
En Las noches de la peste, última y voluminosa novela —¿excesiva tal vez?— del nobel turco Orhan Pamuk, aparece de través, bien que de forma constante, la figura autocrática, siempre supersticiosa, del sultán otomano Abdülhamit II (1876-1909), alias el «Sultán Rojo» y el «Sultán Sangriento» para las minorías armenias de antaño. De igual modo, con parecido piropeo, fue conocido en las cancillerías europeas como la «Vieja Araña» y, cual eslabón entre sultanes decadentes, fue visto como otra secuela más del «Hombre Enfermo de Europa», expresión atribuida al zar ruso Nicolás I (ignorante de que él y su régimen serían pronto el otro hombre enfermo de Europa). La ocurrencia surgió en conversación con sir Hamilton Seymur, diplomático británico en la Moscovia de entonces.
Grosso modo, Las noches de la peste narra el terrible brote de peste bubónica que asoló la isla ficticia de Minguer en 1901, situada hipotéticamente en el Mediterráneo oriental, junto a Chipre, Rodas y Creta, y cuya consecuencia trajo consigo la independencia de la isla respecto al Imperio otomano, aquel mundo en extinción regido por el sultán Abdülhamit desde su palacio de Yildiz en Estambul.
La novela de Pamuk se concibe literariamente a partir de las cartas que Pakize Sultan, hija del enloquecido Murat V y sobrina del propio Abdülhamit, le escribe a su hermana Hatice. En sus misivas, recogidas por la historiadora Mîna Minguerli (a la sazón bisnieta de Pakize Sultan y de su marido el doctor Nuri), se describe el curso de los acontecimientos que, de la horrorosidad de la pandemia (a Europa no llegará su brote), llevarán a proclamar el acta de libertad de una nueva nación: la hermosa, aunque mortuoria, isla de Minguer.
Más que valorar el alcance de la nueva obra pamukiana (asunto que dejamos a la cirugía crítica), lo que nos interesa más en la presente es sacar de su museo de cera, cara a los lectores occidentales, al sultán Abdülhamit II, si bien en la actual Turquía, como de hecho veremos, su figura ha sido vindicada por el presidente Recep Tayyip Erdogan. Es lo que los analistas identifican como un giro al pasado imperial, en oposición al europeísmo occidentalizador y laicista heredado de Mustafa Kemal Atatürk, padre y hacedor del andamiaje de la patria, la misma que echará a rodar en forma de república, libre de sultanes otomanos y de otros opiáceos históricos, a partir de 1923.
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Interesante puesta en perspectiva del actual régimen otomano y sus referentes históricos y morales. Para echarse a temblar
El «supuesto» genocidio armenio?.?
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