
Para ver a Ariana Harwicz (Buenos Aires, 1977) y hablar con ella hay que esperar que llegue agosto, el mes en que se toma vacaciones, deja Francia y vuelve a Argentina.
Aunque hace quince años que ya no vive en Buenos Aires conserva los modos, la cadencia, el acento y el ritmo de la ciudad. Es porteñísima. En la charla se respira algo de esa oralidad que hay en su escritura: música, desbordes, repeticiones, voces, juegos, diálogos, derroche.
La aparición de su primera novela Mátate amor en 2012 fue una sorpresa en la narrativa contemporánea y su forma terminó de hacerse estilo con las siguientes: La débil mental en 2014 y Precoz en 2015. Sin saberlo, había escrito una trilogía con la voz fuerte e inconfundible de sus mujeres protagonistas por fuera de los moldes y las convenciones. Después vino Degenerado, también en primera persona, pero esta vez en la voz de un hombre. Sus novelas fueron traducidas a distintos idiomas y adaptadas como obras teatrales, dos procesos que sigue de cerca porque le gusta acompañar a sus libros a donde vayan.
Ariana Harwicz tiene una agenda apretada durante el mes que pasa del lado de acá del mundo y quedamos en encontrarnos sobre el final de su estadía. La tarde no parecía de invierno, así que elegimos un balcón con la ciudad detrás para conversar sobre la escritura, ese deseo inevitable que, en su caso, tiene fecha precisa de aparición y unas coordenadas geográficas puntuales.
Vivís en Francia desde 2007. Una vez te escuché decir que nunca habías escrito una línea en Argentina, ¿es verdad eso?
Está buenísimo ese puntapié porque es cierto. Viví treinta años en Argentina, en Buenos Aires; el titular sería «treinta años y ninguna línea». Estudié muchísimo, estudié todo lo que se puede estudiar acá. Estudié cine en una escuela de dirección de cine, después guion cinematográfico, dramaturgia en la Escuela de Arte Dramático, filosofía en la Universidad de Buenos Aires, estudié fotoperiodismo en TEA [escuela de periodismo] porque pensé que iba a ser justamente fotógrafa, hice talleres. No sabía si iba a dedicarme al cine, pensé que iba a ser directora de cine, me imaginaba Lucrecia Martel… Me veía directora de cine
¿Hiciste algo?
Sí, hice cortometrajes documentales que se vieron un poco en algunos países, un documental sobre los inmigrantes peruanos en Argentina, que en la época de Menem [Carlos Menem, presidente 1989-1999] era todo un problema… inmigrantes ilegales o no ilegales, las condiciones de vida… Hice intentos, mediometrajes. Me acuerdo que una vez recibí un premio de Leonardo Favio, el gran Leonardo Favio, era pendeja, era chica.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






