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Chesterton y Shaw: la antinomia del gordo y el flaco

Chesterton y Shaw el gordo y el flaco
Bernard Shaw, Hilaire Belloc y G. K. Chesterton. (DP)

Esto no es un artículo (ni este comienzo es un homenaje a Magritte), solo media docena de reflexiones sueltas —a partir de otros tantos binomios— de las que mis pacientes lectoras/es tal vez puedan y quieran sacar alguna conclusión. No es desidia lo que me ha llevado a eludir la tarea de juntar las piezas en un todo más coherente, sino inseguridad. Chesterton y Shaw son dos autores que me acompañan desde mi infancia y que he leído —y releído— sin cesar, y por eso mismo, paradójicamente, me cuesta ser concreto y más aún ser objetivo. He acumulado tanta información sobre sus vidas y sus obras, las he visitado —y gozosamente me he perdido en ellas— tan a menudo, que no me resulta fácil delimitar los terrenos ni tomar la debida distancia.

Novelas y cuentos

Decía Conan Doyle, y puede que no le faltara razón, que Stevenson era el único escritor que cultivaba con igual maestría la novela y el cuento. En cualquier caso, la mayoría de los narradores parecen decantarse claramente por uno de los dos géneros (a veces con total exclusión del otro, como en el caso de Borges, que, pese a desarrollar una extensa obra narrativa, no escribió ninguna novela), y cuando los cultivan ambos con regularidad, los resultados no suelen ser homogéneos. Y Chesterton no es una excepción: sus relatos, pese a que a menudo están trufados de moralina cristiano-burguesa (especialmente, y como no podía ser de otra manera, los protagonizados por el padre Brown), son casi siempre buenos y en ocasiones magistrales, mientras que sus cuatro novelas propiamente dichas —El Napoleón de Notting Hill, El hombre que fue jueves, La esfera y la cruz y La taberna errante— no resisten una segunda lectura (y a duras penas la primera). Como Chesterton reconoció en su Autobiografía, «no podía ser un auténtico novelista porque prefería ver las ideas forcejeando desnudas, por así decirlo, y no disfrazadas de hombres y mujeres».

En el caso de La taberna errante, las ideas se disfrazan de dos hombres que son evidentes trasuntos de Shaw y del propio Chesterton: el refinado e idealista lord Ivywood, abstemio y vegetariano, y el tabernario Patrick Dalroy, defensor a ultranza del alcohol y la carne. Tramposo, más que paradójico, Chesterton identifica el vegetarianismo con la aristocracia, el puritanismo y la tristeza, y la alegría de vivir con un chuletón —el imbatible chuletón al punto de los idiotas morales— y una jarra de cerveza. «Antes caníbal que vegetariano», llegó a decir en su delirio goliárdico-pantagruélico. 

El gordo y el flaco

¿Por qué se pelean continuamente Laurel y Hardy? Por cualquier cosa, es decir, por ninguna cosa, es decir, por nada, es decir, por todo. Al definirlos —metonimia y antítesis— como «el gordo y el flaco», la sabiduría popular subraya el hecho de que su enfrentamiento, la inagotable materia de sus cintas cómicas, no es coyuntural, sino consustancial. No están en desacuerdo: son un desacuerdo ambulante, una antinomia viviente, la encarnación paradigmática de dos posturas, de dos Weltanschauung irreconciliables, que remiten a la eterna batalla de lo apolíneo y lo dionisíaco.

Se podría objetar que la referencia solo convence a medias: el orondo Hardy no es un mal heraldo de Dionisos, pero Laurel no parece muy apolíneo. Pero lo es, aunque no en el sentido más habitual del término, puesto que Apolo no solo representa la luz y la belleza, sino también la mesura, y además es Smintheus, el dios ratón, el que las mata callando, como el comedido, silencioso y ratonil Laurel (dicho sea de paso, el laurel era la planta consagrada a Apolo), que siempre acaba imponiéndose al prepotente Hardy. Tanto dentro como fuera de la pantalla, Hardy llevaba la voz cantante, pero Laurel era el silencio actuante.

Tal vez parezca irreverente llamar a Chesterton y Shaw el gordo y el flaco de la literatura; pero no creo que a Laurel y Hardy les hubiera molestado. 

Gilbert & George

Es posible que cuando los británicos Gilbert Proesch y George Passmore se convirtieron en la pareja artística Gilbert & George fueran conscientes de que repetían, nominalmente, el más polémico binomio de la literatura inglesa: el formado por Gilbert Keith Chesterton y George Bernard Shaw. Y de que había un cierto paralelismo entre su condición de amantes secretos y la relación de amor-odio que unió y dividió durante décadas a Chesterton y Shaw. En cualquier caso, podría haber sido un buen tema para una de sus irreverentes performances.

Paradojas y falacias

Al igual que algunas paradojas lógicas (como la de Epiménides o la del barbero), las de Chesterton son a menudo falacias camufladas: más que el príncipe de las paradojas, como se lo ha denominado, es un malabarista de las contradicciones (o un acróbata, teniendo en cuenta su afición a las alturas). Veamos algunos ejemplos:

Todos los educadores son dogmáticos y autoritarios. No puede existir la educación libre, porque si dejáis a un niño libre no lo educaréis.

Quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen.

Lo más increíble de los milagros es que ocurren.

Puedo creer lo imposible pero no lo improbable.

No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución.

La fantasía nunca arrastra a la locura; lo que arrastra a la locura es precisamente la razón. Los poetas no se vuelven locos, pero sí los ajedrecistas.

Las verdades se convierten en dogmas desde el momento en que comienzan a ser discutidas.

Las mujeres son siempre autoritarias: siempre están por encima o por debajo; por eso el matrimonio es una especie de poético columpio.

Si no hubiera Dios no habría ateos.

Nuestros padres no hablaban de psicología; hablaban de un conocimiento de la naturaleza humana. Pero ellos lo tenían y nosotros no. Sabían por instinto todo aquello que nosotros hemos ignorado con ayuda de la información.

Si suprimimos lo sobrenatural, lo que queda es lo antinatural.

Decía Hegel que una paradoja es una verdad cabeza abajo. Muchas de las paradojas de Chesterton son, en realidad, falacias del revés —enrevesadas— para que sea más difícil identificarlas como tales. Decir que si no hubiera Dios no habría ateos, es como decir que si no existiera Papá Noel no habría niños que dejan de creer en él.

Orden y libertad

En los debates públicos, Chesterton solía defender el orden y Shaw la libertad. Sin embargo, en la vida privada, Shaw —sobrio, abstemio, vegetariano— personificaba el orden y Chesterton el apetito desordenado: un apetito desordenado que lo llevó a pesar ciento treinta kilos y a una muerte prematura —a los sesenta y dos años— por una insuficiencia cardíaca debida a su obesidad mórbida. Shaw vivió hasta los noventa y cuatro años y hasta el final se mantuvo activo, en buena forma física y mental (murió a causa de las lesiones renales que sufrió al caerse de un árbol que estaba podando). Shaw eligió la libertad bien entendida del autocontrol, mientras que Chesterton no puso en su propia vida el orden que preconizaba sin cesar.

Valoraciones y preferencias

Es probable que quienes hayan leído lo anterior piensen que, entre Chesterton y Shaw, mi preferido es el segundo. Y, sin embargo, disfruto más —y he aprendido más— leyendo a Chesterton. En esa confusa y vulnerable etapa de la vida que llaman preadolescencia, Shaw me facilitó el encuentro con el socialismo y con el vegetarianismo (y me hizo ver que son inseparables); pero aún mayor es mi deuda con Chesterton, que, además de regalarme algunas de las más liberadoras carcajadas de mi infancia, fue el escritor que más me ayudó a superar el catolicismo en el que me habían educado, es decir, a alcanzar el uso de razón. Las solapadas contradicciones del padre Brown y de otros héroes —y argumentos— chestertonianos, aunque solo pude analizarlas años después, fueron aguijones que me empujaron a salir del avispero intelectual y moral que es la ortodoxia católica.

Así que valoro más a Shaw como pensador y como persona, pero prefiero leer a Chesterton. Tal vez esta disonancia entre valoración y preferencia remita a alguna contradicción profunda. O tal vez ocurra con Chesterton lo contrario que con ciertos escritores supuestamente de izquierdas que en el fondo son conservadores: es un escritor de derechas que a veces resulta subversivo a su pesar, cuyas paradojas (tanto las propiamente dichas como las falacias disfrazadas de tales) son a menudo bumeranes que inconscientemente lanza contra sí mismo. Tal vez en su defensa compulsiva del orden estuviera atacando su propio desorden, su propia incontinencia… Pero eso sería materia para otro artículo (o, mejor dicho, para un artículo, ya que esto no lo es).

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38 Comentarios

  1. Hay algo que me resulta reconfortante en eso de admirar a alguien que es muy diferente a ti. Me da la impresión de que cuando eso sucede, se trata de alguien bueno de verdad. Pienso como ejemplo de esto la gran admiración que sentía Borges por Oscar Wilde.

    • Frabetti

      Gracias, Rafa, es una observación muy importante y que falta en mi artículo: es reconfortante que podamos valorar a los que piensan distinto, incluso muy distinto, cuando, por desgracia, la tendencia es demonizar al enemigo.

  2. Solo apuntar que entre los animistas no hay ateos.

    • Frabetti

      Lo siento, Maria, no acabo de entender tu apunte. Por otra parte, en principio el animismo no implica la creencia en Dios -o dioses-, aunque suelan ir unidos

      • Si no creen en Dios…. No puede haber ateos. Como tampoco hay ateos entre los taoístas. por eso no veo que sea una falacia lo que comenta Chesterton. Si no existe Dios…. No hay ateos. Entiendo que era creyente y no concebía un mundo sin Dios. Para un budista tampoco resulta paradójico, sino que podría ser tautologico

        • Jorge Padrós

          Así es, y no deja de ser gracioso e irónico que haga del ateísmo una prueba de la existencia de Dios.

        • Frabetti

          Los taoístas -como los budistas- no son necesariamente teístas. Mi amigo y maestro Raymond Smullyan, gran lógico y matemático, era taoísta y ateo, y escribió un maravilloso libro sobre el taoísmo: «El tao es silencioso». Insisto en el paralelismo: si la frase de GKC no es una falacia, tampoco lo es decir: «Si no existe Papá Noel, no puede haber personas que no creen en él». Creo que la clave está en lo que dices: «Era creyente y no concebía un mundo sin Dios», y eso condicionaba sus reflexiones, porque cuando partes del dogma solo puedes volver al dogma.

          • lo diré de otra manera, quizás me he expresado mal. Dios existe, sea un ser imaginario o el que nos indican los textos sagrados, ya que hablamos de el. Pero se puede vivir sin Dios y sin creer. Por que no lo consideran necesario. Por ejemplo, en el País vasco existe el Olenzero que hace innecesaria la presencia del Papa Noel, pues el nicho ya esta ocupado, por tanto hasta la llegada de la publicidad a los niños vascos les era indiferente la existencia de Papa Noel.

            • Vale. Si lo que quieres decir es que para que haya ateos tiene que existir al menos la idea de Dios, estamos de acuerdo. Gracias por la aclaración, María.

              • Lo mismo ocurre con los creyentes, ¿no le parece?, necesitan, al menos, una idea de Dios para creer. Estamos en las mismas. Si no hubiera una idea de Dios, no habría creyentes, ni ateos.

                • Efectivamente, hay en ello una simetría que valdría la pena analizar a fondo.

                  • Simetria, que no falacia. ¿No le parece?

                    • En todo caso también es contradictorio decir que Chesterton era «creyente» y afirmaba la existencia de Dios. Si uno «cree» quiere decir que no sabe si algo existe. Chesterton sabía de 2 más 2 son cuatro, pero son sabía que existía Dios, sino que «creía». Es cuestión de fe, entonces. Por otro lado, conozco «creyentes» que leen a Chesterton y que van a misa, pero que me parece que no son muy creyentes, sino que defienden al catolicismo como ideología, como manera de imponer una visión del mundo, del hombre, de la mujer, del respeto a la autoridad eclesial, del padre; como manera de justificar el dominio y maltrato sobre los animales, etc…

          • Fijes que su amigo Raymond Smullyan era taoísta Y ateo. Para ser ateo necesitaba refutar a un Dios. A muchos taoistas les es indiferente la idea de Dios.

            • Refutar a Dios es el sentido fuerte o estricto del término ateísmo. En un sentido amplio, es la mera no creencia en divinidades.

  3. Tras media hora delante del espejo intentando descifrar cual es el rasgo facial que refleja mi idiocia moral, no acabo de discernir si se trata del hilillo de baba que se desliza por mi comisura izquierda, las venillas oculares que envuelven mis escleróticas o el gradual desprendimiento de la papada, intransigente con la antigua y altiva nuez alimentada por desparrames de testosterona. Me palpo las almorranas, sospechando que sus lacerantes colgajos tampoco son ajenos a esa idiotez moral que supone la ingesta de carne roja, cocinada a las brasas al “punto menos”, cual carnívora costumbre de unos monos evolucionados del cacahuete al chuletón. Querido Frabetti, su honroso descalificativo me reafirma en la naciente intuición de asumirme más idiota (tanta inteligencia al uso acaba abrumándome) y menos moral (ahíto de intransigente moralina).

    • Una cosa es comer carne y otra defender el carnivorismo públicamente y desde una posición de prestigio y poder, en un momento en que es una de las principales causas de la deforestación y el cambio climático. Una cosa es despilfarrar recursos y energía (todos lo hacemos en los países ricos) y otra defender el despilfarro. ¿Qué pensaríamos de un presidente de Gobierno que cantara las alabanzas de la calefacción a tope en invierno y el aire acondicionado a 20º en verano? No se trata de criminalizar a quien come carne ni a quien se pasa con la calefacción; pero a los dirigentes hay que exigirles un mínimo de responsabilidad y decencia.

    • Por si aún cupiera alguna duda, la frase completa sería: «El imbatible chuletón al punto de los idiotas morales que anteponen el oportunismo político a la ética y al bien común». Lamento que te hayas sentido aludido: pensé que la literalidad de la cita dejaba claro a quién iba dirigido el comentario.

      • Señor Frabetti, no recule… la frase completa es la que es: «el imbatible chuletón al punto de los idiotas morales» y yo en su enunciado, pobre omnívoro, me siento aludido, por la tangente que me corresponde. Es usted uno de mis jotdowneros favoritos y leo con mucho interés sus inteligentes reflexiones… pero cuando sin venir a cuento, se le escapa la vena animalista, se me indigesta el placer de leerle. Solamente un ruego; a modo de spoiler, cuando vaya lanzar un venablo de este estilo, acostumbrado por otra parte en sus poliédricos escritos, avise en el encabezado. Algunos de sus lectores podríamos prescindir de un sofocón.

        • Frabetti

          No reculo: aclaro, matizo y, en la medida en que pueda ofender a alguien por el mero hecho de comer carne (algunas personas que aprecio mucho lo hacen) pido disculpas. La clave está, además de la clara alusión a un político indigno, en el adjetivo «imbatible». Insisto: una cosa es hacer algo indebido -todos lo hacemos todos los días- y otra fomentarlo públicamente desde el poder. Todos cometemos idioteces morales -e idioteces a secas-, y a veces incluso de forma recurrente, y eso no nos convierte en idiotas. El idiota es el que no ve más allá de sus idioteces. Quien viéndolas las fomenta, esa es otra cuestión.

  4. Buenas
    A mí me resulta simpático este señor gordo, quizá porque resulta estimulante como dice Frabetti.
    Quería llamar la atención sobre el distributismo que compartía con Belloc, el de la foto, que rechaza el capitalismo. Me extraña que haya tanto católico que se proclama anticomunista y antimarxista en tanto que católico y se le olvide que si hay algo condenado por la Santa Madre Iglesia es el liberalismo y que hay una Doctrina Social de la Iglesia. Pero bueno, en este caso, como dijo un diputado agrarista (o navarro, no recuerdo bien; o agrarista y navarro) en la II República, más vale hacerse apóstatas.
    Por cierto, en Sumisión Houellebecq acude al distributismo para cargar de programa económico al islamista partido triunfante… Qué susto.
    Saludos.

    • Es que, de hecho, algunos católicos que se esfuerzan por ser buenos cristianos (incluidos algunos curas) en realidad son herejes y hace no mucho habrían acabado en la hoguera. Recuerdo, al respecto, una conversación que tuve con Ernesto Cardenal sobre la bronca pública que le echó el nefasto Wojtyla -hoy en los altares- por su condición de revolucionario.
      En cuanto al distributismo, es un tema muy interesante e injustamente olvidado (tal olvidado que el corrector automático me lo subraya en rojo). Merecería un artículo. Gracias, Máximo.

      • El padre Iraburu en InfoCatolica cuenta que a veces ha puesto unas encuestas (tramposillas, añado yo) en las que acaba concluyendo que la supuesta feligresía católica es más bien protestante, arriana y casi siempre semipelagiana. Muchos católicos actuales rechazan la autoridad de la Iglesia y no tienen la concepción cabalmente católica de la libertad y de la gracia, así como no aciertan a creer con plenitud en el carácter divino de Jesús.

    • De todos modos habría que distinguir (para que no nos tilden de totalitarios) entre el liberalismo económico y el político; del político sí creo que hay muchas cosas que defender (libertades individuales, civiles), que son precisamente las que no defienden los católicos partidarios del liberalismo económico (por cierto, conozco gente que vota a Ayuso, o a Abascal, pero que lee a De Prada y elogia a Chesterton… eso sí, sólo se quedan con lo que les interesa de éste; lo utilizan para defender a ultranza la españa católica, monárquica y taurina).

      • Frabetti

        En las últimas décadas, el uso y abuso de algunos términos del vocabulario político ha terminado por vaciarlos de sentido, o por conferirles tantos y tan variados que no hay manera de aclararse. Por eso tenemos que recurrir a prefijos y adjetivos: neoliberalismo, capitalismo salvaje, democracia formal… Lo cual, a menudo, genera nuevas confusiones.

        • Cierto, y aunque me estoy yendo del tema, es una cuestión que yo creo que es importantísima (quién sabe si le dedicarás un artículo): el tema de los derechos y libertades «burgueses» que han sido despreciados por el marxismo tradicional. Es algo que denunciaba Castoriadis: no son libertades burguesas, sino que «reivindicados incialmente por la protoburguesía de las ciudades-estado en el siglo X, han sido arrancados, conquistados, impuestos por las luchas seculares del pueblo…»

          • No creo que te estés yendo del tema, puesto que la libertad era la gran cuestión sobre la que, en el fondo, siempre debatían Chesterton y Shaw. Y sigue siendo el gran tema de la ética, la política y la filosofía. Libertad ¿para qué?, ¿para quién?, ¿a qué precio? Habría que dedicarle un artículo, sí, o varios.

  5. Jorge Padrós

    Por su doble significado (creer y negar), «ateo»es palabra tramposa. En un contexto de polémica entre intelectuales, Chesterton se dirige a quienes niegan, razonando, la existencia de Dios.

  6. Jorge Padrós

    Quise decir: no creer y negar

    • Efectivamente, habría que precisar lo que se entiende por ateo. En un sentido amplio, es la no creencia en la existencia de deidades, que no es lo mismo que la creencia en la no existencia; parece un juego de palabras, pero el matiz no es baladí.

  7. Muchas cosas se podrían decir… Pero, de momento, una: lo que menos soporto de Chesterton es, sobre todo, a sus seguidores católicos y fieles. El representante más claro de esto es Juan Manuel de Prada. A de Prada (y sus seguidores) les sirve Chesterton para criticar el capitalismo moderno (porque el de Franco nunca lo critican, curioso) emprendiéndola contra las feministas, los veganos, los ecologistas, los de Podemos, etc., etc… y, en cambio, de capitalistas católicos como Viktor Orbán no dicen ni una palabra (aunque imponga 400 horas extras a los trabajadores). Para esto les sirve Chesterton a los católicos «anticapitalistas» que leen el ABC (o escriben en él).

    • Frabetti

      Muy de acuerdo, Óscar. Creo que si Chesterton levantara la cabeza repudiaría a muchos de sus «seguidores católicos y fieles». Empezando por de Prada.

  8. Jorge Padrós

    «Si no hubiera Dios, no habría ateos». En general se puede decir que: entre afirmar o negar la existencia de algo y su real existencia o inexistencia, no hay relación de causa.

    • Frabetti

      Efectivamente, Jorge, buena generalización. Pero no hay que olvidar aquello de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. La afirmación machacona de la existencia de algo puede hacer que mucha gente crea en ello.

  9. Jorge Padrós

    Es decir que si no hubiera Dios, bien podría haber ateos como no haberlos.

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