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Carismas, Hinault y trampas para osos: Vingegaard y Pogačar protagonizan el Tour de Francia 2022

Jonas Vingegaard con Wout Van Aert en el Tour de Francia 2022. Foto: Cordon.
Jonas Vingegaard con Wout Van Aert en el Tour de Francia 2022. Foto: Cordon.

Usted. Sí, sí, usted. El del gesto cínico, el de la alopecia cada vez más creciente. Usted, que nació en los años ochenta, que recuerda cosas del deporte desde, grosso modo, el pisotón de Stoichkov a Urízar Azpitarte. Ah, el Hristo, qué tipo relajao. Pues bien, usted, al que le molan las bicis, nunca vio Tour de Francia tan espectacular como el de 2022. 

Empecemos de esta forma, tengámoslo claro. Todo lo demás, todo lo que pueda decir o callar en las siguientes líneas, trae causa y explicación a este hecho. 

Gloria a quienes lo hicieron posible. 

Ese bigotito sabrosón

Empezaba el Tour por Dinamarca, porque la pela es la pela, y a ti te conocí en la calle. Empezaba allí, digo, con tres jornadas de auténtico coñazo  que fueron éxito de público (había más gente que en la presentación de Illarramendi). 

La cosa quedó de lo más chusca, porque en el prólogo llovió a montones (lo que siempre desluce, porque favoritos y outsiders se tientan muy mucho la epiglotis antes de arriesgar) y los otros días fueron paseos cicloturísticos. Eso sí, animó el asunto un danés, un danés con flow (ya veremos que no todos gozan de esa cualidad), un danés que calza bigote a lo John Holmes (sin mayores similitudes, que sepamos) y hace bastantes tonterías cuando tiene una cámara enfocando. Magnus Cort Nielsen se tiró dos jornadas guiñando ojos, esprintando contra nadie y, en general, haciendo ese tipo de cosas por las que años atrás te hubiese pegado alguna hostia Bernard Hinault. O tempora, o mores. Victorias para Lampaert, Jakobsen y Groenewegen, y todo el Tour se vuelve a Francia, que es su lugar.

Para entonces ya andaba de amarillo Wout van Aert. Segundo, segundo, segundo, primero fueron sus cuatro etapas de bienvenida. Luego decisivo en Arenberg, la locura de Longwy, otra locura en Vosgos y victoria por Lausana. Míster regularidad. Pero de van Aert hablaremos más abajo. Ahora tocan otras estrellas del Tour.

Empezando por Tadej Pogačar.

Un favorito, sendos aspirantes

En Copenhague solo había un favorito. Indiscutible, inalcanzable. El ganador de los dos últimos Tours, el tío que está mirando a los ojos a Le Blaireau. Conquista grandes vueltas, pequeñas vueltas, medianas vueltas, conquista clásicas aun no clásicas (como en Siena), y monumentos monumentales (Lieja, Lombardía). Este año, incluso se atrevió con San Remo, con de Ronde. Protagonista en ambas, decisivo por las dos. ¿Quién puede contra este fenómeno?

¿Quién?

A ver, siendo claros… solo había dos nombres que pudiesen presentar argumentos. 

Para Primož Roglič parecía última oportunidad. Hace dos añitos empezó de líder la última crono y terminó aquella tarde hundido, sin maillot y calvo. Que las dos primeras cosas vale, pero lo de calvo… Esta temporada se le vieron costuras cuesta arriba, pero aun parecía capaz de todo. Tuvo su golpazo anual camino de Arenberg, pero todo está bien, chicos, I’m ok, mira qué fuerte, de puta madre, tío. Nunca sabremos hasta dónde podría haber llegado sin esa hostia, pero podemos afirmar que el concurso de Primož fue fundamental en el Galibier. 

Esperen, que ahora llegamos al Galibier. 

El otro era Jonas Vingegaard. Mismo equipo que Roglič (y que van Aert, ojo), danés. Tiene mala historia Dinamarca con esto de las bicis, porque si algo huele a podrido allí es su palmarés ciclista. Vamos, que no puedes generar a Rasmussen, a Bjarne Riis, a Bo Hamburger, a Rolf Sørensen o a Kim Andersen (récord de positivos por dopaje, apartado de por vida del ciclismo como corredor, director deportivo después, porque alguien debió pensar que era buena idea) sin que te miren raro por la calle. 

La historia de Vingegaard también es bastante peculiar. El tío curraba en una fábrica conservera hasta hace cuatro años, y hay por ahí algunas imágenes descacharrantes de un chaval delgado y paliducho haciendo lo de meto cuchillo, saco tripas, meto cuchillo, saco tripas. Dos veranos y destaca en la Vuelta. Tres, hace segundo en el Tour. Y ahora… amarillo. Evolución meteórica.

Digamos que Jonas Vingegaard no es el más carismático de su clase. Cuando Pogačar iba a saludarlo después de entrar en meta lo pillaba allí, colgado del móvil, sin interactuar demasiado, no fuera a ser que mostrase calidez humana. Hikikomori con maillot, o algo de ese rollo. Le salva que tiene aire a Macaulay Culkin (más o menos entre la época de su éxito y la de las drogas, justo en esos dos o tres días) y que se mostró implacable cuando hizo falta, como si fuese el clásico nórdico que parece muy buenín pero luego tiene enterrado bajo los azulejos de la cocina un alce, cuatro focas y diecisiete correlimos. La crono de Rocamadour justifica esta sospecha…

Dominando, pero en bromas

De todas formas, qué más da. Si esto es de Tadej, si Tadej puede con todos. Mejor de entre los favoritos en la crono inicial, siempre atento por el llano. Y luego… golpes. Camino de Arenberg, en la etapa del adoquín. Mini-Roubaix, solo que esto se pareció a una Roubaix como Roberto Dueñas a Patrick Ewing, aproximadamente. Eso no importa a Tadej, que ataca (porque Tadej siempre ataca). Y entonces empiezan a ocurrir cosas. Cosas. Van Aert se descuelga, como si pasase un poco del asunto. Roglič cae tras arrollar una paca de paja, como si fuese su primo el Mariuco en las fiestas del pueblo, con su Volkswagen Golf recién estrenao. Y, momento clave, Jonas Vingegaard pincha. Momento clave porque ahí el Jumbo recuerda sus raíces (Rabobank, Belkin, el director de Primož mingitando alegremente sobre el Lago di Como mientras su chico pierde una Corsa Rosa) y empieza a hacer cosillas propias de Jumbo, sí, pero del Circo Jumbo. Primero a Jonas le deja su bici Vladimir Tkachenko (creo, hubo una toma lejana) y, claro, no llega al sillín. Luego baja, se la presta Kruijswijk, quien va a por otra, aparecen por allí dos compañeros, llega el coche del equipo, Jonas tira la bici de Kruijswijk para coger una con medidas propias, Kruijswijk cruza la carretera sin mirar a los lados para recuperar su velocípedo y casi lo atropella un pelotón de tíos corriendo el Tour de Francia, hay dos o tres Jumbo correteando por cunetas y senderos a ritmo de «Yakety Sax»… Pinta a game over, pinta a ridiculazo. Solo que por allí pasa Wout van Aert, y a Wout van Aert le piden el favor. Mira, Wout, a ver si puedes tirar de Jonas. Sí. Y luego, como te sobrará tiempo, me limpias la piscina. Ah, y compra en el súper. A ver: yogures, pero no de fresa, que no me gustan… yogures, y también natillas, y ese helado tan rico con trozos de galleta, seguro que sabes cuál. Venga. Pero primero lo de Jonas. Y así toda la Grande Boucle. Casi tablas en Arenberg.

Victoria, sí.

Sin demasiado recorrido, pareciera. Pogačar trinca, del tirón, las dos siguientes etapas. En Longwy (ciento cincuenta kilómetros por delante se tira Wout, movimiento megalómano y exhibicionista, complicado de justificar) y en la Planche des Belles Filles (donde alopeció Roglič). Eso sí, ni un segundo a Vingegaard. Detalle que muchos no supimos (o quisimos) leer.

Trampas para cazar osos

Porque en los Alpes… joder, en los Alpes. Etapa histórica, ciclismo como hacía décadas. Llegando a Granon, además, que tiene una mística gordísima, el último puerto donde paseó jaune Bernard. Espejo de puñales, traiciones, rodillas a punto de romperse y Eduardo Chozas brazos en alto. Cosita seria, espectáculo a la altura. 

¿Resumen? Jumbo tendió una trampa y Pogačar entró con todo, cayó en el engaño como ese colega suyo que dice vale, solo una y para casa, que he quedado a cenar con los suegros. Y luego, el desastre absoluto. Lo de Pogačar, digo, su colega igual libró, vaya usted a saber. 

Jugada maestra. Primero… Wout van Aert en fuga. Que yo se lo juro, no hago ctrl+c y ctrl+v, es que es así. Y, después, truco definitivo. Eddie Felson fingiendo que, oye, tampoco soy tan crack sobre el tapete, mira, fallé la morada, jajaja, ¿apostamos cien dólares por bola a la siguiente? Y Pogačar que se disfraza de Gordo (Eslovenia no es Minnesota, pero me entienden) y traga hasta lo más profundo. 

Todo empieza (y casi acaba) en Roglič. Roglič que parece maltrecho por la caída, sí, pero, joder, es Roglič. No le puedes dejar tiempo, a Roglič, porque en diez jornadas… Entonces empieza Primož a lanzar ataques. Uno, dos, tres. Desde la misma cima del Télégraphe, desde los mismos llanos de Valloire. Vingegaard alterna, y Pogačar responde a todo, contraataca, va desgastándose como Floyd Landis en el bar de una asociación cannábica. A veces quedan ellos tres, a veces enganchan algunos más. Extras con pódium (Geraint Thomas), pasado (Quintana) o futuro (Gaudu), y varios pipas encargados de montar y desmontar el escenario de Led Zeppelin. Benoot, Kuss, Kruijswijk. En un momento dado hay cinco Jumbos rodeando a Pogačar, y van Aert varios minutos ladera arriba. Los holandeses han preparado una trampa para osos… y Tadej metió la zarpa sin pensárselo.

Porque todo eso ha de tener consecuencias. Tensión, nervios, exhibiciones. No parece que coma mucho, piensa alguien. Tampoco echa mano del agua, remata el otro. Así que en Granon… apocalipsis. Thanos chasqueando dedos, Sauron trincando el anillo, Sánchez Dragó leyendo un fragmento de su nueva obra. Ataca Vingegaard cuando faltan seis a meta… y el esloveno no puede, el esloveno sufre. Su pedaleo más pesado, casi a cámara lenta. Los hombros que se mueven, el maillot abierto, mueca de dolor en rostro. Historia mil veces vista, desde Pra-Loup hasta Les Arcs. Quintana va por delante, y ante los ojos de Pogačar van pasando (más rápido) tíos como Bardet, Thomas, Gaudu o Yates. Llega a tres minutos de Vingegaard, solo nueve paisanucos lo hacen a menos de cuatro, Roglič pierde doce, pero lleva deberes hechos. Ciclistas de uno en uno, diferencias monstruosas. Cuando las carreras son algo más que hacer spinning dos kilómetros hasta cima ocurren estas cosas.

Amarillo es Vingegaard, que ha pegado un palo gordísimo, que ni celebra en meta (en parte porque es frío como un beso entre Juan Carlos y Sofía, en parte porque no pierde ni medio segundo). En la general lleva dos y medio, redondeando, al esloveno. Pasa que tiene equipo inabordable. Pasa, también, que lleva mejores piernas que Tadej, aunque en aquel momento todos pensásemos en una pájara.

Ah, en Alpe d’Huez gana Pidcock, que hace todo bien, y que dejó una bajada al Galibier acojonante, uno de los momentos más estéticamente hermosos que puedan verse en esto de las bicis. Entre favoritos… nada. Seguramente fuese el parcial más decepcionante de 2022. Porque los otros, el resto… 

Menudo espectáculo, amigos.

Hulk aplasta, Hulk destroza

Toca hablar de van Aert. De Wout van Aert. Que menudo Tour, el suyo. Exhibición tras exhibición. Cuentan leyendas recogidas en el Libro de los Muertos (un periódico deportivo de la época) que durante la ascensión hasta Hautacam su pedalada generó dos o tres bosones de Higgs. Luego, en contrarreloj, directamente abre un portal al multiverso, y por allí se cuelan elfos, goblins y Guile, el del Street Fighter II (raro sería que no lo fichase Vaughters).

Aproximadamente.

Digamos que Wout van Aert ha sido el tío más fuerte de este Tour. Tres etapas, maillot de la regularidad, cerca de la camisola à pois. Decisivo en todos los terrenos. El mejor contra el crono, el mejor sobre los adoquines, el mejor al esprint, el mejor en días quebrados. ¿Subiendo? Joder, subiendo es un tío diferencial. De veintiuna etapas que ha tenido la Grande Boucle, Wout protagonizó, de una u otra forma, dieciocho. Vuelvan a leerlo. Dieciocho. Nueve veces entre los diez primeros. Ganando, trabajando, tirando al palo. Una auténtica barbaridad. Su julio huele a Kelly y tiene una miaja de Laurent Jalabert. Creo que nunca ganará esta carrera, porque todas aquellas cosas que le hacen distinto, todos esos sitios donde destaca y se convierte en Wout van Aert, le estarían vetados en caso de contar para la general. Pero, joder, es que ha sido muy fuerte lo suyo. Como para ponerle límites… 

Fue trascendente su concurso por el Macizo Central. Siempre estaba ahí, como el Everest de Mallory. Digamos que Pogačar tenía claro que su única opción era convertir aquello en un infierno. Quizá fue Tadej quien primero vio la magnitud del Granon, porque mientras todos echábamos cuentas conservadoras (veinte segundos aquí, medio minuto allá, remato en crono) contando con que fuese mejor cuesta arriba, el esloveno iba buscando resquicios en cada curva. Vamos, que algo debió ver para plantear zafarranchos desde Parla. Pasa que había condena, porque tú puedes salir muy fuerte del pelotón, pero ahí se pone Wout a perseguirte, y Wout persiguiendo es implacable cual Pennywise. Así que nada, intento en falso.

Luego, cerca del final, repetía, porque Pogačar ha hecho del ataque una razón de ser en este Tour. Sin frutos, claro, pero a él debemos (casi) todo. Miren en Mende, por citar un sitio. Que mete hostión sublime, hostión que estremece solo verlo. Y Vingegaard a su rueda. Vingegaard ha corrido diez días a rueda de Pogačar (salvo cuatro kilómetros en Hautacam y la crono), y nunca perdió pulso en ninguna arrancada. Allá por Mende, detalle sin trascendencia, ambos casi igualaron el récord histórico de esa subida. Lo tenía Marco Pantani, año 1995. 

Por contextualizar.

Mientras me quede aliento, atacaré

Lo dijo Bernard Hinault. Aparece mucho, en este texto, Bernard Hinault. No es baladí, porque (hasta ahora) Tadej iba clavando actuaciones, ambición y polivalencia para con el de Yffiniac. Y tomó el esloveno esa frase por las bravas. Vamos, que infierno pirenaico. 

En balde, adelantamos. Atacó en Lers, en Azet, en Peyragudes, también por Spandelles y Hautacam. Inútil. Unas veces se basto Vingegaard para contenerlo, otras buscó apoyo en un Jumbo increíble (realmente increíble) que pareció encontrar su cénit en esta última semana. Kuss pastoreando rebaños de dos ovejas (una con lana amarilla, alba la otra); van Aert pensando que, oye, por qué no subir puertos gordísimos con este corpachón que natura me dio; Benoot controla avisperos sin despeinarse, van Hooydonck en plan Pavel Padrnos, versión para mayores de dieciocho. Y luego estaba Laporte, que aguardó a trincar su etapita el último viernes…

Y eso, impotencia de Pogačar, que nunca tuvo un metro con Vingegaard, ni cuesta arriba ni en los descensos (y mira que descienden raro los dos, oigan). El final de todo fue chipiritifláutico, con van Aert destrozando a todo un doble ganador del Tour en Hautacam (cima que no tiene palmarés, sino crónica de sucesos), y Vingegaard metiendo otro palo bien grandote, por si las moscas. Tres batallas salvajes y hermosas, pero con nula trascendencia en los dos primeros puestos del pódium. Que a mí me es lo mismo, ojo, yo he venido aquí por el tema hedonista.

Por los Pirineos, también, concluyó el calvario de Enric Mas. Iba al Tour como baza española, y acabó sufriendo como Antonio Vivaldi en un concierto de Luis Cobos. O Ludwig van Beethoven en un concierto de Luis Cobos. O Bruce Dickinson en un concierto de Luis Cobos. O el peluquero de Luis Cobos viendo un concierto de Luis Cobos. Vamos, que sufrió cantidad. Nunca con los mejores (salvo la etapa de Alpe d’Huez, que se corrió «a lo moderno»), catacrock a mil de meta, penando a rueda de gregarios, cierto aire «Abraham-Vuelta-1998» (solo que aquello acabó bien). Sumen a esto las bajadas, porque Enric ha hecho bajadas que te las firma Barney Gumble en bici. Y nada, que desastroso. De carisma tampoco anda sobrado, el mozuco, y escoge regular las ideas a transmitir durante sus entrevistas. Ya ven, un partidazo, que no se le escape al Molteni. Finalmente abandonó, por covid, y debería recuperarse para la Vuelta. Veremos. Hasta julio su temporada parecía ilusionante (aunque difícil de cuantificar, por las caídas), pero lo de este Tour podría enquistarse, porque no parece solo cosa de patas.

Y quedaba eso: exhibición de Laporte, que quería su foto, esprint de Philipsen en París y, entre medias, crono. Que tuvo su gracia, la crono. Porque casi se la gana Vingegaard a su compi van Aert. Casi se la gana, entre otras cosas, porque corrió absolutamente enajenado, arriesgando en las curvas como Juanma López cuando iba al suelo. Si hasta llegó a chupar cuneta, que hubiera sido lo más loco del mundo, una cagada histórica. Salió bien, pero qué mal podría haber salido.

No hubo que lamentar desgracias, y ese recuerdo se perderá como lágrimas en la lluvia. Al pódium de los Elíseos Vingegaard subió con su hijuca, convirtiéndose en el primer danés con pelo y sin babas que gana el Tour. Enhorabuena a Jonas, a Pogačar, a Geraint, a Nairo, a Primož Roglič y a Wout van Aert (quien podría haber escrito esta crónica, porque el pluriempleo es lo que tiene). 

Y gracias a todos por este magnífico Tour.

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15 Comentarios

  1. De verdad, se me hace imposible leer estas crónicas. Menos mal que vi el Tour, porque si tuviera que entenderlo en base a este artículo, sería imposible.
    Un saludo

    • Me pasa lo mismo. Tan difícil es escribir normal? Hasta el psicópata de Ciclismo2005 escribe con más clase aunque después sea un indeseable.

      • Lucio Anneo

        Para crónicas más “profesionales” busque en medios especializados de ciclismo. El estilo del autor del artículo es muy reconocible y reconocido por los lectores de Jot Down. Y a mí me hace mucha gracia, oiga.

      • Ciclismo2005 es un mago de las crónicas, aunque luego se enajene con sus filias y fobias.

  2. Lo siento por Óscar,el cual tiene su perfecto derecho a mostrar su opinión.A mí en cambio me ha encantado,se me ha hecho muy ameno,con referencias de todo tipo y no las cosas crónicas que inundan los periódicos.
    Añadir que el pobre Roglić se fracturó dos vértebras en su caída y no correrá, probablemente, la vuelta;me parece un super corredor y buen tipo con mala suerte en el Tour,esa carrera que nunca llegará a ganar.
    Muy,muy bonito Tour.

  3. Me encantan sus crónicas. Gracias

  4. José Antonio

    Al principio pensé que sería un artículo infumable pero me ha parecido divertido e ingenioso. Periodista ingenioso y gamberro a partes iguales. Me he reído mucho al final con lo de Luis Cobos y el Hulk Van Aert.

  5. Ha sido una maravilla absoluta. Decenas de amagos de infarto pero uno muy especial y decisivo: la casi caída de Vingegaard en el descenso (que hubiese supuesto un galletón descomunal) mano a mano con Pogaçar

    • Juan Manuel P.M

      Totalmente de acuerdo. Parece que lo hemos olvidado pero esa “casi” caída después de “casi” lamer la pared de piedra demuestra, una vez más, lo delgada que es la línea que separa el éxito del fracaso. De haber ocurrido, sumado a lo del pobre Roglic hace dos años, no sé si JUMBO se recuperaría algún día.

  6. Que hartón de reír, me ha encantado! Buenísimo.

  7. Yo que nací bastante antes de los ochenta y que ando desconectado del ciclismo hace tiempo (las pócimas son lo que tienen), no me pierdo ninguna de las crónicas del amigo Marcos. Son amenas y muy divertidas. Caí más que ver la propia carrera.

    • Normalmente épicas y olvidándose por completo siempre del dopping, como los narradores de gestas de la NBA y el “Dream Team”, que siempre han esquivado cualquier control de dopaje y los organizadores de JJOO se bajaron los pantalones porque sí…

  8. Lo mejor de las grandes vueltas es, sin duda, la crónica de Marcos Pereda.

  9. Juan Manuel P.M

    Buenas tardes. Siempre es un placer leer a Marcos Pereda. Uno no solo aprende sino que ejercita los músculos faciales hasta extremos insospechados. Como si de los Reyes Magos se tratara, espero ansioso, su “contra” crónica de las grandes vueltas. Muchas felicidades.
    Dicho lo cual, si me lo permiten, me gustaría compartir con ustedes una serie de reflexiones sobre este último Tour.
    PRIMERA.- El Tour es la carrera más grande y punto. No hay otra igual. Si encima resulta como este año que regala espectáculo en todas las etapas, la verdad es que es para estar más que agradecidos. No hubo una etapa que no tuviera, siquiera, una hora de tensión, emoción, agonía o incertidumbre por algo que ocurrió o que pudiera ocurrir. La Vuelta a España debería dejar de intentar igualarse. No solo no es posible sino que resulta ridículo como tener que soportar, un día si y otro no, a los periodistas españoles llenarse la boca de los grandes ciclistas que correrán este año la Vuelta (Por cierto informarles, por si no lo saben, que Pogacar ya se borró). En fin.
    SEGUNDA.- Algo de justicia poética se ha producido con JUMBO Visma. Alguien dirá que es la continuación del estilo SKY y del “Sir” pero desde mi modesto punto de vista, la forma de controlar las carreras y sus estrategias no son comparables. Es verdad que han impuesto su tiranía pero dando espectáculo.
    TERCERA.- Sobre el pelotón, lo resumiría en: tres “extraterrestres”, un “astronauta” y una pléyade de “terrícolas” con mayor o menos capacidad. Los primeros, todos los conocemos: Jonas, Tadej y Wout (por no resultar cansino no digo nada de él, o lo digo todo: C–I-C-L-I-S-T-A). Me alegro de que haya ganado Jonas. Me alegro de que Tadej se encuentre con su némesis. Nos augura una gran rivalidad que nos pudiera retrotraer a la de Coppi-Bartali. Tadej perdió como un campeón. Ofensivo siempre, no se debe preocupar, tiene la edad y las condiciones para ocupar el lugar que ya le tienen reservado los 4 grandes entre los grandes. El segundo sería Geraint Thomas. No me gusta su forma de correr pero ha demostrado que está por encima de muchos. Fantástico Tour el suyo. Entre los terrícolas del 4º al último del pelotón. Unos mejores y peores. Por cierto, no quiero dejar de reconocer el meritorio Tour llevado a cabo por FDJ. Después de décadas, diría yo, he visto correr a un equipo francés de forma sublime, muy bien en todos lso terrenos, muy arropad siempre su líder y por ello no es de extrañar su 2º puesto en la clasificación por equipos.
    CUARTA.- Al comienzo de la temporada la web “Ciclismo internacional” sacó una lista de aquellos ciclistas que cambiaban de equipo y su impresión sobre si el fichaje era acertado o no. Entre ellos aparecía Laporte como un error de Jumbo (sic) y Storer como una ciclista que había elegido mal equipo para seguir progresando (En fin acaso quien eligió mal fue el equipo que lo fichó).
    QUINTA: No me puedo reprimir un comentario sobre el equipo patrio. No cuestiono que lo hayan luchado (unos más que otros) pero me pregunto si esta nueva forma de correr es un cambio en su filosofía o una necesidad de intentar sumar los puntos que le alejen del infierno. Creo que más bien esto último. En cuanto a Enric Mas, me valdrían sus excusas si no fuera que nos quiere tratar por tontos. Me explico. Si al comienzo del Tour deja claro que no está para hacer podium, que tiene un problema en las bajadas y que se compromete a luchar aunque no asegure nada, me callo. Pero no ha sido así. Cuando ya había pasado lo del Granon y solo faltaban los Pirineos, fue él, y no otro quien (como recogió la web esciclismo”) afirmó: “Confío mucho en que de los 6-7 que van delante de mí bastantes caigan por la dureza de las etapas y el calor de los Pirineos. El podio está lejos, pero aún confío. Tendremos la oportunidad de buscar una etapa. (…) Más que analizar rivales me centro en otro aspecto importante, sobre todo después de estos días, me refiero al calor. Confío que haga este calor en Pirineos subiendo Peyragudes y Hautacam, con altas temperaturas será un horno, y eso me encanta”. En fin, retratado. Siempre he pensado que se cree más de lo que es. Como comentarios me reafirmo en la opinión de que Enric Mas se cree superior a todo ciclista que no sea la dupla Jonas-Tadej. Pensaba que los otros ciclistas se iban a desfondar y quien no rindió fue él. Desde mi modesto punto de vista, ya ha tocado techo en el Tour. Por encima del 5º puesto no lo veo.
    SEXTA.- Y por último, un año más, cada vez que TVE lleva de comentarista a Induraín me hago la misma pregunta. Un super campeón como él que debe tener la cabeza amueblada de infinidad de anécdotas, historias y curiosidades sobre sus años que estuvo en activo ¿no puede aportar más en sus comentarios? ¿No los puede hacer más amenos?
    Un abrazo

  10. Y gracias a ti, Marcos, por este magnífico artículo.

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