
1959,8 kilómetros. Es la distancia que separa Jerusalén de Ereván según marca el recorrido recomendado por Google Maps. Este trayecto atraviesa Israel, el Líbano, Siria, Turquía y Georgia antes de entrar en Armenia: unas veintisiete horas en coche. La aplicación ofrece una ruta alternativa algo más larga, 2285 kilómetros, que nos lleva también a la capital armenia, pero a través de Israel, Jordania, Irak e Irán. Ya son treinta y dos horas al volante, una distancia imposible de cubrir por tierra en el actual Oriente Medio, donde cada frontera es un muro. En cualquier caso, ambas rutas unen Armenia con una pequeña fortaleza levantada en el corazón de la Ciudad Vieja de Jerusalén en el siglo IV. Diecisiete siglos después, los armenios de la Ciudad Santa han sobrevivido a invasiones, desastres naturales, guerras… Mantienen su idioma, su religión y sus costumbres, pero la comunidad es cada vez más pequeña.
Ya voy, ¿dónde estás?
Lo juro, ya voy, ¿dónde estás? Solo di: ¿qué te pasó?
Solo di: ¿qué te pasó?
Suena «Baji Wenek» (que se traduce del árabe como «ya voy, ¿dónde estás?») en mi iTunes. Busco en YouTube y descubro que el tema supera ya los 2,6 millones de visualizaciones. Si el lector no lo conoce, es el momento de buscarlo y sumar una nueva visualización. Advertencia: es adictivo.
La escena musical palestina tiene una fecha marcada en rojo en el calendario de este año: 18 de marzo.
Es un día grande en Cisjordania porque se celebra el maratón de Belén, una cita en la que miles de deportistas suben y bajan las cuestas de la ciudad en la que, según la tradición, nació Jesús para reivindicar «la libertad de movimiento», como reza el eslogan de la prueba. Mientras unos calientan los músculos antes de una carrera que transcurre en gran parte pegada al muro de separación con Israel, los cinco amigos que forman el grupo Apo & the Apostles se preparan para otro gran maratón en forma de fiesta.
Los músicos abren las primeras cervezas del día con el cohete de salida de la prueba y comienzan los preparativos para un concierto que terminará cuando el cuerpo no aguante más. Así es el particular maratón paralelo que organiza en esta fecha esta banda multiétnica, multilingüística y multisectaria que vive a caballo entre el Barrio Armenio de la Ciudad Vieja de Jerusalén y Belén. Una banda que hace «música de fiesta», como les gusta definir su estilo.
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Hasta en el nombre «Apo & the Apostles» constituyen una de tantas manifestaciones del «poder blando» estadounidense. En el comienzo sefardí aparece ya un sonido foráneo en el segundo 00:07. Después, el machaqueo del bajo eléctrico y, cómo no, la inevitable batería. Un country-western arabizado. Ya puestos, podrían haber empleado una percusión un poco más alejada de las cafeterías del tío Sam. El cajón peruano existe para algo.
Magistral primer comentario en youtube: «Estoy estudiando árabe ahora, y esta canción es realmente útil porque tiene palabras simples y se repite, de esta manera puedes recordar la canción mucho más fácilmente.» Ése es justamente otro de los problemas: que en las coplas (véase el romancero) rara vez se repite estribillo alguno. Más aún: cada 8 o 16 compases la melodía cambia y no se vuelve a repetir machaconamente. Que eso son cosas importadas de EEUU, del esquema procedente del ragtime popularizado por Fats Waller (A-A-B-A).
Lo vengo comentando: en Jotdown no hay más música que la anglosajona y sus imitadores foráneos. También los chinos tienen unos Beatles por ahí. Va a ser mejor hablar de Bach.
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