol de potrero que viajó de Córdoba a Ereván

fútbol
Lucas Zelarayán, 2021. Fotografía: Ira L. Black / Getty.

En los potreros del barrio Residencial Oeste de la ciudad de Córdoba, gracias a Dios y a la admiración de los adversarios, siempre se cuidó a los futbolistas habilidosos, a los destacados, a los que simplemente jugaban bien.

Ahora, en el barrio, ya no hay más potreros.

Un potrero se puede definir por el espacio físico donde se desarrolla: terrenos baldíos, extensas planicies de tierra abandonada sin césped, plazas sin árboles, arcos improvisados con camisetas.

También se definen por el protagonismo del niño que desarrolla un estilo de juego singular con las ausencias de entrenadores, padres, madres, capitanes, árbitros, tutores o reglamentaciones escritas.

El potrero no es solo un modo de juego, sino también un juego que se escribe mientras se improvisa con alternativas múltiples como la cabeceada, el «co-ca-cola», el gol entra, el fútbol-tenis y eternos desafíos que se disputan hasta cuando se esconde el sol.

El fútbol de potrero es improvisación, habilidad individual, incorporación de códigos tácitos, un duelo de dos equipos sin víctimas, una misa pagana donde es preferible perder con amigos que ganar con perfectos desconocidos, una performance de arte contemporáneo, una escuela de rudeza, un curso rápido del sentido de justicia, el respeto de los pataduras, una película de un cine continuado donde se forjan héroes efímeros en cada caño. En el potrero el fútbol es el jugador y el jugador es el fútbol. Porque en el potrero se respeta a los habilidosos.

Dos décadas atrás, en el barrio Residencial Oeste de la ciudad de Córdoba aún existían potreros. Allí, «gracias a Dios, siempre se lo cuidó» a Lucas «el Chinito» Zelarayán, como recuerda su hermano mayor Carlos Javier, «el Chino». Pero ahora no hay más potreros. Es que el fútbol global —sin potreros— se parece demasiado.

* * *

El primer viaje a Armenia es en octubre de 2021. La selección participa en las eliminatorias para el Mundial de Qatar: doble fecha contra Islandia y Rumania. Cuando Lucas Zelarayán aterriza en Ereván, la ciudad capital con una división administrativa diferente a los diez marzes en que se divide el resto del país, lo tratan muy bien desde el primer momento, se encuentra con gente muy amable y servicial que lo hacen sentir repentinamente uno más del plantel. Lucas dice que tuvo suerte de aprender lo básico del idioma inglés desde que llegó en 2020 al Columbus Crew, equipo de la liga estadounidense donde se transformó en su líder.

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Un comentario

  1. Hermoso y conmovedor artículo debido a las cosas que compartimos por ser argentinos, en especial modo con ese barrer el piso de tierra apisonada bien temprano para que no levantara polvo cuando el sol estaba a pico, tener un coche viejo que te dejaba a pie en la mitad del camino y un abuelo que vaya a saber de dónde vino. El potrero se sobrentiende aunque no lo nombre, porque sin ese pedazo de tierra con límites invisibles de común acuerdo nos faltaría una parte para ser argentinos. Siempre pensé que Zelarayán era un apellido español, por la zeta y el acento. Sospecho que el original no se escribía así siendo armenio. Gracias por la excelente lectura.

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